El peregrinaje ⌠Raphael || Dirce⌡

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El peregrinaje ⌠Raphael || Dirce⌡

Mensaje por Raphael Redwyne el Dom Dic 07, 2014 8:00 pm

Estaba cayendo una ligera nevada. Raphael sentía en las mejillas los finos y blancos copos de nieve, que se deshacían en la más suave de las lluvias en cuanto le rozaban la piel. Junto a él, estaba Myria, con el largo cabello rubio escondido bajo la gruesa capucha blanca del abrigo, y cuyo ceño fruncido le arrebataba la que de otra manera sería una mirada prístina e inocente. Raphael no sabía mucho de ella más allá de su nombre y del hecho que, al igual que él, se trataba de una Estudiante SeeD. Pero hacía ya un par de días se había dispuesto a cambiar eso.

¿Myria, cierto? Dime, ¿te gusta la nieve? Yo vivía en Timber, por lo que las nevadas no eran algo de todos los días. Aunque claro, nunca llegó a helar tanto como aquí—. Ella sólo le respondió con una mirada breve, y que estaba en el punto medio perfecto entre la la apatía, la frialdad y la arrogancia, antes de cerrar sus redondos ojos color sangre.

Tsk. Sólo apresúrate y ya—. Eso fue lo único que logró escuchar antes de que ella se fuera a pasos rápidos en dirección a la posada donde se supone estaba el contratista. ¿Habría descubierto sus intenciones? Vaya que habían rechazado a Raphael un par de veces, pero nunca de una manera tan rápida y cortante como aquella. Quizás sólo estaba de mal humor. Raphael soltó un breve suspiro, antes de seguir el mismo camino, aunque de una manera más lenta y tranquila.

Narshe era un pueblo encantador. El pueblo funcionaba casi exclusivamente con maquinaria de vapor. De las casas salían nubes grises de humo que se mezclaban con la nieve y se difuminaban frente al sol del amanecer. Era un sol frío y brillante, cuyo escaso calor sin embargo agradecía. No era precisamente alguien que gustara de los climas fríos, y recordó que de pequeño siempre se resfriaba durante la temporada de invierno.

¿Por qué estaba allí? Raphael tenía un par de días libres, los cuales planeaba pasarlos en... en nada, y ese era el problema.  Le habían dado tres días sin clase a sólo un pequeño grupo de alumnos, y lo mejor que se le ocurría hacer era ir a la zona de entrenamiento. O mejor dicho, la segunda mejor cosa. También estaba la posibilidad de tratar de ligarse a la chica de cabellos dorados y ojos carmesí que siempre encontraba en la biblioteca.

Sin embargo, había logrado enterarse que ella partiría del Jardín en un encargo especial, algo sobre proteger a unos viajeros religiosos. Y que quedaba una vacante. A pesar de que viajar por una montaña accidentada y fría no era su idea de un descanso habitual, no pensó dos veces antes de apuntarse. Después de todo, no parecía ser una tarea demasiado complicada, y sería también la oportunidad perfecta para acercarse un poco más a ella.

Y ya estaba ahí, de modo que no se iba a rendir tan fácilmente.

Tras poner el primer pie dentro de la posada, pudo notar el aire cálido y relajante, que olía a madera vieja y era muy diferente al frío del exterior. Raphael se quitó el grueso abrigo marrón que llevaba por sobre una chaqueta de lana negra, cuya cremallera bajaba casi hasta la mitad de su pecho, dejando entrever una camiseta también marrón.

Se suponía que iban a encontrarse en el segundo piso, así que se apresuró a subir las escaleras. El sonido de sus pisadas contra la madera muy probablemente resonó por dentro del local entero, y para cuando iba llegando a la planta superior, ya todos estaban mirando a las escaleras, esperando a quien saliera de ellas.

Perdón por la tardanza—. Ahí había dos sofás y una silla acomodados alrededor de una pequeña mesa rectangular sobre la que reposaban dos tazas vacías con sólo unas gotas sobrantes de chocolate caliente.. Sólo había dos asientos desocupados, uno era un sillón para una sola persona, y el otro un sofá con espacio para dos, en el que también estaba sentada Myria. Por supuesto, Raphael decidió sentarse junto a ella.

No pasó ni un segundo antes de que la rubia paladín se levantara para sentarse en el sillón individual que estaba a la izquierda. ¿Habría hecho algo que la hiciera enojar? Por lo menos no que recordara. Aquella mujer parecía ser todo un reto. O quizás era sólo que se estaba volviendo malo en ello. ¿Sería eso en realidad?

¿Y? ¿Quién nos falta?— La frialdad en su tono era abismal.

¡Kupo!— Su energética y aguda voz casi perforó sus tímpanos—. ¡Su misericordia Nymeia siempre apremia la paciencia!— Tenía la pinta entera de fanático religioso. Ídolos y relicarios adornaban su túnica de tela blanca, ribeteada con hilos de plata, y su pompón estaba teñido de azul y adornado con miles de colgantes raros. Su compañero hume vestía igual, sólo que lo teñido era su corta melena, cuyos mechones le cubrían un ojo. Era flaco como un esqueleto, e igual de blanco, tanto así que Raphael podría haber jurado que se trataba de un fantasma.

Y de pronto, pudo oír una voz profunda y estridente, que provenía de un pasillo a la izquierda. Entonces pudo ver que un Seeq venía corriendo en dirección a donde estaban los cuatro. Era mucho más obeso de lo normal, e iba cubierto por una túnica del mismo estilo y color. Sus orejas, brazos y espalda eran azules, pero le pareció que eran su color natural y no algún tinte extraño.

¡He vuelto!— los mofletes se le movían arrítmicamente mientras trotaba a pasos agigantados. Raphael casi había sido aplastado cuando, en un arranque de extraña agilidad, el gordo Seeq saltó para sentarse al lado del rubio. Terminó ocupando el sofá en más de tres cuartas partes, relegando a Raphael sólo un pequeño espacio, atrapándole entre el brazo del sofá y el cuerpo gelatinoso y sudoroso del Seeq. La pequeña sonrisa burlona que se dibujó en el rostro de Myria no le hizo sentir mejor.

Ahora sí, podemos empezar, kupo—. El moguri dejó la pequeña taza de té negro sobre el verdoso cristal de la mesa—. Como seguramente debéis de saber, somos tres aspirantes a sacerdote de Palamecia. Actualmente, estamos regresando de nuestro peregrinaje a Bodhum-kupo—. Raphael ni siquiera había leído completamente la pequeña convocatoria, así que no tenía mucha idea sobre los detalles—. Teníamos planeado iniciar el regreso a Palamecia hace ya seis días. Sin embargo, los escoltas que el clero nos asignó…

Enfermaron—. El hasta entonces silencioso humano intervino. Su voz era ronca y débil, casi un susurro—. El asunto es que necesitamos estar en la capital antes del solsticio de invierno. No sería un gran problema, pero las nevadas son fuertes este año, y rondan monstruos y escorias por el lugar.

¡Así es! Tampoco vamos a viajar por la gruta del monte Kolts, sino que pasaremos por la tumba de uno de los primeros y más fervientes seguidores de Baralai: ¡Rodrik Saintleaf!—. El éxtasis en las palabras del seeq era casi tan grande como su mal olor, mas Raphael nunca había oído hablar del nombre—, así que tendremos que bordear la montaña por los acantilados del mar.

Una vez dicho todo, Raphael supuso que tendrían por lo menos un par de horas para juntar las preparaciones, y…

Pues si queréis llegar pronto entonces deberíamos marchar desde ahora—. Myria se levantó de su asiento.

Así es, kupo—.

El rubio fue el último en salir de la posada. Los tres religiosos cargaban mochilas enormes a sus espaldas, incluso el pequeño mogurí. El que mayores bienes cargaba era el gordo, pues una torre de dos metros de alto de valijas, bolsas y sacos sobresalía por encima de su cabeza. Raphael en cambio sólo contaba con un una bolsa de mensajero marrón colgada a su espalda, algo desgastada, pero que servía igual.

Por fin—. La chica de ojos rubí portaba una pequeña mochila acorde con su abrigo blanco. Tras ver brevemente su rostro, decidió hacer otro intento.

Vamos, será divertido. ¿Por qué no s-?

Cierra el pico y apresúrate—. Ouch.

No pasó mucho antes de que llegaran a la salida norte del pueblo: un puente de piedra gris que los elevaba sobre un acantilado que terminaba en un río blanco y estático. Las nubes se habían despejado, y el grupo de cinco comenzó a cruzar.



Última edición por Raphael Redwyne el Mar Mar 31, 2015 6:24 pm, editado 2 veces
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Re: El peregrinaje ⌠Raphael || Dirce⌡

Mensaje por Dirce el Dom Dic 14, 2014 12:24 pm

Algo andaba mal y eso no le gustaba a Dirce. No le quedaba claro si era el frío de la helada Narshe calándole en los pómulos, su hermana que parecía más interesada en la sensación irritante que le causaba la nieve en sus manos o simplemente, que los monstruos de esa zona tenían una resistencia natural a caer abatidos.

Simplemente costaba más de lo que calculó el vencer a un par de esas bestias moradoras de las nieves. Hubiera preferido ir acompañada de Lewis, aun si eso significaba soportar las idioteces del Miqo´te. Era bueno como compañero de apoyo, ágil y bien dispuesto si se la remuneración era lo suficientemente buena. De lo contrario, se iría por la mejor salida de escape mientras descuartizan a sus colegas sin el menor remordimiento. Por algo no estaba con él ahora, le faltaban los guiles.

Estaba cansada y debía llevar a Vryll a un refugio o la nevada que comenzaba a caer acabaría por agotar sus energías. Tomó rumbo al pueblo, jalando de la cadena de su hermana, a quien convenció rápidamente que la siguiera con la promesa de una buena pata encurtida. Lejos estaba de cumplir su palabra, el fiambre era caro y no podía costearlo, a lo sumo un guiso espeso o una sopa grasosa era lo máximo con que llenaría el estómago de las dos. Si no lograba dar con la escoria que había ido a buscar, acabaría sin paga y estaría en problemas.

- Vamos a necesitar más días para dar con esa maldita bestia… – Dirce pensaba en voz alta, mientras pergeñaba cómo hacerse de unos guiles más para cubrir la cuota de subsistencia. A duras penas sí había podido franquear el viaje desde el sur.

Al llegar al puente de piedra que daba acceso al norte del poblado, observó que una pequeña comitiva lo estaba cruzando en sentido contrario. Ciñó la cadena para acercar más a Vryll y comenzó a subir el arco del puente. Por su parte, la hermana acuclillada elevó el rostro, respingando la nariz hacia el gélido aire.Un perfume le había atraído y sin darle mucho tiempo a la dragontina a reaccionar arremetió contra la comitiva.

De un salto elástico que parecía acrobático, cayó sobre la baranda nevada y corrió en cuatro patas sobre ella, flirteando a los que estaban adelante, para intentar caer con toda su peso sobre uno de los acólitos del grupo, el inmenso seeq de rostro. El aroma de lo que debía ser comida escondida en sus ropajes fue lo que llamó su atención.

Y mientras la maga blanca caía sobre su “víctima” la cadena que la unía a su hermana se cerraba sobre el grupo. Aun cuando Dirce saltó para evitar que golpease a alguien, era obvio que si los del grupo no actuaban rápido, el azote le caería a un par.

FDI:
Perdón por la tardanza, pero aquí está el comienzo.

Lo dejo ahí, puedes interpretar que le cae al seeq la chica,  oque lo protegen o que esquiva. Como gustes. También te doy libertad para lo de la cadena. Evito sumar diálgo porque espero la acción de tus personajes.

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Re: El peregrinaje ⌠Raphael || Dirce⌡

Mensaje por Raphael Redwyne el Mar Mar 31, 2015 6:12 pm

Una fría brisa sopló en dirección al otro lado del puente, silbando entre el pasadizo entre las montañas, mientras el mogurí y su compañero humano mantenían una animada discusión sobre la mejor manera de conservar los pepinos. Bueno, animada de parte del humanoide peludo, pues el otro religioso mantenía un tono de voz tan frío que parecía darse cuenta de lo aburrido de tal plática, pero a pesar de ello seguía dándole cuerda.

Ya te he dicho que es mejor encurtirlos de la forma tradicional, y guardarlos en recipientes de vidrio con más vinagre que salmuera.

¡Que tanto vinagre les hace perder el sabor, kupo!

Myria caminaba al frente del grupo, seguida de los dos fanáticos de los pepinillos. Dado que Raphael iba hasta atrás, le tocaba ver como el gordo trasero del Seeq cubría la mitad del horizonte. Miró por sobre el pequeño muro lateral del puente, en un intento de apartar la vista de lo que eran las flácidas y tambaleantes nalgas del obeso peregrino.

El que estaba debajo de sus pies era un acantilado profundo, pero no demasiado ancho. Sus paredes estaban recubiertas por una delgada y brillante capa de hielo que reflejaba la luz del sol. Mirando un poco más profundo, lo que parecía ser el fondo del abismo, un río congelado de color lechoso, comenzaba a cubrirse por una densa capa de niebla gris. Fue entonces cuando Raphael notó que el tema de la única conversación del grupo había cambiado.

¿Kupó? ¿Qué es eso!

Shhh... Será mejor que no te oigan— el humano logró sonar casi idéntico a una serpiente, cosa que le causó ciertos escalofríos al SeeD rubio.

¿De qué hablan ustedes dos? ¿Eh...?¡Viene hacia acá!

¡Aaah!

Lo siguiente que vio fue como el seeq caía de espaldas sobre Raphael. Por suerte, el rubio logró moverse hacia atrás un poco, de modo que no llegó a aplastarlo, pero sí logró que una de las cajas lo golpeara en la cabeza, lo que terminó tumbándolo al suelo.

¡Kupo! ¡La cad-...!

Los tres del frente fueron golpeados por la cosa que colgaba de… de esa otra cosa. Una vez supo lo que estaba pasando, Raphael no vaciló en sacar su espada de la vaina, para después dirigir un corte horizontal hacia eso. Lo mismo se dispuso a hacer la chica.

¡Con un demonio, maldita cosa infernal!
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Re: El peregrinaje ⌠Raphael || Dirce⌡

Mensaje por Dirce el Miér Abr 01, 2015 6:26 pm

La embestida fue rotunda, y todos los “pinos” cayeron con esa chuza versión salvaje. Por un instante, Dirce se proponía ayudar a la comitiva desparramada en el piso, compuesta por una jovencita muy atildada y un trío de monjes. Dos junto a la chica, un moguri y un hume al frente, mientras un gordo seek confundido alzaba sus patitas algo más atrás.

Sin embargo, la intensión de auxilio de la dragontina se vio truncada en cuanto notó a una quinta figura asomar por tras de la eclesiástica bola de grasa; víctima por esos momentos de las garritas hambrientas de Vryll. Sus ojos mestizos resplandecieron instintivamente, sin perder la trayectoria de la filosa que se desenvainaba sobre su hermana.

En vez de acortar la cadena, Medea la estiró, generando una onda serpenteante que comunicaba a las gemelas. Mientras aceleraba los trancos para proteger a Vryll, la cazabichos advirtió que su flanco era interceptado por aquella delicada figurita femenina que antes viera caer de pleno a la piedra helada. Casi instintivamente tomó a Tashunk con su mano izquierda y la extendió en un precipitado estoque al aire, con la intensión de frenar la espada de la chica.

Por su parte, Vryll, si seguía siendo tan sensible a los movimientos de su hermana como siempre, sabía bien cómo defenderse del ataque del rubio, quien estaba mucho más próximo a ella. Cogió la cadena que la dragona le extendía, y con ella generó un corto lazo en el aire, envolviendo a la estocada que le venía de frente. Si el rubio no se apuraba en desviar el estoque, acabaría detenida la punta de su espada a pocos centímetros de la frente de la enmascarada; puesto que ella ceñiría el lazo para que la cadena sujetara el arma.

En medio de aquella embestida, la dragontina llegó a gritar, intentando que su carrasposa voz sonase lo menos amenazante posible - Por favor, no somos bandidas ni buscamos pleito… sólo es que mi acompañante no sabe de modales cuando le crujen las tripas... – Hay que reconocerle que procuró ser hasta graciosa en su comentario, aun cuando su rostro se parecía al filo metálico de una espada más que a inspirar confianza. Y mejor así, no es nada agradable cuando hace aquellas muecas que intentan ser sonrisas.

FDI:

Me alegró mucho saber que podemos escribir juntos, Rapha ^o^. Gracias por seguir el social.

Cualquier sugerencia, ya sabés por dónde ando a veces
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