Pájaros del desierto [Dirce ]

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Pájaros del desierto [Dirce ]

Mensaje por Alaen el Jue Dic 18, 2014 1:58 pm

Mis pies se hundían en la arena del Desierto de Sanubia bajo el sol abrasador mientras mi mente esquivaba  sus propios pensamientos a fin de soportar lo mejor posible la caminata.  No por nada lo llamaban desierto, me era imposible imaginar qué animal viviría bajo esas condiciones, habíamos pasado por tormentas de arena, noches gélidas y amaneceres sofocantes por citar algunos ejemplos. Pero por fin divisábamos nuestro objetivo. Una pequeña sombra se divisaba a lo lejos y, al menos según los mercaderes, era Rabanasta. La caravana aceleró el paso y nos adentramos en la Pradera de Giza. Era la estación lluviosa y lo que vimos se parecía más a un pantanal que a una pradera. Altos helechos y espadañales delimitaban los caminos embarrados y los vehículos no tuvieron más que problemas. Con tiempo, esfuerzo y no sin alguna que otra  situación inesperada  conseguimos atravesar la planicie de acueductos y ya nos encontrábamos ante las gigantescas puertas de Rabanasta, un inmenso portón que se alzaba a la misma altura que los barcos voladores.

Pasamos el control rutinario y nos dejaron entrar al interior de la ciudad amurallada. El ajetreo era impresionante, había soldados con armaduras plateadas y muy ornamentadas destacados en grupos de dos o cuatro y filas interminables de todo tipo de razas . Era la primera metrópoli que veía y, como todos imagino, me quede totalmente impresionado, lo cual era causa de diversos choques y malentendidos con algunas personas pero nada que no se solucionase rápido.

Anduve un rato por la ciudad, memorizando sus callejones, visitando el mercado y en general dibujando un mapa mental de la urbe, prefería observar el lugar antes de adaptarme a él. Al rato descubrí que ésta tenía dos partes: una circular que se solapaba con otras calles que formaban una cruz apuntando al palacio. Un par de horas más tarde me adentre en un bar que tenía por letrero un tipo de símbolo que no acertaba a describir. Parecía una tasca cualquiera pero la mirada sutil de los clientes al observarte delataba que no eran personas corrientes, muchos de ellos portaban armas y otros simplemente se hallaban encapuchados rebuscando entre un sinfín de papeles.  Rozando las botas con el suelo de piedra a cada paso me acerqué a la barra y esperé a que el camarero me atendiese ignorandoles.

- ¿Qué será? – Indagó mientras terminaba de lavar un vaso.

- Una pinta, si es tan amable – le respondí con tono tranquilo.

Asintió con la cabeza y aproveché para echar un discreto vistazo a mí alrededor. Era un lugar oscuro iluminado solamente por la salida a una terraza. Todo el bar era de piedra salvo el mostrador de madera desgastada a base de servir jarras de cerveza y otras bebidas. Un golpe seco me sacó de mi escrutinio y al girar la mirada pude ver como el camarero ya me había atendido. Le pagué lo debido y di un buen sorbo al líquido. Notaba como se deslizaba por mi garganta quitándome la sensación a sequía permanente de la estepa. Exhalé y me di la vuelta  en dirección a la solana.

Una vez fuera ojeé una mesa con sombra libre y me senté en la silla.  Era un espacio cerrado donde daba el sol de lleno salvo al lado de las paredes. El inmueble estaba colocado aleatoriamente y apenas había un par de personas. Dos mujeres  de estatura similar a la mía. La primera de rasgos rudos y contorneada figura con un enmaraña cabellera castaña que le llegaba hasta el cuello mientras que la segunda era apreciablemente menos musculosa y con la cara y el cuerpo tapados en cuero negro.

Sostuve el vaso un segundo con la mano mientras tomaba otro trago de mi bebida. Me pasé la mano por los labios y reanudé mi estudio sobre las dos muchachas. Ninguna parecía especialmente mayor, pero la más bajita llamaba realmente la atención. Era imposible no preguntarse por qué iba enteramente tapada.  Ajusté el ala y lo dejé reposar sobre la espaldera de mi silla, cogiendo una posición más cómoda mientras me decidía si sucumbir a la curiosidad y preguntarlas o simplemente pasar de ellas.



// off rol: El símbolo del letrero es el logo del clan centurio, que no sé cómo coño describirlo xD Espero que te guste ^^
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Re: Pájaros del desierto [Dirce ]

Mensaje por Dirce el Vie Dic 19, 2014 3:02 pm


¿Por qué siempre acababa sentada en el mismo sitio, del mismo bar de mala muerte del clan? No es que no le agradase, pero era cierto también que le daba hastío frecuentar en demasía ese sitio. Y ya iban tres semanas seguidas, derrochando los francos que le daban para echarse unas aguas fuertes allí mismo. Como si no hubiera suficientes tugurios en Rabanasta para caer siempre en el mismo hoyo.

Dirce suspiró, mientras lanzaba otra fritura de marisco rancio a su hermana, quien lo atrapó con los dientes para comenzar a mascar el gomoso tejido. Estaba, como era costumbre ya, sentada en la última mesa de la balaustrada que comunicaba con la terraza. Siempre se ubicaba de manera de tener el tablón de avisos de caza al alcance de la vista. Nunca se abalanzaba directo sobre él, lo estudiaba de lejos y sólo cuando algo podía llegar a interesarle y estar a su alcance, pedía referencias al tío de la barra al respecto.

Un par de veces golpeó sus pies cruzados, apoyados por sus talones sobre la silla vecina, extendidas sus piernas en lo largo de la extensión. Estaba medio recostada sobre el respaldo, con una sensación de sopor algo frustrante. Meditó si tenía ganas de golpear algo y concluyó que si así fuera, estaría en el gimnasio con un par de colegas. Luego pensó si estaba molesta por no tener escoria para ganarse el pan y saldar sus deudas, pero sopesándolo un poco, en esos momentos le daba igual puesto que no tenía suficiente ánimos de combate (sino, como antes se dijo, estaría dándose de palos).

Concluyó que era Nimhuee, su tutora, el problema; como prácticamente siempre le sucedía. Habían discutido porque la dragontina se negó a hacer un recado que la gría le había pedido y aun cuando ésta le había dicho que no tenía por qué hacerlo, Dirce no podía quitarse de la cabeza aquella situación. No le quedaba claro el por qué de su malestar actual. Sabía que por la pelea no era, como tampoco lo era el recado en sí (por más estúpido que le resultase). Tenía la irritante sensación que acabaría haciéndolo, aun sin darse cuenta. Sin duda eso era lo que la tenía a mal traer.

Mientras Vryll se acercaba el cuenco de frituras al borde de la mesa para comerlas, su hermana le daba el último sorbo a su agua ardiente. La cadena tintineaba de vez en cuando con los movimientos de la cabeza de la maga, sujetada de algunos eslabones al respaldo de Dirce. Los ojos pardos de la cazadora se clavaron en una delgada figura de grises tonos. Resopló por la nariz a través del vaso vacío y acto seguido lo posó con sonora cacofonía sobre el retablo. Hacía rato que ese tío las estaba mirando y eso ya se pasaba de listo, para su acotado gusto sobre costumbres sociales.

- Aquí hay dos clases de sujetos, los que nos miran porque ya nos conocen y los que ya no nos miran porque nos conocen. Tú no eres ninguno de ellos. ¿Qué te causa tanta intriga, Ala Rota? – Ruda, más de la cuenta aun para ser ella. No hay buenos momentos para dialogar con Dirce, pero cuando está con algo de alcohol en sangre y cabreadita, ese sí que es un momento de lo más oportuno. Para no joderla más, efectivamente.

FDI:

No es mala hostia, nada más está medio ensimismada en sus pensamientos y en los vapores etílicos. Ya se le pasará xD

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