Gaeth

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Gaeth

Mensaje por Fal'cie Etro el Vie Ene 02, 2015 2:50 pm



Gaeth Guado




EDAD
108 años (aparenta unos 20)

RAZA
Guado-Elezen

COSMOLOGÍA
Nymeia, la Hilandera
(12 de Abril)

ALINEAMIENTO
Neutral Puro

PROFESIÓN
Monje

ORIGEN
Guadosalam
(Lesalia, Rep. de Galbadia)

FACCIÓN
Shinra S.A.


APARIENCIA

Gaeth heredó la altura, la longevidad y la esbeltez de sus parientes guado y elezen, alcanzando una estatura cercana al metro noventa y dos. Su cabello es azul, como la gran mayoría de los guado, y está cortado de forma que por arriba mantiene una media melena bastante revuelta, y por abajo, a la altura de la nuca, posee varios mechones mucho más largos los cuales casi siempre acaban escondidos debajo de la chaqueta. Sus ojos son de un color amarillo muy intenso, y su piel, semibronceada, es reluciente y pulcra como la de cualquier elezen.

Respecto a su indumentaria, le gusta vestir prendas deportivas como chaquetas, sudaderas, y en general cualquier tipo de ropa lo bastante cómoda y elástica que le permita moverse, golpear, saltar, y en definitiva, mover sus cuatro extremidades con total libertad. Como complemento lleva unos grandes cascos fijos en su cuello que usa para abstraerse escuchando música, los noticiarios, o cualquier chorrada que lancen las emisoras nacionales.

PERSONALIDAD

Es un muchacho valiente, leal, honrado y justo, aunque su excesiva despreocupación hacia todo y hacia todos opaca bastante las buenas intenciones de querer ayudar a los demás, y muchos tienden a malinterpretar sus acciones. ¿Falto de motivación? Por supuesto. Gaeth se mueve bajo la filosofía del "a ver qué pasa", buscando incesantemente un motivo al que aferrarse y que haga algo más llevadera su extensa longevidad, por lo que cuando no lo encuentra o no es lo que busca, simplemente lo abandona, se aburre o lo deja a medio acabar, pasando a otra cosa con bastante facilidad sin preocuparse de las consecuencias negativas que pueda causar a las personas que están a su alrededor, en algunos casos provocando la irritación de aquellos que le conocen tachándole de vago e incluso de traidor, en los casos más extremos.

En lo personal es bastante extrovertido y le gustan las bromas y las juergas, especialmente dentro de su círculo de amigos. Con los extraños se vuelve algo más cordial, aunque su exagerada falta de atención le coloca en la inopia la mayoría de las veces y su mente tiende a viajar muy lejos cuando las conversaciones profundizan o se alargan más de lo debido. Sabe respetar y hacerse respetar, pese a no ser muy amigo de los rangos y las órdenes. Le gusta hacer las cosas a su ritmo, y cuando las situaciones se ponen feas, saca a relucir la máquina que tiene por cerebro.

SINOPSIS

¿Mi historia? ¿Pretendes que narre ciento ocho años de historia, poco más de un siglo, en una sola noche? ¿Me ves cara de...? Vale, de acuerdo, no me pongas esa mirada. Pero te haré un resumen, porque ya te digo yo que cuando aparezca por la puerta ese chuletón de bégimo a la plancha que acabo de pedir, y al que por supuesto me invitarás para devolverme el favor, no volverás a escucharme hablar en lo que queda de noche. No me gusta hablar con la boca llena, y aparte mi digestión es sagrada y necesito hacerla en calma y silencio para que la carne pueda procesarse bien. Las chuletas de bégimo no es que sean una comida ligerita, y más teniendo en cuenta los problemas de estreñimiento que llevo estos días que no me dejan ca- ¿Qué?... Ah, sí, vale, la historia.

Pues a ver, empezamos en Guadosalam, hogar de guados y emplazamiento directo a las puertas del Valhalla. Todo eso ya lo sabes, si es que posees cierto grado de conocimiento histórico y geográfico del mundo en el que vives. Mi madre había sido una preciosa, o eso decía mi padre, elezen, de la cual se había enamorado en una de sus expediciones a los bosques, o viceversa... La verdad es que no me acuerdo de cómo se conocieron mis padres, el caso es que el enamoramiento fue mutuo, y fruto de ese enamoramiento y posterior matrimonio nací yo, un híbrido. No hace falta ser un máquina en genética para darse cuenta de ese punto. Oh, detalle importante y del que personalmente no me enorgullezco: maté a mi madre en el parto. Mi padre me detesta por ello, pero juro que lo hice sin querer.

Mi padre, o el hombre que genéticamente se hace llamar mi padre, se desentendió totalmente de mis cuidados. Pese a que nunca me faltó un colchón mullidito donde dormir y un plato caliente que zamparme, cosas como el cariño o la calidez de un hogar familiar pasaron bastante desapercibidas. Es por eso que los veinte primeros años de mi vida los pasé como un trapo sucio, que molesta más que otra cosa, y aprendiendo a atarme los cordones por mi propia cuenta. Sólo los otros guado me ofrecían algo conversación, y a veces, ni eso. Cuando no, me hablaban de los muertos que había que conservar para que el Valhalla no se qué, y no se cuánto. Eso es algo que jamás entendí. ¿Velar las almas de los muertos cuando ya están muertos? ¿No sería más inteligente velar por la seguridad de los vivos? Digo, no lo sé. O será que mi medio cerebro elezen me dificulta el hecho de encontrarle sentido a esa movida.

La verdad es que habían varias cosas en Guadosalam que no me encajaban, así que con treinta y cinco años recién cumplidos... para que te hagas a la idea; más o menos unos siete en apariencia humana, eché a volar el pajarito. Pocos meses después conocí a la maravillosa e inigualable Quana, una hembra Qu que, por decirlo de manera sencilla, se convirtió en mi madre adoptiva y me hizo el hombre que hoy en día calza estos zapatos. La vida en el pantano fue bastante peliaguda por los olores fétidos y la ausencia de alimento sustancioso, pero con el tiempo acabé cogiéndole gusto a las ranas, a las lagartijas con tomate y raíces embarradas, a los grillos a la barbacoa, y joder, a las benditas ancas de sapo a la ciénaga. Qué fulminantes estaban. Fue gracias a Quana que desarrollé un gusto ambicioso por la comida, y créeme que tu también llorarías por un maldito mendrugo de pan después de haber estado tres décadas comiendo anfibios.

Tres décadas, exacto, treinta felices y productivos años viviendo en un pantano. Quana acabó falleciendo por causas naturales, y la ciénaga se me quedó demasiado grande. La que había sido mi madre, mi verdadera madre, aquella que me había enseñado el valor de una familia, se había ido para siempre, así que yo también me marché.

Ahora es cuando llegamos a la parte que generalmente sorprende a la gente. ¿Me creerías si te digo que la bases de mis disciplinas marciales se asientan única y exclusivamente en la caza de ranas? ¿Que no?... Entonces te reto a que atrapes una rana sin más herramientas que tus manos desnudas, a ver cuánto tardas. Quana me tuvo de caza-anfibios demasiado tiempo, y créeme que la velocidad y los reflejos que desarrollé para evitar quedarme sin almuerzo me ayudaron en los años posteriores a su muerte. Para un mendigo huérfano, las calles son un campo de batalla donde la supervivencia por un pedazo de pan rancio se convierte en una verdadera odisea. Los ladrones muertos de hambre me asaltaban constantemente para robarme lo poco que tenía, y aunque al principio sólo les fintaba y les esquivaba, con el tiempo acabaron por tocarme demasiado las pelotas y solté mi primer guantazo. Al igual que me pasaba con las ranas, descubrí que era bueno leyendo los movimientos de mis oponentes y anticipándome a ellos. Sabía cuándo una rana pretendía saltar a la derecha o a la izquierda, y era lo bastante rápido como para cazarla al vuelo sin mayores dificultades. En el caso de los ladrones, cada vez que me enfrentaba a ellos era como si me indicasen con luces y señales con qué puño pensaban partirme la cara, a qué ángulo y a qué potencia. Las peleas callejeras se convirtieron en un método usual de subsistencia, y cuando un golpe bien dado podía marcar la diferencia entre comer y no comer, aprendías a cerrar bien los puños.

Durante los dieciocho años siguientes a la muerte de Quana intenté buscarme la vida como cocinero en varias tabernas y posadas, descubriendo que la cocina de los Qu no era bien recibida en gran parte de los establecimientos. Ignorancia culinaria, eso es lo que es. También trabajé como ayudante de un enano herrero que me enseñó las disciplinas de la forja básica, me documenté en las bibliotecas de varias ciudades para aprender diversas cosas e hice mis pinitos con la tecnología, ejercí de chófer durante un tiempo para una familia de nobles remilgados de Lindblum e incluso trabajé de posadero sustituto, estudié astronomía, y, cuando me cansé de hacer el gilipollas, empecé a jugar para un equipo de Blitzball de segunda división. Los entrenamientos con los chicos eran divertidos; no ganábamos una mierda de partidos, pero bien que nos reíamos.

Fue entonces cuando, siendo ya un mozo cercano a los setenta años, un dirigente de la Rosa Salvaje me echó el guante alegando que mis habilidades ofensivas con los puños le habían sorprendido, y quería que probara suerte apuntándome a un programa de entrenamiento para futuras promesas destinadas a servir a la causa del ejército de Galbadia. Para mi eso significaba comida, protección, sustento y cama gratis, así que sin pensarlo demasiado acepté. Realicé el condenado programa y lo superé con creces, y durante años estuve sirviendo a la Rosa Salvaje sin más motivación que la que me ofrecía el hecho de cobrar el sueldo. Entonces conocí a Rayn.

Mi primer amor. Mi primera mujer. Mi primer desengaño. Los Rosa Salvaje teníamos la misión de interceptar una flota pirata que llevaba semanas causando estragos en el tráfico marítimo de mercancías, y aunque Rayn era una de las implicadas a las que debíamos arrestar, no pude evitar enamorarme de su belleza, de su aspecto salvaje, de su fiereza, de su risa despreocupada y de las múltiples historias que me contaba cuando empecé a confraternizar con ella a espaldas de mis compañeros. Y la cosa fue mutua, o eso me gusta pensar. No éramos más que dos adolescentes enamorados en busca del placer de la vida, y fue cuestión de tiempo que abandonase mis responsabilidades como Rosa Salvaje para hacerme a la mar en busca de aventuras con la Flota Pirata.

Transcurridos trece años, las cosas empezaron a cambiar entre nosotros. Rayn por desgracia era hume, y tanto su aspecto como su mentalidad empezaron a ser los de una mujer que ya roza la treintena... mientras que yo, con una longevidad de cuatro siglos a la espalda, continuaba estancado en el aspecto de un crío adolescente. Yo, como un idiota, seguía enamorado hasta las trancas de ella, y fue ese enamoramiento ciego lo que me impidió ver que Rayn hacía tiempo que venía interesándose por otros hombres físicamente más adultos que yo. La información me llegó de golpe y porrazo una noche en la que bebimos demasiado, y en un ataque de divertida ebriedad y frente a un público bastante numeroso, Rayn me dejó en claro a voz de grito que "un niño de pañales nunca sería lo bastante hombre para ella." Me marché al día siguiente.

Falto de ingresos, destrozado emocionalmente, sin amigos de confianza, enemistado con la Rosa Salvaje y enfrentado con la Flota Pirata, acabé por abandonar el continente. Probé suerte en Palamecia y me alisté con los Alas Rojas esperando encontrarle utilidad a mi vida, pero mi estado anímico me impidió rendir al máximo en las misiones y no encontraba motivación para nada. Al final les hice un favor y me marché. Después de todo, mi rendimiento brillaba por su ausencia.

La hospitalidad la encontré meses después en la sede del Clan Centurio, y les devolví el favor realizando algunas misiones y varias cazas de monstruos durante cinco largos años. En una de mis expediciones encontré un huevo abandonado que eclosionó varias semanas después, dando origen a la gría que actualmente me acompaña a todas partes. Su compañía actuó como un bálsamo a la monotonía en la que estaba sumergido, y es que el hecho de matar monstruos y cobrar la recompensa, una y otra vez, acababa por cansar a cualquiera. Los monstruos seguían regenerándose de igual forma, por lo que, ¿de qué sirve eliminar una plaga cuando la raíz del problema permanece intacta? Alguien tenía que hacer algo con el condenado Árbol Lifa, y al no encontrar el suficiente respaldo, me marché esperando que Montblanc entendiese y aceptase mi decisión.

Regresé a la vida del nómada, a la vida del tipo que hace lo que quiere cuando quiere, a la vida de los trabajos mediocres para conseguir algunas monedas, a la vida del mercenario, y durante diez años estuve buscando respuestas que pudiesen acabar con el origen de la niebla. Fue entonces cuando estalló la conocida revuelta en Vector.

Las acciones del nuevo emperador me parecieron bastante crueles e injustas, y muchos guerreros se prestaron a frenar la embestida del nuevo imperio. En menos de un parpadeo ya me encontraba colaborando con los Replicantes, pero aquello era como pretender destrozar un muro de acero a golpe de escoba, y lo que empezó como una pequeña revuelta acabó por convertirse en un conflicto político en toda regla. Quería ayudar, pero mi sentimiento altruista no era lo bastante fuerte como para involucrarme en movidas que nada tenían que ver conmigo.

Finalmente decidí regresar a Palamecia para retomar mis estudios sobre el verdadero origen de la niebla, lo que me llevó a alistarme en la facción a la que actualmente pertenezco, Shinra S.A. La energía mako parecía ser el principal causante del despertar del Árbol Lifa, y pensé que me sería mucho más fácil investigar el problema si simplemente me enrolaba en sus filas y observaba el proceder de la compañía desde un plano más directo.

Después de eso... ¡JODER, POR FIN! ¡Ese bégimo os estaba llevando siglos!... De acuerdo entonces, supongo que ha llegado la hora de usar la boca para algo más que para hablar. Esa chuleta requiere toda mi atención.


VIRTUDES

(Virtud de raza)
Devoción: La comida

El éxtasis culinario es mi pan de cada día. Espera, ¿he dicho pan? ¿Tienes pan? Ahora quiero pan.

Acróbata
Amigo mío, si un artista marcial no es un perfecto acróbata, empieza a plantearte en qué dirección está girando el mundo.

Independencia
Pero vamos a ver, ¿tú crees que con los cien años que tengo voy a seguir siendo un niño de papá?

Fama
Varias facciones me conocen por ser un judas y un mercenario, pero eh, no lo hago de mala fe. Es que me aburro muy rápido de las cosas.

Deportes
Son una buena forma de matar el tiempo y mantenerse en forma, así que se me dan bien, sí. Adoro hacer virguerías con la pelota.

Buen olfato
Puedo captar el aroma de una ternera asándose a un kilómetro. Por desgracia los malos olores también los capto, así que no te saques los calcetines en mi presencia.


DEFECTOS

Temerario
Los riesgos y la adrenalina son la chispa que da sabor a la vida. Al turrón, y frente a los imprevistos, improvisación.

Distracción
¿Que de qué? ¿Cómo?... Espera, me he perdido. ¿Qué estabas...? ¡Coño, una mosca amarilla!

Mala reputación
Mi historia con las facciones es muy larga, pero ¿qué pretenden? ¿Que me pase mis cuatro siglos de vida sirviendo a una misma causa? ¡Nanai! ¡Variedad, por favor!

Indecisión
De acuerdo, lo admito, no se qué demonios hacer con mi vida. Supongo que algún día acabaré encontrando algo que realmente me guste hacer.
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Fal'cie Etro
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