Las minas de Narshe [Saya]

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Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Lloyd el Miér Nov 12, 2014 2:25 pm

El helado poblado se encontraba en lo alto de la montaña. La subida había sido un poco dura y Möhdar había acompañado a Lloyd en todo el camino de subida. El pequeño moguri se encontraba justo al lado del muchacho, con unas anchas botas que le permitían caminar sin problemas por encima de la nieva, como si fueran mágicas.

Lloyd llevaba capa algo roída y negra, pero bastante gruesa que le protegía del frío, unos pantalones anchos grisaceos y unas botas anchas como las de Möhdar. Llevaba las largas dagas enfundadas en su cinturón caído y también portaba un gorro de lana parecido a la cabeza de un moguri, incluso con un enorme pompón y todo.

Una vez llegaron al pueblo quedó bastante claro lo que era cada cosa. La herrería, la posada, el bar... todo estaba claramente posicionado, y solo con moverse un poco y alzar bien la nariz para poder olor se podía incluso ir a los sitios sin mirar. La pequeña compañía no tardó demasiado en llegar al lugar donde se encontraba el hombre que les había encargado el trabajo. Un señor bastante viejo y con una enorme capa de piel negra. Parecía un hombre bastante fuerte, y portaba un enorme martillo en su cinturón.

¡Al fin llegáis! ¡Supongo que tendréis un poco de frío! ¿No? Podéis entrar en casa, vamos rápido— Ambos compañeros entraron a toda prisa y se quitaron sus capas. El hombre las cogió y las colgó en un pequeño clavo que se encontraba en la pared. Lloyd se acercó a la chimenea y acercó ambas manos, las cuales estaban enguantadas—.Veréis, hay ciertos problemas en la mina ¿Y quien mejor que el clan Centurio para acabar con el problema?— Lloyd miró toda la casa... no había que observar demasiado para ver que ese hombre era el jefe de los mineros, por las fotos también pudo deducir que su mujer bien había muerto o lo había abandonado, y que su única hija también se había ido. Las arrugas en la cara de aquél anciano eran bastante profundas, se notaba que había pasado momentos demasiado duros en su vida. También, y cuando se quitó la capa, Lloyd pudo ver una enorme cicatriz en su brazo derecho... seguramente ya no ejerciera el oficio aunque portara un martillo para estar más seguro de si mismo—. Resulta que se nos ha colado un tigre azul... con bigotes largos... no sé si es solo uno o varios, pero vamos, ahí está.

Un Coeurl, sin duda Kupó-po— Lloyd asintió ligeramente, no podía ser otra cosa. Así que bueno, debían entrar en la mina, encontrarlo y acabar con él... ¿Tan simple? Lloyd apartó las manos de la chimenea y se dirigió hacia su capa, pero el minero le cogió antes del hombro y le miró a los ojos... ese tipo era bastante más grande que Lloyd.

Espera muchacho, no he acabado. No sale a menos que alguien se ponga a trabajar, es como si le molestara que picasemos la mina, la verdad es que es muy extraño. No hay otra manera de llamar su atención... así que vas a necesitar útiles de minero, y no precisamos de útiles del tamaño de tu amigo...— Möhdar alzó ligeramente sus cejas y el pompón rebotó un par de veces encima de su propia cabeza.

Bien... espero que puedas apañartelas tú solo entonces, Lloyd, kupó— Lloyd volvió a asentir y levantó un pulgar, acompañando a continuación al anciano minero a por un traje ajustado para no acabar muerto dentro de la mina.

[ . . . ]

Y allí estaban, justo en frente de la horrible cueva. Lloyd llevaba sus armas, pero también un pico que agarraba con ambas manos y apoyaba en su propio hombro. También llevaba un casco con una luz en el centro, una camisa acolchada de abrigo, unos pantalones ajustados y las mismas botas de antes. Una Nu'Mou se acercó un poco al muchacho y conjuró algo que le rodeó las fosas nasales y la boca.

Necesitaras eso para respirar dentro de la mina y que no te mueras, creeme. El conjuro dura aproximadamente una hora, ten cuidado ahí dentro muchacho— Lloyd hizo un gesto vacilante, con el ceño fruncido y se dirigió a la mina. No sin antes quedarse un rato mirando la enorme entrada... tenía una extraña sensación en la espalda y no sabía bien que podía ser... ¿Le estaban siguiendo? Pfé, chorradas ¿Quien iba a seguir a un muchacho que perseguía monstruos? Era una estupidez

El joven Albheed no había pisado nunca un sitio tan espeluznante y en cierta manera el miedo comenzó a perseguirlo y rodearlo en su propia mente. Lo más dificil era siempre el primer paso... se había enfrentado a muchos monstruos, pero nunca a la naturaleza en sí. Nunca le habían gustado las minas, ni siquiera desde joven; Sobre todo después de leer "Las desventuras de Lobre, el minero".

Finalmente Lloyd se internó en la mina y comenzó a caminar por los caminos según las indicaciónes del anciano. El frío era glacial, pero gracias al equipo de minero no sentía tanto frío como debería. Eso sí, las manos enguantadas se estaban congelando poco a poco, así que debía encontrar pronto donde poder minar para entrar en calor...
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Re: Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Saya el Vie Nov 14, 2014 11:15 am

- ¿Quieres que descansemos un poco? -el vaho se escapó de entre mis labios al hablar.

- No te preocupes, tampoco pesa tanto -respondió el rubio albhed restándole importancia a mi pregunta.

Exhalé un suspiro cansado y me crucé de brazos para intentar retener el poco calor corporal que aún me quedaba en los huesos. El ascenso a Narshe estaba resultando mucho más frío y pesado de lo que habíamos previsto, y ya habíamos sufrido la primera "baja".

- ¿Y tú, Nel? ¿Sigues con nosotros?

- Ñomsghsf... estoy bien... est... despier... gñhgmfg... -balbuceó la pequeña en un estado de total somnolencia.

El estado febril de nuestra maga blanca nos estaba retrasando el ascenso. Las nubes indicaban que pronto se desataría una pequeña ventisca, por lo que necesitábamos llegar a Narshe lo antes posible. Evan se había ofrecido a cargar a Nelie a la espalda hasta el pueblo, pues la muchacha apenas podía dar dos pasos sin desmayarse y el incipiente frío tampoco ayudaba en su recuperación. Y aparte, nuestra economía no era lo bastante elevada como para permitirnos comprar ropas gruesas que pudiésemos usar en climas fríos, pese a que Evan había conseguido mangar un par de abrigos y botas a unos excursionistas despistados poco antes de salir de Nibelheim. Robar era algo que no me gustaba, pero ante aquellas circunstancias no podía evitar rendirme a la evidencia. Eran ellos, o nosotros. Además, en aquella parte del continente resultaba muy complicado adelantarse a las misiones de los centurios -después de todo estábamos en su territorio- por lo que hacía semanas que nuestros bolsillos no albergaban ni una mísera moneda, y empezábamos a sufrir los efectos del cansancio.

La ventisca nos alcanzó cuando apenas comenzábamos a vislumbrar las cabañas oscuras de Narshe, aunque por suerte pudimos llegar el pueblo antes de convertirnos en estatuas de hielo a mitad del camino.

La puerta de la posada se abrió.

- Frío, frío, frío, frío, frío, frío, frío...

Chimenea. Necesito chimenea. Fuego. El aliento de un Ifrit.

- ...frío, frío, frío, frío, frío -oh, ahí está la chimenea.

Evan y yo zigzagueamos entre las mesas de la posada sin ningún pudor o delicadeza para acercarnos a las llamas que ardían al fondo de la estancia bajo una cubierta de piedra sencilla. Le ayudé a descargarse a Nelie de la espalda y ambos la sentamos cuidadosamente junto al fuego, para luego empezar a sacudirnos la escarcha que cubría casi por completo aquellos abrigos que habíamos tomado prestados de manera indefinida.

- J-Joder, voy a ver s-si el p-p-posadero pu-puede darnos una inf-f-f-f-fusión caliente para Nelie -tartamudeó el muchacho, claramente presa de una congelación avanzada.
- T-t-t-tráeme otra a mi, s-si eso.

En lo que Evan regresaba me acuclillé frente a la pequeña maga para comprobar su estado, sin despegarme demasiado del divino calor que desprendía la hoguera. Nelie cabeceaba con los ojos cerrados y murmuraba entre delirios por la fiebre; apenas podía mantener el equilibrio aún estando sentada. Entonces puse mi mano derecha sobre su frente, y me di cuenta de que estaba ardiendo todavía más. Por suerte para nosotros, el posadero fue amable y nos tendió un par de mantas, así como tazas de chocolate caliente para los tres. No teníamos dinero para pagarnos siquiera el hospedaje de una noche, pero al menos nos permitieron descansar junto a la chimenea todo el tiempo que necesitásemos.

Al cabo de algunas horas ya habíamos recuperado el calor corporal, la ventisca había amainado hacía tiempo, y Nelie se recuperaba entre mis brazos, dormida plácidamente sobre la alfombra, después de tomar varias infusiones de hierbas medicinales. Evan regresó junto a nosotras con un semblante que indicaba que había descubierto algo.

- He estado hablando con algunos aldeanos -se acuclilló junto a nosotras y habló en voz muy baja, de manera que nadie más que yo pudiera oírlo- Parece ser que hay una especie de felino afianzado en las minas, y hay un hombre que está ofreciendo recompensa por su captura.

Mis ojos se abrieron de par en par. Eso significaba trabajo inmediato. Eso significaba dinero.

- ¿Has podido hablar con el hombre? -pregunté esperanzada, también entre susurros.

- Se me han adelantado -la expresión del rubio albhed se tornó en una mueca de disgusto- Cuando llegué, un chaval y un moguri ya estaban negociando el trabajo con el tipo.

¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡¿POR QUÉ tanta mala suerte?!

- Da igual -sentencié con firmeza- Iré a investigar igualmente. Nelie necesita medicamentos, y puede que con suerte consiga colársela al chico y adelantarme.

- No esperaba menos de ti -Evan soltó una risotada.

Pues ya está. Decidido. Evan se quedaría cuidando a Nelie en la posada, mientras yo me aseguraría de atrapar a ese monstruo antes de que el desconocido pudiera echarle el guante primero. Sin perder más tiempo del necesario, me puse mi nuevo abrigo robado y me calcé aquellas botas cinco números mayor. Aseguré bien la katana bajo las ropas, y marché presta hacia las minas. Apenas avanzar unos metros me encontré con la figura de un muchacho rubio que caminaba con un pico de minero al hombro y un casco con linterna incorporada. ¿Sería él? ¿Y dónde estaba el moguri que supuestamente le acompañaba? Bah, da igual. El caso es que le seguí con cautela para adivinar qué pretendía, y me detuve a pocos metros de la entrada de la mina. El joven estaba hablando con una Nu-Mou, y pareció que ésta le pronunciaba algún hechizo. Formé una mueca pensativa en el rostro, y cuando el chico se internó en la minas, decidí salir de mi escondrijo y avanzar.

- ¡Disculpe! -exclamé al tiempo me acercaba a trote a la Nu-Mou- Se suponía que debía de encontrarme con mi compañero de misión en este punto, pero no le veo por ninguna parte. Es rubio, más o menos de esta altura... -hice gestos con las manos con total naturalidad.

- ¡Oh! Pues acaba de entrar en la mina hace apenas dos minutos -me respondió la hembra con total ingenuidad, examinándome- Espera muchacha, necesitarás respirar ahí abajo.

Camuflé una sonrisa al escuchar aquello, y acepté gustosa la protección de su hechizo. Perfecto. Era lo que estaba buscando. Después de todo, habría sonado demasiado sospechoso si simplemente le hubiese pedido que me protegiera a mi también, sin dar explicaciones del porqué.

Preparada y dispuesta entonces, me adentré en la mina procurando seguir los pasos del muchacho. Cuando hube recorrido un determinado tramo de metros y bifurcaciones me percaté del error que había cometido al no entrar con ninguna linterna. Chasqueé la lengua con decepción, pero no estaba dispuesta a perder el tiempo en regresar. Da igual, mis ojos se estaban acostumbrando cada vez más a la oscuridad y no tendría problemas en avanzar sin hacer ruid-...

¡¡CLANK CLANG KLAS CRAS!!

¡¿Pero quién puñetas había puesto un cubo de herramientas en medio del camino?! ¡¡En serio!! ¡AGH!
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Re: Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Lloyd el Sáb Nov 15, 2014 2:30 pm

Esa sensación no desaparecía de la cabeza del muchacho. Es como si sintiera que algo lo estaba acorralando dentro de la mina, ya fuera la oscuridad, el propio monstruo, o alguien que lo estubiera buscando. Lloyd cerró firmemente los ojos por un  momento y encontró un cubo lleno de herramientas en uno de los lados del túnel. Se acercó hasta ellos y lo cogió de golpe dejandolo justo por detrás de él. Si algo o alguien tenía pensado atacarlo por la espalda, sobre todo aquél monstruo, no tendría siquiera la oportunidad.

El joven Albheed siguió entonces caminando hacia adelante, su objetivo era llegar lo antes posible hasta el lugar donde tendría que ponerse a minar como un cosaco... se sentía en cierta manera entretenido. Nunca había hecho algo así y ahora estaba divirtiendose, todo esto era lo suficientemente emocionante como para activar su cerebro de una manera totalmente distinta. Todo iba genial en su camino hasta que escuchó lo que no quiso escuchar en ningún momento.

La herramientas se derramaron por el suelo. No había que tener un oído experto para reconocer el metal chocando contra la piedra. Lloyd se giró a toda prisa y llevó ambas manos a las dagas, dejando el pico en el suelo de mala manera. Lo primero era lo primero, debía ocuparse del monstruo y si ya estaba allí no necesitaría picar.

Corrió y corrió hasta que llegó a la zona de las herramientas. Realmente no estaba tan lejos puesto que había caminado bastante lentamente y no había avanzado demasiado, así que tardó entre poco y nada en llegar al lugar en cuestión. Una vez allí se preparó para cualquier ataque o cualquier golpe desde cualquier lado... pero no, para nada. Allí había una mujer que gracias a la luz del casco ahora se levantaba sin demasiados problemas del suelo.

Lloyd alzó ambas cejas sobresaltado ¿UNA MUJER, EN SERIO? todo el clan Centurio sabía de sobra que trataba con ellas de una manera demasiado extraña, como si no supiera si son perros, dioses, humanos, o plantas. Lloyd dio un par de pasos hacia atrás para luego volver a avanzar y ofrecerle la mano para que se levantara... pero eso era absurdo por que ya se había levantado. Volvió a retroceder un poco y entrecerró los ojos... debía tranquilizarse y analizar la cuestión. Enfundó sus armas y apuntó con la lucecita del casco a la mujer en cuestión.

Resulta que llevaba la protección de la nu'mou, pero ningún tipo de traje de minero como el suyo, eso quería decir que seguramente no lo era. Por su complexión parecía una chica que había llevado a cabo algunos trabajos físicos, o por lo menos eso parecía por lo muy poco que podía ver de debajo del abrigo... que por cierto, no era de su talla eso estaba claro; Quizás fuera de su padre o de algún amigo, puesto que era bastante grande... pero las botas, las botas también eran bastante más grandes que su pie. Se notaba sobre todo por el agarre de la misma bota al mover el propio pie. Eso quería decir que no podían ser de algún amigo suyo ¿Como ibas a salir de casa con unas botas muchisimo más grandes que tu propio pie? Eso era necesidad, y si alguno de sus amigos o familiares fuera de aquí le habría confeccionado o comprado algunas botas de su talla que le pudieran servir de suficiente abrigo.

Había una posibilidad de que realmente las botas fueran de algún amigo o familiar, pero si así era ella debía ser sumamente pobre... pero espera. Ese tipo de botas era para caminar en la nieve, quizás a la chica le gustara el alpinismo, pero estaba claro que no era de por aquí y que no pod... estaba divagando, tenía que centrarse en lo principal.

¿Que hacía esa muchacha en la maldita cueva junto a él? Vale, si sus teorías coincidían y era que había robado de alguna forma esas botas o el abrigo quería decir que no debía tener demasiado dinero. Así que ¿Por qué se iba a meter una muchacha como ella en un sitio así? ...

La recompensa por algunos minerales robados quizás. Lloyd comenzó a pensar en fracción de segundos que quizás aquella muchacha lo único que buscaba era a un minero que sacaba minerales, robarselos y cobrar una pasta por ello. Pero era un poco precipitado, puesto que los minerales acabarían saliendo y podría robarlos más tranquilamente fuera... quizás tuviese algo que ver con... eureka.

El monstruo...— le había salido sin querer de la boca. La muchacha debía pensar que Lloyd estaba pirado, puesto que se había quedado mirandola por todas partes y pensando sin decir ni mú. Nisiquiera se había percatado de si la muchacha le había dicho algo—. Uhm... ¿Qué quieres?— Preguntó con calma, pero con una voz bastante directa. No se andaba con demasiados rodeos, eso saltaba a la vista—. Estoy muy ocupado, me molestas por aquí.

Vale, las ideas seguían divagando en la mente de Lloyd. Le había mirado las manos y aunque estaban medio ocultas por el enorme abrigo, no se cortó un pelo a la hora de agacharse y apuntar bien con la linterna para verla. Resultaba que en la parte de la palma tenía ciertas durezas en la parte que más se acercaba a los dedos... si venía a por un monstruo estaba claro que sabía usar armas... y si se arriesgaba a venir a por un monstruo eso quería decir que la teoría de que no tenía demasiado dinero no era tan descabellada. Todo eran conjeturas y Lloyd no sabía nada, y si lo sabía no lo compartió con su nueva compañera.

Como sea... si quieres venir conmigo adelante, tengo una presa entre manos y algo de cebo no me vendrá mal— comentó de broma, aunque con una voz lo suficientemente neutra como para dejar esa duda en el aire—. En silencio— Y esa fue su declaración final. Las ideas sobre la muchacha seguían vagando por su cabeza, y en cierta manera presentía que esa era la idea más apropiada.

Una chica sola que necesitaba el dinero para sobrevivir y se arriesgaba a cazar monstruos, con un arma afilada de un mango lo suficientemente duro y grueso como para hacerle esas durezas en las manos. Había conseguido el abrigo y las botas robandolas. Se notaba que no robaba por que sí, si no solo por necesidad, y además de eso también tenía su rostro no lucía demasiadas imperfecciones, quizás alguna espinilla, o algún grano, pero Lloyd no se fijaba en esas trivialidades... así que no debía luchar nada mal.

Pero también tenía otras teorías algo más descabelladas en la cabeza...

Hija de un minero que murió en esta misma mina. Cogió las botas y el abrigo de su padre, como de costumbre, y bajó hasta aquí para conseguir algo que su padre le había dejado aquí mismo y era lo suficientemente valioso como para atreverse a portar algún arma y bajar... y eso que seguramente sabía que había un monstruo dentro. Las durezas de las manos podían ser por la dura practica a la que tuvo que someterse para finalmente atreverse a bajar hasta aquí.

Y la más loca de todas y que más le gustaba a Lloyd...

Antigu héroe de hace muchisimos años. Por un antiguo embrujo del principe de las tinieblas "Xhelston" se convirtió en una mujer joven. Aún así siguió portando su antiguo conjunto de héroe y seguía portando su antigua arma, la cual llevaba claramente escondida bajo sus gruesos ropajes. Necesitaba un mineral de aquella misma mina para finalmente acabar con el conjuro, y ella lo sabía. Por eso mismo había bajado hasta aquí, para recuperar de nuevo su verdadera forma... pero espera. Eso era un cuento antiguo... se llamaba "La balada de Zant".

Cuando se quiso dar cuenta ya estaban en la parte baja de la mina donde Lloyd debía picar y menos mal que a había vuelto a recoger el pico cuando se habían puesto de camino. Había estado cabilando en todas esas ideas suyas y no había escuchado una palabra de nada en todo lo largo del camino. Pero justo ahí abajo se empezó a reir por la absurdez de su última idea... ¡Si hasta lo había sacado de un libro!

Bueno... ¿Lista, chica cazadora de monstruos y pobre? Devuelve luego el abrigo y las botas a quien quiera que se lo hayas quitado, ya te dejaré yo un abrigo y unas botas...— Preguntó el chico mientras levantaba el pico para darle a una de las piedras rojizas del fondo— ¡Ah! — Se paró un momento en seco y la volvió a mirar— Y si por casualidad mi otra teoría es correcta... puedes seguir siendo una mujer, seguramente acabarás haciendo algo bastante más épico que cuando eras un hombre, Zant.

¡CLANK!
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Re: Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Saya el Dom Nov 16, 2014 6:03 pm

¡Torpe, torpe, torpe! ¡Estúpido cubo de herramientas! ¡¿Por qué tenías que atravesarte en mi camino?! Había hecho tanto ruido que de seguro incluso el monstruo lo habría oído. Oigo pasos. Alguien se acercaba corriendo desde el interior de la mina. Seguramente era el muchacho. Perfecto, se ha jodido. Vale, tranquila... Piensa, piensa, piensa... Plan B, Plan, B... ¿Qué hago? ¿Salgo corriendo? ¿Me escondo? ¿Le ataco? ¿Me hago la muerta? ¿Fingir?... Eso es. Fingir.

Entrecerré los ojos de inmediato cuando la luz de su linterna me pegó en la cara, por lo que tuve que protegerme con un brazo. Había estado caminando varios minutos en la oscuridad más absoluta, sólo iluminada por el tenue resplandor que desprendía la entrada de la mina, por lo que aquel fuerte golpe de luz me dejó casi ciega. Parpadeé para enfocar la vista e intenté observar la silueta del muchacho a través de la luz. Era rubio, muy rubio, y también joven. Complexión media tirando hacia lo flacucho, diría que ágil. Alto y medianamente aguerrido, aunque con esas ropas de minero no lo aparentaba demasiado. Esperé a que me reprochara la interrupción, o que empezase a lanzarme las preguntas típicas de "quién eres" o "qué haces aquí", preparada para contrarrestarlas con mi mejor mentira, pero no dijo absolutamente nada. Es más, se quedó mirándome como pasmado, desorientado, sin saber muy bien qué hacer, avanzando y retrocediendo en mi dirección como preguntándose qué demonios estaba haciendo una muchacha en aquella mina.

- Lo siento, no pretendía... interrumpirte -expresé al tiempo que me incorporaba y me sacudía la herrumbre del abrigo. A ver qué excusa me invento yo ahora para justificar mi presencia en aquel lugar.

Nada. Ni una palabra. El chico no parecía reaccionar ante nada de lo que yo hiciera o dijera, simplemente estaba ahí parado cavilando cosas y observándome como quien presencia un cuadro con demasiados matices inexplicables y demasiadas opciones a la interpretación. Quizás era mudo.

- Oye... ¿estás bie-

"El monstruo", dijo de pronto. Wow, después de todo sí que puede hablar, pero no era eso precisamente lo primero que esperaba escuchar. Alcé una ceja confundida y me atreví a acercarme varios pasos en su dirección.

- Yo estab-

Volvió a dejarme sin terminar la frase.

- Sólo querí-

¡Agh! ¡Si me preguntas cosas, al menos déjame terminar de responderlas antes de atacarme con más preguntas! Aunque bueno, después de tantas divagaciones pareció aceptar mi compañía, recalcando que avanzaríamos en completo silencio. Claro, por supuesto, a menos que otro estúpido cubo de herramientas se atravesase en nuestro camino. Fuera como fuera comenzamos a internarnos en la mina sin darnos demasiada conversación. El chico parecía incrustado en sus propios pensamientos, mientras que yo analizaba las posibles rutas y opciones a ejecutar para hacerme con la recompensa sin derramamientos de sangre innecesarios. Vale, puede que necesitase el dinero y no tuviese dónde caerme muerta, ni siquiera para comprar medicinas para mi compañera o ropas para el frío, pero no era una asesina. Aunque quizás, llegado el momento, le crujiese una piedra en la cabeza y le dejase inconsciente. Ah, pero entonces tendría que arrastrar su cuerpo hasta el exterior de la mina, o de lo contrario acabaría muriendo por asfixia una vez que el conjuro de la Nu'Mou terminase su efecto. Mala idea. Necesitaba pensar otra cosa.

De pronto llegamos hasta una zona mucho más amplia y donde los minerales empezaban a resaltar con mucha más frecuencia en las paredes de roca. El muchacho se detuvo y descargó su pico, posicionándose con claras intenciones de empezar a extraer mineral. ¿Qué demonios hacía? Se suponía que estaba ahí por el monstruo. Arrugué la expresión contrariada y me hice a un lado, esperando. El joven habló, pero ésta vez sus palabras me sorprendieron. ¿Chica cazadora de monstruos y pobre? ¿Que devolviese las botas que había robado? ¿Pero qué demonios?... ¡¿Cómo lo había sabido, si ni siquiera había abierto la boca?! Estuve a punto de responder con la verdad, pero entonces mencionó algo sobre un Zant, un hombre y de que podía seguir siendo mujer.

Mi expresión se tornó en un cuadro muy abstracto en ese momento. Lo único que había sacado en claro es que parecían ser "teorías", es decir, que sospechaba algo. ¿Acaso había pasado todo el camino sacando conclusiones sobre mi persona? Bueno, quizás pudiera aprovecharme de eso.

- Lo primero que has dicho ha sido bastante acertado -reconocí mientras tomaba asiento sobre una roca. Claro que jamás le diría mis verdaderos motivos de dejarle inconsciente para hacerme con la recompensa, y ahí es donde entraba la segunda parte del plan- Cazo monstruos. Soy pobre. Y estas botas son robadas -enumeré una por una todas las características que había mencionado- Hace unos días que me alisté en el Clan Centurio para intentar hacer dinero, pero no he tenido demasiada suerte con las misiones. Un hombre en el pueblo me ha dicho que un chico ya había tomado la responsabilidad de acabar con el monstruo de las minas, imagino que hablaba de ti, y pensé... bueno, que podría echar una mano -me encogí de hombros con inocencia.
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Re: Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Lloyd el Mar Nov 18, 2014 12:44 pm

Dejó de minar para volverse y apuntar con la luz de nuevo a la muchacha... Lloyd alzó ligeramente ambas cejas, estaba claro que ahí había gato encerrado. Parecía una muchacha bastante orgullosa y dudaba mucho que siendo así necesitara la ayuda de nadie para acabar con una misión. Y además de eso, si ella misma había elegido esta misión como ayudante le habrían informado de alguna manera... y le habrían proporcionado algunos articulos de clima, como por ejemplo... las botas.

No me mientas... ya he conocido a más gente como tú. Bueno, realmente más o menos. Gente sin escrupulos que intenta robar la caza del clan Centurio para conseguir el dinero de la recompensa—.Lloyd negó con la cabeza y se apoyó en la madera del pico mirando a la muchacha—. Mira, sé que necesitas el dinero, se te nota y has venido a la desesperada a un lugar bastante desolado. Se ve que no eres como los demás. Seguramente me habrías intentado atacar antes. Pero todavía no lo has hecho— Lloyd volvió a coger el pico y dio de nuevo un golpetazo.

CLONK

Pero entonces otra idea pasó por la mente del muchacho... si tanto necesitaba cazar a ese monstruo... quizás no estubiera del todo sola. Lloyd volvió a mirarla, de arriba abajo como había hecho anteriormente, intentando analizar algún nuevo aspecto de la muchacha... No debía ser un hijo suyo, puesto que su forma física no era de una mujer que ha tenido un hijo. Quizás fuera algún hermano, o algún muy buen amigo suyo.

Lloyd se encogió de hombros y un fuerte recuerdo de su "hermana" volvió a su cabeza... el libro, la marcha, el orfanato. Por un largo momento dejó tendido en el suelo el pico y mantuvo la mirada perdida en el vacio. Una vez se dio cuenta del lugar en el que estaba intentó negar con la cabeza de lado a lado, como para que esos recuerdos desaparecieran de su cabeza. A continuación, volvió a mirar a la muchacha.

Sé que lo necesitas, así que tranquila, no hay problema. Acabaremos con esto y te daré la recompensa. No necesito el dinero, solo saber que la misión está cumplida. Ya tengo alimentos y cobijo en la sede del clan y he ahorrado un poco para emergencias como esta...— Lloyd volvió a apoyar el pico y miro a la muchacha de nuevo— Yo también vengo de un sitio demasiado pobre. En fin, dejémonos de chachara, vamos a acabar con esto.

CLONK CLONK CLONK

Los golpetazos resonaban por toda la mina, mientras que Lloyd confiaba ciegamente en que la muchacha no se le acercara por detrás y acabara con él con lo que quisiera que tuviese guardado debajo del abrigo.  De golpe, un enorme rugido resonó al igual que los golpes que Lloyd estaba dando. El muchacho se acercó a Saya y la cogió del brazo. Era la mejor manera de que ambos pudieran ir a algun lugar seguro y esperar que el monstruo apareciera, siendo solo Lloyd el que portaba la luz en todo el cabezón.

El muchacho se escondió detrás de una piedra y se quitó el abrigo que llevaba por encima de ropa de minero, dejandolo puesto encima de una estalagtita lo suficientemente alta como para parecer una persona. Luego cogió el casco y también se lo puso a la piedra, además de cubrirle la parte baja con unas telas y ponerle el pico al hombro, colgado.

Según todo lo que sabía sobre la bestia que iban a cazar, no era demasiado sensible a la luz, así que podían aprovechar eso para racionar la luz del casco por la pequeña cueva y tener así un punto de mira sostenible. Pero... el monstruo comenzaba a tardar demasiado en aparecer y Lloyd tenía frío. Por los reflejos que daba la luz del casco se podía ver perfectamente el suave tembleque del muchacho y las bocanadas de baho caliente que soltaba por la boca. Cuando el sonido se hizo mucho más evidente Lloyd desenfundó finalmente ambas dagas y esperó a ver al monstruo en cuestión...

Para la sorpresa del jovne muchacho, el coeurl era bastante más grande de lo que esperaba en un primer momento. Y el enorme monstruo se quedó espectante, enseñando todos los dientes y apuntando sin ningún disimulo hacia la enorme estalagtita.

Lloyd apoyó la mano en el hombro de la chica y se giró hacia ella, atravesandola con sus ojos verdes. Tenía frío y su voz temblaba ligeramente, pero pronto entraría en calor si su plan no salía como debía salir. Tenían que actuar rápido y el joven Albheed nisiquiera le había comentado la idea a la muchacha.

Atenta, esto debe rápido, tenemos que esperar a que el Coeurl se abalance contra la estalagmita y choque contra la enorme piedra, para luego saltar encima de él y apuñalarlo. Debemos ser rápidos y precisos, nada más que choque, al ataque— Lloyd frunció ligeramente el ceño mientras explicaba en un susurro tan leve que no sobrepasaba el volumen del perpetuo rugido del monstruo.
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Re: Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Saya el Lun Nov 24, 2014 1:44 pm

Me crucé de brazos e intenté acomodarme sobre aquella piedra, expectante. Aún no comprendía la finalidad de todo aquello, es decir, ¿habíamos venido a extraer mineral, o a matar a un monstruo? Claro que tampoco conocía todos los detalles de la misión; Evan había sido bastante escueto a la hora de resumir la situación y es posible que se hubiese dejado varios detalles importantes por el camino. Entonces pensé que quizás el ruido de la excavación acabaría alertando a la criatura y la alentaría a acercarse a nuestra posición, lo cual pensándolo bien era bastante inteligente. Sí, quizás era por eso.

Entonces las palabras del joven me sorprendieron y no pude evitar mirarle con escepticismo, preguntándome cómo era posible que dedujese a la perfección quién era o qué pretendía simplemente mirándome o escuchándome. Aquello rayaba lo imposible. Cierto es que no estaba acostumbrada a mentir y no me gustaba hacerlo -el de los engaños y embustes profesionales era Evan- pero vamos, no creía haberlo hecho tan mal como para descubrir el pastel tan pronto.

- Mh -solté un bufido por la nariz que se convirtió en una risa impávida- Tienes razón, no soy como los demás. Un idiota sin escrúpulos te habría atacado apenas encontrarte -le condecí eso, y entonces formé una sonrisa de medio lado- Y yo que pensaba aprovecharme de tu fuerza y noquearte una vez el trabajo estuviese hecho... -expresé con una frustración divertida- Es más cómodo cuando otro hace la faena por ti, ¿no crees?

Lo que me sorprendía verdaderamente es que, aún sabiendo quién era y lo que pretendía, estuviese de lo más tranquilo jugando con su pico como si creyese fervientemente que no me atrevería a atacarlo. Y tenía razón, muy posiblemente no lo hiciese porque mi naturaleza y mis principios me lo impedían, y si no fuera por aquel intento de conversación apacible ofreciéndome el dinero de la recompensa sin más ni más, las cosas hubieran sido muy distintas. En cualquier otra ocasión hubiera rechazado su propuesta por puras cuestiones de orgullo, no me gustaba que la gente fuera compasiva conmigo, pero necesitaba velar por mi grupo y sabía que llevábamos varias semanas subsistiendo con lo mínimo. En el Continente Este las cosas eran bastante distintas; el dominio del Clan Centurio no estaba tan extendido en aquellas tierras y nunca nos faltaban encargos que nos proporcionaban el dinero justo y necesario para permitirnos ciertas comodidades, pero ya llevábamos meses viajando por el Continente Oeste y los ahorros hacía semanas que habían desaparecido. Las suelas de nuestros zapatos empezaban a gastarse, las ropas estaban roídas de los constantes enfrentamientos con los monstruos, y nuestros zurrones ya mostraban signos de necesidad por un remiendo urgente. En definitiva, que necesitábamos el dinero.

- Oh, de acuerdo -acepté sin siquiera planteármelo. No pensaba rechazar su oferta ni por orgullo, ni por modestia. No eran tan idiota- Supongo entonces que no será necesario atizarte en la cabeza con ninguna piedra -añadí con tranquilidad.

Apenas me encontraba pronunciando la última sílaba cuando un potente rugido se hizo eco en las numerosas cavidades y pasajes de aquella mina. Reaccioné de inmediato y me incorporé casi al mismo tiempo que el muchacho se ponía tenso, ambos girando la cabeza en la misma dirección. Había que moverse. El chico colocó su abrigo y su casco sobre una estalagmita emulando una apariencia humanoide, cosa que sólo sería efectiva hasta que el monstruo detectase el olor de la roca. Entonces sentí un tirón en el brazo y en cosa de milésimas de segundo ya me encontraba corriendo a refugiarme junto al muchacho tras otra estalagmita de mayor tamaño.

Contuve la respiración y me quedé totalmente quieta y acuclillada tras la roca, concentrada en los movimientos del felino que resultó ser mucho más grande de lo que había supuesto en un principio. Asomé la cabeza con cautela para comprobar su posición y darme cuenta que efectivamente la "trampa" del abrigo había funcionado, y el bicho comenzaba a acercarse totalmente ajeno al peligro real, que éramos nosotros. El muchacho rubio entonces me miró y me dio algunas instrucciones en voz baja, aunque en el momento en el que tuve sus ojos verdes delante de los míos me percaté de la espiral característica de los Albhed que conformaba su pupila. ¡Era un Albhed! Aquello lo cambiaba todo. Le debía demasiadas cosas al pueblo Albhed; no por nada mi mejor amigo -casi hermano- era un Albhed, e incluso la nodriza que me había criado en el orfanato también era Albhed, ¡por todos los dioses menores, incluso sabía hablar el idioma!... De haberlo sabido con antelación jamás hubiera intentado arrebatarle la recompensa de su caza. Jamás. De pronto me sentí culpable y decidí disculparme con el muchacho una vez abandonásemos la mina. Puede que antes.

Por desgracia, la cosas se torcieron a peor cuando una gran explosión sacudió las paredes de la mina. Ni siquiera me había dado tiempo a desenvainar la katana y algunas rocas del techo se desprendieron, asustando al Coeurl que retrocedió asustado.

- ¿Qué mierda ha sido eso? -expresé con los ojos muy abiertos, mirando a todas partes.

Otra explosión. Ésta vez fue mucho más fuerte que la anterior, por lo que los desprendimientos de roca se acentuaron. Agarré las ropas del muchacho y tiré de él hacia afuera cuando una estalactita se soltó sobre nuestras cabezas, impactando en el mismo lugar donde hacía segundos nos encontrábamos escondidos. Por poco. ¿Estaban detonando la mina? ¿Pero por qué? ¿Es que nadie les había dicho que habían personas dentro? ¿Es que se habían vuelto locos? Necesitábamos salir de ahí de inmediato si no queríamos acabar sepultados, y yo aún era joven para plantar las raíces de mi muerte en una sucia y oscura mina.
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Re: Las minas de Narshe [Saya]

Mensaje por Lloyd el Sáb Dic 20, 2014 4:24 pm

Las explosiónes sacaron del ensimismamiento a Lloyd rápidamente, y también a la bestia que tenían que cazar, la cual comenzó a correr cueva hacia adentro. El joven muchacho no pensó demasiado en todo lo que debía hacer. Recogió las cosas que creía importantes y señaló hacia la cuesta para arriba, indincadole a la muchacha que debían salir de allí cuanto antes.

¡Debemos salir ya! ¡Esto se está cayendo a pedazos!— Lloyd comenzó a correr, siguiendo a la muchacha y esquivando algunas piedras del camino con soltura. El casco le daba luz a Saya para poder correr delante de Lloyd y así ver el camino, puesto que el muchacho estaba algo ladeado a ella, y así el camino seguía alumbrado.

Pero... ¿Donde había ido la bestia? Seguramente a por sus crías... o algo así, quien sabe. Si se había refugiado en unas cuevas y acosaba a los mineros que trabajaban allí seguramente sería por que estaba protegiendo algo... Y si no eran sus crías ¿Que  podía ser entonces? Lloyd negó un par de veces con la cabeza y siguió corriendo a toda prisa. Llevaban corriendo varios minutos, pero todavía no se veía la luz de la entrada.

De golpe, unas enormes piedras bloquearon gran parte del camino. Ella ya había conseguido cruzar, pero Lloyd se tuvo que lanzar casi en plancha para poder colarse en uno de los agujeros justo a tiempo, saliendo pues al otro lado y cayendo con la barriga en el duro suelo. Se levantó lo más rápido que pudo y la adrenalina generada por el peligro le permitió seguir corriendo sin parar, hasta que finalmente consiguieron salir de aquél horrible lugar.

En la salida les estaban esperando un grupo que nisiquiera Lloyd sabía quien era, el jefe, y Möhdar. Lloyd sonrió apurado y suspiró ampliamente, dejando tras de sí el peligro y alejandose un poco de la entrada junto a la muchacha. El pequeño moguri se acercó raudo a la vez que unas cuantas personas. Lloyd enarcó levemente la ceja hasta que se percató de la herida que se había hecho en el pecho y la barriga... estaba sangrando... ¡PERO UN MONTÓN!

Se había abierto una herida bastante considerable, que cruzaba desde un lateral al otro, y seguramente habría sido con una de las piedras del suelo. Lloyd intentó poner las manos delante para que nadie se acercara. Pero pareció no funcionar en absoluto, todo el mundo parecía preocupado por el joven albheed.

¡No se acerquen, en serio!— Lloyd comenzó a ponerse nervioso. No soportaba mucho a la gente y que se le acercaran en masa le había sobresaltado... pero eso, poco a poco, comenzó a importarle bien... hasta que finalmente cayó al suelo redondo, debido a la perdida de sangre.

* * *

Sus sueños nunca habían sido tan claros... allí estaba ella de nuevo, su hermana, su mejor amiga por decirlo de alguna manera, pero ¿Acaso no había sido ella la que le había traicionado, yendose con otra familia y dejandole solo en el horfanato con todos aquellos niños horribles?

Quizás no podía culparla, y menos ahora que de eran de nuevo unos niños y podían jugar juntos en el pequeño parque que quedaba detrás del cochambroso horfanato. ¿Acaso había muerto? ¿Era aquello el cielo? Poco le importaba, en ese momento prefirió dejar de pensar e indagar y solo jugar, jugar como no lo había hecho desde hacía demasiados años.

Ella reía y él también, no podía ser más feliz... hasta que la oscuridad lo borró todo, menos a ella que seguía suspendida en el aire, pero absorbida por una enorme boca que se encontraba al final de un enorme pasillo. Todo se iba inundando poco a poco de agua estancada, mientras el joven Lloyd intentaba alcanzar a su hermana.

¡No te vayas, por favor!— Gritó varias veces, mientras el agua le iba cubriendo más y más—. ¡No me dejes solo de nuevo!— El pasillo era enorme, demasiado grande como para que Lloyd le pudiera dar alcance, y el agua no dejaba de subir y subir, llegandole a este al cuello—. ¡N-no puedes!

Cuando quiso seguir hablando, todo el agua estancada entró en su boca, y fue así como dejó de respirar por unos momentos, viendo como la boca por la que había desaparecido su hermana desaparecía... desaparecía finalmente junto a ella.


* * *

Lloyd se levantó sobresaltado con una respiración profunda. Había dejado de respirar durante unos momentos. Necesitó unos cuantos minutos para tranquilizarse sin que nadie le dijera nada... pero... ¿Había gente con él en el cuarto?

La muchacha que le había acompañado a la mina seguía por allí, junto a su pequeño amigo Moguri. Estaban en la casa del jefe minero, el cual le había dejado a él y a su amigo un par de camas para descansar. Lloyd tenía todo el abdomen vendado y curado, por lo cual no se preocupó demasiado y se tumbó en la cama de nuevo, asqueado por haberse hecho esa maldita herida.

No tendréis un trozo de pan ¿Eh?
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