Pasando apuros [Kelsa]

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Pasando apuros [Kelsa]

Mensaje por Saya el Lun Nov 10, 2014 8:24 pm

Las calles de Rabanasta siempre habían sido un hervidero de actividad. Multitud de piratas, bandidos, cazafortunas, mercenarios, guerreros, viajeros, comitivas, empresas de teatro, e incluso los nobles más valientes recorrían los distritos diariamente. No por nada era la ciudad cosmopolita por excelencia del continente sur, donde prácticamente todas las razas se reunían con un único motivo en común: abastecer suministros. La ciudad se encontraba en medio del desierto, por lo que el mercado y los bazares que se repartían por los diferentes distritos eran el reclamo principal para los aventureros que buscaban comerciar o proveerse de víveres con los que poder continuar sus viajes por el árido continente.

Y ahí estábamos nosotros tres, dando vueltas como puercos por un mercado casi claustrofóbico.

- Te digo que es más cómodo poner el dichoso cuerno en eMay y esperar a que salga algún comprador -expresó Evan por quincuagésima vez consecutiva, llevándose las manos a la nuca en un gesto más de aburrimiento que de otra cosa.
- Y yo te digo que no pienso confiar mis botines a una máquina -le respondí cortante.
- ¡Pero que no es una máquina! ¡Es una corporación multinacional para comprar, vender y subastar cosas en la red, totalmente efectiva y fiable! -exclamó con desesperación.
- ¿Y no es exactamente eso lo que intentamos hacer aquí? ¿Qué diferencia hay? -le respondí con total obviedad.

En serio, a veces Evan tenía unas ocurrencias...

- Además, este botín lo conseguimos entre Nelie y yo mientras tú andabas coqueteando con vete a saber qué pájara -le corté tajante antes de que pudiera contraatacarme de nuevo- Por lo tanto, no tienes ni voz ni voto en este asunto. Se acabó. Punto. Iremos al bazar.
- Pero es que... ¡ARGH!

Estaba claro que al rubio albhed se le acababa la paciencia conmigo, aunque su reacción no me alteró en absoluto pues estaba claro que yo tenía razón. Le picaba demasiado que pusiera en entredicho la eficiencia de su amada tecnología, pero vamos... ¿qué otro lugar más fiable existe que un bazar en todo su esplendor, donde además puedes darte el lujo de regatear cara a cara con tu comprador? En cualquiera de los casos, la excursión al Monte Ordalía no había resultado tan efectiva como en un principio hubiésemos deseado, que si bien conseguimos varios objetos extraños, no eran los suficientes como para poder agenciarnos una "gran cosecha". Pero teníamos algunas cosas que, con suerte, podrían llegar a interesarle a alguien.

- Eh -detuve al muchacho casi con brusquedad y empecé a mover la cabeza en varias direcciones, alarmada. Evan se quedó mirándome con extrañeza- ¿Dónde está Nelie?
- Está aq-... Oh, joder.

Con la discusión se nos había extraviado la maga blanca sin darnos cuenta. Sí, esa misma maga blanca que tiene serios problemas para orientarse incluso en los pasillos de su propia casa.

- La p*ta que parió a todos los Fal'cie... -maldijo el rubio al tiempo que se frotaba el rostro con ambas manos- "No vamos a atarle una cuerda a la cintura, Evan.", "Nelie no es un perro al que sacar a pasear, Evan." -entafizó con sorna todas y cada una de mis palabras- ¿¿Ahora crees que estaba exagerando??
- Volveremos a verla, no te preocupes. No puede estar muy... lejos... ¿verdad?...

Evan alzó una ceja y me lanzó una mirada de completa circunstancia. Estábamos hablando de Nelie Warand. Estábamos hablando de que podíamos perderla para siempre como no empezásemos a mover el culo.

- Oh, por los dioses, de acuerdo. Tú busca por ese lado, yo iré por este otro -le indiqué con apuro.

Rabanasta era una ciudad muy cáotica; había demasiada gente, demasiadas calles y demasiados distritos, aparte de la amenaza constante de los bandidos y ladrones que desde luego no reprimirían sus ansias de asaltar a una pequeña adolescente perdida entre la multitud. Entonces empecé a preguntar a los viandantes con la esperanza de que alguno de ellos la hubiese visto, aunque fuera de reojo.
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Re: Pasando apuros [Kelsa]

Mensaje por Kelsa el Jue Nov 20, 2014 6:59 pm

Rabanasta.. Era la primera vez que visitaba aquella ciudad en mitad del desierto. A decir verdad me faltaban muchos lugares por visitar. A pesar de que conocía la gran mayoría de las poblaciones famosas debido a la educación que me dió Laecella, estos conocimientos eran meramente practicos, y apenas había salido de mi Midgar natal. Aquel sitio... Si los Elezen hubiesen llegado a construir algún asentamiento de aquellas dimensiones en mitad del desierto alguna vez, sin duda lo mas parecido hubiese sido Rabanasta. Aquellas enormes estructuras, aquella arquitectura... Era algo digno de ver. Me hubiese gustado ver que cómo los Elezen le hubiesen hecho la competencia a los antiguos arquitectos de Rabanasta. Una pena que los Elezen no fuesemos demasiado dados a construir ciudades, y que mis compatriotas del desierto apenas prosperasen, siendo los asentamientos Elezen en el desierto mas grandes las pequeñas Elferías de Sanubia, de no más de cuarenta o cincuenta habitantes, al sur del Refugio Albhed.

Pero no, Rabanasta no se trataba de ningún tipo de construcción élfica. Lo que tenía ante mi era la ciudad de la multiculturalidad, la gran Rabanasta. Dentro de sus murallas aguardaba la mayor diversidad de razas de toda Gaia. Lugar de origen de algunas razas cómo los Bangaa y los Seeq, en Rabanasta todos convivían en armonía. Al menos en la teoría. Tampoco es que fuese la ciudad mas prolífica de Gaia, ni tenía nada que comparar en tecnología con la de Midgar o Zanarkand, por poner ejemplos. Pero era increible. Me moría por investigar en sus calles, vagar por su mercado, conocer a sus gentes... Si, a decir verdad estaba empezando a fantasear un poquito.

¿Que hacíamos allí? Muy simple. Unos cuantos días antes de que sucediese lo que voy a narrar llegó una carta a la Mansión Nydeon. La verdad es que se me descompuso la cara por completo al verla. El día anterior había tenido el gusto, si se le puede llamar así, de luchar en una batalla de entrenamiento contra dos enemigos físicos designados por ShinRa para probar nuestras capacidades. Estaba molida, no había recibido tanto en mi jodida vida. Tenía muchísimas agujetas y me dolía cada poro de mi cuerpo. Por ello, al llegar la carta, entregada cómo no por mi fiel Barrek, el mayordomo de la Mansión Nydeon, automáticamente me puse en lo peor e imagine que me tocaba volver a enfrentarme contra mas novatos de ShinRa ¿¡Que coño se creían esos SOLDADO, que era una deportista de élite!?

Pero no, no se trataba de otra notificación para un entrenamiento abusivo por parte de mis superiores, sino que era una carta con sello de Rabanasta, lo cual ya me hizo empezar a imaginarme de que se trataba. Venía en un sobre de un color café claro, y la letra estaba completamente cuidada. Solo al leerla ya supe quién la había enviado. Era imposible confundir la letra que has estado viendo escribir durante mas de diez años. Aquella carta, tal y cómo decía en el remitente, había sido directamente enviada por mi hermana, Savea Nydeon, desde Rabanasta. No es que Savea fuese realmente mi hermana, pero puestos a poner a Laecella en el papel de madre, Savea no debaja de ser eso, mi hermana. Nos habiamos criado practicamente juntas desde que eramos muy pequeñas, y nuestra confianza era máxima.

Y desde que partiese en dirección Rabanasta con el objetivo de unirse al Clan Centurio por petición de Laecella no había vuelto a verla. El día que decidió dedicarse a matar monstruos en lugar de ir a ShinRa se lo reproché muchísimo. Era a mi a quien le debería tocar el trabajo duro, yo era la mayor y la mas experta, era lo lógico que yo debía irme a plantar cara a los monstruos. Ella se quedaría trabajando para Rufus, parecía un trabajo bastante mas simple y seguro que el de Cazabichos. Pero claro, mirando desde la experiencia el entrenamiento a prueba de novatos del otro día y el paseito por Miihen con el profesor Falstones.. Quizá estaba mejor en el Centurio. Ellos, a fin de cuentas, la entrenarían para enfrentarse a los monstruos que posteriormente tendría que cazar.

En la carta decía, en la ya mencionada perfectamente cuidada letra, que Savea tenía unos días libres y que me invitaba a quedarse en un apartamento que se había alquilado en Rabanasta. Me dio un vuelto al corazón. La echaba tanto de menos.. No me lo pensé un momento. Nisiquiera me digné a bajar a la plataforma para avisar a Damon, que me dijo que quería ir a verla a la mínima que pudiese -Entre ellos siempre había habido bastante química, tengo que reconocerlo-. A fin de cuentas ¿De que iba a servir? Ese capullo rubio iba a saquearme con unos billetes de barco volador que no podría pagarse, porque, obviamente, estaba pelado, y cuando llegasemos a Rabanasta estaria dandonos la brasa, bien a Savea, bien a mi. Afortunadamente incluyo que la víctica de la mosca zumbona que supone Damon hubiese sido mi medio hermana, pero tampoco es que fuese un riesgo que me apeteciese correr especialmente.

Por eso, cuando llegué a Rabanasta, completamente sola y con un billete de barco volador que no saldría hasta pasados los tres días que la chica decía tener la cara de estupefacción que se me quedó no podía ser mas grande.

-¿¡Qué!?- Grité a toda voz. Probablemente me hubiese escuchado media Rabanasta -No me jodas, he venido hasta el culo del mundo para venir a verte

Habíamos quedado en una plaza con la que supuestamente colindaba su casa. Pero cuando la vi salir de ella, cargada con una enorme cesta hasta arriba de cadaveres de pescados muertos, casi me caigo de culo de la impresión. En aquel tiempo, un mes aproximadamente, que había pasado desde que Laecella muriese, Savea había cambiado mucho. Llevaba el pelo un poco mas largo, recogido en una coleta alta. Sus rasgos eran mas serios y maduros que a la niña llorosa que apenas un mes atras hubiese estado consolando.. E incluso parecía ser un poco mas alta.

-De verdad que lo siento Kel- Murmuró, mientras echaba a andar hacia algún sitio que no recordaba. Me lo había mencionado antes, pero no le había prestado atención -Estoy que no paro con el Clan Centurio, ya lo sabes. Monstruo aquí, monstruo allá.. Esperaba poder pasar unos días contigo, pero los jefazos han sido claros. Mañana mismo parto al Lago Bresha.
-Oh... ¿Y donde vas con todo ese pescado?- Pregunté, levantando la cola de algo parecido a un tiburón de pequeño tamaño de forma cómica -¿Te han ascendido a pescadera del Clan Centurio?

La chica se giró con una amplia sonrisa en su rostro, semioculto por el oscuro cabello. Al parecer mi chiste, bastante malo a mi parecer, le había hecho gracia de una forma u otra. Era extraño, no recordaba a Savea tan firme. Se notaba que la muerte de nuestra mentora la había cambiado a ella tambien. Aunque no se.. Esperaba que al menos estuviese un tiempo de luto. No era cómo si no me alegrase de que Savea hubiese rehecho su vida en el clan Centurio, era simplemente que las cosas habían cambiado mucho. Me sentía cómo si esa no fuese mi Savea, que fuese una impostora. Pero no, era ella, la misma, en carne y hueso.

-Te lo he dicho antes- Su sonrisa me hizo darme cuenta de que se había percatado de que no la estaba escuchando -Voy al mercado a repartir los frutos de mi última incursión al Lago Bresha. La verdad es que cada vez me mandan mas a menudo. Estan surgiendo demasiados monstruos.- Hizo una pausa para tomar aire, y al terminar de hacerlo volvió a dibujar esa sonrisilla en su rostro.  -Lo cual es una verdadera putada para los que nos toca erradicarlos, porque hace un frío que te cagas.

La discusión no nos iba a llevar a ninguna parte. Por mucho que insistiese a Savea, si algún rasgo de su personalidad previa había conservado era su terquedad y lo muco que se aferraba a asuntos profesionales. Para ella fallar a un compromiso era el mayor de los delitos, un pecado irrefrenable que nadie debería ni tan siquiera cuestionar. Pero en cierto modo yo sabía que aquello no era solo un compromiso profesional con el Clan Centurio. Si Savea le estaba poniendo tantísimas ganas a aquello era porque algo verdaderamente gordo pasaba por su cabeza. Realmente lo que le pasaba a mi hermanita, o de eso estaba segura en ese momento, era que aquel compromiso no era con el propio clan, sino con la ya difunta Laecella. Le había prometido unirse al Centurio, si. Eso era lo que ponía en el testamento de la albhed. Pero en cierto modo no era lo único que había prometido. También había jurado lealtad a este, había jurado ser la mejor y demostrar al mundo que realmente el entrenamiento que Laecella le dió valió la pena. Y claro esta, luego esta ese asunto de las invocaciones.. Seguro que poco a poco se le estaba juntando todo.

Finalmente llegamos al mercado de Rabanasta. En un principio estaba simplemente en una nube. Todo era tan increible.. Las razas se mezclaban perfectamente en el mercado, estaban todas perfectamente integradas. ¿Sabeis? Cuando ves las alas de un Aegyl chocar con el torso escamoso de un Bangaa para evitar pisar a un pobre Lalafell te das cuenta de que realmente estas entre razas muy diversas entre si. Pero finalmente me fuí centrando un poco, basicamente porque había perdido a Savea. La encontré un poco mas adelante, pero debido a que me intimidaba el hecho de perderme definitivamente entre las calles de Rabanasta decidí mantenerme con mas cuidado hasta que finalmente Savea me llevase a uno de los puestos, dirigido por un Seeq.

-Dichosos los Ojos- Rió el Seeq con un marcado ceceo -¡Y vienes acompañada! Así da gusto atender a la gente, oye.
-Esto...- Me había dejado completamente fuera de combate con eso. Iba a darle las gracias, pero Savea me cortó enseguida.
-Dejate de gilipolleces Romo- Bramó la chica. No, definitivamente no la recordaba así -Aquí tienes tu parte, dame lo mío.

Al Seeq tan imperiosa misiva pareció imponerle bastante, o, al menos, ser importante para él, pues enseguida saltó del elevado banquito en el cual sus piernas no llegaban al suelo y se dirigió, dando saltitos, cambiando de una pierna a otra y moviendo melodiosamente de un lado a otro su panza azulada.

-Ven a mi despacho si quieres tu parte- El Seeq se había puesto mucho mas serio -No me gusta hacer negocios frente a terceros y lo sabes. Que tu amiga se quede cuidando de la tienda.

Ay Savea, Savea, en que lio te has metido. Al menos eso pensé. Tras el comentario del Seeq la chica me mirió rogandome porfavor que me quedase al cargo de aquella tienda. Y normalmente no lo hubiese hecho. Pero ver esos ojillos verdes pidiendome algo.. No, no podía negarselo. La echaba demasiado de menos y solo quería ayudarla. Por ello acepté, y me senté pronto en el taburete que el Seeq había estado ocupando hasta hacía poco, mientras Savea, con un paso mas firme y casi hecha una furia, aunque no por ello menos ingenua, se encaminaba al interior del "despacho" detras del Seeq.

Los articulos eran increibles. Aquello no era una pescaderia como yo pensaba en un principio, sino que se trataba de una tienda de materiales y bjetos de uso común. Había gemas, trofeos, libros, esferas elementales...  viendo esta última, una esfera ignea, me encontré con unos ojos inquisitivos que me miraban desde detras de la bola. Di un respingo asustada al ver aquello, y enseguida miré detras. Los ojos impactados de una chica joven miraban aquellos materiales sin quitarles un ojo de encima, cómo si estuviese hipnotizada por ellos. Aun así he de reconocer que son objetos preciosos.

.¿Puedo ayudarte en algo?-
Pregunté amablemente a la chica. Se la veía un tanto desorientada
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Re: Pasando apuros [Kelsa]

Mensaje por Saya el Sáb Nov 29, 2014 11:33 am

En cada tienda, en cada callejón, en cada puesto comercial, entre las cajas de mercancías amontonadas en las esquinas, preguntando y preguntando, corriendo y corriendo, buscando y buscando. Nadie la había visto. La mayoría se encogía de hombros y negaban con la cabeza. Pues claro que no; Nelie no era de esas personas que destacaban entre una multitud. Era una hume, por todos los dioses, una muchacha hume adolescente de cabello oscuro y un estilo de ropa que no llamaba la atención pues era la moda que se llevaba en aquel momento en más de media Gaia. Quizás la única cosa que podía distinguirla del resto era el pequeño báculo de sauce que llevaba en la espalda, y aun así el mercado estaba repleto de magos, clérigos y eruditos que también portaban bastones similares al suyo.

Tras varios minutos recorriendo a toda prisa todos y cada uno de los distritos del bazar de Rabanasta -que no es que fuera pequeño precisamente-, Evan y yo coincidimos en una de las avenidas principales. Ambos jadeábamos con cansancio.

- ¿Ha habido suerte? -le pregunté mientras apoyaba las manos sobre mis rodillas y me inclinaba para recuperar el aliento.

- Nada. La muy estúpida se ha volatilizado -el rubio puso los brazos en jarras, lanzó un poderoso suspiro al aire y cerró los ojos, notándose también cansado.

- ¿Has probado a llamarla?

- Varias veces, pero no contesta -expresó con fastidio- Volveré a intentarlo...

Aquello me sorprendió. ¿Nelie no respondiendo a su teléfono? ¡Pero si nunca se separaba de él! Estupendo. Nos la han raptado. Le ha pasado algo. No volveremos a verla jamás. Empecé incluso a tomar la idea de buscar algún altavoz con el que comunicar su pérdida por toda la ciudad, como hacían en los supermercados de las grandes ciudades cuando un niño se separaba de su madre. Aquello era casi que lo mismo. Maldita sea.

Evan hizo una llamada a través de sus cascos. Pulsó varios botones situados en los auriculares y ejecutó comandos usando su propia voz que el aparato reconoció sin el mayor problema. Jamás llegaría a comprender cómo funcionaban aquellas cosas, y más un aparato que, por lo que sabía, era una tendencia muy cara y exclusiva que sólo comercializaban entre los albheds. En cualquier caso, era muy útil para hablar con las personas a distancia sin que interviniese ningún tipo de magia telepática. De pronto, y mientras esperábamos la llamada, los ojos de Evan se abrieron repentinamente. Alguien había descolgado la línea.

- ¡Nel! ¡¿Dónd-... -la luz que había empapado su rostro cambió ahora por una oscuridad muy absoluta- ¿Quién huevos eres tú? [...] ¿Qué has dicho? [...] ¡Espera un momen-

Evan se quedó con la palabra en la boca. Permaneció en silencio durante dos segundos, luego colgó la llamada y me miró con cara de circunstancia.

- ¿Qué? ¿Qué ha pasado? -mi rostro denotaba preocupación.

- No era ella. Me ha respondido el "ladrón" que le robó el teléfono...

[ . . . ]

En un primer momento, la pequeña sacerdotisa de ojos azules se había separado del grupo para acercarse "momentáneamente" a un humilde puesto de pulseras, brazaletes y demás accesorios ornamentales. La vendedora, una bangaa, aprovechó el momento para exponer su mercancía de forma excesivamente hostigadora y comercial, mientras la guerrera y el ladrón continuaron su discusión -y su camino- de porqué era y no era mejor utilizar la aplicación de eMay para facilitar una venta online mucho más cómoda y rápida de los objetos que habían obtenido derrotando diferentes monstruos, olvidándose completamente de la presencia de su despistada compañera. Nelie, por su parte, consiguió desviar la atención entonces a una tienda de peluches al otro lado de la avenida donde ofrecían diferentes miniaturas de cactilios, llaveros pomposos de tomberis, almohadas de cait sith, sombreritos de moguri y demás ñoñerías para críos. Esa tienda, a su vez, la llevó a otro puesto donde servían pastelitos recién hechos de manera totalmente gratuita, y no pudo evitar ponerse las botas con uno relleno de crema de fresa, y otro cuyo sabor se asemejaba a la trufa con almendras.

Y así, saltando de flor en flor como las abejas, Nelie empezó a visitar los diferentes puestos del bazar alejándose cada vez más de sus compañeros, hasta que una tienda de gemas y artilugios mágicos le llamó la atención y decidió entrar para echar un vistazo. Empezó a merodear por las pequeñas estanterías al tiempo que tarareaba una alegre cancioncita, ajena a todo el problema que la rodeaba y ajena a la desesperación que posiblemente estarían sufriendo sus compañeros de viaje. En el mostrador había una joven y atractiva muchacha de pelos muy rubios, casi blanquecinos, pero parecía bastante ausente. Sus ojos recalaron entonces en una perfecta y brillante esfera de color rojo, muy posiblemente una esfera ígnea, y de inmediato se acercó para observarla. Pensó que sería un buen regalo para Saya, pues ella adoraba el color rojo.

- ¡Uy! ¡Hola! ¡Lo siento, no quería asustarte! -la muchacha soltó algunas carcajadas al ver el respingo que había dado la peliblanca- Me gusta esta cosa. ¿A cuánto la vendes? -señaló la esfera ígnea mientras con una mano rebuscaba el monedero de sus ahorros en la bolsita que llevaba atada al cinturón- ¿Eh? -rebuscó con más ahínco, ésta vez con las dos manos- ¡¿Eehh?! -volvió a rebuscar, llevándose la bolsa a la cara y metiendo la nariz prácticamente dentro- ¡¡¿EHHHHH?!! ¡¿Está vacía?! ¡P-pero... pero... pero... POR QUÉ?! ¡¡AH!! ¡Mi... mi dinero! ¡Mis COSAAAAS!

En medio de exclamaciones desesperadas volteó hacia abajo la bolsa y la zarandeó para volcar su contenido, pero de ella sólo salió... bueno, una pelusa de polvo. Entonce se acordó de sus compañeros -a buena hora se venía a acordar- y alzó la cabeza para buscarlos. La sangre se le escurrió del rostro cuando se dio cuenta que estaba completamente sola.

- ¡Noooooo...! ¡Otra vez noooo...! ¡Aaaayyyy! ¡¡Aaaay que catástrofe más catastróficaaaaaa!! -la pequeña y despistada maga giraba sobre sí misma, se llevaba las manos a la cabeza, entraba y salía de la tienda sin saber qué hacer, una y otra vez, una y otra vez. Le habían robado absolutamente todo, el monedero, el teléfono, y hasta el paquete de pañuelos. Entonces regresó al mostrador y enfrentó a la muchacha peliblanca casi con violencia- ¿Tienes algún teléfono en la tienda? Dime que tienes algún teléfono en la tienda. ¿Puedo usarlo? Por favor, esto es vida o muerte. ¡Por favor, por favor, por favor!
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