Cuando no manda el deber [Svara]

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Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Garret Blake el Miér Nov 26, 2014 7:53 am

Deling es una puta mierda de lugar, ¿vale? Gente pomposa por todos lados, barrios ricos con jardines, niños y más niños. Tiendas glamurosas de ropa, bolsos y zapatos. Un paraíso para la gente que podía rascarse el bolsillo. ¿Yo? Yo prefería otros lugares. A fin de cuentas, Deling es MI puta mierda de lugar. Además, por las noches no está la cosa tan mal: los niños se han ido todos a la cama y las mujeres salen a los bares y pubs con la ropa justita para no enseñar una vergüenza. El alcohol está presente en cada barra de la ciudad, y no es que sea un borracho como lo fue el asqueroso de mi padre, pero me gustaba tomarme una cerveza de vez en cuando. O dos.

Así que ese día decidí ir por mi cuenta a ese club nocturno que había visitado con anterioridad para hacerle un favor (o más de un favor) a la hija del dueño. "El Cielo Azul", creo recordar que se llamaba, aunque tenía poco de "Cielo", y menos aún de "Azul". Monna, por su parte, se había quedado en nuestro garito por si aparecía algún cliente. Yo no soy partidario de que se quede allí limpiando el suelo mientras aguarda un poco más de curro, pero cuando a la jodida se le mete algo en el pompón es de no parar hasta hacerlo. Pero, hostia, también tenemos que respirar un poco de vez en cuando, ¿no?

Anduve un poco por las calles hasta llegar al lugar. No había cogido el coche, ya que no estaba lejos ni tenía intención de gastar un puto guil más en combustible, que era más caro aquí que en cualquier puto lugar del continente. Entré y la puerta se cerró tras de mí en un vaivén armonioso pero que no contrastaba nada con el chirrido que emitía al empujarla. Me apoyé sobre la barra, miré al barman y suspiré. Era un criajo de diecipocos años, y parecía tener menos luces que una piedra.

-Hoy no me atiende el bombón del otro día, parece.
-¿Perdone?
-Sí, perdone, perdone -dije un poco receloso, imitando su voz de idiota para mis adentros. Me puse un puro entre los labios y lo encendí con mi mechero favorito, el cual llevaba encima-. Una birra.

Joder, y encima no era muy rápido el tipo. Pero en realidad, me daba igual, con tal de llevarme el merecido descanso que necesitaban mis huesos.
Giré sobre mí mismo y apoyé mis codos y antebrazos sobre la superficie de la barra. Ojeé el local mientras daba una calada. Un par de borrachos, cinco o seis adolescentes que no habían probado un sorbo de whisky en su vida y, más al fondo, una pareja dándose el lote. Y en la barra, más borrachos. No es que les repugnase, pero no me gustaba su presencia. Me hacían acordarme de mi padre y aquello me ponía de mala hostia. Algo me dijo en mi subconsciente que me iría muy temprano de "El Cielo Azul" esa noche.

Me equivocaba.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Lahabrea Svara el Jue Nov 27, 2014 1:27 pm

Hay una cosa que deberíais saber de mí: estoy loca.

Mi relación con mi padre siempre había sido muy buena. Magnífica, en realidad. Él era mi sustento personal; un amigo y un confidente, un hombro sobre el que llorar y una sonrisa amable cuando me encontraba mal. Mi madre estaba hecha de abrazos y besos por todos lados, de una comprensión femenina y mental que me ayudó muchísimo; de conciencia, cariño y protección.
Yo amaba a mis padres. Los amaba como cualquier hija decente puede amar a unos padres devotos y entregados a su prole. Los amaba porque me habían rescatado, me habían criado y, por encima de todo, me habían querido. Así que, esa noche, cuando me senté a escribir la carta, la verdad es que me sorprendió que el pulso no me temblara. Quedó todo muy dramático, con sus manchas de sangre y su tinta bien fresca. Lo del veneno era mentira, pero ver a Thomas girarse muerto de miedo y suplicar perdón fue algo magnífico. Lo quemé vivo; allí, tal cual. El fuego salió de mis manos, y en seguida le había dado en la garganta y le estaba consumiendo el cuerpo... y mi confesión. Dejé atrás mi hogar calcinado, y me arrastré con mis quince años hasta las afueras. De pronto, todo el peso de lo que había hecho me cayó sobre los hombros. Me aplastó, y me encorvé y me resguardé bajo la capa de mi padre. Me cubrí con la capucha y, sin más, desaparecí.
Fue curioso ver a la gente confundirme con una vieja. Me veían menuda, encorvada y con una mano temblorosa agitando una taza de latón, y ya daban por hecho que tenía más de setenta años. Desde entonces, ha sido mi disfraz favorito, aunque lo he ido mejorando con el tiempo.

El sol me daba en la cara esa mañana, en Alexandria. Al principio pensé que era la vista, que me había jugado una mala pasada. Pero no, estaba allí. Tirado al otro lado de la calzada, con una sonrisa y los ojos amables. Era joven. Porque así murió, joven y estupendo. Me saludó con la mano.
Parpadeé un par de veces, desconcertada. Aquello no podía ser. Un carruaje atravesó la calle, y entonces desapareció. Estaba claro, más no podía ser: lo había soñado. Llevaba días sin comer, tenía los labios agrietados, y la cabeza seguía aún en algún lugar entre el shock y la asimilación de una nueva vida llena de pobreza.

-Hola, niña.

Estaba a mi lado. Allí, sentado. A mi lado, tirado en las calles de Alexandria. Él.

-¿Pa... papá?

Las palabras apenas me salían de la garganta. No podía ser. Simplemente no podía... Negué con la cabeza.

-No -dije-. Eres un producto de mi imaginación.

-Puede ser -me contestó, encogiéndose de hombros como si ver a tu padre muerto fuera lo más normal del mundo-. Pero estoy aquí, cielo. Y aquí me pienso quedar.



---------------------------------------------------

Así que, más o menos, esa es mi historia. Bueno, digo más o menos porque claramente hay mucho más. Pero así es cómo mi padre volvió a mi vida, y lo cierto es que lo agradezco muchísimo. En mis años en casa de Geremías pude leer algunos libros sobre psicología. O sobre lo que los "entendidos" llaman psicología. Llegué a la conclusión de que la presencia de mi padre no es más que un reflejo de mi mente, que borró el sentimiento de la conciencia cuando asesiné a toda aquella gente. Como ahora no puede formar consejos y teorías morales por sí mismsa, mi mente ha querido ser original y mandarme la figura de mi difunto padre para que me siga a todas partes.

Así que, gracias, dioses míos. Gracias por darme esta mente tan desequilibrada.

Y esta noche esta mente mía no tiene ganas de irse a la cama. Ha sido un día largo, con mucho trabajo y malas acciones. A veces ofrezco mis servicios como maga para la gente que puede pagarlos. Vale; a veces ofrezco mis servicios en general. No me considero una mercenaria, ni una puta, ni tampoco una oportunista. Me considero una superviviente, porque este cuerpo tan magnífico no se alimenta del aire.

La puerta está fría, la madera es demasiado oscura. He entrado otras veces en este local, pero nunca me ha terminado de llamar la atención. Seguramente es por eso por lo que vengo, porque me sirve para no ser nadie. Apenas me conocen, apenas conozco. Está bien.

Un vistazo rápido me sirve para ver lo que se cuece por allí. Borrachos, adolescentes que no saben beber, una pareja que se va a comer mutuamente y un tipo raro, apoyado en la barra con un puro grande. Suspiro. Me quedaré poco tiempo, estoy segura. No tengo ganas de demasiado follón, sólo de desaparecer durante un par de horas. Me acerco a la barra, y noto que más de un borracho ya se está fijando en mí.

-Despiertas pasiones, corazón.

Le echo una mirada despectiva a mi padre, y él me sonríe burlón. Le encanta meterse conmigo. Llamo al camarero, pido la bebida y me quedo esperando en la barra. Me duele la cabeza, y las manos me arden un poco después de tanta magia, pero estoy bien. El cóctel no tarda en llegar. Dioses, mataría por un cigarrillo.

-Fumar está mal, Lahabrea. Ya lo sabes. -Prefiero pasar de él, porque se pone algo pesado con el tema del tabaco-. Eres una chica lo suficientemente lista como para saber que eso no es bueno para tu organismo.

-Oh, vamos. En serio, Booker, déjalo ya.

Sigue con su charla. Yo lo ignoro pero, claro, no podemos olvidar que es un producto de mi imaginación. Vive dentro de mi mente, desde donde intento ignorarlo. Sube el tono de voz y añade frases como: "sabes que la magia no te salvará" o "vas a bajar el rendimiento si no puedes correr una distancia de diez metros por la porquería que te cae a los pulmones". Me está poniendo de los nervios. Los borrachos hablan cada vez más alto, hay música que suena de fondo. La chica que se está dando el lote gime: el novio le ha metido la mano bajo la falda. Los chavales están que no se lo creen probando el whisky, y, para colmo, hay un maldito reloj de cuerda detrás de la barra que, no sé cómo, me taladra el cerebro a cada segundo. "No es bueno para ti, Lahabrea". "No deberías, Lahabrea". "Lahabrea...". "Lahabrea". "¡Lahabrea!"

-¡Que me dejes en paz, joder!

Uno de los borrachos se gira, mi mira bizqueando y se me acerca con paso cambiado. Se inclina sobre mi cara, yo ni me muevo. Cuando habla, me echa todo el pestazo a licor en la cara.

-¿Me has dicho algo, muñeca?

Mierda.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Garret Blake el Jue Nov 27, 2014 5:22 pm

No estaba siendo la mejor noche del mundo, la verdad. Poco que hacer, poco que ver y poco en lo que pensar. Poco, en general. Y tan poco era que se me estaba agotando la cerveza del vaso cuando menos cuenta quise darme.

-Tsk... joder.

Resoplé y pedí otra birra. No sé por qué lo hice, porque total, tardaría otra vez años en servirme, pero al menos me llevaría algo fresquito al estómago de nuevo. Si al menos mis compañeros de barra no fueran unos acabados o el barman tuviera un par de tetas, tendría algo de entretenimiento. Eso de haber pasado el último mes sin algo de afecto carnal me había estado jodiendo por dentro desde hacía ya un par de noches. Lo más parecido que había tenido todo este tiempo a una mujer cercana había sido... Monna. Y está claro que no hay color, ¿no?

Y hablando de tetas. Vaya mujer entró por la puerta pocos segundos después, joder. Se me dispararon los ojos hacia ella, pero lo hice con disimulo: sabía aguantar bien ante las curvas, por ganas que tuviese de marcha. Y más allí, que podía sentirse intimidada ante tanto "macho alfa". Porque, la hostia, como la miraban los demás. Me puse un segundo en su lugar y decidí que, por mucho que me jodiese, ignoraría su presencia durante unos minutos. Lo mismo, con suerte... se acababa acercando ella a la barra, ¿no?

La vi pasearse un poco por la estancia hasta que se acercó a la barra, así que me relamí la cerveza que se había perdido por mi barba. Pensé que el puro podía ser algo que la alejase, pero bueno, no iba a tirarlo. Me gustaban las mujeres, pero el tabaco es sagrado, ya sabéis. Si pesco alguna, quiero que sepa cual es mi vicio.
Me arreglé un poco los cuellos de la capa y me dispuse a acercarme a ella, cuando me percaté de que un tipo ya estaba a su lado.

-...

No conseguí entender lo que se decían, pero ella parecía incómoda y él nada más que un baboso borracho con ganas de revolcarse. La estampa me recordó tanto a mi padre que me enfadé allí mismo sin motivo alguno. Seguí atento a la escena, pues, pero ya con mala rabia encima. Pedí otra birra. Sí, otra más.  Y no me estaba dando cuenta de que me estaba dejando la cartera y, posiblemente, ganando embriaguez. A ella le trajeron una copa de la cual, minuto después, arrojó su contenido al rostro del tipo borracho. A él no le hizo ninguna gracia y vociferó algo. Tampoco lo escuché bien, me cago en la puta de guiles.

Decidí acercarme un poco más, pero cuando lo hice, la mujer salió por la puerta del pub. Venga hombre, ¿en serio? Que le den. A ver si iba a estar yo haciendo el idiota por la noche de Deling por un coño que ni iba a probar, estaba claro. Me malhumoré y, entonces, decidí marcharme... hasta que vi que el tipo borracho salió detrás de la chica. Quien sabe porqué lo hice pero mis pies se movieron solos y le siguieron muy de cerca hasta dar con él en el callejón trasero del local. Estaba, sin lugar a dudas, acosando a la pedazo de hembra que había deslumbrado antes a medio bar.

Me acerqué con las manos en los bolsillos, que aún no sabía porqué las tenía tan frías y heladas.

-¿Eres una dama en apuros, nena? ¿Te molesta este capullo?
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Lahabrea Svara el Vie Nov 28, 2014 2:33 am

Booker ha desaparecido, claro. Típico en él. Aparece y desaparece como le da la gana, y por lo visto esta noche no tiene ganas de comentar una pelea con un borracho. Por lo general lo mejor es ignorarlos, lo sé de sobra. Tengo demasiada experiencia en esto. Pero este parece de los que son verdaderamente pesados, y me sigue diciendo guarradas a la cara, tan normal. De verdad, me dan ganas de pegarle un par de hostias e irme tan pancha.

Pero el camarero me ha traído el cóctel hace nada. Una buena manera de calmar los humos de estos tipejos es dejándolos en ridículo, pero desperdiciar mi precioso Night&Day por un borracho cualquiera me parece algo poco razonable...

-Te voy a comer el coño a cucharadas.

Pues, hale, la copa encima. A ver si se va a pensar este que mi coño está aquí a disposición del personal. En serio, qué pocos modales. ¿Dónde ha quedado eso de acercarse a una chica y ofrecerle un cigarro? O sonreír, o invitarla a una copa. No: te voy a comer el coño a cucharadas, como si fuera un helado. Pues lo que te vas a comer, majo, es un piro en toda la jeta, como sigas haciendo el gilipollas.

-¿¡PERO QUÉ HACES, PEDAZO DE ZORRA!? ¡TE VOY A RAJAR ENTERA!

Le sonrío. Eso les jode muchísimo. En realidad tengo ganas de rajarlo yo a él, pero es mejor sonreír. Siempre. Cojo mi bolsito y me levanto como una señora del taburete. Bah, de todos modos el sitio me estaba dando asco ya. No había nada interesante y, sí, Booker, sigo queriendo ese cigarro. Y me importa una mierda lo que digas, quiero fumar, y ya está. Una mujer tiene derecho a fumar si le da la gana, ¿o no?

En la calle hace un frío de mil demonios. Me cago en mis modelitos y en la madre que los parió. Se me están congelando hasta las ideas. Me imagino a mi padre saliendo vestido de esquimal o algo así. Además, estoy cansada. No me había dado cuenta de lo agotada que estaba hasta que me gasté los guiles en la cara de ese borracho. Porque, claro, el cóctel estaba pagado. Llevo todo el día de aquí para allá, sonsacando información y haciéndome pasar por quien no soy. Destruir las pruebas no ha sido nada del otro mundo, pero el combate de última hora me ha dejado chamuscada y vacía. No tengo más energía en el cuerpo, y es algo realmente extraño. Suelo dejarme un poco en la reserva, por si surgen problemas a última hora, pero esta vez no he tenido más remedio que gastarlo todo. Y aquí estoy, muerta de frío, cansada y vacía. Olé, Svara, olé.

Booker sigue sin aparecer. No sé dónde narices se ha metido, pero no está. Debería volver a casa. Miro hacia arriba, y el cielo de Deling no me regala ni estrellas ni tranquilidad. Es una ciudad demasiado grande y contaminada como para ver las estrellas en una noche cualquiera. Eso me inquieta. Siempre me relaja ver los astros, cerrar los ojos y pensar que estoy en casa con papá y mamá. Por eso no me gusta mi maldito apartamento: es demasiado grande, y está demasiado solo. Esto me pasa por casarme a los quince años con el tonto del pueblo, está claro. Bueno; con el hijo de puta del pueblo. El caso es que estoy cansada de estar sola, y no quería volver a casa ya...

-¿Te crees que te vas a ir así, sin más?

No sé cuándo me he metido en el callejón de al lado del bar. Tampoco sé en qué momento ha salido este gilipollas de dentro, pero no tengo ganas de gilipolleces. Curiosamente, lo único que pienso es que se le tiene que estar helando la cara con los restos del cóctel.

-¿Por qué no lo dejas ya? -le digo-. En serio, tío, te estás poniendo un poco cansino de más.

Se me echa encima, el aliento le huele a mierda. Tiene las cejas muy pobladas y los músculos demasiado ejercitados. De pronto, estoy enredada en sus brazos. Me ha inmovilizado con un puto movimiento, el muy cabrón. Ay, madre, ¿cuándo aprenderé? Y además estoy en problemas y el jodido Booker no viene. ¿Dónde coño está?

El borracho va a abrir la boca, pero de pronto escuchamos otra voz que viene del principio de la bocacalle.

-¿Eres una dama en apuros, nena? ¿Te molesta este capullo?

El tipo del puro del bar. Curiosamente, no me mira a mí. Está muy centrado en el borracho que tengo delante; no le quita los ojos de encima.

-¡Vaya! Es guapo, ¿verdad? Ese puro le da un toque así como muy masculino.

Ahora aparece. Valiente hijo de puta.

-Soy una dama -digo, intentando zafarme-. Estoy en apuros -nada, no me suelta-. Que resolveré yo solita. Que tengas un buen día.

Sonrío al tipo del puro. Encima, parpadeo descaradamente. Soy una dramática hija de puta, pero es que me sale así de dentro. No sé. Es algo natural.

De pronto noto algo frío en el cuello. De hecho, algo punzante me pincha cerca de la oreja izquierda. El borracho me ha puesto un cuchillo en el cuello.

-¡Callaos ya los dos! -grita; está nervioso, y eso es malo-. Vete de aquí, si no quieres que la raje. ¡Vamos, lárgate!

Noto la presión sobre el cuello. Las manos se me calientan en un acto reflejo; mi cuerpo intenta defenderse de la amenaza. Pero no me queda energía. No puedo, simplemente no puedo. Miro entonces al tipo del puro. Las luces de la calle le dan un aspecto extraño, porque no diferencio bien sus rasgos con la oscuridad del callejón. Sólo veo la punta de su cigarro, brillando en la oscuridad de su rostro.

Quizá sí que necesite un poco de ayuda.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Garret Blake el Vie Nov 28, 2014 3:09 pm

¿Otra vez? Jooooder. Hace apenas 3 días había tenido que aguantar al otro lado del mundo como un tipo sostenía como rehén a una niña pequeña. No era lo mismo, claro. Por salvar a la otra me daban la suficiente pasta como para pillarme un deportivo de última generación. Con salvar a esta tía... bueno. Lo mismo, con suerte, me la tiraba.

¿Merecía la pena correr el riesgo?

-Tranquilo, compañero. Baja el cuchillo, ¿quieres? No soy un enemigo. Haber dicho que era tu chica desde el principio y santas pascuas.

Me miró mal y vociferó algo con la lengua tan ebria que no le entendí, pero creo que no coló mi papel de poli bueno. Era cierto, no me pegaba, ¿pero qué más podía hacer, si tenía a la chica de rehén a escasos centímetros de una muerte segura?

No estaba armado. Me había dejado a mi preciosa Dama de Hierro en el garito, vigilada por Monna. No tenía intención de liarla parda esa noche. Nah, qué va, miento. En realidad cuando yo digo que no estoy armado es porque me falta una Damisela entre mis brazos, pero aún guardaba el cuchillo de mi bota. Eso y una granada de humo, claro. Nunca sabes lo que puede ocurrir, ¿no creéis?  ¡Y era verdad, qué demonios! ¿Iba a tener que volver a sufrir por la vida de otra persona? ¿Acaso de verdad te estás ablandando, Garret? ¿Eres imbécil o qué? Me di cuenta de que era un puto borracho que lo más seguro es que no fuese capaz de matar a una mosca. Sin embargo... yo sí podía. Y si decía de matarlo, lo diría muy enserio. Jugué con esa baza a mi favor y me arriesgué: era la única carta que veía sobre la mesa.

-Bueno, está claro que eres un tipo listo y que no te crees esa historia de que me voy a ir por las buenas. Y como eres un tipo listo, te voy a decir la auténtica verdad.

Tomé el puro entre mis dedos y me lo aparté de los labios. Como tenía las palmas de las manos tan encalladas (de tanto agarrar el maldito peso de Damisela), hacía tiempo que perdí parte de su sensibilidad: decidí apagarme el puro en la palma de mi mano izquierda mientras no apartaba mis ojos furtivos de él. Intimidación, algo aprendido en las calles que me ha ido muy bien a lo largo de estos años. Me escoció, pero no hice ni una mueca al respecto. Tenía una fama y reputación de tipo duro que, para que engañarnos, me encantaba mantener.

-Si no la sueltas en 3 segundos, te mato yo a ti -lo dije convencido. Había aprendido a que los demás me creyesen cuando hablaba en serio, pero aún así se lo dejé bien clarito-. No es un farol.

Decidido, di un paso al frente. Perfecto, tembló. Su reacción no fue firme y severa. Bien, lo tenía cogido por los huevos, así que no temí a dar el resto de pasos. Me acerqué lentamente hacia donde ellos estaban. Me marqué una frase para acojonarlo aún más.

-Tic, tac.

Seguí avanzando. Durante mis pasos me di cuenta de que me había convertido en un hombre de palabra, o al menos esa noche: si no la soltaba cuando estuviese a su lado, lo mataría. Sin duda alguna.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Lahabrea Svara el Vie Nov 28, 2014 3:47 pm

Hay que reconocer que tiene estilo.

La mano del borracho tiembla, y tengo miedo de que me corte la garganta de puro canguele. De pronto me veo encima del poli-malo-salva-doncellas-en-apuros. Huele a una mezcla extraña, como a humo del puro, un poco de pólvora y cerveza. Me ha agarrado al vuelo, pero ha trastabillado y ahora estamos los dos en el suelo. Es una suerte que él esté debajo, porque la piedra fría contra la carne desnuda es una mala combinación en una noche como esta. Me recompongo como puedo. Tiene unas manos enormes, tremendamente fuertes. Hay algo raro en él, algo que me suena y que, a partes iguales, me desagrada y me fascina. Es algo un poco extraño...

-Cielo. Que se te escapa.

El hijo de puta del borracho ha salido corriendo. Oh, no, de eso nada. Me levanto en seguida del suelo y echo a correr detrás de él. Ese cabrón no se me escapa a mí, no señor. Ese me las va a pagar todas juntas; por maleducado, hijo de perra y desconsiderado. Pero, sobre todo, por la frase esa del coño. En serio, qué mal me ha sentado.

Las calles por las que se ha colado están oscuras, y las alcantarillas parece que respiren vaho propio. Cubos de basura, carteles raídos en las paredes... y ni rastro de ese mamón. Escucho pasos a mis espaldas, y me vuelvo en seguida. La yema de los dedos empieza a arderme de nuevo. Creo que estoy recobrando un mínimo de energía, y eso es bueno. La bola que formo en la palma de la mano no es muy grande, pero ahí está. Me giro, la lanzo, y él la esquiva por muy poco. Me sonríe de una manera arrogante y arrolladora.

-Uf. Ha estado cerca, ¿eh?

-¡Tú...!

Quiero pedirle perdón. Debería hacerlo. Y darle las gracias, también. Me ha salvado, para qué negarlo. Vale que se ha hecho el chulo y que, para colmo, parecía disfrutar con ello. Pero eso no quita que haya salido del bar seguramente con la intención de ver si ese imbécil de turno me estaba tocando las narices. Quiero decirle que ha sido todo un caballero, que se lo agradezco de veras. Él me preguntaría si necesito que alguien me acompañe a casa. Podría decirle que sí; y bien hacerme la mojigata y despedirlo en la puerta o bien darle candela en mi apartamento. Me tiraría toda la noche viéndolo fumar con la camiseta quitada. No me importaría.

Pero, por si no lo sabíais, nunca he sido muy de hacer amigos.

-Lo tenía todo bajo control. Has llegado y lo has estropeado todo. Espero que estés contento.

Lo dicho: soy un encanto.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Garret Blake el Sáb Nov 29, 2014 11:11 am

Joder con la tipa. Así que era maga. Al menos, dominaba la magia negra, claro. No me iban mucho ese tipo de movidas, pero la verdad es que molaría eso de generar fuego en las manos. ¿Quién necesitaría un mechero?
De todos modos, la tía esta no era muy agradecida, que digamos. Me respondió con tanto altivo y soberbia que parecía que tendría que haber dado las gracias por algo era yo. Le salvas la vida a alguien(o al menos la ropa interior) y hoy en día te llevas el desacuerdo y desprecio de dicha persona. En serio, solamente le faltó darme una hostia. Aunque tenía que reconocer que eso me gustaba. Era una mujer peleona, y no una mosquita muerta remilgada de la nobleza. Me reí ante ese comentario.

-¿Siempre eres así de agradecida con un príncipe azul?

Me rasqué los lumbares y me apoyé contra la pared del callejón. La observé por el rabillo de los ojos mientras me ponía un puro en los labios, ya que el anterior extinguió su fuego en mi mano. Alcé una ceja mientras sacaba el mechero. Me encendí el puro tapando un poco la cabeza del mismo para que el aire no apagase la llama del encendedor. Dejé que el humo entrara en mi organismo y, seguidamente, lo expulsé por la boca.

-Si lo que te preocupa es ese capullo, volverá por aquí al cabo de una semana o así. O quizás mañana. Estaba tan borracho que lo mismo no se acuerda de mi jeta. Pero no te preocupes, si lo vuelvo a encontrar, le haré saber tu descontento a base de golpes.

Alcé un puño cerrado hasta la altura de mi cuello representando el énfasis en la frase. Me di cuenta de que ella podía estar pasando frío. Saqué mi pitillera y le ofrecí un cigarrillo. Cuando me miró, alcé una ceja y mostré media sonrisa mientras mordía el puro.

-Mi nombre es Garret. No lo olvides, y quizás me piense eso de estar aquí mañana para rescatarte de nuevo.

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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Lahabrea Svara el Sáb Nov 29, 2014 11:39 am

Se me han mojado las bragas. Es así, lo siento. O sea: un hombretón que va de chulo, se apaga puros en la palma de la mano y encima suelta esas frases. Que una no es de piedra.

El cigarro me tienta demasiado. Estoy cabreada porque el subnormal de turno se ha escapado, y confiar en este tipo me hace temblar las rodillas. Soy una tía muy estúpida cuando quiero, pero me gustan los hombres como a un tonto un lápiz. Y los hombres grandes, fuertes y con tabaco, más todavía. Sinceramente, no me habría fijado tampoco en él de no pasar toda esta mierda, pero he de admitir que este tipo... ¿cómo era...?

-Garret.

Eso, Garret. Este tipo, Garret, me gusta.

-Gracias.

Booker se apoya justo al lado del tío y lo mira con curiosidad. Yo me acerco, y dejo que me encienda el cigarro. Pongo mi mano sobre la suya cuando acciona el mechero. Son muy ásperas, como si estuviera acostumbrado a trabajar con ellas muy a menudo. Eso me indica que es hábil, que las usa con frecuencia...
Lo miro con media sonrisa, estudiándolo, mientras suelto el humo por la boca hacia un lado.

-No necesito que me salven. Por lo general, no. Y, tranquilo, que no pienso estar aquí mañana.

La calada es como magia entrando dentro de mí. Me llena los pulmones, me araña la garganta. Oh, los dioses bendigan la nicotina.
Booker me mira con mala cara. No está nada contento con el tema de que fume, pero a mí me la trae floja. Me recuerda a Geremías: el cabrón no me dejaba fumar ni un cigarrillo. Ni olerlos. Incluso cuando la cosa empeoraba y se ponía muy enfermo, se daba cuenta de que yo había ido corriendo a llenarme los pulmones de mierda. Me miraba entonces desde la cama con el ceño fruncido y me decía: "Svara, por favor, ¿otra vez?".

-A mí este tío me suena de algo. Y no precisamente por algo bueno. Pero no me acuerdo...

Paso de Booker y me fijo en el hombretón. Sonrío un poco.

-No tienes pinta de príncipe azul. En realidad, pareces un poco el malo de la película. O, como mínimo, uno de estos tipos que hacen que los padres cojan de la manita a sus niñas pequeñas y las saquen a rastras del parque -me río; es cierto, tiene esas pintas. Hay una pequeña pausa entre nosotros. Me gusta cómo se queda el ambiente cuando no decimos nada, y sólo se huele el frío y el humo del tabaco-. Dime una cosa, ¿siempre eres tan moja-bragas o soy yo, que he bebido de más?

-Oh, no, Lahabrea. Dime que no.

Sonrío más pronunciadamente. Vuelvo a soltar el humo de otra calada.

-Lahabrea... ¡que lo acabas de conocer!

Ya, pienso sin dudarlo. ¿Y qué?
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Garret Blake el Sáb Nov 29, 2014 12:40 pm

Me cago en la puta, si la tenía en el bote y yo sin saberlo, y la verdad es que no estaba nada mal: podía tener un poco de acción desenfrenada esta noche y al día siguiente, adiós muy buenas, ¿no? Me hacía falta en realidad tras los últimos sucesos estos días. Sonreí ante su comentario mientras seguía disfrutando del tabaco.

-Puede que sea un poco de las dos cosas. Normalmente hay un tía que me tengo que sacar de encima cada día -hablaba de Monna, claro, pero los detalles no tenían importancia.- Pero contigo no tengo ninguna intención de pirarme. Créeme, preciosa.

Me separé del muro y le hice un gesto con la cabeza, como diciéndole que viniese conmigo. Habría estado mejor preguntarle pero... primero, sabía que vendría conmigo. Y segundo, yo no era la clase de hombre educado que arropaba a la mujer con preguntas empalagosas.

Efectivamente, ella me siguió. Me quité la capa roja desgarrada que cubría mis hombros y se la ofrecí: la noche rascaba.

-Ten, anda. Te vas a helar hasta las ideas a este paso.

Giramos una manzana, avanzamos por una avenida grande y atravesamos un parque vacío, iluminado por un par de enormes farolas gigantes. Estaba yendo en dirección a mi garito, pero luego caí en la cuenta de que Monna aún estaba allí. Y Monna... ella era un problema. ¿Sabéis que podía pasar si entraba con una mujer a mi local estando esa endiablada moguri presente? Posiblemente me vería obligado a encerrarla en el microondas para que no nos tocase los huevos. Y... prefería ahorrarme el marrón, la verdad.

Seguí caminando disimuladamente sin rumbo, tratando de buscar un motel o algo con la mirada. Sabía donde quedaban un par, pero estaban lejos, y mi coche no estaba presente esa noche. Sí, chicos, mi suerte es una mierda.

-¿Eres de por aquí? Me apostaría a decir que no. Me acordaría de esa cara si te hubiese visto antes.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Lahabrea Svara el Sáb Nov 29, 2014 1:56 pm

Resulta que sí que es un poco caballero, y se quita la capa y todo para echármela a mí sobre los hombros. Esta clase de gestos me gusta a medias; siempre sienta bien que sean amable con una, pero las ñoñerías no son mi estilo. Lo eran, hace mucho, y la cosa terminó mal. No, nada de eso otra vez.

-¿Eres de por aquí? Me apostaría a decir que no. Me acordaría de esa cara si te hubiese visto antes.

Su capa huele a tabaco, como todo él. Pesa bastante, y la verdad es que no habría dicho que fuera tan densa sobre sus hombros. Me siento un poco torpe, porque con esta estatura mía la voy arrastrando por el suelo. Pero es cálida, como una fogata un día de otoño con el cielo despejado.

-No, no soy de aquí, aunque llevo bastante tiempo instalada. Me mudé hará cosa de cinco o seis años.

Tiro la colilla al suelo y la aplasto con la punta de la bota. Él me espera dando una calada larga y densa a su puro, con las cejas espesas curiosas ante mí. Debo de parecer un payaso con esta capa tan grande, pero me siento cómoda y la verdad es que no se la quiero devolver.

-Tú sí que me suenas. No sé de qué, pero me ha parecido ver tu cara en algún sitio. Y tu nombre...

-Garret.

-Garret. Bueno, quizá algún día recuerde por qué me suenas tanto.

Al principio lo veía bastante convencido del rumbo que había tomado, pero ahora me da la sensación de que no sabe muy bien hacia donde dirigirse. Ya que tampoco faltan tantas manzanas para mi apartamento, decido ir hacia allí. Caminamos con paso tranquilo por las calles de Deling. Booker está distraído, mira el cielo contaminado de luz; Garret termina de fumar, con lo que la última bocanada de humo sale de sus labios con tranquilidad. Yo me miro los pies. La situación es agradablemente extraña. No, mejor; es extrañamente agradable.

-Bienvenido.

Afortunadamente, soy una chica ordenada. Dejo las llaves en el recibidor, y me quito la capa con un poco de dificultad. Estaba pensando en sacar un par de copas de vino, pero cuando le tiendo la capa y veo esa sonrisa medio torcida me doy cuenta de que, en realidad, beber será toda una pérdida de tiempo.

-----------------------------------------

Hacía tiempo que no lo hacía al aire libre, pero en una sola noche habíamos explorado demasiados sitios cálidos. Necesitábamos aire fresco, y ese último meneo a la luz de las no-estrellas de Deling ha sido algo para recordar. Así que aquí estoy, tirada sobre las losas. Hasta hace un momento estaba cubierta por esa capa enorme, roja, con ese olor tan magnífico. Ahora tengo una manta (que él muy amablemente me ha traído), y otro cigarro en los labios. El sol ya empieza a salir. Lo despido con una sonrisa complacida, cansada, y él me sonríe y se va arreglándose el cuello de la camisa. Me quedo aquí, tirada, viendo el amanecer yo sola, mirando un cielo cada vez más claro. Frunzo el entrecejo e intento examinarme a mí misma, adivinar cómo me siento. El humo hace figuras extrañas en el aire matutino.

-¿Te has divertido?

Echo el humo despacio.

-Mucho.

-¿Lo vas a repetir?

Me encojo de hombros. Apuro el cigarro y me incorporo agarrando la manta para taparme los pudores ante un producto de mi imaginación. Apago la colilla en el suelo, mirando la mancha negra que deja sobre el color terracota.

-De verdad, papá, a veces te pones un poco pesadito, ¿eh? Para estar salido de mi cabeza eres demasiado metomentodo. Déjame que me acueste con quien me dé la gana, que para algo es mi cuerpo, mi vida, y mi...

-No, si no es por eso. Te lo digo porque no le has dicho ni tan si quiera cómo te llamas.

Joder, tiene razón. Salgo disparada hacia la puerta. La manta se queda por ahí, tirada en el suelo, en medio de la salida al balcón. Abro desesperada. Por un milisegundo, tengo la esperanza de que siga ahí, de que haya vuelto porque se le ha olvidado algo: el mechero, las llaves. ¿Otro polvo? No sé, cualquier cosa.

Pero no: estoy sola.

Completamente sola.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Garret Blake el Dom Nov 30, 2014 4:12 am

La noche había sido un revolcón por todos los lados de su apartamento. Que si por allí, que si por acá, y la verdad, estaba bastante orgulloso de lo lograda. Joder, llevaba más de un mes sin darle esa alegría al cuerpo, y además la tipa era un regalo para los ojos, ¿qué más podía pedir?

Pero no era solamente eso, no. Me había interesado por ella. ¿Residiendo en Deling durante cinco o seis años? Y yo apalancado en mi garito sin conocerla, qué mal. Era un primor de tía, y se notaba que sabía sacar las castañas del fuego por sí sola. Autonomía, eso me gustaba. Pensé en ella todo el trayecto de vuelta: en si la volvería a ver o si simplemente habría sido un hola y adiós definitivo. Si es que hubiese habido un adiós, claro, porque vi más conveniente salir de allí antes de que ella se diese cuenta.

Llegué a mi hogar, "Encargos a Sueldo". Sí, así se llamaba. Ya veis mi fuerte sentido de la imaginación y la originalidad. A Monna nunca le ha gustado, pero a mí me la suda, sinceramente. Siempre he considerado que el nombre es lo de menos si el trabajo está bien hecho. Y yo soy el mejor haciendo lo mío.

Abrí la puerta despacio y lo primero que hice fue buscar con la mirada mi silla. La visualicé y anduve hacia allí con los pies algo cansados, así que como siempre, me descalcé y los subí sobre la mesa escritorio. Tomé el mechero con la mano y comencé a encender y apagar su llama repetidamente, mientras mi cabeza le daba vueltas a aquella mujer: no me había dicho su nombre, ni yo a ella donde podía encontrarme o un maldito número de teléfono. No sé porqué, pero me cabreó pensarlo más de la cuenta. Pero, en el fondo, sabía que era lo mejor. Si pensaba más de la cuenta en una mujer podía volverme alguien que no era yo. Y qué coño, tengo mil tetas que probar a lo largo de mi corta vida.

Algo se me puso sobre la cabeza mientras pensaba y pasaba la palma de mi mano lentamente sobre la llama del mechero. Era Monna, que me daba los buenos días medio dormida.

-Buenos días, Kupó.
-Hola, Monna. ¿Has cuidado el local por mí? -hablaba con ella sin mirar hacia arriba. Mis ojos estaban perdidos en el horizonte oculto por los muros de la habitación.
-Sí, pero no vino nadie, Kupó.
-Está bien, esa es mi moguri favorita.

Alcé el puño cerrado con desgana hacia lo alto de mi cabeza y noté como ella chocaba su puñito diminuto contra el mío.

Así que allí estábamos de nuevo: esperando a que un tipo lo bastantemente sucio entrase a nuestro acogedor hogar y nos diese algo de trabajo para matar el tiempo. Esa era mi vida y, salvo pequeños destellos especiales, no cambiaba nunca. Ni parecía que fuera a cambiar.
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Re: Cuando no manda el deber [Svara]

Mensaje por Fal'cie Thaliak el Dom Dic 14, 2014 9:32 am

FIN DEL SOCIAL



  • APRECIACIÓN GENERAL:
    Mis felicitaciones en primer lugar por ser los primeros en concluir un social. El Staff considera a los sociales como los posts que dan más vida al foro, y siempre animamos a la gente a que haga todos los que pueda y se esfuercen en hacerlos lo mejor y más trabajado posible. Y aunque breve, se nota un trabajo por parte de los dos que bien merece ser reconocido ¡Enhorabuena! GARRET BLAKE obtiene 5 EXP, LAHABREA SVARA obtiene 5 EXP.
    - ARGUMENTO: La trama es sencilla, con pocos acontecimientos de relevancia, pero sirve muy bien al propósito de que ambos personajes se conozcan. Svara se lleva un par de puntos más porque lleva muy bien el tema de la esquizofrenia, dándole originalidad y trasfondo a su personaje. GARRET BLAKE obtiene 12 EXP, LAHABREA SVARA obtiene 14 EXP.
    - ORTOGRAFÍA: Nada que decir en vuestra contra en este apartado. Ambos tenéis una ortografía mas que correcta, y os lleváis el máximo de puntuación por ello. GARRET BLAKE obtiene 5 EXP, LAHABREA SVARA obtiene 5 EXP.
    - INTERACCIÓN: Una interacción muy buena entre los dos, se nota que hay química en ambos personajes. Eso sí, debemos haceros un aviso. Algunas veces roleais la acción del otro personaje en vuestros posts, adelantando lo que hace. Suponemos que eso está pactado entre vosotros antes de hacer el post, pero en ese caso, os pedimos que posteéis en OFF un aviso de que eso es así. Esto es con el fin de evitar que haya gente que se confunda y rolee acciones del otro pj sin permiso del usuario que lo maneja. GARRET BLAKE obtiene 7 EXP, LAHABREA SVARA obtiene 7 EXP.
    - EXTENSIÓN: Una extensión bastante limitada por parte de ambos, lo cierto es que podíais haber desarrollado mucho más las descripciones de los sucesos y los diálogos entre personajes. Aun así, no hay nada que sobre y la acción que hay (aunque no sea mucha) sucede a buen ritmo. GARRET BLAKE obtiene 8 EXP, LAHABREA SVARA obtiene 8 EXP.

  • PUNTUACIÓN:
    GARRET BLAKE: 37 EXP
    LAHABREA SVARA: 39 EXP


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