El pasado regresa [Koiba]

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El pasado regresa [Koiba]

Mensaje por Akeelah el Sáb Nov 22, 2014 5:13 pm

A las afueras de Oerba llegaron dos jinetes de chocobos, ambas iban muy abrigadas debido a que el invierno ya estaba llegando a la región, eso se notaba sobre todo por el manto de nieve que cubría la zona, pronto oscurecería de modo que una de ellas decidió que debían pasar la noche en el pueblo, de modo que cruzaron la zona en ruina hasta llegar a la zona poblada con la esperanza de encontrar alguna posada abierta.

Llegaron las dos jinetes hasta el abrevadero de la posada, la primera en bajarse fue la líder de esa pareja, no solo llevaba las riendas de su chocobo durante el trayecto sino que también tiraba del otro chocobo ya que la segunda jinete en verdad iba con las manos atadas a la montura del chocobo de modo que no podía hacer nada más que contemplar el paisaje y quejarse.

-Tendremos que pasar la noche aquí...-Se acercó a la montura de Akeelah y desató sus manos de la silla de montar aunque de todos modos aun tenía las manos con unas esposas.-¿quieres que te ayude a bajar?

Akeelah se quedo mirando desde su montura a aquella paladina. Si Akeelah hubiera ido de Alexandria cuando tenía que haberse ido, quizás esto no habría pasado, quizás en este momento estaría rumbo a Lesalia, pero en vez de eso se quedo más tiempo de la cuenta en Alexandria, donde acabó siendo capturada por alguien a quien conocía desde su más tierna infancia.

-No necesito tu ayuda Samanta.- Tras eso se impulso hacia un lado para bajar del chocobo y logro caer de pie, aunque de una forma un tanto tosca.

-Veo que ya no me llamas tía Samanta.

-Lo haría si no me trataras como a una presidaria-agitó sus manos en frente de la paladina- tía Samanta me creería si le dijera que soy inocente, pero tú solo eres una ala roja que recibe órdenes.

Ambas se quedaron mirándose fijamente, en verdad era una situación muy incómoda. Samanta siendo apenas una adolescente lucho codo con codo con Wulfilde, la madre de Akeelah, ambas desarrollaron un gran vinculo que incluso Wulfilde consideraba a Samanta como una hermana menor y cuando nació Akeelah Samanta  fue su madrina cuando fue bendecida a los Doce Fal'cie. Ahora Samanta llevaba a Akeelah rumbo a la capital de Palamecia donde seria juzgada y condenada por asesinato.

-Entremos a dentro pues fugitiva.

No dijeron nada más y entraron dentro, al abrir la puerta se encontraron con una taberna en penumbra pero abarrotada de personas. Dentro habían dos tipos de personas estaban las que buscaban gente para bordear el Árbol Lifa ya que era insegura esa zona debido a los monstruos así que cuanta más personas en el trayecto mejor y después estaban los que directamente iban al Árbol Lifa. Samanta busco una mesa libre donde sentarse y pidió cerveza para las dos.

-¿Entonces si tu no mataste a Roy quien fue?

-Ya te lo he dicho, fue un tipo enmascarado.

-¿entonces porque huiste? ¿por qué no pediste ayuda?

-Samanta, de la noche a la mañana toda la compañía fue asesinada, ese tipo iba tras de mí y no fue hasta que logre darle esquinazo cuando me echaron la culpa a mí de la muerte de Roy. ¿De verdad te qué crees que tenía más opciones? destrozaron por completo mi vida, todo mi trabajo se esfumo y mataron a gente que mi importaba joder y ahora por ser una estúpida he dejado que me capturadas y a saber que harán conmigo en Palamecia, obviamente acabaran con el ultimo cabo suelto, osea yo -Akeelah hizo chocar sus puños contra la mesa-Maldita sea, incluso casi seria un alivio que me mataran, así no tendría que tomar yo la iniciativa para matarme por mi cuenta.

Aunque la llevara presa como una fugitiva, Samanta aun quería a esa niña que correteaba de un lado a otro por el pueblo junto con sus hermanos, de modo que no pudo evitar  el impulso de darle una cachetada en la cara cuando insinuó la idea de acabar con su vida, bofetada que fue tan fuerte que casi hizo caer de su silla a Akeelah y le hizo ver las estrellas.

-...Te podrías haber quitado el guantelete de acero antes de abofetearme-Era cierto ya que por un extremo del labio de Akeelah comenzó a salir un rastro de sangre, un poco e incluso le habría aflojado un diente- ¿No te parece?

-Lo siento, pero Akeelah ¿Por qué no acudiste a mi? fue tu madre quien me encargo que te vigilara por si te ocurría algo, podríamos haber solucionado tu problema, pero en vez de eso huiste.

-Ya te lo dije, me lo arrebataron todo, si escape fue por inercia, ya sabes, el instinto de sobrevivir, aunque no tengas nada por lo que vivir... supongo que por eso me uní a los replicantes, para ignorar el pasado.

Samanta dio un largo suspiro, todo este problema no hacía más que volverse más grande y aun le quedaba por recorrer la parte más difícil del recorrido.

-Voy a ver si hay alguna caravana rumbo a Palamecia, le diré a un camarero que te traiga hielo y gasas para la herida.- Se levanto de su silla y se quedo mirando un momento a Akeelah.- Que no se te pásela idea de intentar fugarte, puede que lleve una armadura de placas debajo de la túnica pero aun así podría estar todo un día corriendo... y si mis pies no te pueden alcanzar lo harán mis flechas.

Akeelah no le dijo nada, sabía que seria difícil darle esquinazo así que no se molesto en decirle nada. Cuando se quedo sola, apoyo los codos en la mesa y se cubrió  la cara con las palmas de las manos, hacia un gran esfuerzo para no derrumbarse y romperse a llorar, tenía que reunir fuerzas y coraje para hallar la manera de huir de Oerba, huir en dirección al este, muy al este.


Última edición por Akeelah el Vie Dic 05, 2014 3:41 pm, editado 1 vez
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Re: El pasado regresa [Koiba]

Mensaje por Koiba el Vie Dic 05, 2014 3:31 pm

De una u otra manera vengo a parar a la provincia de Oerba. Hay algo acerca de la energía del Árbol Lifa que me tiene intrigado… tiene que ver con Shin-Ra y  la fuente de poder que usa para crear a sus SOLDADOS, aún puedo recordarlo… pero mis memorias van y vienen, divagan mucho. Son como un lago al cual constantemente están tirando montones de piedras, las ondas que se ocasionan en la superficie distorsionan cualquier imagen que venga a mi mente. Todas y cada una de ellas. A veces me pregunto si todos mis recuerdos son reales o no. Es… extraño.

La montura del Chocobo en el cual viajo está hecha de un tipo de cuero oscuro bastante cómodo. Inexplicablemente me hace sentir parte de todo esto, todo este mundo tan extraño para mí… Han pasado ya más de treinta años… treinta malditos años congelado. No sé mucho de lo que pasó en todo este tiempo, pero sí que antes no había un jodido árbol asesino en medio de la nada, haciendo estragos a diestra y siniestra por quien sabe qué razones. De todos modos, esa no es la verdadera razón por la que estoy aquí. En realidad quiero respuestas.

Llego a una taberna de aspecto lúgubre y poco cuidado, por lo menos por fuera. Hay una especie de niebla alrededor de todo este lugar, algo que no parece tan natural de todos modos, y que me da una mala espina. Sea cual fuere la razón de eso, necesito descansar. Tomar un respiro.  El viaje desde Midgar ha sido largo y agotador. Lo peor de todo es que no se puede tomar ningún tren hacia Oerba. Por lo que escuché, todas las estaciones cerraron hace mucho tiempo; justo antes de que las personas abandonaran la ciudad. La misma que ahora está hecha un manojo de ruinas sin valor alguno.

Bajo del Chocobo y se lo encargo al sujeto que maneja el apartado de monturas justo al lado del antro. No digo palabra alguna, pero le aviento una mirada que deja bastante en claro que se las debe llevar con cuidado tratándose de mi Chocobo y yo. El tipo traga saliva mientras recibe las riendas del aviar súper desarrollado, captando el mensaje a su totalidad. Me dirijo a la puerta de la taberna. Es una pedazo de madera mohoso, con apenas un delgado marco de acero oxidado que parece estarse ya desprendiendo. A decir verdad, todo el lugar se encuentra en las mismas condiciones deplorables. Abro la puerta y, por más extraño que me parezca, el lugar está a tope. Si, de esto se trata tener un monopolio.

Mientras me dirijo a un rincón apartado al lado de la escalera que da a la segunda planta del lugar, de seguro donde el administrador arrienda los cuartos del garito, algunas personas me observan de reojo; como si les molestara mi presencia. Otras, ni se molestan en mirarme. Deben de ser aventureros o personas que simplemente están de pasada, en realidad no me interesa. Me siento en una mesa que trastabilla de una pata y espero que se acerque alguien a atenderme.

Una muchacha de grata apariencia se dirige hacia mí luego de no mucho tiempo. Lleva un par de coletas sujetando su cabello castaño y, sobre su vestimenta sugestiva, un delantal grisáceo que hace juego con la suciedad del lugar. En realidad estoy sorprendido, pensaba que nadie me atendería en un buen rato por la cantidad de clientes.

- ¡Buenas noches! Espero que se sienta a gusto, ¿desea pedir algo en especial? -

La mesera me aborda de primera mano, lo que me hace sonrojar. De paso, no tengo idea de qué pedir y parece que ella se da cuenta. Como por arte de magia, y no entiendo de qué bolsillo, saca una cartilla de productos bastante grande.

- Si aún no sabes que pedir puedes fijarte en el menú. Yo te recomendaría el plato especial del día. - La fémina me extiende la carta y, con un guiño en el rostro, me anima a echarle una mirada.

- Eh… vale. - El forro es de un tipo de cuero marrón oscuro, bastante rugoso. Lo abro y lo primero que me salta a la vista son una cantidad de símbolos extraños que… no reconozco por nada del mundo. - Eh… mmm… pero qué… - El rostro de la mesera es ilegible, sin entender que está pasando conmigo; pero yo ya lo había captado. Después de tanto tiempo congelado… ¿¡es posible que el lenguaje escrito haya cambiado sus símbolos en el mundo!? ¿¿Otra vez vuelvo a ser un analfabeta?? Un momento… ¿Otra vez?... un recuerdo de mi pasado comienza a tomar forma lentamente y… nada. Se ha ido… En serio necesito ayuda con mi amnesia.

- ¿Señor? ¿Ya se ha decidido por algún plato? -

La muchacha parecía algo apresurada… así que le digo que me traiga una jarra de cerveza y la mando al desvío. Bastante simple. De pronto, un par de personas entran al antro y llaman mi atención. Son dos mujeres… No puedo evitar ver como una está esposada, siendo guiada por la otra… por una paladina, a decir verdad. Interesante.

La captora abofetea a su compañía, lo que causa un pequeño silencio en el local; sin embargo, al instante todo vuelve a la normalidad. Quizá esto es lo que estaba esperando, una oportunidad. Me acerco a ellas, sigilosamente, y sin que me hayan notado tomo una silla y me siento a su lado.

- ¡Hola! Puedo ver que se están divirtiendo. -


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OFF:

¡LO SIENTO! Termino exámenes finales el sábado, pero me he dado tiempo para contestarte... tenía esto abandonado por eso mismo -.- La próxima semana retomo el rol al 100%

¡Espero que te guste la respuesta! Smile
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Re: El pasado regresa [Koiba]

Mensaje por Akeelah el Sáb Dic 13, 2014 3:37 pm

Akeelah no tuvo que esperar demasiado, enseguida vino un camarero con unas servilletas y una bolsita con hielo triturado en su interior. La alquimista le dio las gracias y le indico al camarero que dejara esas cosas en la mesa, cuando se marcho, Akeelah tomo las servilletas para limpiarse la sangre y taparse la herida y luego puso el hielo en su mejilla para evitar que se inflamara por el golpe que acababa de recibir.
Mientras sostenía la bolsita de hielo contra su boca se imaginaba el aspecto que debía tener, esposada, con un par de días sin poderse cambiar de ropa debido al viaje y encima ahora con una herida en la cara. si en ese momento aparecieran sus hermanos o sus padres Akeelah se moriría de vergüenza.

-Diablos mi familia.- ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que los vio? ya habían pasado varios meses desde la última vez que tuvo con tacto con ellos, la última carta que Akeelah les envió fue una escueta nota en la que les decía que estaba viva y que no creyeran lo que decían de ella en Palamecia, pero esa carta la mando  hace meses.- No puedo dejar que me vean así, no como una delincuente.

Samanta no tuvo demasiada suerte, fue preguntando entre las mesas donde hubieran grupos más amplios si habían caravanas que partieran enseguida hacia la capital, pero no hubo suerte,  de modo que volvió a la mesa donde estaba Akeelah.

-Por tu cara veo que no has conseguido nada. - Dijo de una manera casi triunfante,  todo el tiempo de espera le vendrá muy bien para pensar en cómo fugarse.-  Supongo que a nadie le gusta la idea de viajar junto con una fugitiva y su captora.

-Eso me extrañaría bastante, no sé si lo sabes, pero incluso hay un precio por tu cabeza.

-¿En serio? me halaga que se esfuercen tanto por atraparme y dime ¿es de esas típicas recompensas de en plan viva o muerta?

La paladina no tuvo tiempo para contestar, justo en ese instante y casi saliendo de la nada un chico se sentó justo al lado de Akeelah. La alquimista pego un pequeño brinco al ser sorprendida de esa manera, pero con suerte nadie se habría dado cuenta, tras el pequeño saludo, tanto la alquimista como la paladina se quedaron en silencio mirando a la persona que se había sentado con ellas. Era un chico con el cabello de color rojo y si no fuera por la pieza de armadura que le cubría todo el brazo izquierdo tal vez habría pasado por un simple viajero. Akeelah no sabía cuáles eran las intenciones que se traía entre manos ese chico, pero valía la pena probar.

-Buenas, chico desconocido, mi nombre es Akeelah Matisse, antigua escultora del reino de Palamecia.-Pese que hasta hace un momento Akeelah hablaba abiertamente sobre sus sentimientos con Samanta, ahora se mostraba de una forma completamente diferente, hablaba de una forma tranquila, como si aquella situación fuera un juego.- y también soy alquimista, sabes, existe un mito de que los mejores alquimistas pueden trasmutar la piedra en oro, yo aun no puedo, pero con un martillo y un cincel, puedo hacer que la piedra adquiere ese valor. Lo malo es que como ves- Levanto sus manos e hizo sonar las cadenas de sus esposas.- Tengo mis manos inservibles ahora.

-Ya basta Akeelah.- Interrumpió Samanta viendo cuales eran las intenciones que tenia, tras eso miro a los ojos al chico que se sentó.- Te advierto que esta chica es una fugitiva y ayudarle supondría una condena , mi nombre es Samanta, yo y esta muchacha estamos de paso por este pueblo y nos dirigimos a la capital ¿Sabes si hay gente que tenga  intenciones de viajar ahora? Quizas tu no querrias acompañar en el viaje.

Sería interesante ver cuáles eran las intenciones del chico y si se pondría de parte de Akeelah o de Samanta.
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