Al final del día [Garret]

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Al final del día [Garret]

Mensaje por Lahabrea Svara el Sáb Dic 06, 2014 6:39 am

La noche es tan artificial como cualquier otra. La luna se ve porque es demasiado brillante y presumida como para esconderse, pero las estrellas están cegadas por las luces de Deling, cosa que me pone de los nervios. Hace tres días que no me fumo un cigarrillo, desde el incidente en el local de Garret, y, la verdad, empiezo a ponerme un poco histérica de más. En estas setenta y dos horas he discutido con Booker, con Paul Black, con la policía y con Booker otra vez. Mi padre no me deja fumar, mi contratista me pide explicaciones sobre mi trabajo y los de la comisaría quieren más detalles de lo ocurrido con Lucrecia. Esto último, además, me ha hecho gastar un par de llamadas de teléfono subida por las paredes.

Así que ahora, asomada a la ventana de mi apartamento, me abrazo a mí misma como en una de esas películas baratas. No tengo ni puta idea de dónde está mi paquete de tabaco, porque Booker ha tenido el detalle de esconderlo. Bueno, yo he tenido el detalle de escondérmelo a mí misma, pero, como se supone que no lo he hecho yo, Lahabrea como tal no lo recuerda. Una mierda, vamos. Escudriño por entre las cortinas, buscando al chaval que me tiene marcada en nombre de Black. En consecuencia, y si todo sale bien, Garret tiene que estar detrás... pero no lo veo. Ni a uno, ni a otro, y no sé hasta qué punto eso es algo positivo. Puede que haya estado demasiado ocupado con los polis intentando explicar lo que pasó en su garito; puede que se haya encargado de él, le haya metido el miedo en el cuerpo y ni me haya llamado. No tengo ni idea.

Me tiro en el sofá, bocarriba, mirando el techo. No tengo pitillo, así que la sensación de ahogo es mayor. Pero me aguanto porque, total, no tengo otro remedio. Cada vez que voy a entrar a un estanco Booker me arma tal escándalo que me da hasta vergüenza pedir el tabaco, y eso que nadie puede oírle. Pero a veces me pregunto si no me estaré gritando a mí misma en voz alta por la calle: "¡Lahabrea, ¿qué coño haces?! ¡Tira ese pitillo!". Él me asegura que no, porque sabe lo mucho que me molesta que la gente sepa mi nombre, pero a saber. Espero que tenga razón...

Me planteo seriamente eso de vestirme un tanto decente y salir a la calle. Ayer pillé un buen premio, y un tipo con los brazos enormes y el cerebro vacío me estuvo mordiendo el cuello en algún rincón en las afueras de Deling. No fue nada del otro mundo, pero para despejar el estrés me vino bien. Y ahora aquí estoy, mirando el puto techo de mierda, pensando dónde coño está Garret Blake. Lo admito, no es sólo por el trabajo, sino porque echo un poco de menos sus... ¿cualidades? Llamémoslo así. También el olor de su ropa, que huele a puro y a humo fuerte. Es una delicia...

Suena el timbre.

-¿Esperábamos a alguien?

Booker está en el sillón de en frente, leyendo el periódico.

-Que yo sepa, no.

Me levanto perezosa del sofá. ¿Quién coño será a estas horas?
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Re: Al final del día [Garret]

Mensaje por Garret Blake el Dom Dic 14, 2014 2:47 pm

Bueno, y allí estaba yo: con un par de puros guardados en el peto y una cajita de cigarrillos de los caros en el bolsillo grande de mis pantalones. En realidad era un trabajo sencillo, así que simplemente esperé cerca del apartamento de Svara, sobre unos tejados cercanos que me daban vista panorámica de toda la zona, a ver si tenía en algún momento a tiro al tipo del que ya había recibido una foto. Que por cierto, qué feo el cabrón...

-¿No te aburres siempre de trabajar de lo mismo, Garret, Kupó?
-¿Hm?
-Quiero decir... podríamos hacer una tienda de baratijas, Kupó. O vender tortitas -Monna hizo un gesto encantador con esa naricita roja-. Mis tortitas son las mejores del mundo, Kupó.
-¿Tengo cara de "tortitero"?
-Tienes cara de "tortitero", Kupó.
-No me jodas, Monna... -suspiré y expulsé todo el humo del cigarrillo por la boca-. Yo no valgo para nada que no sea esto, ya lo sabes. Lo que mejor se me da es... Joder, quiero decir...
-¿Pegar palizas a cambio de dinero, Kupó?
-Sí, Monna, básicamente. No sé por qué sacas este tema ahora. Hemos crecido así, tú y yo. Chanchullos, peleas y sobrevivir haciendo trabajo sucio a cambio de pasta.
-Pero... podríamos estar a salvo, Kupó. Ser como el resto del mundo.
-No quiero ser como la chusma que me paga, querida. Si no te gusta esta vida... eres libre de pirarte, y lo sabes.
-No voy a dejarte morir solo.
-Al final todos morimos solos.

Las palabras de Monna, aunque no hicieron mella en mi presencia y simplemente parecí un despreocupado más, me hicieron pensar bastante. Era cierto, ¿hasta cuánto podríamos vivir de eso? ¿Y a quién quería engañar? Me importaba Monna y no me hacía gracia ponerla en peligro, y ella era consciente aunque no dijese nada. Sabía que la pobre me acompañaría al fin del mundo así que a veces no podía evitar sentirme culpable. Culpable por llevarla por un camino abrupto de sangre y balas.

Pero no tenía tiempo para relajarme. Volví a mirar la foto de aquel individuo: alto, un poco gordo, con la barbilla prominente y marcada principalmente por un hoyuelo demasiado destacado. Sus ojos eran pequeños y oscuros, y en la punta de su saltona nariz aguardaba un diminuto aro de plata en forma de piercing. Tenía, a su vez, un tatuaje que recorría media mejilla derecha y se perdía por su cuello. Era como el típico macarra de barrios bajos que había pasado una temporada en chirona y había cambiado su aspecto para dar un poco más de miedo. Pero claro, dar miedo a una muchachita pequeña es fácil, y otra cosa es asustarme a mí, que básicamente quería acabar rápido con el tema, cobrar y, de una vez por todas, pirarme a casa.

-¿Quieres jugar a algo, Monna? -me encendí otro cigarrillo, ya que el anterior se acababa de consumir por completo.
-¿Kupó?
-Me aburro demasiado y el tipo este no aparece, ¿tan raro es?

Ella me miró contenta, pero me dijo que no con la cabeza. Estaba animada para ser tan tarde, con lo que le gustaba a ella acostarse temprano, aunque no tenía tiempo para tonterías. A mí, en lo personal, me gustaba verla así de bien.

-Está bien, monada. Aguantaremos sin hacer nada mientras el aburrimiento nos mata.

El apartamento de Svara estaba tranquilo, aunque de pronto vimos a alguien acercarse hacia lugar. Observé por la mirilla de mi arma y, efectivamente, se trataba del objetivo en cuestión: el tipo al que debía dejar una advertencia para que dejase tranquila a Svara. Alcé las cejas, complacido, cuando vi que llamaba al timbre del apartamento.

-Hora de jugar, compañera.
-Tú lo has dicho, Kupó. Ahora sí que me han dado ganas.

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Re: Al final del día [Garret]

Mensaje por Lahabrea Svara el Mar Dic 16, 2014 4:13 am

-Hola, Svara. Ey, hace un frío de muerte ahí fuera. ¿Tienes un café o algo?

Me dan ganas de partirle la boca en ocho mitades. Cuando le dije a Paul que quería alguien con experiencia, no me refería a este capullo de turno. Sé pefectamente quién es, su nombre, el de su mujer y hasta su número de la seguridad social. Yo misma lo metí en toda la mierda de Black, porque después de salir de la cárcel y con esas pintas no lo querían ni pintado en ningún sitio. No es un mal tipo, pero su problema es su poco cerebro y sus formas un tanto barriobajeras. Si llego a saber que ese inútil de Paul me manda a este bichejo, yo misma iba a su oficina y le daba un par de hostias.

-No me puedo creer que te haya mandado a Tom el Manazas -Booker lo encuentra divertido, claro. Ha dejado su periódico sobre la mesa y se ha acercado hasta la puerta sólo para reírse de él... o de mí-. Anda, mételo en casa antes de que alguien lo vea ahí fuera.

Miro rápidamente a diestro y siniestro, y antes de que ninguno de los dos se dé cuenta ya lo he agarrado por el cuello de la camisa y lo he arrastrado al interior del apartamento. Cierro la puerta rápidamente, y me quedo escuchando muy atenta por si viene alguien.

-Oye, Svara, yo...

Le chisto muy fuerte. Creo que no le seguía nadie. Menos mal. No sé quién coño le habrá abierto la puerta del portal, pero ya le vale. De todos modos, me voy a asegurar que le dé un buen quebradero de conciencia. Mi mente está funcionando muy rápido; no lo puedo evitar. Al fin y al cabo, esa es mi especialidad: reaccionar.

-Vamos a ver, Tom, ¿tú eres gilipollas o es que te entrenas? -se me queda mirando con cara de tonto, y Booker suelta una carcajada detrás de mí.

-¡Está pensando qué contestarte! Se piensa que se lo has preguntado en serio. Pobre diablo...

-Tom. ¡Eh, Tom! ¡Aquí! -chasqueo los dedos en frente de su cara-. Dime, ¿qué estás haciendo aquí?

-Lo siento, Svara, es que hacía frío y...

-No. Eso no. Dime por qué estás en mi calle.

-Para vigilarte.

-Exacto. Para vigilarme. Porque ese come mierdas de Black se pensaba que me podía tener bajo control, y no es así. Pero ahora necesito a alguien que de verdad me vigile. ¿Por qué?

-Porque... ¿viene un tipo contigo?

-Sí. Ese tipo va a venir y te va a partir la boca, te asustará y tú te irás a casa con el rabo entre las piernas. Así que, dime, Tom, ¿dónde entra en todo eso el que tú vengas a mi casa a pedir café?

-Pues... em... ¿en ningún sitio?

-¡¡¡EXACTO!!! -no he podido evitar gritarle. Cierro los ojos por un momento, inspiro muy hondamente. Quiero tranquilizarme, porque la falta de nicotina y los cabreos que llevo estos días no pueden ser nada bueno para el corazón. Me sereno, me relajo, y Booker vuelve a su periódico-. Ahora, Tom, vas a hacer que quede mal. ¿Y tienes idea de lo que me molesta el quedar mal? No, no la tienes. Así que ahora te vas a ir por esa puta puerta por la que has entrado, vas a salir a la calle corriendo y vas a llevar esto -me acerqué rápidamente a mi habitación, saqué un collar de perlas y se lo puse en la mano. En cuanto lo vio, los ojos se le abrieron como platos-. Si alguien te pregunta, has entrado, lo has desarmado todo y te has llevado esto. Y, ahora, pégame.

-¿Qué...?

Otra carcajada de Booker.

-Dale un respiro, cielo. Vas demasiado deprisa para su mente.

-Que me pegues. En la cara. Se supone que me estás robando, maldito inútil. ¡Pégame!

Duda, por supuesto, porque sabe que le puedo arruinar la vida con una sola llamada, pero al final cierra su manaza y me da en el pómulo. Aguanto el golpe como puedo, porque  no puedo parecer débil. De todos modos, casi me tira contra el sofá. Noto un poco de sangre en el labio, y paso la lengua despacio. Sabe a hierro fuerte; no lo soporto...

-Sal de aquí -mi voz falla.

-¿Qué?

-Grítale, Lahabrea. Grítale; será lo mejor.

-¡Que te largues!

Sale corriendo por patas. No quiero pensar en la sangre, no quiero hacerlo. Booker se acerca, me coge de los hombros y me da consuelo. Camino por todo el apartamento dando traspiés, medio aturdida. Tiro una lámpara, vuelco la mesa, saco los cajones de mi cómoda y lo lanzo todo por ahí. Sólo cuando cometo el error de alzar la mirada y ver mi rostro en el espejo, sólo cuando el brillo escarlata de mi propia sangre me lanza un guiño desde mi pálido reflejo, me desmayo.

-No, cielo, ahora no -oigo decir a Booker desde la lejanía de mi inconsciencia-. ¡Te has dejado la puerta abierta...!
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Re: Al final del día [Garret]

Mensaje por Garret Blake el Mar Dic 16, 2014 3:22 pm

No pasó mucho tiempo la verdad. Simplemente habíamos bajado de aquel balcón abandonado, acercado a la puerta y abierto cuando, de pronto, aquel hombre salió disparado como una bala del edificio, con un collar de perlas agarrado fuertemente en su mano izquierda. Mi reacción instantánea fue, evidentemente, frenarle.

-Eh, eh, correcaminos -me interpuse en su trayectoria y le agarré para frenarlo en seco-. Tranquilo, compañero. ¿Tienes prisa? ¿Llegas tarde a la cena de tus papis?
-¡Suéltame, gilipollas!

El muy burro braceó y me tambaleó. Tenía cara de bobo, pero era bastante bestia y estaba fuerte. Además estaba un poco alterado, así que cuando una de sus manos me rozó la cara fue suficiente como para hacerme sangrar por la nariz y el labio. Escupí la sangre a la vez que mi cigarrillo. No me hacía ni puta gracia dejar de lado aquel pitillo sin acabar, pero aquel tonto me había obligado a ponerme un poco más serio de lo que me apetecía. Cerré el puño con fuerza y le asesté un puñetazo en la nariz que, probablemente, a una persona de complexión media le habría costado la consciencia. Me sacudí la mano, agitándola agresivamente con mueca de dolor, y cogí al tipo por el pescuezo.

-¿Disfrutas robando en casa ajenas, tío? ¿De dónde has sacado ese collar? ¿No vendrás de molestar a la señorita Svara, verdad?

Lo empujé hacia delante y le apunté con una pistola de mano, nada tan agresivo como Damisela. Debía no estar armado, porque tembló ante aquel cañón y se vio, por fin, en desventaja contra mí.

-Vas a llevarme a donde robaste esto y tú mismo vas a devolverlo. Espero que no te importe.
-¿Qué dices, chalado?
-Camina.

No tenía muchas opciones, la verdad, y por cara de bobo que tuviese, era consciente de ello. Monna se había mantenido atrás en todo momento, pues se mantenía alerta y eran como unos segundos ojos para mí, capaces de captar lo que yo no cuando mi mente simplemente se mantenía ocupada con un objetivo.

El tipejo anduvo varios escalones hasta un piso que me sonaba muy familiar. Bingo. Venía del apartamento de Svara, y lo más llamativo es que la puerta de su hogar estaba abierta. ¿No estaba en casa? ¿No la había cerrado? Era raro, así que le hice entrar, aún encañonado. No quise descartar la opción de que tuviese algún cómplice dentro, así que podía usarlo como escudo. Me equivoqué, no necesité andar mucho tiempo para encontrarme con una estampa muy desagradable: mesas y sillas volcadas; lámparas rotas y jarrones destrozados; y a ella, Svara, tumbada sobre el suelo, inconsciente, con el labio roto y sangrando.

[...]

-¿Estás mejor?

Ella había vuelto en sí, abriendo los ojos despacio. Yo me había asegurado de que despertara sobre su cama y no en el frío suelo.

-Dale las gracias a Monna. Ella sabe como tratar a los heridos, y dijo que por suerte solo habías sufrido un desmayo y que no tenías nada más grave -le sonreí mientras le ofrecía un pitillo y fuego para encendérselo-. Por cierto, he dejado tu collar de perlas sobre esa mesita.

Di una calada larga.

-También tengo al tío cerdo este atado en tu cocina, espero que no te importe -esto último lo dije como si fuera la situación más normal y monótona de mi vida. En realidad a veces era así-. Monna lo está vigilando.

Imaginaba que ella aún estaría aturdida. No quise agobiarla más, así que callé esperando su reacción.
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Re: Al final del día [Garret]

Mensaje por Lahabrea Svara el Miér Dic 17, 2014 9:39 am

Abro los ojos y lo primero que veo es el techo blanco de mi habitación. Me suena, y no tardo en darme cuenta de que estoy sobre la cama. No sé qué coño ha pasado, pero aquí estoy, tumbada. No veo a Booker, pero sé que está de pie al final de mi lecho, mirando con el ceño fruncido a algo (o, mejor dicho, alguien) que tengo a mi lado. Giro con lentitud la cabeza, que me da vueltas.

-¿Estás mejor?

No estoy segura de cómo sentirme. Me muevo con pereza, con dolor, y me incorporo sobre la cama. Me habla sobre Monna, y me doy cuenta de que mi labio ya no sangra y de que estoy bien. Garret me pasa un pitillo, y yo lo cojo con manos temblorosas ante la mirada de desaprobación de Booker, que está muy tieso y con la boca apretada. Pongo una de mis manos sobre la del mercenario cuando él me acerca el fuego para enchufarme la nicotina en el pulmón. Está áspera, tal y como la recordaba. El humo deslizándose por la garganta es un alivio tremendo, ya no sólo por el estrés del momento, sino por el ansia que tenía desde hacía días. Joder, soy demasiado dependiente de esta mierda.

Me dice algo sobre que tiene al tipo atado en la cocina. Booker descruza los brazos, se pone algo más relajado. Sale con paso fuerte de la habitación, y yo me pregunto para qué coño hará eso, si en realidad no existe y sin mí no ve nada. Quiero decir; él es parte de mi mente, ¿no? Por mucho que quiera ir a una habitación, si yo no estoy físicamente para apreciar los detalles... ¿qué va a ver? Pienso en ese pobre diablo, retenido entre sartenes y una nevera más bien vacía. Me acuerdo de su mujer, Lisa; es una buena mujer, o al menos lo poco que recuerdo de ella. Era medianamente educada, aunque un poco paleta. Es una buena persona, pero de conocimientos generales y picardía propia, poco.

-Esto de que seas un héroe tan cojonudo me trae un poco de cabeza. Es curioso, porque desapareces durante días enteros, pero después aquí estás, plantado en mi habitación, salvándome de los malos -suelto el humo de una calada larga-. Desquicia.

Me levanto de golpe. La cabeza me da vueltas, pero volver a mamar del cigarro me sitúa de nuevo y hace que todo se quede en su sitio. De pronto, me doy cuenta de que tener a ese cerebro de lúpulo amarrado en mi cocina ha hecho que Garret esté aquí. Y yo necesito que esté aquí si quiero que mi trabajo salga bien.

Hablo mientras suelto el humo.

-Perdona, es que no estoy acostumbrada a esto. Es como que todo se vuelve del revés.

Termino de apurar el cigarrillo. Joder, ha durado demasiado poco.

-Voy a decirle hola a ese capullo.

Aplasto la colilla contra un cenicero cualquiera que tengo en la mesita de noche. Está limpio, porque hace días que Booker no me deja fumar, pero ahí está. Camino ladeando las caderas, y al salir al salón me doy cuenta de que la he liado buena. Al menos le he dado realismo a la cosa, que nunca viene mal. Paso casi de puntillas por encima de los restos de mi lámpara, y llego a la cocina. El bichito con alas está ahí, pululando alrededor del preso, y parece que está suspendida en el aire sin más. Sólo se escucha un leve y suave aleteo. Como peluche no está nada mal, pero, si no me gusta la gente por lo general, menos aún los muñecos vivientes.

Tom me mira con odio desde la silla. En el centro de sus ojos leo algo parecido al miedo, así que intento que mi mirada no sea tan dura como quiero aparentar. Me da pena; esto no tendría que haber sido así. Es un gilipollas y un cabeza de chorlito, pero tampoco es mala gente. Un par de robos, alguna paliza, y siempre con la intención de alimentar a su familia. ¿Quién soy yo para juzgarle? ¿Yo, que oculto mi nombre al mundo? Yo, que pasé años enteros en la casa de un hombre moribundo dándole sexo y compañía, que dejé que se enamorara de mí, a cambio de una comida caliente en la mesa y más conocimientos de los que entonces podía acumular.

No, no soy nadie, para juzgarlo, así que no lo haré.

Aun así, tengo un papel que interpretar. Le endiño un buen puñetazo en la boca, lo suficiente como para que salive y se revuelva en la silla, pero no para hacerle sangrar. Porque no tengo fuerza y porque, de hacerlo, estoy segura de que me volveré a desmayar.

-Espero que mi amigo te haya explicado ya que no eres bienvenido aquí. Como vuelva a verte, te arranco las pelotas. Y, después, le doy tus restos a él para que se divierta y haga lo que le dé la gana contigo. ¿Lo has pillado?

Él me mira con los ojos rojos de la rabia. Ya hablaré luego con él, y le diré a Paul que le dé algo de dinero extra. Quiero desatarlo, pero no estoy del todo segura. Me quedo donde estoy, sin más, y me doy cuenta de que tengo que tener una pinta verdaderamente deprimente cuando oigo a mi padre decir:

-Cielo, necesitas un cigarro.
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Re: Al final del día [Garret]

Mensaje por Garret Blake el Vie Dic 19, 2014 2:46 pm

Sonreí para mí mismo, dando una calada tras otra al pitillo que había entre mis labios, y me puse en pie. Recuerdo como me crujieron todos los huesos de la espalda uno por uno porque llevaba ya un rato largo sentado sobre esa silla. Me desperecé, rasqué la barba y el pelo e hice sonar mis nudillos y cuello. Era hora de empezar a trabajar para lo que se me iba a pagar, no con dinero... pero sí con favores.

Llegué a la cocina. Allí estaban Monna y Svara en frente de aquel pobre diablo, el cual se encogió como un cachorro cuando notó mi presencia en el habitáculo. Le sonreí, alzando las cejas.

-Hombre, ¡hola! ¡Tenía yo ganas de que vieras a la persona a la que atizaste para que hicierais las paces, mira tú por donde! Y aquí la tienes, justo delante -hice un ademán extraño cuando señalé a Svara-. Gracias a tu amabilidad ha recuperado su collar de perlas. Ahora solamente tienes que disculparte, amigo, y te dejaré marchar.

Tenía un ojo hinchado y temblaba un poco. La verdad es que le zurré bastante fuerte durante unos pocos minutos anteriores al despertar de Svara, y parecía que aún los tenía muy presentes, porque asintió temblando y balbuceó un "perdón" casi inaudible. Daba un poco de pena... pero ese tío casi mata a Svara, y no se me debía olvidar que se trataba de un delincuente que llevaba ya demasiado tiempo acosándola. Sonreí, teatrero.

-Muy bien, amigo, muy bien.

Miré a Svara como esperando saber qué quería que hiciera con él. Asustado ya estaba, y lo asustaría más antes de soltarlo... pero ese hijo de puta había entrado en un apartamento ajeno y violado la integridad de mi cliente. Así que mi cliente decidiría.

-Si lo quieres muerto, avisa. Puedo hacer que todo parezca un accidente.

Lo dije en voz alta, solamente para acojonarlo aún más. Él se agitó en la silla de forma inútil, lo que me provocaba algo de risa. Sabía, de todos modos, que Svara no diría de matarlo, solamente de darle un escarmiento. Esperé, paciente, mientras aún sonreía a aquel sujeto con superioridad y encendía y apagaba, a su vez, el mechero de mi mano derecha.

-Tic, tac.
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Re: Al final del día [Garret]

Mensaje por Lahabrea Svara el Mar Ene 27, 2015 4:46 am

Off: Siento muchísimo el retraso en contestar. He estado hasta arriba de muchas cosas. Garret lo sabe y es tan bueno que me ha perdonado, pero lo pongo públicamente por si alguien estaba siguiendo el rol :Off.

No, no necesito que lo mate. Tampoco necesitaba realmente que lo cogiese por el pescuezo, le diese una paliza y lo arrastrase hasta aquí. Cuando lo vea Martha se va a echar las manos a la cabeza y se va a poner a llorar. Lo sé, porque la vi una vez y es de esas mujeres de casa gordas y excéntricas que se asustan con una cucaracha. Si no recuerdo mal tiene un par de hijos, también gordos y descerebrados. Qué pena de familia. Me acerco hasta él, le suelto las cuerdas y evado sus ojos cuando me mira con esa expresión extraña: una mezcla entre ira, arrepentimiento y decepción.

-Lárgate -sentencio-. Como te vuelva a ver por aquí, te aseguro que esto te parecerá un juego de niños.

Duda otra vez. Pobre infeliz. Me mira desconcertado, y pasa la vista casi mareado hasta la moguri, luego a Garret. Parece confuso.

-Se cree que te estás quedando con él y que este tipo le va a partir las piernas.

-¡¡QUE TE VAYAS, TE HE DICHO!!

Gritar hace que la cabeza me dé vueltas. El pobre de Tom sale corriendo como alma que lleva el diablo. Por suerte, escucho la puerta cerrarse tras él. Habría sido terrible tener que ir hasta allí para cerrarla yo misma. Necesito café, nicotina y adrenalina. Eso o una buena dosis de morfina que me deje roque hasta el día siguiente. La verdad, no sé qué quiero más.

Me apoyo sobre la encima de la cocina. La piedra oscura parece girar sobre sí misma, y la cabeza me palpita como un puto corazón enorme y desesperante. Cierro los ojos un instante. Noto el aliento imaginario de Booker sobre mi nuca: está ahí, nunca se va. Siempre estará ahí, para cuidarme, para protegerme. Para ayudarme en todo lo que pueda. Por muy metida en la mierda que esté, él siempre estará ahí. Aunque tenga que...

-Vale. Tú dirás. Pídeme lo que quieras.

El movimiento es de lo más arriesgado. Deber favores es el peor trato del mundo, pero necesito a Garret Blake en mi lista. No tengo otro remedio, así que, cuanto antes pida, mejor.

Lo único que espero es que no sea algo exagerado.
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