Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

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Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Drekkar el Sáb Nov 15, 2014 8:48 am

El destino había llevado a Drekkar y a su primo Eizen a la república de Galbadia, concretamente la región de Limberry. ¿Qué hacían el guerrero y el paladín justamente allí? Un día, Eizen tomó la vieja libreta de viajes de su madre y no pudo evitar prestar toda su atención a las tres páginas que la veterana miqo’te había dedicado a Wutai.
-¿Sigues queriendo ir allí?-preguntó Drekkar mirándolo de reojo. Ambos estaban sentados en el suelo, en un camino que conectaba desde norte hasta el centro del continente.-Treno molaría más. Tan solo verla desde las afueras tiene que ser un espectáculo…-el guerrero tenía claro que allí encontraría mil maneras de sentirse vivo y no necesariamente echando carreras como hasta hora, pero su primo era un terco.
-Escucha, Drekkar: “La aldea de Wutai llegó a ser una gran competencia para Shinra en cuanto energía eléctrica. Finalmente esta última arrasó la aldea y debido a estos sucesos, Wutai sufrió un cambio muy notable…”-Eizen se vio obligado a interrumpirse para proseguir su lectura.
-¿Qué cambio?-Drekkar apoyó la barbilla sobre el hombro del paladín e intentó ver también el contenido.
-Retrocedieron históricamente. Precisamente mi madre ha escrito aquí que recomienda muchísimo pasarse por allí si queremos conocer un poco más de la historia del mundo.
-No estamos en clase de historia.
-Tampoco estamos de juerga. Te recuerdo que estamos tomando su antiguo estilo de vida con fines productivos. No sé tú, pero yo tengo que verlo todo con mis propios ojos, tengo que saber que errores hay que evitar cometer y como echar una mano.-el semi-miqo’te te levantó, guardando la libreta en una bolsa que cargaba en sus espaldas. Drekkar se había quedado callado unos segundos, asimilando aquellas palabras.
-Lo dices como si esto para mí no fuera importante.-Eizen le tendió una mano para ayudarlo y aceptó a regañadientes.
-Pues demuéstramelo. Consigue convencerme de que este viaje puede enseñarte y que pones interés…-al principio ambos se quedaron mirándose con el ceño fruncido, pero ni Eizen ni él eran capaces ni siquiera de enfadarse entre ellos, así que acabaron sonriendo y preparándose para ir hacía Wutai.

El recorrido no fue un camino de rosas para ambos. Acostumbrados a un techo donde dormir y a  usar medios de transporte para ir de una ciudad a otra, se les hizo muy extraño acampar al aire libre y dormir bajo el sonido de los grillos y la tenue luz de la luna. Aun así, ninguno de los dos se quejó ni puso objeciones, porque formaba parte de la gran experiencia que estaban viviendo. Por la mañana, consultaron hasta tres veces el mapa y se aseguraron de tener en orden sus provisiones.

-Si no dejas esa libreta, te acabarás cayendo de narices.-le advirtió Drekkar a Eizen mientras proseguían su camino. El paladín ojeaba de nuevo la libreta de Reizzy.
El saber no ocupa lugar.-dijo el semi-miqo’te casi como un susurro, enfrascado en su lectura. El guerrero estiró la pierna para intentar hacerle la zancadilla, pero el paladín le golpeó la cabeza con la mano abierta.-Ni se te ocurra.-gruñó enseñándole los colmillos.

Finalmente, después de un gran esfuerzo, por fin divisaron los característicos edificios de la aldea de Wutai. Drekkar se hubiera hecho el ánimo de correr hasta allí sino fuera porque no podía sentirse las plantas de los pies.
-Que bien me vendrían ahora unos baños termales o un banco, lo que sea.-dijo Drekkar levándose las manos a la espalda. En aquel momento, más que nunca, pudo decir que extrañaba muchísimo su moto. Si no dijo nada, fue para demostrarle a Eizen que realmente podía tomarse aquel gran viaje enserio.

Al llegar, el guerrero sintió como si hubiera viajado a través del tiempo, a una época muy distinta a la suya. Costaba creer que aquella aldea pudiera estar en la misma región que la misteriosa Esthar y Academia, por ejemplo.
-Guau, empiezo a ver que tenías razón decidiendo venir aquí. Algo interesante puede salir de este lugar si indagamos un poco, ¿no?
-Um, ¿qué has dicho? Creo que no te he oído bien.-a Drekkar se le erizó la piel. Eizen bromeando siempre era un pequeño golpe en todo el orgullo.
-¡Qué tenías razón! Vete a la mierda…-dicho eso, el guerrero suspiró y se quedó plantado delante de un callejón. Miró a su primo de reojo.-Bueno, primero de todo encontrar un lugar para descansar, luego a explorar.
-Claro, un momento que consulte en el mapa.-dijo el semi-miqo’te mientras registraba su bolsa.

Drekkar se apoyó en una pared mientras tanto. Le empezó a extrañar que su primo tardara tanto en dar con él. El paladín frunció el ceño y arrugó la nariz, cada vez registrando más desesperadamente.-¡Por los Fal’cie!-exclamó abriendo de par en par sus azulados ojos y miró a Drekkar apuradamente.-Vale, Drekkar, hay un ligero contratiempo…
-Has perdido el mapa.-contestó el guerrero, no preguntó sino que lo afirmó rotundamente. Se dispuso a decidir si reírse o zarandear a su primo.
-Que no cunda el pánico. No tenemos mapa de la región de Limberry, pero puedo poner en práctica lo que memoricé…
-¡Pero que memorizar ni que leches! ¡Eizen, que tú no tienes sentido de la orientación!-chilló Drekkar, sin importarle lo que pensaran los habitantes que caminaban cerca de ellos.-¡Tú…Tú eres capaz de guiarnos antes al continente de al lado que al centro de esta aldea!
-Cálmate…
-¡Mis cojones van a calmarme!-pero Eizen respondió dándole otro golpe en la cabeza con la mano abierta. El guerrero se obligó a mantener la calma.
-Podemos encontrar otro mapa o preguntar, la solución es así de sencilla.-dijo el paladín de forma concreta.-¿Ves? No hacía falta dar el espectáculo.

Y así fue como el guerrero y el paladín empezaron a  avanzar al azar mientras buscaban a quienes pudieran para que les ayudara a orientarse un poco y les guiaran hasta una posada.

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Off: Bueno, es una intro un poco sencilla y tal vez hasta cutre, pero espero que os guste :D Necesito pillarle el tranquillo de nuevo a esto xD
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Saya el Dom Nov 16, 2014 4:08 pm

Qué bien sentaba volver a casa después de tanto tiempo. Después de dos años recorriendo los tres continentes, después de dos años de incesantes batallas e innumerables encargos que harían perder la dignidad a cualquiera. Después de dos años haciendo lo que más me gustaba, pero sobre todo, después de dos años viviendo libre. Las actividades relacionadas con la caza de monstruos estaban bastante bien y eran muy entretenidas, pero siempre agradaba regresar a los orígenes para visitar a los familiares... si por familiares entendemos una veintena de niños huérfanos y una nodriza albhed de mediana edad que nunca llegó a casarse.

Sobra decir que los enanos corrieron a recibirnos con los brazos abiertos en cuanto cruzamos la puerta del orfanato. Habían varias caras nuevas, otras ya se habían marchado, y otras habían crecido varios centímetros, pero Evan y yo seguíamos siendo los "hermanos mayores" que tiempo atrás habían convivido bajo el mismo techo, compartido la misma mesa, y participado en los mismos juegos. Nelie era la única forastera del grupo, pero con su carácter abierto y su inocencia no tardó en ganarse también el afecto de los niños. Nhedda nos recibió como la madre cálida y amable que siempre había sido, especialmente con su sobrino Evan, y tras un avasallamiento masivo a preguntas decidimos que lo mejor era reunirnos en el Salón de las Historias para informar de todo lo acontecido en nuestros viajes. El Salón de las Historias era el lugar más querido del orfanato, pues era el lugar donde las mentes de los niños viajaban a países y tiempos lejanos a través de los cuentos y leyendas que Nhedda acostumbraba a relatarnos en los días lluviosos. Los huérfanos formaron un coro frente a nosotros, mientras Nelie, Evan y yo intercambiábamos los turnos de narración en el "sillón presidencial", donde sólo podía sentarse aquel que contaba los cuentos. Tuvimos que suavizar algunos aspectos y exagerar muchos otros, aunque en términos generales no fue demasiado complicado provocar numerosas reacciones de asombro y admiración. Los enanos se maravillaban por cualquier nimiedad.

Habíamos decidido quedarnos varios días en Wutai antes de partir de nuevo hacia la conquista del continente, por lo que al día siguiente quise dedicar la mañana a un tranquilo paseo por los alrededores. Visité a mis compañeros de la pagoda e intercambié algunos duelos con la espada para rememorar los viejos tiempos. También visité el arroyo de las carpas y charlé con algunos vecinos. Todo seguía igual. Sin avances ni retrocesos; Wutai era una aldea anclada en el tiempo y en la tradición, y es por eso que me gustaba tanto. En Wutai mi vestimenta no destacaba, es más, se fundía con el paisaje y acababa formando parte de él. Es por eso que resultaba muy fácil identificar a los forasteros, ya que eran los únicos que no vestían las ropas tradicionales que llevaban el resto de los aldeanos.

Y hablando de forasteros, por allá se acercaban dos. Eran dos hombres, viajeros a todas luces, y parecían estar discutiendo entre ellos por algo relacionado con un mapa. No es que me importase la conversación, simplemente ocurría que mi oído era bastante fino. Dejé de prestarles atención para retomar mi apacible paseo, pero entonces algo me obligó a devolver la mirada. Tres niños corrían hacia ellos, tres niños que conocía demasiado bien.

- ¡Ah, no me empujes!

- ¡Me has empujado tú primero!

Los niños chocaron intencionadamente contra los forasteros, formando rápidamente un griterío de voces, risas y travesuras alrededor de ellos, empujándoles y zarandeándoles con "inocencia" mientras continuaban su juego del pilla-pilla.

- ¡Lo siento señor, no le habíamos visto!

- ¡Vuelve aquí, idiota!

- ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Estás muerto!

- ¡Espera que te agarre!

- ¡Uy, cuidado!

- ¡Ja, ja, ja, ja!

Una vez concluida la travesura, los niños dejaron de atosigar a los dos hombres y se alejaron corriendo. Me sorprendió ver que uno de los enanos llevaba consigo la mochila de provisiones de uno de los forasteros, más concretamente la de aquel que tenía una apariencia un tanto más exótica. Mi expresión se tornó severa, y entonces lancé al aire una potente voz. Suerte que andaba cerca.

- ¡¡QUIETOS!!

Los tres niños, sin excepción, frenaron inmediatamente sobre sus talones y quedaron congelados como estatuas, con un rostro de completo pavor. Casi podía sentir los escalofríos deslizándose por sus pequeñas espaldas, pues no tendrían más de nueve años, cuando empecé a acercarme a ellos a pasos lentos e imponentes. Se dieron la vuelta con muchísimo cuidado, como si temieran romper el suelo que pisaban. Bajaron sus cabezas y se quedaron quietos, casi al punto de la lágrima, esperando la regañina por mi parte.

- Nhedda se sentirá muy decepcionada con vosotros cuando se entere de lo que habéis hecho -me crucé de brazos frente a ellos y arrugué la frente- ¿En qué demonios estabais pensando? ¿Quién os ha enseñado a robar a la gente?

- El... el tío Evan... -murmuró uno.

- Evan nos dijo que... -confirmó el otro.

Evan. Por supuesto. ¿Quién si no? Me cago en su estampa. Me froté el rostro con una mano decidiendo a quién matar primero, si a Evan, a Evan, o a Evan.

- ¡Idiotas! -¡POINK! ¡POINK! ¡POINK! Tres cabezas, tres golpes. Les incrusté un coscorrón con el puño cerrado a cada uno- ¿Cuántas veces os he dicho que no hagáis caso de lo que os diga ese inútil? ¡Disculpaos inmediatamente! -ordené al tiempo que señalaba a los forasteros con el brazo.

Los enanos no tardaron ni medio segundo en postrar una reverencia ante ellos, devolviendo la mochila robada y gritando al unísono "¡Lo siento! ¡No volveremos a hacerlo!"
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Lun Nov 17, 2014 12:57 pm

Era poco más del mediodía cuando un chocobo amarillo llegó a los límites de la ciudad de Wutai. Sobre sus lomos me encontraba yo, cabalgándolo al trote, ahora que ya habíamos atravesado campo a través y nos encontrábamos en la civilización. Descendí del chocobo y le di un par de palmadas agradecido por el largo viaje que me había llevado hasta allí. El pájaro soltó un dulce y amigable “¡Kueee!” y marchó ahora libre, al lugar donde lo había alquilado, como bien había sido adiestrado de forma tan inteligente.

Me encontraba yo solo. Había dejado a familia y amigos en Lindblum, pues este viaje sólo me concernía a mí en exclusiva. Llevaba ropa de calle, en forma de pantalones de pana marrón, camiseta y jersey blanco y verde, y botas marrones también. Había dejado a mi querida armadura Lexlumina en casa, puesto que no iba a hacerme falta. Sin embargo, Iustitia, la espada bastarda de mi padre, era esencial, y por eso la llevaba conmigo envainada a mi espalda. También llevaba una mochila con distintos enseres, aunque nada abundante, pues sólo iba a quedarme ahí una sola noche. Al día siguiente debía volver hacia Esthar y de ahí coger un barco volador hasta regresar a Lindblum, pues el permiso que me habían concedido desde las Alas Rojas no me daba para más. Ay si osaba alargar aunque fuera un solo minuto más mi permiso. Ya me podía imaginar al sargento sonriendo de par en par mientras me ordenaba un número de cuatro cifras de flexiones y sentadillas.

No, tenía el tiempo limitado. Sólo una noche. Sería más que suficiente. Además, tenía una ventaja. En Esthar me recomendaron que alquilara un coche para llegar a Wutai porque sería lo más rápido. Pero un chocobo salía más barato, y mis fondos eran limitados. Pensé que al venir en chocobo, tardaría más en llegar y que tendría el tiempo más que ajustado. Pero uno nunca debe subestimar a esos plumíferos seres picudos y amarillos ¡Qué velocidad! Fue como si cabalgara el mismo viento. Admito que no he tenido la oportunidad de subirme a muchos chocobos, y he de confesar que aquella vez en concreto fue una muy grata experiencia.

En resumen, había llegado más temprano de lo previsto. Así que no sólo podía tomármelo con calma, sino que podía hacer algo que deseaba poder hacer y no estaba seguro de si podría hacerlo debidamente: turismo. Rebusqué entre mi mochila y saqué dos objetos. El primero era una cámara de fotos. Algo arcaica para lo que uno podía ver por media Gaia, y aun así, tenía que mantener su existencia en secreto de mi tío Xel, quien como buen miembro de la Iglesia del Dogma, cree todavía que las fotografías roban el alma. El otro objeto era un mapa de la ciudad, que me había encargado tener antes de iniciar el viaje. Vamos, ¿a qué clase de idiota se le ocurriría visitar una ciudad en la que no ha estado nunca sin un mapa?

Siguiendo una ruta preparada de antemano gracias al mapa, me dediqué a pasear por la ciudad contemplando el paisaje, los edificios y como hacían su día a día los aldeanos. Me llamó la atención lo radicalmente distinto que era Wutai de Esthar, pese a ser ciudades tan próximas. Mientras que Esthar era una ciudad muy avanzada tecnológicamente, Wutai parecía congelada en la historia. Creo que Rossa me contó algo al respecto sobre que Shinra fue la responsable tras vencer un conflicto económico de no muy buenas maneras. Pero también me llamó la atención que Wutai tenía su estilo propio. Es decir, Alexandria es una ciudad muy atrasada también, pero entre ambas había una diferencia radical también. Los edificios, la tradición, la forma de vestir… Todo lo de Wutai era distinto al resto de ciudades que yo había tenido el gusto de conocer. Lo que más me gustó fue la pagoda, un edificio emblemático donde se entrenan las nuevas generaciones de guerreros en las artes marciales. Aunque no me atreví a pisar adentro por no molestar, no dejé rincón por fuera sin fotografiar.

Y tras dar un buen paseo, llegué a una intersección donde un par de jóvenes mantenían una acalorada discusión. Uno era un hume, el otro un miqo’te. Y ambos fuera de aquí, por la forma en que vestían. Por lo visto discutían porque se habían dejado el mapa y no sabían por dónde tirar. Como buen “héroe” que soy, decidí acudir en su ayuda, pero no había dado ni tres pasos cuando un grupo de niños se acercaron a esos dos jóvenes. Eran tres y se les veía muy joviales y alegres, pese a estar al lado de extraños. Demasiado joviales y alegres. Oh dioses, por lo visto este tipo de cosas también pasan en el otro continente.

Empujones, risas y juegos. El “modus operandi” habitual. Uno empujaba “sin querer” al joven hume por detrás, el otro se escurría entre las piernas para llamar su atención y mientras tanto el tercero le había birlado la mochila por detrás también. Un trabajo lejos de ser profesional, pero que resultaba efectivo contra turistas despistados. Parecía ser que mi tiempo como héroe había llegado, pero al ver la aparición de una aldeana (lo deduje por como vestía) que había sido también testigo de lo ocurrido, y que esta ya tomaba parte en el asunto, decidí esperar un poco más.

La chica conocía a los chavalillos, y no dudó en un instante en regañar a los niños por el crimen cometido. Al parecer, el responsable de haber enseñado tal dañino hábito en esas criaturas había sido un tal Evan y tras un buen coscorrón por parte de la joven aldeana, los niños se arrodillaron ante los turistas pidiendo disculpas con los ojos enrojecidos.

Suficiente. Ahora sí era mi momento. Había esperado suficiente. Me adelanté y me puse en frente de los jóvenes con todo el descaro del mundo, antes de que nadie pudiera decir nada. Y les miré a los tres con claro aire de superioridad mientras mantenía una leve sonrisa en mi rostro.

-No tiene sentido. No tiene ningún sentido.-me gusta empezar fuerte cuando salgo a escena y esa es una de mis frases típicas que suelo soltar a modo de presentación.-No tiene sentido disculparse si no hay un verdadero arrepentimiento, ni verdadera intención de corregir vuestra conducta, niños.

Sabiendo que el resto me estaría preguntado por qué había aparecido de repente y cual era mi intención con esos niños, primero me volví a la mujer y luego a los dos turistas.

-Mi nombre es Rhoe Crebalt. Héroe paladín, un placer el conoceros.-saludé para inmediatamente arrodillarme ante los niños no con otro fin de ponerme a su altura.-¿Os gustan los trucos de magia, niños? ¡Porque sé uno muy bueno! Mirad bien mis manos ¿No hay nada en ellas, verdad?-y mostré las palmas de mis dos manos, abiertamente desnudas. Luego me remangué las mangas para demostrar que tampoco escondía nada bajo ellas y empecé a mover mis manos en una dirección y en otra de manera más errática.-Nada por aquí, nada por allá. Abracadabra, pata de cabra, Zamalecum y palabrejas igual de raras y...- y entonces rápidamente metí una mano en el bolsillo izquierdo del chaval que tenía en medio y saqué una pequeña billetera negra con unos cuantos billetitos dentro.-¡TACHÁN! ¿Impresionante, verdad?-el niño que tenía enfrente tragó saliva y se sonrojó mientras los otros dos miraban asombrados, como si no entendieran lo que pasaba. Me levanté y le tendí la billetera al hume no sin antes golpear la cocorota del niño ladrón en la cabeza con ella. Luego, me volví hacia la joven.

-No te extrañes no haber visto lo de la billetera, desde tu ángulo de visión era imposible verle actuar. Menos mal que yo venía por el otro lado.-expliqué a la joven mujer de cabello moreno, para luego volverme hacia el niño de la billetera.-Parece que de los tres, tú eres el que ha aprendido mejor las lecciones de quien sea ese tal Evan. Los otros dos han ido a por la mochila, que como mucho tendría víveres o pequeños enseres. Para ellos esto no era más que un juego, o una prueba. Pero tú has ido a por el dinero, lo que realmente le importa a un ladrón. Y lo has hecho de espaldas a tus compañeros de fechoría, como atestiguaron sus caras al ver la billetera. Espléndido. Sigue así y tendrás un gran futuro como ladrón. Y al mismo tiempo, una vida vacía, solitaria, patética y muy corta. Tú decides.  

Tras todo aquel espectáculo, no dije mas a los niños, pues consideré que ya me había inmiscuido demasiado, dejándolos ya a cargo de la joven que parecía conocerlos. Y me volví al grupo de turistas, sacando el mapa de Wutai que había utilizado hasta ahora.

-No he podido evitar escuchar que necesitabais ayuda con direcciones. Bueno, aquí está nuevamente el héroe para ayudaros ¿a dónde os dirigís?-y les abrí el mapa ante ellos para que pudieran señalar cuál era su destino.
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Drekkar el Dom Nov 30, 2014 2:50 am

-Vale, se acabó, esto es mi ruina.-dijo Drekkar sacando el mal genio característico de su familia, algo que no era muy común en él, pero comprensible debido al cansancio después de un duro viaje.
-Creí que habíamos acordado que mantendríamos la calma. No es una situación de vida o muerte.-Eizen zarandeó al guerrero, por no pegarle de nuevo en la cabeza como había hecho anteriormente.

Aquel intento de conversación fue interrumpida cuando de repente unos niños chocaron contra ellos. En un abrir y cerrar de ojos, estaban rodeándolos en lo que parecía ser a simple vista un juego inocente.
-¡Eh, fuera de aquí!- Drekkar, pero no podía estar pendiente de todos y deshacerse de ellos.-¡FUERA, MOCOSOS DE…!-no llegó a terminar la frase por un codazo que se les había escapado contra el costado del muchacho. No le dolió, pero tampoco le hizo mucha gracia precisamente.
-¡LA MOCHILA!-esta vez fue Eizen quien gritó. Los niños se alejaban de donde estaban, pero cargando con las provisiones.-Pequeños ladronzuelos…-tanto el miqo’te como el hume hicieron el ademán de ir corriendo tras ellos, aunque al poco pararon en seco. Tanto los niños como ellos.

La causa había sido el grito de una mujer. La expresión de aquellos ladrones en miniatura había pasado de victoria a completo pavor. Eizen estaba tenso, pero a su vez observando la escena con cierta curiosidad, esperando a actuar dependiendo de cómo se dieran las circunstancias. Drekkar si estaba más irritado, pero reconoció que aquella desconocida imponía un poquito y optó por esperar al igual que su primo. Por suerte para ellos, ella empezó a regañarlos y el guerrero ya empezó a ver como la fría mirada del semi-miqo’te se ablandaba un poco.

Después de tres golpes a cada uno, la mujer hizo que les devolvieran sus pertenencias. Eizen tomó aliviado la mochila y suspiró. Drekkar les dedicó una mirada asesina, mientras les hacía un gesto del estilo “os estaré vigilando, rufianes; estáis en mi lista negra…”.-Haya paz…-dijo el paladín mientras miraba en el interior de la bolsa. No se habría perdonado nunca, lo más seguro, si hubiera perdido la libreta de la tía Reizzy.

Pero el asunto no terminó allí, porque alguien más se había unido a aquella “fiesta” montada.-“¿Y ahora qué?”-pensó Drekkar, cuyo único propósito en aquel momento era escabullirse de allí y descansar donde fuera. Mientras empezaba a mover el pie de forma impaciente, se fijó primero en la mujer, cuya vestimenta dejaba claro que se trataba de una aldeana, pero no podía decirse lo mismo del recién llegado; solo que su peinado superaba las leyes de la gravedad.

Una vez se presentó, Eizen arqueó una ceja al oír que se trataba de ser un supuesto héroe paladín. Drekkar supo que a partir de entonces el semi-miqo’te estaría atento a sus movimientos y a la forma de expresarse debido a la curiosidad que sentía al ver los patrones de comportamiento de sus “compañeros”. El susodicho Rhoe empezó a mostrar un dudoso espectáculo de trucos de magia que no tenía nada que ver lo con lo que estaba pasando en aquel momento, o eso parecía, hasta que sacó una billetera negra del bolsillo de uno de ellos. Aquello si era para caérseles al guerrero y al paladín la cara de vergüenza. Luego de que aquel paladín hume los sermoneara y la billetera fuera devuelta, Drekkar se sintió muy mal por ello. Otras veces se habría alegrado de haber tenido tanta suerte y tener de vuelta las pertenencias, pero le habían pillado en un mal momento. Solo Eizen consiguió mantener la compostura, sin reflejar ningún sentimiento en su rostro.

Fue precisamente el semi-miqo’te quien se acercó a Rhoe una vez les enseñó un mapa de Wutai que tenía a su disposición y se los enseñó.
-Buscamos más que nada un techo donde poder descansar.-empezó a decir Eizen con aparente tranquilidad.-Os damos las gracias por habernos ayudado.-empezó a decir en nombre de los dos, Drekkar refunfuñó, sin ganas de hablar.-Perdonadle, está cansado.-después hizo una pequeña reverencia, primero a la mujer y luego al paladín.-Mi nombre es Eizen Gringock, también soy paladín. El muchacho que viene conmigo es Drekkar, mi primo. Encantados de conoceros, Rhoe Crebalt y…-se vio obligado a parar al no saber cómo se llamaba ella.

-Yo solo sé que tengo ganas de decirle cuatro cosas al tío que les ha dado la idea de robar a estos mocosos.-estaba claro que cuando se sentía impotente, Drekkar no ocultaba su enfado y decía lo que pensaba sin ser consciente de las consecuencias. Eizen le dedicó una mirada fulminante.-No hagas esto una montaña por un grano de arroz. Ya recuperamos las cosas, no te eches más sal en la herida.-le susurró el semi-miqo’te, sermoneándolo como hacía siempre.

-Bueno, venimos a Wutai para aprender sobre la cultura de este lugar y su historia. Un mapa así nos vendría muy bien para aguantar los próximos días. Muchas gracias por el mapa, Rhoe…-empezó a decir mientras se frotaba la barbilla y examinaba dicho mapa. Empezó a marcar algunas direcciones con el dedo mientras intentaba memorizar el contenido del mismo. Pero Drekkar sabía que sería en vano, por muchos mapas que se estudiara el paladín, siempre acababa liándose con el más mínimo detalle a la hora de la verdad y se desorientaba. No todo podía ser perfecto en él.-Disculpe, señorita.-entonces se dirigió a la mujer.-¿No tendrán aquí baños termales?-esa pregunta la hizo por Drekkar y el guerrero relajó un poco más su cuerpo. Una respuesta afirmativa lo animaría mucho.
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Saya el Mar Dic 02, 2014 12:26 pm

Justo cuando los niños estaban al punto de la lagrimilla después de los coscorrones que les había propinado a cada uno, una nueva presencia se acercó al epicentro de la situación con aires bastante seguros y confiados. Se trataba de otro forastero de cabellos rojizos y vestimenta muy casual, al que no pude evitar lanzar una mirada claramente escéptica cuando empezó a alegar que las cosas no tenían ningún sentido. Su interrupción sí que no tenía sentido. A ver, ¿quién demonios le había dado vela en aquella conversación? Aunque luego, cuando comprendí que se estaba refiriendo a la disculpa forzada de los chavales, sencillamente lo dejé estar. Decidí cruzarme de brazos, cambiar el peso del cuerpo a la pierna derecha y observar en silencio, pues si bien no me gustaba que un extraño regañase a mis "hermanos", sí que era cierto que aquel comportamiento era de lo más deshonroso e inaceptable. Quién sabe, puede que ese héroe paladín, o como quiera que se llamase, causase un impacto mayor en ellos.

Bort, el más travieso de los tres, arrugó la frente y le mantuvo una mirada de lo más asesina al caballero santo cuando éste comenzó a hacer ciertos malabarismos y trucos de magia con las manos -puro teatro- hasta conseguir extraerle una billetera negra del bolsillo. Aquello me sorprendió tanto que levanté ambas cejas en una expresión de total desconcierto. ¿Cuándo lo había hecho? ¿Y por qué no lo había visto? Maldita sea Evan, ¿en qué momento se te ocurrió que sería buena idea convertirlos en tus discípulos? Entiendo que encuentres el robo de lo más apasionante y divertido, ¡pero no contagies tu mal juicio a las nuevas generaciones!

- Decidle a Evan, de mi parte, que su trasero se verá seriamente perjudicado antes de que acabe el día -miré a los niños y pronuncié aquella frase con una voz muy contenida- Y ahora volved al orfanato cagando leches. No os quiero ver jugando en la calle, ¿entendido? -añadí con dureza.

- Sí, nee-sama... -murmuraron en voz muy baja.

Antes de que el trío infernal se marchase corriendo, Bort se giró para dedicarle una rápida pedorreta con la lengua al paladín que le había sustraído la billetera. Aquello me hizo poner los ojos en blanco y suspirar con resignación; siempre habían sido unos chicos muy buenos y obedientes, pero a esa edad eran fácilmente influenciables. Sabía que lo hacían para impresionar y enorgullecer a Evan, pues muchos le tenían como un ídolo pese a que el albhed no era el mejor ejemplo a seguir. Pero bueno, supongo que es normal que los niños pequeños sientan esa clase de admiración por sus hermanos mayores, e intenten imitar todos y cada uno de sus movimientos.

- Ruego les disculpéis. Les conozco y sé que no lo hicieron con mala intención -les dije tanto al miqo'te como a su acompañante de cabello oscuro- Me ocuparé personalmente de hablar con el causante -y dije hablar, por no decir asesinar.

Cuando la cosa se tranquilizó pude comprobar que la pareja de forasteros sólo buscaban direcciones. Volví a cruzarme de brazos escondiendo cómodamente las manos dentro de las mangas holgadas del hakama y me acerqué a ellos, pues como nativa del lugar mis conocimientos eran mucho más amplios y exactos de los que podría otorgarles cualquier mapa.

- Saya -sonreí de manera afable cuando llegaron las presentaciones, acompañando el saludo con una casual y delicada reverencia- Vivo aquí... bueno, más correctamente, vivía, sólo estoy de paso unos días antes de continuar con mi viaje -me corregí- Pero conozco el lugar a la perfección, así que si necesitáis algo puedo haceros de guía. Totalmente libre de costos, no os preocupéis -aunque tampoco se me ocurriría rechazar cualquier intento de darme propina, eso por supuesto.

El paladín desplegó un mapa, y tras marcar algunas localizaciones de interés, el miqo'te nombrado como Eizen Gringock quiso saber si la aldea contaba con baños termales. Oh dioses, benditos sean los baños termales y sus aguas atemperadas. Aún no había tenido ocasión de probarlos desde mi regreso.

- Por supuesto que tenemos baños termales, la pregunta ofende -me mostré altiva y orgullosa al hablar de uno de los lugares más emblemáticos de Wutai. Ahí me saltaba la vena comercial- Tenemos baños de interior y baños al aire libre; separados por sexos y mixtos; de agua fría y de agua caliente. Además, si alquiláis una habitación en la posada por más de tres noches seguidas, el primer chapuzón es totalmente gratis.

Dibujé una alegre sonrisa y entonces observé al paladín con curiosidad.

- ¿Y vos, Rhoe-san? ¿También venís en busca del placer del descubrimiento y la relajación? -pregunté, pues al contrario que la pareja de forasteros, el joven no parecía tener demasiados problemas a la hora de orientarse. Quizás fuese uno de los muchos que se aventura a subir a la estatua de Da-Chao.
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Vie Dic 05, 2014 2:56 pm

Tras mi espectacular entrada, era comprensible ver escepticismo en aquellos a los que me acercaba, pero pronto se dieron cuenta de mis inofensivas intenciones y me dejaron actuar, para bien de los dos turistas que pudieron recuperar su billetera sustraída y para mal del briboncillo que había vuelto a quedarse en evidencia.

El chaval en cuestión no parecía dispuesto a redimir su conducta, sino que al despedirse me dedicó una pedorreta con la lengua. No le di importancia, yo ya cumplí con mi papel y ahora tocaba que sus padres o educadores hicieran el resto para guiarle por el buen y justo camino. De hecho, la aldeana que los había reñido anteriormente fue referida por los niños como “nee-sama”. Todavía no estaba acostumbrado a los modismos del lugar, pero me sonaba a un título que se da a las hermanas mayores o algo así ¿Eran familia? No había que descartar esa posibilidad. Pero tampoco pregunté, pues consideré que ya me había metido suficientemente en medio. El bien había triunfado esta vez, y la tarea del héroe había terminado. No era necesario más.

Sin embargo, mi asistencia todavía era necesaria. Los dos turistas necesitaban de un mapa, y cuando les mostré el mío, el miqo’te no dudó en acercarse a echarle un vistazo. Pude comprobar que el miqo’se te tomaba todo lo acontecido de manera serena, mientras que el otro joven mostraba mucho más abiertamente su irritación. Aunque tampoco iba a culparle por ello, pues un viaje agota y a veces estresa también.

-¡Oh, un camarada paladín! Siempre es bueno conocer a hermanos defensores de la justicia y de la fe a nuestra amada Azeyma, independientemente de las circunstancias. Probablemente nos haya reunido el destino.-mencioné en cuanto el miqo’te dio su nombre y profesión, a la par del nombre de su compañero que resultó ser su primo.-Podéis quedaros el mapa, como regalo por nuestro primer encuentro. No os preocupéis por mí, ya he memorizado lo fundamental que me hacía falta para orientarme.-No, no era coña. Desde siempre fui bueno memorizando cosas, y el mapa de Wutai no fue una excepción. Dejé que señalasen lo que consideraban oportuno sobre los sitios que deseaban visitar. Parecía ser que habían venido a conocer el lugar, como buenos turistas que eran. Y preguntaron a la aldeana si sabía de aguas termales por la zona.

¡Aguas termales! Que casualida… No, no existen las casualidades. Nuestra amada Fal’Cie nos había juntado a todos allí por una razón ¡Era el destino! ¡Tenía que serlo! No podía ser de otra manera. Incluso la mujer, que se llamaba Saya, no residía actualmente en Wutai, sino que también había venido de visita. Aunque era natural de allí, lo cual explicaba su ropa, el que fuera conocida por esos críos y que conociera la zona tan bien. Sin lugar a dudas, su presencia también era señal de la providencia de los Fal’Cie. Cuando me preguntó amablemente por mis asuntos en Wutai, no pude más que cruzarme los brazos mientras esbozaba una alegre sonrisa.

-Wutai es una ciudad bellísima, llena de cultura propia riquísima, y muchísimo se puede conocer y disfrutar de ella.-reconocí francamente a Saya nada más me hizo la pregunta.-Por desgracia, poco es el tiempo que voy a poder quedarme en tan fascinante lugar. He venido a visitar a un viejo amigo, que hará un año vino a vivir aquí. De hecho…-y aquí hice una mueca alegrando más mi sonrisa.…me consta que actualmente trabaja como empleado en los baños termales de la ciudad. Mi intención es hacerle una visita sorpresa. Pero llegué a Wutai antes de lo previsto e imaginé que si llegaba inmediatamente, le pillaría en medio del trabajo, así que decidí matar tiempo haciendo turismo por la zona. Pero si es hacia allí a donde os dirigís, gustoso os acompañaré, y de paso, realizo ya mi visita.

Todo lo que había dicho era cierto. Había ido a ver a un viejo amigo que hacía muchísimo tiempo que no veía. Alguien muy importante en mi vida y al que echaba bastante de menos. Si el grupo allí reunido accedía realmente a ir al final a los baños termales, tendrían la suerte de conocerlo. Aunque si él seguía siendo tan cascarrabias, y viendo el temperamento de tal Drekkar, el encuentro bien podía resultar… entretenido.

-Saya-san ¿Lo he dicho bien? Cierto es que me sé el mapa de memoria, pero un mapa no es la realidad misma sino una mera representación a escala sujeta a errores. Por lo que puede no voy a rechazar tu oferta de hacernos de guía si sigue siendo tu propósito. Incluso los héroes deben ser humildes y aceptar la bien intencionada ayuda cuando les es ofrecida. Ayuda por la cual, te estaré enteramente agradecido.-dije entonces, tratando de ser lo más educado posible, que es como un verdadero héroe de mi altura debe comportarse en este tipo de situaciones.-Aunque si vosotros decidís ir en otra dirección antes, y necesitáis la ayuda de Saya-san, me puedo adaptar y acompañaros, pues todavía tengo algo de margen de tiempo. Os dejo la decisión a vosotros.

Desde luego, no iba a imponer mi voluntad o criterio al resto. Pero tampoco quería alejarme de ellos. Quería conocer más al grupo, especialmente al miqo’te, pues no en vano era un hermano y compañero en la eterna cruzada contra la justicia. Sí, el presentimiento de que ese encuentro no era fortuito sino de que estaba escrito en los hados no se me había desvanecido, y quería ver qué era lo que nos tenían reservado los Fal’Cie aquel día.

Aunque quien sabe, probablemente todo fueran imaginaciones mías y no fuera a pasar absolutamente nada. Pero en ese caso, tampoco saldría perdiendo, sino todo lo contrario, pues habré conocido más gente de buen corazón de la que poder aprender y enriquecerme como persona y héroe en ciernes que soy.
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Drekkar el Jue Dic 11, 2014 10:17 am

Saya – así se llamaba la mujer que había regañado a los niños – respondió la pregunta de Eizen, afirmando de que sí habían baños termales en la aldea. Drekkar no pudo evitar dibujar una pequeña sonrisa que intentó ocultar, en vano.-Es tentador lo del chapuzón gratis…-dijo el paladín pensativo. Drekkar se acercó un poco más a él.
-¿Seguro que vale la pena reservar para más de tres días?-susurró no muy convencido, pero la mirada de Eizen dejó claro que se trataba de un asunto que había que hablar después. Mientras ambos se habían estado hablando, el otro paladín y la habitante también compartieron algunas palabras.

En un momento, habían pasado de ser dos forasteros discutiendo por un mapa a un grupo de cuatro (el paladin tenía que visitar a un viejo amigo). Y que grupo. Drekkar no sabía si sentir más curiosidad por Saya y su forma de vestir o por Rhoe, quien se llamaba a sí mismo héroe. Aunque su primo y él tampoco es que pasaran desapercibidos precisamente, solo había que fijarse en la cola felina de Eizen como mínimo.
-Muchas gracias por ofreceros a ayudarnos.-agradeció Eizen de nuevo asintiendo con la cabeza levemente, pero con una leve sonrisa. Era difícil que el semi-miqo’te llegara a mostrar los dientes cuando estaba contento.

Con Saya de guía, Drekkar pensó que todo tomaba un buen rumbo, que alguien conociera este lugar y se ofreciera a enseñarlo era realmente toda una suerte.-Bueno…-tosió el guerrero, más animado.-Saya, ¿qué más lugares de la aldea nos recomendarías visitar?-pensó que era una manera más amable de empezar un tema de conversación y le venía bien dejar claro que no era realmente tan arisco y cascarrabias – un poco puñetero cuando le cogías confianza –.

Y no era a Saya a la única que quería preguntar. Drekkar no había conocido a muchos paladines a lo largo de su vida – solo dos – y no todos tenían la misma forma de llevar la justicia, o al menos eso era lo que le habían contado. Aunque lo verdaderamente llamativo era la forma en la que dejaba claro que se trataba de un héroe.
-Oe, Rhoe.-preguntó de nuevo, pero posteriormente de que su pregunta anterior fuera contestada.-¿Es la vida de un héroe tan emocionante como lo pintan?-notó la mirada de Eizen posándose de forma fulminante sobre él, había tocado un tema que a su primo le podría interesar.
-Que pronto te has animado a hablar…-dijo Eizen entonces de forma serena. A Drekkar realmente se le había pasado el enfado pensando una y otra vez en los baños termales, pero contando también que tenía ganas de preguntar y no se paraba a pensar si llegaría a soltar algo molesto.

-La verdad es que yo no he tenido la ocasión de hablar con muchos paladines. Es extraño debido de dónde vengo, pero reconozco que he estado mucho tiempo desconectado de las ciudades…-empezó a decir el semi-miqo’te, lo más seguro pensando en la pregunta que le había hecho Drekkar a Rhoe.
-Opciones tenías.-bromeó Drekkar pegándole un codazo en uno de sus costados.
-Ya, bueno…-suspiró Eizen, pero no parecía que tuviera intenciones de dar más explicaciones.

Siguiendo al resto del grupo, Drekkar desviaba su mirada por todo su alrededor mientras caminaban, aprovechando para fijarse en los detalles de las calles y así para una próxima vez en aquella aldea no tuvieran el mismo problema (ya que en Eizen difícil era confiar cuando se trataba de situarse y orientarse.) Wutai no dejaba de sorprenderlo, era demasiado diferente del ambiente donde se había criado y aún le resultaba extraño que un pueblo pudiera retroceder históricamente.

-¡¡Por fin!!-exclamó Drekkar una vez le señalaron el lugar donde estaban los ansiados baños termales. Después de tan duro viaje, finalmente sonrió al ver que por fin iba a tener un momento de tranquilidad. Como si de un niño se tratase, el guerrero no se lo pensó dos veces y se dispuso a entrar en aquel sitio. Ni siquiera Eizen pudo detenerlo – estuvo a punto de estirar en brazo y tomarle del cuello de la camisa de una manera no tan brusca – y se limitó a encogerse de hombros mientras suspiraba.
-Está cansado y muy ansioso, disculpadle.-volvió a decir, arqueando una ceja y siguiendo al resto.
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Saya el Vie Dic 19, 2014 1:16 pm

Me causó cierta gracia escuchar los peculiares modismos de Wutai en la boca de un forastero, y no pude reprimir una pequeña carcajada interna que me sacudió los hombros. Admito que me resultaba complicado desprenderme de ciertos aspectos del habla que se daba en el pueblo, especialmente cuando me encontraba en el pueblo propiamente dicho y todo el mundo se dirigía a ti con un -chan, -san, -kun, -senpai, -sensei, -neechan, -niisan, -sama y un largo etcétera de definiciones tanto cariñosas como respetuosas para cada tipo de persona. Me había criado entre aquellas enseñanzas, y aunque si bien es cierto que en mis tres años de viajes alrededor del mundo había aprendido a suprimir las coletillas para adaptarme al habla moderna, de vez en cuando se me escapaba alguna que otra palabra oriunda de aquel dialecto tan tradicional, especialmente si me encontraba rodeada de mi entorno y de personas que actuaban bajo las mismas directrices.

- Por favor, llamadme simplemente Saya si así os sentís más cómodo -le contesté con una amable y divertida sonrisa al paladín.

Asentí cuando los tres jóvenes forasteros aceptaron de buen grado mi asistencia, y pronto les indiqué que podíamos iniciar la marcha. Total, tampoco es que tuviera nada más interesante que hacer a lo largo del día, y puede que incluso sacase algo de provecho de todo ésto. No es que fuese la miss relaciones públicas de Wutai, y de hecho la mayoría de las veces prefería sentarme y observar cómo la vida transcurría tranquila frente a mis ojos, pero aquella mañana ya había paseado bastante y, porqué no, puede que incluso aceptase compartir un baño en las aguas termales con ellos y aprovechar para preguntarles algunas cosas. En baños separados y aislados por una férrea pared de cañas de bambú, por supuesto. No iba a compartir un baño mixto con tres hombres extraños. ¿Estamos locos?

El paseo transcurrió despacio y agradable. Dejé que inspeccionaran a placer los paisajes, la naturaleza y las gentes que nos rodeaban, y de vez en cuando les explicaba la procedencia o la historia breve de algunas esculturas o el significado de los símbolos ancestrales grabados en piedra.

- Os recomiendo encarecidamente probar la sopa de fideos con carne y verduras. Nosotros aquí lo llamamos ramen. Nada que ver con esa vejación infame que venden en los supermercados -respondí bastante más suelta y animada que al principio. Los tres resultaban ser unas personas muy fáciles de tratar, y eso desde luego ayudaba a querer mostrarse algo más social que de costumbre- Y también debéis visitar la pagoda principal. Durante gran parte del día permanece cerrada al público por los entrenamientos, pero puedo arreglármelas con el sensei- -ahí va otro- ...perdón, el maestro, para que os dejen entrar durante unos minutos.

No es que buscase echarme flores por encima, pero desde hacía años que venía manteniendo una condición de reputada espadachina en aquel pueblo, y ya con catorce años me había convertido en la alumna más aventajada y predilecta en las doctrinas que se enseñaban con la katana. De hecho, si los forasteros se fijaban bien en mi vestimenta, serían capaces de distinguir una saya negra atada a mi cinturón en cuyo interior descansaba una katana tan afilada que era capaz incluso de cortar el mismo cristal. Mi preciosa Kagerou.

Finalmente alcanzamos el pequeño caserón de madera donde estaban alojadas a las aguas termales, y el paladín llamado Drekkar tardó cero coma en entrar corriendo en una manera tanto cómica como abrupta. Me hizo gracia. Aunque, por desgracia para él y para todos, aquel día estaba a punto de convertirse en todo menos en relajante.

- ¡Oops! ¡Lo siento! ¡Espere, espere, señor! ¡No puede pasar! -expresó una mujer saliendo apresuradamente de detrás del mostrador de bienvenida para bloquearle el paso a Drekkar.

Era Shinko, una mujer de unos treinta y pocos años que se había hecho con las riendas del lugar después de que su padre le cediera el negocio en herencia. Busqué con la mirada al supuesto amigo, barra, conocido de Rhoe Crebalt, pero no parecía encontrarse presente en aquel momento. Aunque se escuchaban ruidos tras una puerta cerrada; puede que estuviese ahí.

- Estamos sufriendo algunos contratiempos inesperados, os pido por favor que regreséis otro día -se reverenció exageradamente- Os pido disculpas, pero los baños están temporalmente cerrados al público. ¡Lo siento!

Aparecí tras las espaldas de Drekkar para entrar en el local y preguntar qué pasaba. Shinko reaccionó apenas verme.

- ¡Ah, Saya-chan! ¡Entonces es cierto que regresaste! -los ojos de la mujer se encendieron para reflejar un brillo de esperanza, y se acercó para tomarme de las manos- ¿Puedes ayudarnos?

- Ehh... si tenéis problemas con las tuberías siento decir que yo de fontanería... -comencé a decir algo confundida.

¿Qué problemas podían tener unos baños termales aparte de unas tuberías atascadas o una invasión desmesurada de ranas?

- Oh, no es nada de eso -Shinko negó efusivamente con la cabeza y suspiró apesadumbrada- Lo que pasa es que nuestras aguas, de un día para otro, han empezado a causar severas urticarias y alergias a nuestros clientes. Hemos agotado las existencias de panaceas del pueblo, porque no sabemos lo que puede ser... -tomó una bocanada de aire y prosiguió, esta vez mirando al grupo compuesto por los dos paladines, el miqo'te y yo mismamente- Creemos que el manantial que baja de la montaña y que abastece al pueblo pueda estar contaminado, pero nadie se atreve a subir hasta ahí arriba por la gran cantidad de criaturas hostiles que hay. Pero tu eres una cazamonstruos, ¿verdad? ¿Podrías subir a ver qué es lo que está contaminando el agua? Por favor, si no arreglamos ésto será una desgracia para el negocio y perderemos mucho atractivo turístico...

Alcé una ceja expresando estupefacción y sorpresa. ¿El agua del manantial contaminada? Aquello era un problemón más grande que el castillo de Alexandria, pero más problemón sería ascender por la estatua de Da-Chao que daba a la parte posterior de la montaña donde residía el complejo de manantiales que abastecían gran parte del agua potable del pueblo. Muy rara vez había subido a ese lugar a entrenar, y las pocas veces que lo había hecho me había llevado una somanta de golpes dignísima de recordar. Tuve un escalofrío, pero, ¿cómo negarme a la petición de la mujer? Al menos intentaría hacer algo.

Me giré entonces a los forasteros con una expresión de completa circunstancia.

- Lo siento. Me parece que el tour acaba aquí. Espero que disfrutéis del resto de vuestra estancia -me disculpé con ellos con una sonrisa forzada y una suave reverencia.

Lo más sensato ahora era regresar al orfanato para buscar la ayuda de Evan y Nelie, porque ni de coña iba a subir yo sola. Mi muerte no llegaría tan pronto.
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Dom Dic 21, 2014 12:59 pm

Al final, aceptamos el grupo decidimos aceptar la guía de la joven Saya y marchar en dirección a las aguas termales. En concreto, el joven turista de nombre Drekkar, que anteriormente se mostraba el menos social de los cuatro, parecía realmente interesado en llegar a las afamadas aguas termales de la ciudad ¿Tanto descanso necesitaba su cuerpo o es que había algún otro interés más allá? Recordé que Saya había mencionado que había baños mixtos, y entonces pensé que quizás es que el hombre tuviera interés en las vistas mientras se bañaba. Pero no dije nada, por no acusar a nadie en falso y meter la pata. Lo cierto es que el tal Drekkar se mostraba más abierto, e incluso preguntó a Saya por más lugares que visitar.

-¡Oh, la Pagoda! ¡Un lugar precioso, realmente precioso!-exclamé cuando Saya mencionó aquel lugar.-Es cierto que no pude entrar dentro, seguramente por los entrenamientos que acabas de mencionar. Pero no temas por mí, Saya. Me basta con la cantidad cuasi infinita de fotografías de la hermosa arquitectura que me llevo de recuerdo. Aunque si el resto quiere echar un vistazo, ni siquiera un héroe como yo es nadie para interponerse en vuestro camino.-respondí de manera alegre y cordial, para luego fijarme en un detalle que había mencionado mientras hablaba de la pagoda.-¿Maestro? Doy a entender que has sido entrenada allí. Se oyen maravillas de los guerreros de la Pagoda, incluso desde el Continente del Oeste de donde provengo. Si la mitad de lo que se dice es cierto, debéis de ser realmente admirables luchadores.

Fue entonces que Drekkar me preguntó si la vida de un héroe es emocionante o no. Me sorprendió la pregunta, pero enseguida respondí con una amplísima sonrisa y una pose con los brazos en jarras que denotaba una gran seguridad y confianza en mí mismo. Quizás demasiada.

-Eso depende por lo que entiendas por emocionante. Pero aburrido no es, te lo garantizo. Ahora bien, es duro ser un héroe. Puede no parecerlo, por mi aspecto despreocupado, pero conlleva gran trabajo y esfuerzo. E inteligencia, bastante inteligencia.-sentencié al final. Un héroe que no es listo es un héroe muerto, o esa era mi creencia desde bien pequeño. Por eso mismo, trataba de cultivar mi mente y entrenarla cuanto podía, y me consideraba alguien de gran alto nivel intelectual… aunque mi hermana superdotada me diera mil vueltas.-Tampoco os creáis que he conocido muchos paladines en mi vida, aunque es algo que me afecta de lleno.-refiriéndome a mi padre, en paz descanse, aunque ellos no supieran nada de su gran persona.-Pero algo os puedo decir con seguridad. Normalmente se tiene la imagen de los paladines como seres fríos, unidimensionales e impasibles, todos clones los unos de los otros. Nada más lejos de la verdad. Entre un paladín y otro puede haber miles de diferencias, ya sea en personalidad, carácter, sueños e inquietudes. Lo único que tienen en común los paladines es su insaciable y desinteresada sed de justicia y su inquebrantable amor por nuestra querida Fal’Cie Azeyma. En todo lo demás, los paladines podemos ser tan distintos como dos personas cualesquiera.

Mientras terminaba de hablar, llegamos al edificio de las aguas termales, y rápidamente Drekkar se lanzó dentro corriendo totalmente ansioso mientras era disculpado por Eizen, el cual no pudo detenerlo a tiempo. Por desgracia para Drekkar, una mujer de unos treinta, que se encontraba detrás del mostrador de bienvenidas, salió de allí para interponerse en el camino del muchacho. Con un gesto de disculpa bastante explícito, nos pidió disculpas a todos debido a que los baños se encontraban cerrados por cierto incidente. A mí me daba igual, pues mi motivo principal para ir allí era otro, y sólo secundariamente estaba interesadamente en el baño, pero lamenté la suerte del pobre Drekkar y sus esperanzas rotas.

Sin embargo, en cuanto Saya asomó por detrás de nosotros dos, la mujer reaccionó enseguida, reconociéndola en el acto. Como había intuido, Saya era una guerrera y por lo visto había problemas con el manantial que abastecía de agua los baños termales. Bueno, los baños y todo el condenado pueblo ¡Por todos los Fal’Cie! ¡Se habían quedado sin agua potable! Yo mismo reconocía el gravísimo problema en que estaban metidos todos los aldeanos. Había que hacer algo, y parecía Saya más que dispuesta.

-No tienes que disculparte, Saya. De hecho, si puedo hacer algo para ayudaros… Me dejé mi armadura en casa, pero tengo aquí mi espada. Como héroe, no puedo quedarme al margen cuando gente inocente se encuentra en semejante apuro.-repliqué rápidamente, aunque no conocía para nada qué tipo de criaturas o monstruos albergaba esa montaña y lo preparado que podía estar contra eso.-Déjame ir contigo, aunque sea sólo para pagarte por tan buen servicio de guía durante el breve tiempo que hemos compartido.

Entonces, una puerta desde detrás del mostrador se abrió y le vi. Era un hume un tanto mayor ya, de unos cuarenta años. Pelo moreno canoso, ojos grises y algo de perilla, llevaba uno de esos trajes en forma de túnica muy propios de la aldea de color gris, a juego con su cabello. Pero sobretodo destacaba por la evidente cojera en su pierna derecha, por la que debía de caminar apoyándose en un bastón.

-Acabo de sellar las entradas de agua y drenar el agua contaminada, Lady Shinko. Sólo queda subir y acabar con lo que sea que cause esto y…-empezó a decir el hombre hasta que nos vio a todos, y especialmente me vio a mí.-Por los Doce… ¿Tú aquí, Lord Rhoe?-su voz era fría, su mirada gélida. Se apoyó en su bastón sin dejar de mirarme, con el ceño fruncido.
-Yo aquí, Sir Enidvan.-respondí con el mismo tono frío, sosteniéndole la mirada con determinación.-¿Sorprendido?

Mantuvo el silencio durante unos segundos y yo hice lo mismo. Manteniendo la mirada firme, sin respirar apenas. Hasta que al final, el hombre soltó un suspiro, y con la ayuda de su bastón, se apoyó en el suelo y me hizo una reverencia, como le había visto hacer varias veces en el pasado.

-Un honor volver a verte, Lord Rhoe. Aunque realmente soñaba con haberme librado de ti de una vez por todas.-fueron sus palabras mientras se levantaba, y por su tono era imposible de adivinar si hablaba en serio o en broma.
-Como héroe, mi deber es estar allí donde se me necesita.-respondí con plena confianza, sin inmutarme en lo más mínimo por sus palabras.-Y más ahora, que por fin soy un paladín. Así que acabó lo de llamarme “Lord”, Sir Enidvan.-contesté mientras mostraba mi mano diestra levemente iluminada por un aura dorada, muestra de mi poder mágico, don de nuestra amada diosa.
-Lejos está de mi cuestionar la voluntad de nuestra Señora, pero bien que parece que últimamente escoge a cualquiera.-fue su respuesta, negando con resignación con la cabeza.-Pero veo que sigues con la cantinela de que eres un “héroe”. En serio ¿cuándo madurarás, Sir Rhoe? Ahora que eres un paladín, con más razón debes empezar a comportarte como el adulto que eres.
-¡Has dicho Sir Rhoe! ¡Cuantísimo tiempo esperando a oír esas dos palabras juntas!-respondí entusiasmado, ya dejando completamente de lado la seriedad que había mostrado antes. Yo no participaba de la forma de hablar que era común entre los miembros de la Orden, pero conocía su significado y lo que implicaba.-Pero no temas. Como discípulo tuyo, no pienso dejarte mal, maestro ¿O prefieres que aquí te llame “Sensei”?
-Por Azeyma, de ninguna de las maneras. Prefiero que nuestra relación no sea pública. Fuiste mi peor alumno, después de todo.
-Y tu mejor alumno, al mismo tiempo.-o lo que es lo mismo, su ÚNICO alumno, una larga historia.-¡¡Feliz cumpleaños, Sir Enidvan!!
-Maravilloso. No sólo vienes perturbándome con tu presencia, sino que me recuerdas que ya tengo 40 años ¿Cuánto más piensas torturarme, Sir Rhoe?-dijo mi “sensei” con una mano en la cara, para luego acercarse a mí y darme un abrazo. Sí, siempre había actuado de esa manera conmigo. No le culpo, gracias a él soy quien soy ahora. Para bien, por mucho que diga él que no ha hecho nada, que soy incorregible y que actúo siempre como si tuviera diez años.-Mira, me encantaría quedarme a charlar y recordar lo horrible que ha sido ser tu maestro, pero como habrás oído, tengo trabajo muy importante que hacer. Si esperas aquí, no tardaré mucho en resolver este problema.
-Me temo que no, Sir Enidvan. Me he pegado el viaje continental sólo por verte, y mañana mismo tengo que volver. Así que no pienso dejar que te libres de mí ahora, por mucho que lo desees.-respondí de manera tajante, cruzándome de brazos para reforzar mi postura.-¿Vas a ir a la montaña? Déjame acompañarte. Déjame mostrarte lo que he aprendido por mi cuenta. Además, no soy el único aquí que cuenta con el don de la diosa y que puede ser de ayuda.-y aquí lancé una mirada de reojo a Eizel.
-La Estatua de Da-chao no es para aficionados, ni siquiera para paladines, si estos recién han recibido el Don. Es un sitio muy peligroso.-respondió el paladín, y por el peso que dedicaba a sus palabras dejaba bien a las claras que no nos veía preparados para algo así como aquel lugar.-Podéis venir. Pero manteneos a cubierto y tened muchísimo cuidado. Y a ser posible, veamos a ver si podemos reunir antes a más gente. Ni siquiera yo, gracias a mi pierna, soy capaz de hacerme cargo solo de las bestias que hay allí arriba.

Satisfecho con el permiso que me había concedido Sir Enidvan, miré a ver si a Saya o alguien más se le ocurría quien podía acompañarnos en la búsqueda de aquello que había contaminado las aguas de aquella montaña. Lo cierto es que una parte de mí disfrutaba de aquello, pese a la gravedad del asunto. Y es que mi sueño de volver a reencontrarme con mi maestro se iba a cumplir, aunque fuera en unas circunstancias distintas a las que me esperaba.

OFF: Siento muchísimo si el post no es muy allá. Quería habérmelo currado mucho más para presentar mejor a mi NPC, pero este post ha sido contrarreloj (mi último post del año) y no he podido hacer más. Espero que aun así, sea de vuestro agrado, y si hay que corregir algo, será en el siguiente post. Aquí abajo os pongo en spoiler una imagen de Sir Enidvan (es el de la izquierda) ¡¡Nos leemos!!

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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

Mensaje por Drekkar el Sáb Dic 27, 2014 3:10 am

Para la desgracia de Drekkar, los baños termales no iban a estar a su alcance. Una mujer le bloqueó el paso, diciéndole que no podía seguir avanzando por allí. Al guerrero le costó más de lo que se esperaba en asimilarlo, quien se quedó parado, bajando los brazos lentamente y borrando poco a poco la sonrisa de su rostro. Eizen no tardó en colocarse a su lado, mirando fijamente a la mujer en cuestión, esperando a actuar dependiendo de cómo siguiera la situación.

Aquello había sido otro golpe bajo. Primero aquellos niños robándoles las provisiones y en ese instante ocurría aquello. Aquel viaje estaba resultando ser demasiado tedioso y si al final todo aquello salía bien, ya podía Eizen prepararse para correr porque no iba a tener piedad con él después de haber sugerido ir allí.
-Pssst, Drekkar, vuelve en ti.-le había susurrado Eizen mientras le daba con el dedo en la espalda. Fue el paladín quien escuchó la explicación de la mujer, que avisó que los baños estaban atravesando por un problema. Drekkar aún no sabía cómo sentirse.

Saya hizo acto de presencia y la mujer que le había cortado el paso la reconoció de inmediato, tratándola como si fuera una especie de heroína de la aldea. Drekkar se echó a un lado en cuanto Saya habló con ella. El agua había provocado una serie de alergias y urticarias, debido a la contaminación de la misma. Mientras el guerrero escuchaba con una expresión de desconsuelo, Eizen había levantado una ceja y escuchaba atentamente cada palabra. Drekkar vio en el semi-miqo’te un destello de determinación en sus ojos y le conocía bien: aunque estuvieran pidiéndole ayuda a Saya, él también deseaba ir al manantial donde se había originado todo aquel desastre. Para la desgracia de Drekkar.

Pero luego de aquella conversación, Saya parecía tener en mente ir sola. A Drekkar le parecía perfecto que no pensaran obligarlo, no porque le cayera mal, pero estaba demasiado cansado y de normal no le gustaba meterse en los problemas de otros. En cambio, Rhoe si deseaba ir con la mujer del kimono, así que del grupo, solo quedaba confirmar si ambos primos también se unían a la fiesta.
-Oye…Saya, espera…-quiso decir Eizen. Drekkar dibujó una mueca nerviosa, dando unos pasos hacia atrás y en una posición donde no pudieran verle, hizo un gesto con el brazo, pidiendo que cortara.

Eizen calló, pero no por el guerrero, sino por la llegada de otro individuo. Había salido de una puerta situada detrás del mostrador. No pasaron muchos segundos desde que se puso a hablar con la mujer del mostrador cuando tanto Rhoe como él se reconocieron y se saludaron. Sin lugar a dudas debía ser el tipo que el paladín había mencionado anteriormente.
-“Salvados por el cojo…”-pensó Drekkar, aunque después sintió que aquella frase habría sido muy desafortunada si lo hubiera dicho en voz alta. Aquel era el momento oportuno para irse sigilosamente. Cierto que resultaba algo muy rastrero, incluso demasiado para Drekkar, pero empezaba a estar de nuevo de mal humor y tampoco se veía con tantas fuerzas para seguir. Pero por mucho que agarrara el brazo de Eizen, el semi-miqo’te permanecía impasible en su sitio y no se movía.

Le tocó quedarse a escuchar la conversación que mantuvieron Rhoe y el llamado Enidvan. Drekkar no entendía la mitad de aquella charla, solo escuchaba palabras sueltas (y supo que se trataban de maestro y alumno). Hasta que Rhoe nombró a la fal’cie Azeyma y con ello miró a Eizen. El aludido levantó un poco la mano e hizo un leve saludo.-“Arréglalo más si cabe…”-pensó de nuevo el guerrero cuando Enidvan dijo que la Estatua de Da-Chao – donde les tocaba ir para llevar a los manantiales – era un lugar muy peligroso, pero aun así, permitió a los que iban a ir acompañarle.

-Chicos...-dijo Eizen una vez finalizada la conversación. Drekkar tensó todo su cuerpo. Iba a decir aquellas palabras que tanto temía por culpa de esa forma suya de ser tan caballeresca. Lo podía ver en su mirada, iba a apuntarse a la aventura. Así que Drekkar se colocó detrás del paladín y le tapó la boca con una mano.
-Oye, ¿nos permitís un momentito que hable con mi primo?-dijo con tono amable, o eso intentó. Estaba seguro que en aquellos momentos debía parecer un capullo. No estaba siendo su mejor día.

Arrastró a Eizen hasta una esquina y le obligó a acercar su rostro al suyo, para que solo él oyera lo que tenía que decirle.-¿Ibas a decir que irías con ellos?
-Claro que sí. Los dos.-susurró el semi-miqo’te con calma.
-Estás loco. Acabamos de hacer un viaje muy duro. Estamos con el cuerpo dolorido y sudoroso.-Drekkar le había pasado un brazo por los hombros y le estaba apretando en uno de ellos con fuerza.
-Tampoco es que nos estemos muriendo, Drekkar.-suspiró Eizen.-Es más, tanto Rhoe como Saya nos han ayudado cuando aquellos niños nos robaron y se mostraron amables de guiarnos por aquí. Deberías dejar de pensar en ti mismo una vez en tu vida.
-¿Pero es que no lo entiendes? No vamos a ayudarles a limpiar o a llevar trastos. Hemos de ir a un lugar plagado de monstruos que hacen…ñam ñam.-Drekkar hizo con la otra mano un gesto que emulaba una boca.
-¿Sabes qué?  Iré yo, tú puedes quedarte a buscar posada.-Eizen se separó de él, harto de aquellas palabras. Se descolgó la mochila de las provisiones y se la tendió al guerrero.-Ten, los guiles están en el bolsillo derecho.-Drekkar no podía dar crédito a lo que estaba viendo.
-Eizeeen. No puedes dejar a este chico tan adorable solito.-dijo, empezando sin querer a levantar la voz. El semi-miqo’te hizo caso omiso y volvió hacía el grupo.

-Podéis contar conmigo. Mi primo siento decir que está…indispuesto en estos momentos.-al oírle, Drekkar hubiera deseado patear el suelo y a su vez el culo del paladín. Pero reconocía que sin él se sentía…solo. Tendría que ir por las calles cargado como una mula, esperando que otros niños ladrones se aprovecharan de él e incluso se perdería. Aunque por un momento pensó también en el propio Eizen, que acabaría lo más seguro luchando mientras Drekkar se quedaba en Wutai por una simple queja.
-¡Vale! ¡Tú ganas!-chilló Drekkar sin apenas darse cuenta, señalando a su primo con el dedo.-Iré a echaros una mano. Porque no pienso irme de aquí sin haber probado estos baños termales, así que cuanto más rápido solucionemos esto, mejor. ¡Contad con mi espada!-sabía que iba a arrepentirse de aquello, pero realmente no pensaba dejar a su primo solo. No por esto.

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PD: Perdonad si no he avanzado mucho, espero que os guste igualmente. El como continuará la trama prefería esperarme a vuestro regreso para poder hablarlo con más calma ^^
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Re: Aventuras en Wutai [Saya & Rhoe]

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