El no-tan-típico crucero. {Raiden}

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El no-tan-típico crucero. {Raiden}

Mensaje por Shireen el Mar Nov 11, 2014 8:16 pm

La tensión se sentía en el ambiente, bien podría cortarse con uno de los cuchillos de plástico que les había dado a las muchachas con sus almuerzos de aquel día. El sudor corría a chorros por la frente del autodeclarado “Mejor Jugador de Balamb”, mientras su contrincante, con su típica cara de póker mezclada con fastidio, colocaba cartas a diestra y siniestra sin apenas parpadear. A su alrededor, miles de alumnos chismosos se habían reunido, formando una especie de cúpula humana que la muchacha tenía que mandar a quitar cada cierto tiempo, alegando que ocupaban su preciado espacio personal, y le hacían sombra por lo que no podía ver sus cartas. Nadie vitoreaba. Eso no es porque no tuviesen un competidor preferido, por supuesto: Al principio, todas las palabras de ánimo habían ido en torno al engreído joven, pero a mitad de juego la estudiante había tomado buen terreno, y habían empezado a gritar su nombre en apoyo. Eso, claro, hasta que ésta les mandó a callar con un gesto de su mano y una mirada furibunda, momento en el que todo el mundo cerró el pico. Echándole mano a su mazo y mirando sus cartas con indiferencia, la chica colocó su última jugada en la mesa…

Y de repente, toda la mesa saltó en vítores alocados y exclamaciones de felicidad.

¡¡SSSSSSSSSSSÍIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!! —el grito de felicidad de Avalice resonó por la cafetería, y Shireen, que había quedado casi sorda, habría jurado que se escuchó incluso dentro de las murallas de Vector.
¡¡NNNNNNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!! —pero aún más fuerte que el grito de la monje fue el del rival de la maga, que se había tirado al suelo, jalándose los cabellos como si hubiese pasado lo más terrible que le pudiese haber pasado en la vida.
Levántate y desembucha —ordenó la rubia, y ni siquiera las sinceras lágrimas de dolor y shock del muchacho le ablandaron. Tomó el gran mazo de cartas del exjugador, empezando a revisar sus ganancias.
Pero no puede ser… ¡¡Nunca había perdido!! ¡¡Soy el mejor jugador de Balamb!! —exclamaba el pobre diablo, cada vez más sufrido. La ojiazul se encogió de hombros.
Aún no habías jugado conmigo —se limitó a decir, sonriendo con crueldad, dividiendo las cartas que le interesaban para clasificarlas después.
Mis cartas… ¡¡No puedes quitármelas todas, me costó mucho conseguirlas!! ¡¡Años de práctica!!
Lástima —espetó, degustando su dulce, duuulce victoria. Avalice se acercó a su lado, con rostro compungido.
Pero Shiiir, ¡Tú tienes muchas cartas! No pasará nada si le dejas algunas… ¿verdad? —dejó caer la morena, como quien no quiere la cosa, sintiendo lástima por el pobre. La ganadora volteó a ver su mazo de cartas, que apilado era más grande que su cabeza, para luego ver las cartas de las que ya se había adueñado, y ver la pila que todavía le faltaba por revisar— ¿Verdaaaaadddd? —insistió la muchacha, poniendo ojos de borrego degollado.

Girando los ojos y con rostro de fastidio, Shireen empujó la pila faltante al otro extremo de la mesa, de vuelta a su dueño. El pobre hombre, que había estado sufriendo a moco tendido, mandando a callar a todo quien trataba de consolarle diciendo que sólo eran cartas, de repente levantó la mirada. Sus ojos se iluminaron cual reflectores al ver a sus preciosas allí.

¿Vas… vas a dármelas? —preguntó, tragando saliva y relamiéndose los labios. Sin ocultar el desagrado que sentía por el pobre, que se le antojaba patético, respondió.
Pienso ser misericordiosa contigo y dejarte conservar la mitad… PERO —Alzó el dedo índice frente al careto del muchacho, antes de que se lanzase a besarle las botas en agradecimiento— no pienso simplemente dejarlo así. Te gané de forma tan aplastante que me sentiría mal si no me dieses algo para agradecerme mi amabilidad al dejarte conservar tus cartas —declaró. Mucha suerte había tenido de que Avalice hubiese sido condescendiente, no pensaba quedarse sin botín tan a la ligera.
¡¡Ten!!¡PLAF! Todos los alumnos, incluidas la maga y la monje, se arrecochinaron en la mesa para ver lo que el joven había dejado allí. Los ojos violáceos de la morena se iluminaron.
¡¡Ooooooooh, un paseo en cruceeeerooooo!! –reveló, casi con estrellitas en los ojos de la emoción— ¡¡Yo quiero, yo quiero!!
Sí entiendes quién soy y que puedo comprarme una entrada mucho mejor que la que estás tratando de darme si es que quisiera ir a esta cosa, ¿verdad? —Quiso dejar claro.
¡Lo sé! —aseguró, intentando que la rubia no se indignase por lo que consideraba un insulto a su estatus. ¿De verdad pensaba que ella se contentaría con tan poca cosa?— Pero es lo mejor que puedo ofrecerte. Gané la entrada en un sorteo, pero no tengo como ir… ¡Es eso, o darte mi bocata por el resto del tiempo que estemos en el Jardín!
Paso —espetó, con la aguda voz de su compañera de fondo.
¡Yo quiero, yo quiero, yo quiero! ¿Podemos ir, Shir? ¿Síiii? ¡Nunca he estado en un crucero! ¡Cruuuceeeero! ¡Esas cosas surcan el mar! ¡Yo nunca he estado en el mar! Digo, técnicamente sí, ¡¡Pero no en un CRU-CE-RO!! ¿Podemos, podemos, podemos, podemos, podemos, pode—
BASTA —exclamó. La monje guardó silencio por una milésima de segundo antes de acercarse a toda pastilla a la chica y susurrarle al oído.
¿Pero podemos? —Ugh.
Síii, síii, sí podemos —Aceptó, sólo para no tener que escucharla más. El “YUJUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU” que Avalice exclamó se escuchó por todos los tres continentes. Shireen tomó el ticket—. Sientete agradecido… Ahora hazme un favor y sal de mi vista. Y ustedes también —indicó, apuntando a todos los estudiantes que seguían chismoseando en sus asuntos.

Definitivamente, aunque a veces quisiera matarla, Avalice era una de las pocas personas que endulzaba la amarga actitud de la rubia. Si no,  probablemente no habría aceptado canjear las cartas por ese ticket (y se las habría quedado todas, para empezar); no porque no le gustase la idea de ir a un crucero caro y refinado, si no porque la entrada que ahora tenía en sus manos era un entrada… pues, general. Venga, de plebe. Y aunque le apetecía, no se atrevía a comprar un pase diamante para sí misma por temor a dejar a su hiperactiva amiga sola y que acabase lazándose por la cubierta del barco. Así pues, siendo que aún faltaban unos dos días para el evento, se tomó su tiempo comprando otra entrada y dos pases de barco volador hacia Luca, lugar del que el crucero saldría.

Llegado el día, Shireen parecía la típica mala madre que desatiende completamente a su hija latosa, leyendo un libro con rostro de hastío mientras la monje corría de un lado a otro en el barco volador, hablando con todo el mundo y comiendo dulces cada dos por tres. La historia fue exactamente la misma en cuanto desembarcaron en Luca, pero esa vez tomó a Avalice del brazo, evitando que pudiese salir pitando y acabara cayéndose por una alcantarilla abierta o algo parecido. Sintiéndose benevolente (y también porque era una diva y toda ocasión en la que pudiera hacerlo era bienvenida), aprovechó la mañana para tener una tarde de chicas e ir de shopping con la muchacha, comprando ambas vestidos nuevos para la ocasión. Ya que iban a tener que ir en la clase de la prole, al menos se destacarían de entre todos, ¿no? Y como no, la visita a la peluquería no podía faltar. Ya para el atardecer, ambas estaban en el muelle, entradas en mano, la rubia apartando con gestos de la mano a todo quien les importunaba el paso.

¡¡Shiiiiir, vamos a estar en un CRUCEEEROOOO!! —celebraba la morena. Durante todo el día no había bajado su ánimo ni un ápice. Nunca había estado en Luca, por lo que turistear la ciudad le había dado un plus de energía a su de por sí sobrecargada personalidad. Su corto cabello negro había sido arreglado en pronunciados bucles, y Shireen la había embutido en un ajustado y drapeado vestido rojo. Sus guantes y el resto de sus objetos de combate, sin embargo, estaban a buen resguardo en el bolso dorado que la rubia le había elegido. La susodicha entregó las entradas de ambas al guardia de la entrada, y ambas se adentraron al interior del crucero, las paredes del recibidor pintadas en vinotinto y los suelos recubiertos en fina madera.
Buffette, barra libre, salón de baile, casino, conciertos… bueno, con algo nos entretendremos —murmuró la maga, leyendo el cronograma que le acababa de ofrecer una de las tripulantes del barco. Ella había dejado su rubia cabellera suelta y lisa, y su vestido de larga seda celeste se deslizaba con gracia sobre la madera. Su lira, como no, estaba bien sujeta a su espalda.

Según el cronograma, en unos minutos se haría un baile de apertura en el salón principal. Tomando una copa de vino e instando a Avalice a hacer lo mismo, ambas se dirigieron al lugar, a ver qué había de bueno. La rubia de verdad esperaba que no fuese la típica fiesta de crucero, o se aburriría mortalmente.
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Re: El no-tan-típico crucero. {Raiden}

Mensaje por Raiden el Jue Nov 13, 2014 2:04 pm

Luca, el santuario del Blitzball y una de las ciudades más concurridas de toda Gaia en lo que a ocio y entretenimiento se refiere... Dicho de otro modo, un asco de sitio.  

A estas alturas ya debéis saber que odio las aglomeraciones de gente, los sitios como aquel donde no podías dar un paso sin chocarte tres veces con tres personas distintas hacían que me agobiara y me pusiera de mal humor. La vida en la ciudad no era para mí, simplemente. Cuanto más aislado y lejos de la civilización mejor que mejor. era bastante feliz con mis viajes y mis monstruos, y no necesitaba que toda esa gente me recordase lo grande que era el mundo... nunca había socializado con nadie, y lo cierto es que no era algo que me quitara el sueño.  

¿Qué hacía allí entonces, os preguntaréis? Pues bien, a pesar de lo genial que consideraba mi vida tal y como era en aquel momento, lo cierto es que la caza de monstruos era un trabajo con bastante competencia, y a la mínima que pasaras un periodo de "escasez" en cuanto a presas se refiere, pronto te quedabas sin nada que echarte a la boca, por lo que había que recurrir a otra clase de trabajos menos entretenidos, como por ejemplo hacer de guardaespaldas -más bien de niñera- de cualquier ricachón de poca monta que valorara su seguridad...

- ¡Vamos, Raiden! ¡Alegra esa cara, hombre! - me decía Crow, quien caminaba a mi lado claramente entusiasmada. - ¡Vamos a subir en un crucero por la cara! ¡Menos es nada!

Hay que ver lo jovial que podía llegar a ser la peliblanca cuando no estaba inmersa en una de sus paranoicas conspiraciones del Dogma. Pero donde ella veía una oportunidad para olvidarse de todo y disfrutar de los lujos de un viaje que normalmente la gente como nosotros no se podía permitir, yo veía un sin fin de pegas que podrían hacer nuestra tarea aún más complicada, aunque generalmente no solíamos tener problemas con nuestros contratistas. Estando en alta mar cualquiera podría pensar que estaríamos seguros, pero nada más lejos, más que un lugar seguro aquel barco se me antojaba como una jodida ratonera de la que no podríamos escapar si resultábamos atacados ni luchar en condiciones, así que no, ya no solo por mi naturaleza poco entusiasta con cosas que no fuera la lucha, sino por estar atrapado en un chacharro en medio del mar... embarcarme en aquel crucero no me hacía ninguna gracia.

Pero en fin, ¿qué más daba mi opinión, verdad? Tan solo era un mercenario con falta de dinero que había sido contratado para seguir cual perrito faldero a aquel a quien debía proteger y quien, a fin de cuentas, debía pagarme al finalizar mi trabajo. Así que sí, afortunadamente para mi compañera, nos montamos en el fastidioso crucero. Cabe decir, por supuesto, que dos personas con nuestras "pintas" no encajaban demasiado bien en un evento como aquel, pero bueno, entre que me importaba más bien poco y era nuestro protegido el que a fin de cuentas daba la cara por nosotros ante la tripulación del barco, tampoco es que tuviera demasiado de lo que preocuparme... al menos de momento, pues siempre había algún pero.  

- Esto... d-disculpe, señor... - escuché a mi espalda. Decidí respirar hondo y pasar por alto eso de "señor".

- ¿Sí...? - respondí girándome. Por las pintas de marinerito que llevaba, era uno de los miembros de la tripulación del crucero.

- V-Verá... L-Le agradecería si dejara sus armas en su camarote... E-Está incomodando a los demás pasajeros...

Estaba claramente nervioso, y el simple hecho de plantearme que estaba así porque le inspiraba una especie de temor, no me preguntéis por qué, pero me alegró la noche. Estábamos en el salón principal, atendiendo al baile de apertura, y por consiguiente todos los invitados se encontraban reunidos allí, mas no me había percatado hasta ese preciso instante que algunos me miraban de reojo o murmuraban entre ellos cosas que seguramente no me dejaban en muy buen lugar. No me malinterpretéis, no era algo que realmente me importaba, pero cuando me crucé con la mirada de mi contratista casi le faltó ponerse a gritar que me marchara del lugar. Me encogí de hombros y terminé por ceder ante las palabras del "marinerito"...

- ¿Esta bien si simplemente salgo a cubierta y observo desde allí? - le pregunté antes de hacer cualquier movimiento.

- S-Sí... s-supongo... - fue su respuesta. Anda que con tripulantes como aquellos el barco iba a estar seguro si alguna vez pasaba algo...

Me encogí de hombros y me dispuse a abandonar el salón principal. Afortunadamente había unas enormes cristaleras que me permitirían vigilar desde fuera, sin que aquel tumulto de señoritingos "se sintieran incómodos" ante mi presencia... y qué demonios, también yo lo prefería así. Además, al no usar armas, Crow podía quedarse más cerca de nuestro amigo, aunque por conforme disfrutaba del champán y del baile, no sabría decir si realmente estaba a lo que estaba. Por lo menos allí afuera hacía una brisa de lo más agradable.  
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Re: El no-tan-típico crucero. {Raiden}

Mensaje por Shireen el Jue Dic 04, 2014 11:47 am

¿Me concedería esta pieza, señorita? —Volteó a ver a Avalice. Ésta, tal como había hecho con los siete intentos anteriores, asentía con una fuerza tal que era un milagro que no se le separara la cabeza del resto del cuerpo, instándola a aceptar.
Gracias, pero paso. —Ella, sin embargo, tenía un gusto un tanto más exquisito y cero ganas de bailar con nadie, a menos de que fuese la criatura más hermosa que los doce Fal’Cie hubiesen bendecido. Spoiler: No era el caso— No insista —indicó, apuntando seriamente con el dedo índice al pobre hombre rechazado. Éste dirigió su mirada a su amiga— EH, EH —más el chasquido de sus dedos hizo que la rubia recuperase su atención— Ella también pasa. Ahora puede dar media vuelta e irse, gracias por su atención.

Y eso hizo el abatido caballero, alejándose de las damas, con su ego claramente desinflado al punto del exprimido. El rostro de pena de Avalice no afectó ni un ápice a la mayor.

Jooo, Shiiir, ¡Así nunca vamos a bailar con nadie!
El baile va empezando, tenemos muuuucho tiempo y muuuucha gente para escoger —dictaminó, cruzándose de brazos. Si iba a estar ahí, al menos se tomaría la libertad de ser selectiva con las presas que tan caritativamente venían hacia ellas.

Si bien la monje no se veía más feliz porque si se le ensanchaba más la sonrisa acabaría rajándose las mejillas, Shireen se encontraban mortalmente aburrida. Venga, no era un mal baile de apertura, es decir, la música de la pequeña orquesta era bastante decente, el salón muy espacioso (aunque igual más de una vez tenía que apartar gente a mandados y gestos de mano) y la gente un poco menos chusma de lo que había pensado que serían; pero tampoco era nada especial, ¿saben? El típico baile. Si no se había ido todavía a ver si tenía suerte en el casino era porque Avalice le había insistido en quedarse hasta que el baile finalizara. Y no, no pensaba dejar a la dulce muchacha sola entre ese montón de buitres con traje, a sabiendas de qué podrían hacerle u obligarle a ella a hacer. Demasiado peligroso.

No parece muy animada, señorita. —Shireen giró los ojos, y ya en su mente estaba escogiendo sus palabras para rechazar al nuevo imbécil… mas se quedó quieta en su sitio cuando, frente a sus narices, se encontró a un caballero cuyo porte no estaba tan mal como el de los desafortunados anteriores. Por supuesto, ella quería evaluar el paquete completo, pero la extraña máscara con pico de ave que el hombre portaba le impedía verle el rostro. Ni siquiera podía ver sus ojos…
¡Es que Shir es así! —Ya que ella no respondía, ocupada mirando de arriba abajo al recién llegado, la morena se había tomado la libertad de contestar en su lugar— ¡Pero seguro cuando pongan música más animada se le pasa, ya verá!
Bueno, es el principio del baile, después de todo —excusó el hombre, con tono galante—, pero les aseguro a ambas que después del discurso de bienvenida no sólo la música, si no el baile y el crucero entero se pondrán mucho más interesantes —aseveró, con total seguridad. Avalice esbozó una gran sonrisa. Shireen alzó una ceja— ¿Con quién tengo el gusto de hablar?
Yo soy Avalice —se presentó instantáneamente la monje—, y ella…
Shireen Whiterose —imitó, escuetamente. El muchacho realizó una reverencia, para luego tomar y besar la mano de la ojiviolácea, imitando el gesto con la rubia. La primera rio como una tonta, la segunda seguía con expresión instigadora— ¿A quién debemos nosotras el honor?
Mi nombre, encantadoras damas, no es importante en estos momentos —La maga resopló en su interior. “Otro que se la tira del caballero misterioso”, refunfuñó en sus adentros—. Más importante, y antes de que termine esta pieza, ¿gustaría alguna de ustedes de compartir un baile? —Sintió la mirada de Avalice, sumamente intensa, casi atravesándole el cráneo cual rayo láser. Ugh. Vaaaale...
Me temo que he de rechazar su oferta… pero mi amiga aquí presente estaría encantada. ¿No es así, Ava—
¡Sísisisisisisisisisisisisíii! ¡Encantadisisisisisisísima estoy! ¡Vamos! —Y con una energía envidiable, la pequeña muchacha arrastró al caballero a la pista de baile, ambos perdiéndose entre la multitud. Bien pensado, quizás había sido mala idea dejar a la chica ir con un tipo cuyo rostro ni siquiera había podido ver… Pero venga, era lo mejor que había podido conseguir. No era su culpa.

Ahora sola, y a sabiendas de que no podría haberse dedicado a ello con su compañera al lado, se tomó su tiempo en examinar la sala y criticar mentalmente a los demás asistentes que allí se encontraban. Esa mujer tenía el cabello terrible, necesitaba hidratarse esas puntas o, de plano, afeitarse la cabeza y usar peluca. Qué vergüenza. Y esa mesera necesitaba conseguir una camisa de su talla, ¡el botón de la zona del pecho iba a salir volando en cualquier momento! Esperaba que, cuando saliese disparado, preferiblemente no le diese a ella en el ojo. Ese hombre… agh, qué asco, odiaba a los hombres con barba. Bueno, venga, no a todos, que había uno que otro a los que les lucía; pero a ese señor con calva y nariz de Super Mario definitivamente NO le lucía. ¿Es que no podían contratarse a un fashion stylist que los detuviese de hacer esos desastres del estilo? Si tenían dinero tenían que aparentar que lo tenían, maldita sea, luego los confundían con el resto de la plebe. Mira, justo como esos dos tipos que habían entrado. El chico con la capucha de la gabardina roja parecía miembro de una secta, y la chica vestida toda de negro y con el piercing en el labio parecía una vendedora de hierba. De la muchacha todavía podía dudar, porque no le veía armas a la mano; pero a juzgar por sus vestimentas tan inapropiadas para la ocasión y por el hecho de que acababan de echar al muchacho por las lanzas que llevaba en su espalda, probablemente eran guardaespaldas de alguien. ¡Jaja! Qué imbécil. ¿Para qué necesitaría un guardaespaldas? Era un maldito crucero que de seguro era para celebrar alguna cosa caritativa, ¿qué podría tener de peligroso? La gente de su estatus (e incluso a veces de estatus inferior) a veces era taaaaan dramática. En última instancia, de pasar algo, ella siempre tenía a Avalice, pero por los Fal’cie, ¿qué podría pasar?

La música se detuvo, y la maga levantó curiosa la mirada hacia la tarima. Hey, ¿ese no era el tipo con el que había dejado bailar a Avalice? Demonios, debió haber dejado claro que quería que le devolviese a la chica en el mismo estado para cuando terminase la pieza que iban a bailar. Iba a hacer un contrato, imprimir una resma, y entregársela a todo quien quisiera llevársela de su lado por más de un minuto…

Queridos invitados —Invitados una mierda, que ella había tenido que pagar entrada para ese maldito crucero—, permítanme un momento de su preciada atención. Quiero darles la bienvenida a este evento, realizado por la Organización Científica del Loto Dorado —¿¿Organización científica?? Las organizaciones científicas no hacían fiestas. Con razón se había aburrido tanto hasta ese momento, los científicos eran aburridos— para dar a conocer y promover su investigación más reciente. A raíz de creciente actividad monstruosa nacida tras la creación del Árbol Lifa, nosotros blah, blah, blah… —Shireen se desconectó completamente. Los rollos científicos le aburrían de sobremanera. De seguro era alguna cosa extraña para acabar con la neblina que causaba Lifa y todos esos rollos, pero meh, ella sabía que faltaban aaaaños para que de verdad salieran con una buena solución para ese problema.

Varios minutos después…

… La influencia de los llamados “estados alterados” en los afectados que blah, blah… —¿¿Dónde había un maldito mesero?? Quería un té helado. ¿Era mucho pedir, acaso? Últimamente a donde fuera sólo había gente incompetente. Ah, qué frustración.

Otros minutos más…

… por lo tanto, el Loto Dorado se ha centrado en la creación de un antídoto que blah, blah, blah… —Cuarenta y seis, cuarenta y siete, cuarenta y… sí, definitivamente había perdido a Avalice entre el gentío. Esa chica no debía ser tan difícil de encontrar, maldita sea. Quizás no era nada del otro mundo pero vamos, con el rojo del vestido debería haber podido encontrarla… de no ser porque TODAS LAS MUJERES LLEVABAN UN MALDITO VESTIDO ROJO. Bueno, nadie la mandaba a guiarse por el color de la temporada… por eso a veces era mejor imponer su propio estilo. ¡Qué dura era su vida!
¿Gusta?
¿Ah? —Miró el platón que el mesero llevaba. ¡Hey, estaban sirviendo vino!... pero nah— Oh, no, paso. Pero podrías ser un primor y traerme un té blanco helado… —El mesero se fue sin siquiera responder. Ahora que se fijaba, llevaba una máscara muy parecida a la del tipo que estaba dando el discurso. ¿Será que era un baile de máscaras y las iban a proveer a los asistentes en ese momento, cual vil fiesta de cotillón? Pues más vale que le dieran una linda, que si no…
¡Salud! —se volteó justo a tiempo para ver el brindis, y todos los asistentes que habían aceptado su copa procedieron a beber de ésta. A ver cuándo le traían su té helado, para siquiera hacer el brindis de mentiritas consigo misma. Bueno, ya con eso terminaba el baile, ¿no? Estaba considerando seriamente ir al casino. No era que necesitase el dinero pero era mejor tenerlo y no necesitarlo que…

Un grito se escuchó en el otro extremo del salón, y otros más se le unieron. Shireen se pudo percatar de cómo el afamado anfitrión y los meseros enmascarados se retiraban elegantemente del lugar, pretendiendo que absolutamente nada estaba pasando. El problema de ser bajita y toda la gente tan alta era que no tenía ni puta idea de qué estaba pasando, ella sólo escuchaba gritos y una que otra exclamación inentendible. Se puso de puntillas, mientras los llantos se reproducían por mitosis. Estaban… ¿peleándose? ¿Qué hacían? Detuvo a un mesero sin máscara que pasaba por su lado, el cual caminaba cojeando y con la lentitud de quien había pasado años en cama y apenas iba empezando a caminar otra vez.

Hey, ¿sabes qué-- MIERDA —Se echó para atrás, evitando justo a tiempo la mordida que el tipo había estado a punto de propinarle.

Logró evitar la segunda arremetida de pura cepa, y ya para la tercera le importó cero mantener la clase, tomando una copa de una mesa cercana y lanzándosela a la cabeza a su atacante. Éste, gruñendo cosas que ella definitivamente no entendía (o igual y sólo estaba gruñendo porque sí, sin decir nada interesante), se aturdió el tiempo suficiente para que la joven pudiese huir por la tangente. Evitó ser atropellada por un hombre que corría como si de eso dependiera su vida, y a los tres perseguidores que iban detrás de él, cojeando, arrastrándose y diciendo incoherencias de la misma forma que el mesero que había intentado morderla. Miró a su alrededor con más atención… y, quien no corría, cojeaba, mordía y pegaba manotazos a lo que encontraba. No tenía ni idea de qué demonios estaba pasando, y tampoco le interesaba; iba a mandar todo a la mierda e irse con Avalice al camarote a…

Oh, mierda.

Avalice. —Salió disparada— ¡¡Avalice!! —Mierda mierda mierda mierda más vale que ella no fuese de los que cojeaban y gruñían o definitivamente iban a tener un GRAAAN problema. Empujando a todo quien podía empujar y esquivando arremetidas en contra de su pobre persona, la rubia daba saltitos en un intento de divisar a su amiga— ¡¡Avaliiiiiiiiice!! ¡Agh! —Fue tacleada vilmente por una mujer. No podía decir exactamente si cojeaba o no, pues había caído junto con ella; pero gruñía, así que eso bastaba para saber que era una del grupo de los trastocados.

Tragó saliva. Los ojos de la mujer parecían no tener brillo alguno, y su mirada estaba perdida… eso sí, igual se arrastraba a ella temblorosa y dispuesta a hincarle el diente a algún trozo de carne descubierto que tuviese por allí. Se quejó cuando su mano fue aplastada por sepan los Dioses quién, y estaba al borde de la crisis cuando la ya no tan elegante dama de sociedad mostró su dentadura, sus manos bien aferradas en la pierna de la maga.

NONONONO SUÉLTAME COÑO —Shireen, piensa rápido. Piensarápidorápidorápido… se descolgó la lira de la espalda— ¡¡SUÉLTAME!!

¡CLANG! No era que la rubia fuese muy fuerte, pero de nuevo, el impacto de su instrumento con la cabeza de la afectada mujer bastó para que aflojase el agarre, lo suficiente para poder clavarle el tacón en toda la cara y huir por patas de allí. Colgándose nuevamente la lira a la espalda salió del salón a cubierta, mirando a todos lados, estresada a más no poder. Tenía que sacar a Avalice de ahí, pero no podía ir sola o iban a acabar dejándola más mordida que huesito de perro callejero. No podía ser la única relativamente sana en varios metros a la redonda, tenía que haber alguien que… divisó una gabardina roja con capucha no muy lejos. No cojeaba, no parecía gruñir, y tampoco corría por su vida.

Cuando pedí que no fuera el típico crucero no me refería a esto —reclamó a sus deidades, mirando al cielo con reproche. Si es que parecía que le hubiese pedido un deseo a los genios de las caricaturas… Corrió hacia el muchacho que, insistía, debía pertenecer a algún tipo de secta (pero de momento de verdad no le importaba, por ella como si adorase únicamente a Rhalgr y comiera cabezas de niños para el desayuno), enganchándose a su brazo como una lapa— ¡Tú! ¡Ayúdame a sacar a Avalice de ese manicomio! —ordenó, jalando como podía al muchacho (aunque realmente no lograba moverlo ni un ápice) para que hiciese caso a su mandato. Venga, tenía que ayudarla. No era capaz de dejar a una pobre maga blanca desamparada… ¿o sí?

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Re: El no-tan-típico crucero. {Raiden}

Mensaje por Raiden el Miér Dic 10, 2014 1:13 pm

De ninguna de las maneras podría haberme imaginado el que el hecho de haber salido al exterior posiblemente me salvó de lo que fuera que estuviera pasando. Allí afuera estaba completamente ajeno al bullicio del interior de la sala que acogía el baile inaugural de aquel crucero, y ciertamente me bastaba con observar a través de la cristalera lo que acontecía en el interior, lo cual a mí, poco fan de las multitudes, me venía la mar de bien. El caso es que todo empezó a desmadrarse de una manera que, ni yo ni nadie, podría haber previsto...

Alcé la vista tan pronto como escuché el primero de los múltiples gritos que se sucedieron en la sala. Al principio pensé que me los estaba imaginando, pues nadie de los invitados parecía inmutarse, pero eso fue antes de que una de las invitadas consiguiera llegar hasta la puerta que comunicaba con la cubierta y viera como otro par de ellos, se lanzaba sobre ella y le... ¿mordían? Ella gritaba y sollozaba ante cada nuevo mordisco, hasta que me ubicó a unos metros de ella, mirando el espectáculo, y cruzando nuestras miradas observé como el brillo escapaba de sus ojos, tornándose en una especie de mirada inerte que le desencajó la expresión. En ese preciso instante fue cuando los otros dos dejaron de atacarla y mordisquearla.

El interior de la sala parecía haberse vuelto un auténtico caos, y varias personas más huían de sus propios conocidos, quienes caminaban de forma errática y desordenada...

- ¡Mierda, Crow...! -me dije a mí mismo al darme cuenta de que la maga negra seguía ahí dentro. Como buen guardaespaldas, ya veis lo que me importaba la seguridad de mi protegido. Por mí como si caía víctima de lo que fuera que estaba pasando, pero no podía dejar a mi compañera sola ahí dentro... y estaba a punto de lanzarme sobre quien quiera que me cortara el paso cuando alguien me agarró de la gabardina y tiró de mí exigiendo mi ayuda. - Apártate, yo también tengo problemas... ¿Qué mierdas ha ocurrido ahí dentro?

Apenas me detuve un instante a observar a la rubia que me había abordado, pero como había dicho, no estaba entre mis prioridades rescatar a nadie más que a la maga negra peliblanca.

- Puedes venir si quieres, pero no esperes que corra a salvarte si te atrapan. -le constaté claramente, evitando que hubieran dudas al respecto.

Los tres individuos -los dos tipos y la mujer- seguían en la puerta, y tan pronto como di un primer paso hacia ellos parecieron reaccionar, lanzándose al ataque. Tomé a Engel por el mango y describí un arco horizontal, golpeando con el mango el costado de uno de los hombres, haciendo que éste cayera sobre sus dos "amigos". Había visto la especie de transformación que había sufrido la mujer, por lo que en principio debía seguir pensando en ellos como personas inocentes sobre las que evitar, en la medida de lo posible, causarles ningún tipo de herida que resultara mortal. Pero no me malinterpretéis, pondría mi vida y la de Crow por encima de la de cualquier otro. Eso era algo que tenía clarísimo.

El caso es que mi maniobra nos dio el tiempo necesario a mí y a la rubia para que pasáramos por encima de ellos antes de que se incorporaran, internándonos de nuevo en aquel salón que en nada se parecía ya al acto inaugural de nada. El panorama no pintaba nada, pero que nada bien, y por mucho que miraba no veía a la peliblanca por ningún lado.

- ¿Qué tal si me explicas más despacio y sin exigencias... mientras yo nos voy abriendo camino?

Mi lanza volvió a trazar un arco, como marcando una zona de seguridad. Cualquiera que cruzara esa línea imaginaria... bueno, digamos que simplemente no lo sentiría por ellos.    
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