Una tarde de prácticas

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Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Sáb Nov 15, 2014 2:05 pm

-Por última vez: ¿Podrías tomar un asiento y explicarme de nuevo por cual dichosa razón quieres ir a un río a matar cosas?- Siegmund era claro en sus explicaciones, y si era posible, más claro en sus miradas. Y se denotaba cierto enfado en su rostro... Que también podría haber sido aburrimiento, o sencillamente decepción. Estaba esperando a obtener una respuesta lógica de la boca de un hombre... No, hombre no. Un chaval insignificante y malhablado. Y aquello era casi imposible.

-¿Pero no eras tu el que gruñía que "robar está mal" y que debería buscar una forma alternativa de ganarme la vida? Me harías un favor si te aclararas de una puñeterísima vez qué he de hacer.- Gruñó el peliblanco, sentado en un montón de... Ves tu a saber qué.

-Con eso me referías a que podrías ser un hombre de provecho. Tener un trabajo, ganarte un sueldo, ser algo más que un inútil ambulante.- Dejó ir un suspiro cansado. -¿Es que a caso no tienes unos padres que te puedan guiar un poco? O como mínimo mantenerte... ¿Para qué necesitas tanto dinero?

Hubo un silencio incómodo entre ambos. En principio Siegmund no hizo demasiado caso, ocupado en ves tu a saber qué. No tardó demasiado en extrañarse. Al alzar la vista de lo que parecía ser un libro gordo e intragable, se encontró a su tan querido acompañante mirando al suelo, con una expresión extraña en su cara.

-No. No me crece el dinero de la nada, como imaginarás. Es... Es necesario que lo haga, es algo importante... No lo entenderías. Es por una causa mayor. No es solo mi supervivencia, es...- Parecía estar triste. La verdad es que Siegmund era incapaz de saberlo, pues a duras penas le estaba dedicando la mitad de su atención.

Cierto era que el proyecto de científico... Mejor dicho, el científico, pues en realidad ya tenía los estudios dentro del bolsillo, acabaría aburriéndose de aquello que leía y decidió aproximarse un poco en aquel invitado. No le habría costado demasiado darle una patada y sacarlo por la puerta. No le gustaba tener más compañía que la de sus propios prototipos cuando estaba en su laboratorio... O mejor dicho: Garaje y habitación, todo en uno. Y en múltiples ocasiones el único mundo que parecía importarle. Pero no podía. Sabía que no era correcto.

¿Es que a caso tenía algún tipo de remordimiento? No. En su sentido más lógico y razonable sabía que echar a ese hombre de allí no afectaría para nada en su imagen social. Al fin y al cabo era un don Nadie, un desconocido... O algo peor, un delincuente, un malhechor, un simple ladrón. Pero esa escoria aseguraba conocer a Klaus... Y quizás era demasiado el respeto que Siegmund tenía a su mentor. O tal vez sencillamente sabía que le debía lo que era a sus enseñanzas, a su guía... Y a su dinero.

-... Pero yo no soy un luchador de primeras, chico. ¿Cómo esperas que te ayude a ir a descuartizar fauna local para vender trozos de sus cuerpos?- El de melena plateada le miró. Tenía los ojos de un celeste profundo. Siegmund no evitó enfurruñar el rostro una vez más, incómodo, sintiendo aquella sensación tan confusa que se daba cuando escrutaba el rostro de Klaus.

-¿Y no puedes hacer algo que explote? He visto que tenías un cañón, o pistola, o... ¿Para qué lo tienes? ¿Para ahuyentar ratas?

-Defensa personal. Por si entrara algún caco aquí.- Siegmund se dio cuenta de que aquel hombre podría tomarse tal frase como una indirecta. Rectificó. -No, yo... Espera...

-Pues metes una de esas mierdas químicas tuyas dentro del cañón, la disparas y con suerte hasta explotará.

El semialbhed no quiso añadir nada más. Le costaba un poco admitir el hecho de que esa era su idea, y no la habría logrado explicar de mejor forma... Aunque si con mejores palabras, sin embargo. Al fin y al cabo tenía toda la teoría en la cabeza e incluso había preparado un arma con ese objetivo. Solo le faltaba ver si esas reacciones químicas tan poco lógicas que había estudiado daban, realmente, unos productos con la capacidad de hacer daño.

-Entonces hagamos un trato. Yo estreno el reactor- Alzó algo más la voz al mencionar "reactor", como dándole importancia, o como si le enorgulleciera poseer un objeto con tal nombre -Y yo voy a donde quiera ser que me hayas pedido... Aunque quiero sacar algo de ese viaje, aún así.

-Bah. No tengo otra cosa en la que gastar el tiempo.- El joven aceptó, por supuesto. Al fin y al cabo era el único interesado... Siegmund estaba de lo más cómodo sentado en una butaca y leyendo que mojándose los pies para matar bestias rudimentarias, después de todo.

OFF:
Bueno, se que esto no tiene tiradas pero- Se supone que es un post introductorio~~
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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Sáb Nov 15, 2014 2:38 pm

-Debería preparar un poco todo lo que necesito... Overseer, ¿En qué infierno debí dejar yo el Reactor Químico?- Hizo un especial énfasis en lo de Reactor químico, para asegurarse que la pregunta fuera escuchada con claridad por el pequeño robot.

El de melena clara ahogó un pequeño grito de sorpresa al ver semejante ser revoloteando por el laboratorio. Era una máquina pequeña, de no más tamaño que un gato. La estructura era terriblemente simple: Era una esfera de metal con dos pequeñas patitas, una en cada lado, y un enorme ojo de color rojo.

-¿Qué carajos es...?- Antes de acabar la frase se encontró con aquella cosa encima de si, mirándole fijamente con su mirada de cíclope. El chaval salió corriendo, asustado. Siegmund no pudo evitar soltar una risa. Era algo extraño de ver en él... Y eso incomodó aún más al ladronzuelo.

-Es posible que fuera el objeto que se encuentra bajo mi posición.- Era una voz extraña. Se podía llamar masculina por proximidad, pero en realidad era neutra.

-... Este pequeñajo se llama Overseer, y es probablemente el robot menos preciso de la historia. ¿Es posible? ¿Tu has visto alguna vez un robot diciendo "es posible"? ¿En qué momento se me ocurriría permitir eso en su registro?-

Siegmund destapó el que había sido el asiento del muchacho. Había una caja. Y dentro de ella el cacharro más raro que uno pudiera imaginar. Una mole de tubos, aparatos por un lado, cosas y luces por el otro... Y también tenía una sorprendente cantidad de botes con polvos extraños, que podrían haber sido cualquier cosa.

-Esta cosa fue mi regalo de cumpleaños. Klaus la compró de segunda mano en algún lugar... Es poco más que un cacharro viejo, pero debería funcionar...-

Siegmund lucía una sonrisa de oreja a oreja, disfrutando cada tuerca que veía en esa complicada estructura. Estaba demasiado entretenido como para haberse fijado en el cambio de expresión que su "amigo", si es que lo podía llamar así, mostraba por la mención del que era su mentor. El científico demostró una increíble agilidad (y prisas) para enchufar aquel aparato, como un niño que acaba de abrir los regalos de navidad.

-Técnicamente si pones el bote de... ¿Podrías hacer el favor de dejar de manosear eso?- El joven agitaba uno de los múltiples potingues que el alquimista tenía por allí esturreados.

-¡Ah! Es que... Bueno, bueno, es que... Bah, que más da. ¿No me puedes dejar agitar un... ¿Qué es esto? ¿Un nitro-hidro-litio-potástico de cloro volador?- El joven observó una vez más el bote. Presentaba un color ciertamente desagradable, y tenía como grumitos en su interior.

-Eso es un zumo caducado.- Gruñó Siegmund. El joven soltó de inmediato aquella cosa, empezando a comprender el olor ácido y desagradable que había estado notando los últimos minutos.

Eventualmente Siegmund encendería su cacharro. Este empezó a emitir lo que podría describirse como un sonido infernal, de engranajes chocando unos contra otros, chirridos, metal arañándose a si mismo, e incluso cierta olor a quemado... Aunque por suerte no salía humo de aquel mejunje de tuberías y otras cosas que tanto ilusionaba al alquimista. Para él, aquello era música.

-¿Estás seguro que no explotará, sabelotodo?

-Tengo un extintor por ahí para esas ocasiones. Que exploten cosas dentro de la máquina es normal. Se supone que así funciona.

-... Pero si aún no le has puesto nada. No creo que la intención de esta máquina fuera esa, pero...

-¿Quién es el que sabe de estas cosas aquí? Fin de la discusión.- Siegmund se crujió los dedos, considerando eso una maravillosa forma de zanjar el tema... Y una victoria. Que le fue arrebatada en pocos segundos.

-Una de mis múltiples funciones es recordarte que siempre odiaste química, y que por lo tanto, procures tener precaución con ella.- La voz del Overseer fue inesperada. Siegmund gruñó. El otro hombre no pudo evitar coger un poco de miedo al oír eso.

-Que más dará. Va, tu mete ese bote de color azul por algún lado, yo añadiré el resto. Ya verás que no se me daba tan mal la química...-

Hay que decir que la única razón por la cual su compañero no añadió un comentario agresivo o siquiera respondió... Fue por miedo. Ya tenía toda una lista mental de qué podía salir mal si desconcentraba a aquel hombre. E incluso otra para todo lo que podía explotar en aquella sala incluso sin necesidad de intervenir. Según él la ciencia no servía para nada más que para hacer cosas peligrosas y otras múltiples cosas para matar.

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Sáb Nov 15, 2014 3:08 pm

El genómido tuvo suerte. Nada de aquello explotó. La máquina emitió más de sus sonidos insoportables. Empezó a trabajar a su máxima potencia. -Quizás si que le falta un poco de aceite...- Aunque su observación fue escuchada únicamente por su robot, porque el joven estaba metido detrás de algunas cajas. Temblaba. Recitaba una oración, o eso creía el científico... Tampoco sabía si es que su compañero era especialmente religioso.

Eventualmente el "Reactor Químico" escupiría una cosa de forma esférica por uno de los tubos más gordos. Así como humo, una olor pestilente y muy poco sana. El alquimista estaba demasiado impaciente como para esperar a que eso bajase un poco su temperatura. Lo tocó de inmediato. Y soltó un grito casi también inmediato.

-¡Aaaah! ¡Joder!- Era la primera palabrota que veía el ladronzuelo salir por su boca. Y era sincera. De esas que se dicen desde lo más profundo del corazón y no por vicio. -Overseer, haz el favor de traerme unos guantes... Y si encuentras otros dáselos al niño este. Espera, ¿Donde estás?

Siegmund buscó de inmediato al genómido con la mirada. Este se asomaba un poco, intentando convencerse de que no tenía nada que temer. Que el daño ya estaba hecho. Que ya se había quemado uno las manos, y que no iba a pasar nada más. -¿... Va todo bien? ¿Qué es esa cosa...?

-Las granadas están hechas de cosas así por el interior. O eso creo. Solamente hay que ponerle una carcasa para asegurar que no se esturree con facilidad. Y una anilla, para ayudarle "un poco" a que explote y haga daño.- Percibió en el rostro de su "amigo" que no se acababa de enterar de todo aquello. Lo confirmó con su consecuente pregunta.

-¿Y cómo sabes eso? ¿No se supone que acabas de estrenarlo...?

-Descuarticé una de las granadas que Klaus me dejó. Sí, sí, me dio alguna... Y más cosas. Pero no me fío de ir por el mundo con tan poco equipo, ¿Sabes?, y quería estrenar esto.- Siegmund era más sincero que de costumbre. Tal vez demasiado.

-Entonces me tienes a mi de sujetavelas. Bueno, sujetabotes. ¡Estupendo!

A pesar de todo Siegmund no tenía ningún tipo de interés en responderle. Estaba muy ocupado envasado el que era su primer mejunje. Tanta ilusión le hacía que incluso una vez embutida dentro de la cobertura exterior, no pudo evitar coger un permanente y ponerle un nombre, o un número... O incluso un dibujo. La verdad es que el pulso y caligrafía de Siegmund deseaban mucho que desear.

Acto seguido ambos pudieron observar como el pequeño robotijo cogía a duras penas dos pares de guantes, con sus patitas afiladas. Su trayectoria era de lo más imprecisa... Más que tener el grácil vuelo de un colibrí parecía el de una mosca. Se acercó al joven para darle su par, aunque tampoco era muy capaz de calcular qué dejaba de caer y fueron los cuatro por los suelos.

-Oh, parecen haber dificultades técnicas.- Soltó. Si no fuera un robot, probablemente el peliblanco habría creído que iba de una forma irónica. Suspiró y los cogió, poniéndose unos... Sobre los que ya llevaba. Se sentía más seguro así. Se acercó de nuevo al Reactor químico y le entregó los suyos a Siegmund.

-¿Y no le podrías poner un gancho por debajo para que pudiera agarrar cosas? Me da hasta algo de penilla tu bicharraco.

-Había pensado en ponerle manitas en vez de patitas, aunque esa idea no suena tan tremendísimamente mal...- Mientras hablaba se acomodaba los guantes y depositaba su primera granada en algún lugar. -Va, coge ese botecito de ahí y ponlo por... Por ese tubo tan alto, como antes lo hagamos antes te podrás tranquilizar.- Siegmund se mostra empático con el chaval. Y lo más sorprendente es que no parecía ser por ninguna razón en concreto. A él le daba bastante igual que explotara alguna cosa, no sería la primera vez...

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Sáb Nov 15, 2014 3:35 pm

En esta ocasión el genómido evitó escaparse. Solamente tuvo que soportar como le caía un sudor frío por la nuca, se le erizaban todos los pelos y miraba a otro lado. Mientras que la máquina rugía y gruñía cual animal. -En cualquier momento...- No acabó de terminar su pensamiento. Aquella cosa volvió a soltar otra cosa, casi como con asco. Esta vez era algo completamente diferente. Era una esfera, redonda, semistransparente, de un tono rojizo.

Para la sorpresa del científico, el genómido no tardó ni medio segundo en cogerla. Para su suerte no estaba especialmente caliente, porque aquellos guantes suyos tenían lo de aislantes en la etiqueta y poco más. -¡Ah! Esto es bastante más bonito. ¿Qué es? ¿Me lo podría quedar?- Agarró la esfera y la miró contraluz, maravillado por tal simpleza, como si fuera un niño pequeño. Siegmund esbozó una mueca extraña.

-Eso es una esfera de vigor, según se. Probablemente la cosa más inútil que podría haber salido de ese trasto... Pero aún así la necesitaría.- Enfurruñó sus amplias cejas al ver la decepción del rostro de su compañero. -No, no es una gema. ¿Es que a caso tenías pensado hacerte un collar con ella? Es muy probable que se rompiera antes de eso...-

-N-No es eso, solo que... Conozco a alguien... Que le habría hecho gracia verla. No... No es nada en concreto. Ah, joder, olvídalo.- Siegmund pestañeó un par de veces. Sabía que estaba escondiendo alguna cosa, sabía que estaba ocultando algo. O probablemente no pudiera evitar de dejar pensar en alguna persona... Y le salían referencias a esta quisiera o no. Tuvo tentaciones de preguntarle por la identidad de este supuesto "interesado", y entonces, se dio cuenta que no sabía ni el nombre de su compañero.

-¿... Y cómo te llamas? Es decir. No es la primera vez que te lo pregunto, pero las otras veces lo has evitado.- Siegmund trató sonar severo. Ya era la cuarta vez que le hacía la misma pregunta. La primera vez hizo un cambio de tema brusco, la segunda vez el joven le acabó preguntando a él por su nombre y la tercera le dijo un "no lo se", que asumió que venía a raíz de una pregunta anterior.

-... ¿No me dejarás alargarlo un poco más?- Parecía que necesitara tiempo para poder decirle un nombre. Realmente si que requería de este. -... Yo... Eh... Bueno, me podrías llamar Poniente.

-Imagino que ese no es tu nombre de verdad. Te había preguntado por este, y no por un mote. Además, ese suena horrible, ¿Por qué alguien iba a llamarte Poniente...? Ni que fueras un sol o una zona geográfica.- Siegmund suspiró. Volvía a sentirse engañado. No era la primera vez, sabía que Klaus tampoco se llamaba realmente así. No entendía la manía que tenían estos en ocultar sus reales identidades.

-En realidad no nací con un nombre impreso en la frente, así que Poniente es tan válido como cualquier otro.  De hecho creo que tiene cierto gancho...- Siegmund evitó hacer cualquier referencia a que el nombre que sus padres le hubieran puesto era más válido que cualquier mote. No tenía tanto tiempo que perder.

-Bueno. Coge ese bote, ese de color grisáceo. No eches tanta cantidad. No quiero otra puñetera esfera de la inutilidad salir de ahí...-

Poniente se sintió sorprendido por el cambio de tema que acababa de protagonizar su compañero, pensando en que hacía pocos segundos este le había pedido específicamente que no fuera tan propenso a hacerlo. Suspiró. Y prosiguió con lo suyo. Y por lo suyo, entendemos poner toda la cantidad posible de "polvo grisáceo" dentro de la máquina, esperando poder obtener otra esfera. Al fin y al cabo era ladrón. ¿Y quién asegura que no le convendría vender una de las esferas?

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Sáb Nov 15, 2014 7:06 pm

Y la máquina repitió el proceso de siempre. Más chirridos, más humo, más posibilidades de que esta explotara en cualquier momento y se lo llevara todo por delante. Siegmund seguía impasible, añadiendo lo que creía necesario con ninguna otra más guía que su propia memoria. Y el -recientemente- llamado Poniente temblaba. Pero no podía negar que algo en su interior le picaba. Y eso era curiosidad. Esperaba sacar algún provecho de todo eso. Al fin y al cabo era demasiado impaciente como para esperar de brazos cruzados hasta que al científico le diera el gran placer de ir a matar bichos por ahí. Y él no podía esperar tanto.

-¿Chico? ¿No vas a hacer otro comentario sobre esto?- Había un antojo de sorpresa en el rostro del alquimista, quien señalaba el resultado final de esa mezcla. Pareció interrumpir a Poniente, quien hacía cara de estar pensando.

-A-Ah, si, si... Eso humea demasiado, ¿No crees? Tócalo tu. No me fío.- Y era cierto. Lo que salió de aquella máquina era una especie de líquido de un color cristalino, con ciertos brillos de azul. Daba frío de mirarlo, pero sin embargo, hacía un vapor digno de estar a varias centenas de grados centígrados.

-Eso debe ser una sustancia helada o algo así... Es útil. Especialmente si la metes dentro de algún recipente que permita propulsarla a una velocidad aceptable, o la combinas con otra sustancia de un elemento similar para provocar una reacción química encima de tu enemigo...-

-... ¿Mata cosas? Me sirve. ¿No mata cosas? No me sirve. Eso es todo lo que necesito saber, Sieg. No me empieces a meter cosas como si "velocidad aceptable" o tal. ¿Explota? Bien. ¿No explota? No tan bien.- Siegmund quiso comentar lo hipócrita que era decir eso, justo después de que se hubiera ilusionado por la cosa más inútil que podía sacar de aquella máquina.

-Además que parece haber refrigerado un poco la máquina. ¿Cuál es el estado del Reactor Químico, Overseer?- El alquimista alzó la vista y buscó a su fiel robot, mientras que envasaba la sustancia. Este centró su mirada en la máquina, y al cabo de un rato, anunció sus resultados.

-Recomendaría la evacuación inmediata. El estado de esa máquina es... Caótico. En mi registro de ejemplos he encontrado la frase perfecta para ilustrar el estado de esa máquina: "Si mis tripas sonaran así, probablemente estaría cercano al cortocircuito".- Anunció. Todo aquello dicho con aquella voz impasible y monótona que la pobre máquina poseía generaba un efecto extraño.

-¿En qué momento de tu vida pensaste que darle la capacidad a una máquina de generar ejemplos para hacerlo más entendible para necios como yo era una buena idea?- Habló absurdamente rápido, como molesto. -¡Me hace sentir burlado! ¡Esa máquina infernal se está riendo de mi!

-Quería... Quería que emulara perfectamente el comportamiento humano. Me pasé un larguísimo tiempo trabajando en su IA y su capacidad de responder a frases, el sensor de voz, el hecho de construir frases y utilizar un registro muy variado...- Siegmund dejó ir una sonrisa nostálgica. -Fue mi trabajo final de universidad, ¿Sabes?- Era extraño que compartiera trozos de su historia con alguien más. Sobretodo por el hecho de que no era muy interesante... Sobretodo para aquellos que aborrecían la ciencia con facilidad. Poniente hizo el amago de querer quejarse, pero supo mantener las maneras.

-Si, si, ya... Y con el tiempo has acabado compartiendo tu vida con una máquina que no hace más que reírse de tus visitantes. Estupendo.- Y el alquimista no acababa de comprender porqué el genómido (aunque él tampoco sabía qué raza era su compañero) se sentía molestado con tanta facilidad por la máquina. Pero tampoco le importaba demasiado, menos, cuando lo vio poniendo un bote de polvos verdosos en la máquina.

-¿Pero qué se supone que haces? ¡Eso es peligroso!- Y el pobre científico se vio obligado a trabajar a contrarreloj, deseando ser capaz de neutralizar un poco lo que este había liado.

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Sáb Nov 15, 2014 7:45 pm

-Se supone que las máquinas no sienten... Pero... ¿No crees que deberías desactivar a tu robotijo parlante? Sentir el espectáculo que esta cosa lía para cada maldito objeto que intentas fabricar debe doler horriblemente. Imagina que en vez de chirridos metálicos hiciera gritos agonizantes y ruido de carne siendo cortada y picada.- Nuevamente el genómido hablaba del robot. Parecía que realmente tenía algún tipo de molestia con él. U obsesión.

Siegmund dejó ir otro de sus suspiros agotados. Le costaba reconocer que hablar a veces le secaba un poco la lengua, aunque a pesar de todo Poniente hacía una tarea lenta un poco más amena. Aunque no lo reconocería, ni siquiera en su propia mente. Eventualmente la máquina volvería a escupir otro mejunje, pero este no era nuevo y no iba a tener el respectivo comentario del genómido sorprendiéndose por alguna de sus cosas.

De hecho fueron capaces de mantener cierto silencio mientras Siegmund acababa de procesar aquella pastita. Era la segunda granada del día. Realmente era el objeto que más fácilmente iba a poder utilizar, pues sabía a la perfección lo simple de su funcionamiento... No como cualquiera de las otras cosas. Le esperaba una buena noche de recordar qué se podía mezclar con qué... Y porqué, que era la parte más difícil del asunto. No le gustaba ver como algo hacía "pum" sin saber la razón de ello.

-Creo que ya le estoy pillando el truquillo. Déjamelo a mi.- Era una sutil invitación a que se alejara de la máquina. Por alguna razón le ponía extremadamente nervioso cuando alguien demostraba no seguir un comportamiento razonable o lógico, y la forma de actuar del peliblanco se basaba, en realidad, en la pura impulsividad. -Quizás deberías comer algo. Estás terriblemente flaco, ¿Es que nadie te lo ha dicho?, debería tener algún resto en la nevera.- Y Siegmund sabía que mostrar cierto interés o preocuparse por las personas disimulaba mucho el trasfondo de sus comentarios.

Y no se hizo de insistir. Antes de que Siegmund empezara a preparar su siguiente obra, ya tenía a su querido compañero rebuscando entre todas sus reservas. Y leía en voz alta las fechas de caducidad. Para denotar el miedo que le daba meterse algo en malas condiciones a la boca... Algo que parecía muy posible en un lugar como ese. Acabó con una triste botella de agua en la mano y una lata de atún. Pero lo que más sorprendería al científico es como no tendría reparo en quitarse ambos guantes y comer con las manos.

-... ¿Es que tus padres no te han enseñado siquiera a comer, Poniente?- El científico intuía una mala relación entre el chaval y sus teóricos padres. Y si este hubiera sido abierto, habría puesto con tremenda facilidad un punto y final al tema. Pero al genómido le costaba admitir un poco la realidad.

-No. En casa come todo el mundo con las manos. ¿Para qué quiero un cubierto al fin y al cabo? La sopa uno se la bebe directamente del plato, así que las cucharas son inútiles. ¿Los tenedores? ¿Para qué? Las manos agarran más.- Se llevó un buen trozo de atún a la boca. El aceite le chorreaba por los dedos y por la barbilla. Siegmund no acababa de comprender como alguien con semejantes modales podía realmente ser higiénico... Pero a juzgar por lo tersa de su piel y el blanco puro de su pelo, era muy cuidadoso en ello. -Y si he de cortar algo, tengo unas dagas preciosísimas para ello.

No quiso comentar nada más. Le chocaba la diferencia social entre él y aquel hombre, que se veía obligado a robar para comer. Causa mayor, había dicho. Sabía que en realidad era una necesidad primaria. Llegó a asumir que sus padres eran prácticamente inexistentes, tal vez que era huérfano, o vivía solo, o... Aún así le quedaban vacíos en tal hipótesis.

Intentó no obsesionarse. Pero sabía que cuando no entendía algo, le costaba demasiado pasar de ello. Trató de distraerse poniendo la máquina a trabajar una vez más, poco después que pareciera estabilizar su estado. Aunque su mente ya empezaba a formular todo un listado de preguntas que haría a Klaus... No sobre el funcionamiento de aquel trasto, si no sobre qué demonios ocultaba aquel peliblanco. Quien seguía comiendo atún de la forma más grosera posible.

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Dom Nov 16, 2014 7:45 am

Y la máquina siguió a su ritmo. ¿Era Siegmund quien realmente estaba controlando el hecho de que esa fuera la tercera granada del día? No es algo que fuera fácil de saber. Pero ahí estaba, otra vez, la máquina escupiendo lo que era el interior de otro de esos objetos explosivos. El científico le dejó un rato para que se refrigerara y ponerse a empaquetarlo.

-Bueno, al menos parece que estás centrándote en que salgan cosas que exploten fácilmente de esa máquina, ¿No? Quizás me podrías dejar hasta una, porque esas si que se como funcionan...- El peliblanco había acabado de comer. Ahora se relamía el aceite de los dedos, mientras acababa de darle los últimos tragos al agua.

-¿Tu, usando una granada? No considero que esta sea la idea más oportuna, como comprenderás. Eres incapaz de usar un tenedor, ¿Quién me asegura a mi que sepas tirar de una anilla y tirar la bomba?- En realidad Siegmund no lo decía porque se preocupara de que le explotara en la cara, si no porque él mismo no se fiaba de si aquella granada sería totalmente estable y no la liaría demasiado.

Al menos se alegraba de estar consiguiendo tantas. Después de todo estaba más que escaso de ellas, y sabía que eran las que explotaban con más éxito. Y las que hacían más daño, por supuesto. Sin embargo él mismo se estaba empezando a plantear un problema mayor. La máquina no parecía que fuera a dar más de si, y lo más recomendable sería parar.

Mientras tanto el robot revoloteaba por el garaje -o laboratorio, que quede dicho que Siegmund prefería llamarlo así- probablemente debido a no tener nada más que hacer, o bien que el ruido de aquella máquina debía estar atrofiándole sus sensores. -Es recomendado localizar un extintor debido a la enorme probabilidad de que en cualquier momento se produzca una explosión inminente.- Dijo, repentinamente. Siegmund gruñó. Era otra de las utilidades que se vio obligado a poner al robot, porque... Sabía que era propenso a que las cosas explotaran. No solía tener muchos reparos en hacer cosas sin demasiado control... Y los accidentes eran parte de su rutina.

-¿Desearía Siegmund que contactara con los bomberos?- Esa frase fue aún más repentina. Más impertinente, más demostración de que aquel condenado bicho se estaba riendo del miedo de Poniente (o eso era lo que él pensaba.

-Desearía que entraras en estado de reposo hasta mi siguiente aviso.- Respondió Siegmund. No lo dijo en realidad como orden, y sabía cual iba a ser la respuesta del Overseer.

-Mi sistema no permite ser apagado cuando hay un factor que puede poner en riesgo el estado de salud de los presentes.- Y Siegmund lo sabía. Sabía que su yo del pasado había considerado que tener una máquina, que a su vez sirviera de cámara, de compañía, o para conversar con ella, e incluso controlar que en caso de que surgiera un "contratiempo" era una maravillosa idea. Y lo que más odiaba admitir el alquimista es que en realidad si que lo era.

Pero pensaba sacar provecho a ese trasto hasta que gritara basta, así que siguió con lo suyo. También se mantuvo fiel a la política de no pedir ayuda a su compañero, incluso cuando este tenía las manos libres y parecía estar aburriéndose como el que más. Volvió a coger todos esos potingues y a introducirlos uno por uno. A ojos del genómido parecía que Siegmund no tuviera ni idea de lo que estaba haciendo, y que sencillamente metía las cosas de forma aleatoria para ver si se producía un nuevo objeto.

Lo más chocante de todo es que quizá no se alejara tanto de la realidad.

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Dom Nov 16, 2014 9:06 am

-¿Es cosa mía o hace un calor bastante insoportable, Sieg?- El peliblanco se ventilaba con un montón de papeles que había encontrado en una mesa, acalorado.

Fue entonces cuando el alquimista decidió fijarse un poco más en las ropas de su pesado compañero. Iba de un color extravagante: Turquesa, gris, blanco. No le sentaba mal, pero cualquiera con un mínimo de sentido del ridículo sabría que era de lo más poco común... Aunque quizás la poca saturación de los colores ayudara perfectamente a llevar a cabo la tarea en la que este se especializaba.

Eran unas ropas innegablemente gruesas. Iba abrigado como si tuviera frío, a pesar de que sus comentarios mostraban justamente lo contrario. No parecían ser ropas dignas de un pobre, lo cual no ayudaba precisamente a que Siegmund comprendiera donde y de qué vivía Poniente. Era difícil definir qué era un pantalón y qué era la camisa. Lo que más le chocaba era la presencia de estampados en vez de colores lisos.

Y todo aquel estrafalario traje iba rematado por el aspecto no precisamente común de Poniente. La melena iba recogida a medias por una... ¿Diadema? ¿Era aquello una diadema? Ciertamente, el científico no sabía ni como llamarlo. Tenía la cabellera bien abundante y bien larga. Le brillaba de una forma que era de lo más desconcertante. Aunque probablemente fuera aún más llamativa su piel, completamente libre de cualquier lunar, grano, herida, marca, cicatriz... Podía recordar a la de un bebé por su pureza. Y eso no hacía nada más que rematar que provocara una sensación de lo más extraña.

-¿Qué te pasa? ¿Es que tengo monos en la cara?- Poniente se percató de como le observaba, y no pudo evitar hacer uno de sus comentarios. Le escrutó de arriba a abajo con esos ojos suyos, impertinentes, y de alguna forma tan poco humanos.

Y es que Siegmund no tenía forma de saber que tenía delante un genómido. Su teoría más válida es que era un ladronzuelo cualquiera de Zanarkand, de la más baja clase social, pero eso no explicaba ni su traje, ni cómo podía mantener un rostro tan sumamente perfecto... Y no dejaba de incomodarle.

-¿Ah? No, solo me fijaba en el aceite que tienes goteando de tu barbilla. Seguro estoy de que no tienes interés en mancharte ese traje tan bonito.- Poniente de seguida se limpió con los papeles que tenía en mano. Un rato después pensó que podrían haber sido algo importantísimo, alguna búsqueda científica muy avanzada y llena de fórmulas. Pero a juzgar por los dibujitos mal hechos y otros jeroglíficos indescifrables que conformaban la letra de Siegmund, no debía ser nada del otro mundo.

Para entonces ya estaba preparando el enésimo experimento, aunque probablemente él no tuviera intenciones de dejarlo ahí. Se estaba divirtiendo como un niño pequeño, a pesar de lo poco emocionado que se pudiera mostrar. Al fin y al cabo era su oficio... Aunque no su pasión. Su pasión solía tener muchos más engranajes. Probablemente se lo fuera a pasar aún mejor arreglando esa máquina e ideando algún sistema para que dejara de hacer unos chirridos tan dignos de un mono siendo matado a pellizcos.

Y Siegmund siguió preparando sus cosas, bajo la atenta mirada de Poniente. Este se estaba tomando unas libertades personales en lo que era echarle un repaso de arriba a abajo. Probablemente no le sirviera para nada más que confirmar que era un hombre o feo, o del montón.

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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Siegmund el Dom Nov 16, 2014 10:38 am

-Pero, ¡Siegismundo! ¿¡N-No deberías retirar el otro pegote antes de...-

No. Siegmund se había dedicado demasiado a mirar a su compañero, y se había olvidado por completo de la sustancia de fuego. A toda prisa extrajo como pudo el líquido de la anterior creación, aunque no pudo evitar dejar algunos restos... Que al mezclarse con la nueva y dorada sustancia tormentosa, hizo la tan esperada explosión. Fue ínfima, absurda, tan patética que no podía llamarse de otra forma. Pero lo suficiente para que aquella máquina decidiera dar sus últimos traqueteos. Empezó a humear y luego silbó de forma muy aguda, se balanceó... Y se apagó.

-Esperaba que ese trasto tuviera un final más espectacular, para qué mentir. Aunque... Yo pensaba que todas las máquinas al estropearse hacían cosas más espectaculares, e incluso que todo tenía un botón de autodestrucción, ¿Sabes?- Comentó Poniente. En realidad en lo más interior de su cabeza sentía un enorme alivio, pues aquel trasto del demonio no había dejado de ponerle nervioso. Ahora solo faltaba que el Overseer corriera un destino similar...

No recibió nada más que un gruñido de parte de su compañero. Este ya estaba envasando las dos últimas sustancias. Aquel día le parecía de provecho, pues había sacado una cantidad considerable de objetos que, con suerte, le salvarían el culo si es que realmente salía de expedición con Poniente.

-Bueno, ahora que ya no funciona podré descuartizar ese trasto libremente. Y hacerlo digno. Y que no haga ruido. Y limpiarlo, y también ponerlo todo en orden, le podré cambiar piezas, y...- A ojos de Poniente, aquel hombre disfrutaba mucho más hablar de mecánica que recibiendo un premio multimillonario que le resolviera la vida. Y la verdad es que lo envidiaba, pero era demasiado orgulloso para admitir que esa capacidad de alegrarse por semejante "chorrada" era algo que jamás podría hacer él.

-¿Entonces cuándo querrás partir? Me gustaría ir a matar bichos al... río este, Torna Canal diría yo. Dicen que está lleno de bicharracos y a veces se necesita gente que vaya a acabar con ellos, porque son peligrosos y tal. Podría sacarme un sueldo con eso...-

Siegmund suspiró y buscó en algún rincón perdido de aquel garaje una agenda, considerándose una persona de lo más ocupada. No le gustaba salir a sitios salvajes. No tenían ni libros, ni máquinas, ni absolutamente nada que envidiar al confort de una butaca. Era un hombre de ciudad más que otra cosa, y de hecho, no había vivido en otro lugar que no fuera Vector... O Zanarkand.

Entonces es cuando se le ocurrió. Sabía que si conseguía meter gente dentro de los Replicantes -lugar al que tan recientemente se había acoplado- podría aspirar a subir un poco más dentro de aquella organización. Y tener un aliado más dentro de un sitio donde no conocía a prácticamente nadie no era nada más que ventajas.

-Imagino que no simpatizarás mucho con esos que perdimos nuestro hogar, pero quizás podrías unirte a los Replicantes y sacarte un dinero. Imagino que sabrás que Klaus también pertenece a ellos.- Expuso Siegmund. No estaba listo para lo que este hombre iba a responderle.

-¿Tú también me vas a dar la tabarra con eso? No eres el único que has perdido el hogar. Supongo que echarás en falta todo eso, pero a mi me da igual regresar o no. No tengo nada que hacer en Vector al fin y al cabo.

Eso le explicaba cosas. Siegmund caviló al respecto un rato, mientras preparaba unos estuches con diferentes compartimientos para sus creaciones. Eso explicaría la posible relación que tenía con su mentor... Y también el hecho de que pareciera un mendigo. No todos había tenido la suerte de conseguir un hogar tras el cambio. No todos tenían un hombre capaz de mantenerlos con esa facilidad. Y a juzgar por el tono de Poniente, a este no le costaría demasiado unirse a los Replicantes, ya fuera solo por la necesidad de sacarse un poco de dinero. Sabía que dentro de la agrupación había mucha gente que siquiera era de Vector, pero que por alguna razón u otra se habían unido.

Aunque el primer paso para convencerle era hacerle un favor. Y como antes se lo hiciera, más papeletas tenía para eso. -En una semana podría ir. ¿Te parece bien?- Y Poniente le miró. Había una sombra de agradecimiento en aquel rostro.

-Me parece bien.- Y con esa confirmación, Siegmund se acababa de condenar a tener que ir a hacer una excursión movidita... Con alguien que esperaba poder unir a las filas de los Replicantes, para poder volver a ver su hogar.
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PM: 36 - 19 = 17

TOTAL:

-> 3 Granadas
-> 1 Esfera vigor
-> 1 Sustancia de hielo
-> 1 Sustancia de fuego
-> 1 Sustancia de tormenta

OFF:
Bueno, y con esto estreno el apartado de la Quimicefa D: Realmente no tenía muy claro el como rolearlo, ni tampoco muy bien cómo darle vidilla al post, así que he aprovechado este para presentar un poco su aliado, que no veía otra ocasión... Y adaptarme un poco de nuevo a hacer unos posts algo más largos, aunque tampoco tenía demasiado para escribir ;____;
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Re: Una tarde de prácticas

Mensaje por Fal'cie Halone el Mar Nov 18, 2014 3:11 pm

FIN DEL TALLER DEL ALQUIMISTA



  • APRECIACIÓN GENERAL:
    Enhorabuena por ser el primero en estrenar el taller del alquimista Siegmund, teníamos nuestras dudas sobre este tipo de post, ya que no sabiamos si los usuarios serian capaces de narrar un buen rol dentro de un contexto tan especifico y ahora se han esfumado esas dudas de momento, ademas te agradecemos que hayas llevado un recuento de los objetos que has ido ganando durante el taller   Obtienes 5 EXP
    - ARGUMENTO: Dentro de los limites que tiene el taller has logrado hacer una pequeña trama de principio a fin, donde has  presentado a tu personaje y a tu aliado, sin embargo como punto negativo has ido narrando diversos aspectos de tu trama sin un orden claro, haciendo que se perdiera un poco el hilo de la trama principal. Obtienes 6 EXP.
    - ORTOGRAFÍA: Nada que objetar en este apartado, has cuidado tu ortografía completamente. Obtienes 5 EXP.
    - EXTENSIÓN: Has logrado desenvolverte muy bien con los recursos que tenias he incluso explotaste muy bien el sistema aleatorio del taller del alquimista para conseguir los objetos, el único pero es que el desenlace fue muy brusco, no obstante estamos deseosos por ver como les ira a Poniente y a Siegmund cazando monstruos Obtienes 4 EXP.

  • RECOMPENSAS:
    Siegmund: 20 EXP - Granada x3, Esfera vigor x1, Sustancia de hielo x1, Sustancia de fuego x1 Sustancia de tormenta x1



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Re: Una tarde de prácticas

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