El teatro, la mascara y la chica

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El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Lloyd el Sáb Nov 08, 2014 6:39 pm

Lloyd dio demasiadas vueltas por la ciudad antes de entrar finalmente en el barrio comercial, donde las tiendas colmaban los lugares, tanto aquí como allá, como en el horizonte más lejano, como en la piedra más cercana. Todo eran tiendas y el pobre muchacho rubio volvió a suspirar para llevarse una de sus manos al rostro. Llevaba horas dando vueltas por la ciudad con un pañuelo verde medio roto en la mano, y para colmo se había mareado en el viaje hacia la misma ciudad. No llevaba demasiado bien eso de los viajes en barco volador.

La gente pasaba y pasaba, parecía como si una enorme ola golpease a Lloyd en la cara una y otra vez, aunque realmente solo eran hombros de distintas razas. ¡Hasta los moguris chocaban con las rodillas del muchacho! Lloyd frunció el ceño ligeramente y comenzó a esquivar gente, a la par que apoyaba las manos en las cabezas de las demás personas. Estos se quejaban, pero a Lloyd le importaba más bien poco; No toleraba demasiado a las demás personas. Más tarde que pronto llegó finalmente a la tienda que había querido llegar desde que había entrado a la enorme ciudad.

La tienda era más bien pequeña, con un cartel bastante resquebrajado que no dejaba ver muy bien el nombre de la tienda. La puerta crujió al abrirse y una pequeña humareda de polvo se levanto cuando Lloyd puso uno de sus pies dentro del establecimiento. El lugar estaba lleno de tela por todos lados; Ropajes, pañuelos, bolsas de equipaje... pero todo era de muchos colores y demasiado hortera. Un hombre algo decrépito regentaba la tienda, mientras que una mujer bastante gorda tejía lo que parecían ser bufandas en la parte de atrás. Lloyd se acercó lentamente hasta el mostrador del improvisado establecimiento.

-Perdone, buscaba alguna información sobre este pañuelo- Lloyd podía ser muchas cosas, pero tenía bastante buen juicio y un ojo que podía ver cosas que ningún otro podía ver. Parecía sacado de aquellas intrigantes y geniales novelas de "Cherlock Polms", el gran detective moguri que averiguaba casos con tan solo ver el cadaver-. He visto que en el redoble pone un nombre bastante difuso; Estube un buen rato para poder descifrarlo y descubrí que ponía "Lobca"; He buscado alguna información al respecto y no encontré nada, hasta que finalmente descubrí que eran una especie de siglas. La L se refería a Lindblum, mientras que la "O", la "B" y la "C" se refieren al distrito "O" del barrio comercial. Supuse que la A era el nombre de la tienda, "Telas Anneh"...- El hombre decrépito miró al muchacho con una enorme curiosidad, luego a la mujer del fondo que se había quedado atónita y luego de nuevo al muchacho.

-Bien... ¿Qué quieres?- Dijo el hombre, mientras que Lloyd le ofrecía el gastado pañuelo. El hombre lo cogió rápidamente y luego volvió a mirar al muchacho-. Que pasa con él.

-Sé que lo fabricasteis aquí, no hay que ser muy listo. Quería saber quien os lo compró y por qué tanto secretismo con las siglas- El hombre negó ligeramente con la cabeza y miró a la mujer, la cual frunció ligeramente el ceño y negó también.

-Lo siento chico, pero todo eso de las siglas y demás te lo has inventado. No quería decirtelo a primeras por que parecías muy ilusionado... pero así son las cosas. Te devuelvo el pañuelo- El hombre le pasó una pequeña nota junto al pañuelo y asintió muy ligeramente. Lloyd vio el papel y recogió el pañuelo, guardandolo en su bolsillo y asintiendo, como un gesto complice.

-Espero pues que este negocio se cáiga a pedazos... nisiquiera sabéis tratar a un cliente como dios manda ¡Me voy!- Comentó él, dandose media vuelta con todo el glamour que había en sus genes. Esperaba que la mentira dicha en voz alta no sonase tan mal como él la había escuchado.

Una vez fuera y lo suficientemente alejado, abrió la nota y leyó lo que ponía... "T.L, Mascara del condenado". Lloyd se quedó mirando el papel algunos minutos y luego abrió bien los ojos, cogiendo una pequeña guía de la ciudad y mirando el mapa en general. Finalmente encontró lo que buscaba... el teatro estaba marcado como "T.L", así que seguramente tuviese que llegar hasta allí y encontrar alguna mascara de algún actor... chupado.

* * *

No tardó más de dos horas en llegar finalmente al teatro, y para cuando quiso entrar ya era de noche. Se coló por la parte de atrás para no tener que pagar ni una moneda e intentó colarse en una de las actuaciones más famosas que había esa noche. Pero un soldado de tamaño colosal se acercó rápidamente a él y le apoyó la mano en el hombro.

-¡Sir Deamond! ¡La obra está a punto de comenzar! ¿Qué hacéis por aquí aún? Vaya... veo que el disfraz de "Marcus" os queda genial ¡Todo un malechor pirata caza princesas!- El hombre no le dio tiempo siquiera a Lloyd a decir nada. De golpe y porrazo se había metido en el camerino de alguien que no conocía en absoluto. Al cabo de unos segundos, cuando Lloyd intentó salir, una extraña mujer entró rápidamente en el camerino y miró al muchacho con cara de furia sangrienta.

-¡Pensé que lo ibas a dejar! ¿¡Acaso no fue suficiente engañarme con Angeline!?- Unas pequeñas lágrimas salieron de la comisura de los ojos de la muchacha; Se acercó rápidamente a Lloyd y le metió un guantazo que le hizo retroceder un par de pasos- ¡EMBUSTERO!

El portazo dejó a Lloyd mucho más descolocado de lo que ya estaba... ¿Que acababa de pasar en menos de... 5 minutos? ¿Y por qué le habían dicho que llevaba un disfraz de pirata? Si era su ropa de día a día... más o menos. Negó un par de veces y volvió a acercarse a la puerta. Cogió el pomo con fuerza y la abrió, pero cuando estubo en el pasillo otra mujer apareció, acercandose a él a toda prisa.

-¡DEAMOND! ¡Pensaba que ya no vendrías, habíamos cogido a un sustituto y todo! Vamos, sales en solo dos minutos!- La mujer le cogió del brazo y tiró de él hasta llevarle a la parte de atrás del escenario en cuestión. El cerebro de Lloyd intentó comenzar a pensar a toda prisa. No es que el muchacho fuera un genio de obras literarias... pero esta era famosa, y por lo que había entendido se trataba de piratas. Si bien no se equivocaba él era Marcus, un pirata caza princesas qué... ¡Debía ser esa! "La joya de la princesa Garnet"

Y 5...4...3...2...1 ¡BAM!

El empujón que le pegaron fue suave, pero lo suficiente como para hacerle caminar hasta el centro del escenario en cuestion. Todo estaba decorado como si fuera un barco. Por suerte o desgracia todavía no habían abierto el telón, y otro hombre cogió a Lloyd y lo colocó en la próa del barco.

El telón se abrió poco a poco y cuando estubo abierto del todo un enorme foco de luz apuntó a Lloyd, señalandole con esa iluminación circular. El silencio fue prolongado, o por lo menos eso le pareció a Lloyd, el cuál llevaba ya varios segundos sin decir ni pío... estaba nervioso y encima no tenía ni idea de que demonios tenía que decir.

Fue entonces cuando un hombre, desde fuera del escenario le intentó decir lo que debía hablar el muchacho. A Lloyd le costó leerle los labios, pero finalmente tosió e hizo una interpretación de todo lo que había escuchado.

-¡EJEM! ¡He aquí yo! ¡Marcus el terrible pirata! ¡No tardaré demasiado en llegar a tu reino princesa, y cuando finalmente lo haga tu joya será mía!- ¿Por qué demonios le tenía que haber tocado (Para encima) el papel de protagonista?- ¡Solo espera allí un poco más y todos tus guardias temblaran ante mi simple presencia!


Última edición por Lloyd el Sáb Nov 08, 2014 9:42 pm, editado 1 vez
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Re: El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Shireen el Sáb Nov 08, 2014 9:25 pm

Shir, cariño… —y tocó la puerta. Un bulto informe se removió en la enorme cama, por debajo de un torrente de sábanas blancas y prístinas. La gria esperó unos segundos antes de intentarlo de nuevo— Shir, linda, ya es de mañana, tienes que levantarte… —de nuevo pudo escuchar el escudriñar de las sábanas, pero ella bien sabía que quien allí se encontraba seguía igual de inconsciente. Esa muchacha no podía tener el sueño tan pesado, parecía un oso polar en plena hibernación. A ver, una vez más…— Shireen, ya son más de las doce del mediodía, en serio deberías levantarte… —El sonido mas gutural y agónico del mundo se oyó desde el interior de la habitación. Sin embargo, eso podía traducirse como un “déjame dormir tranquila, maldita sea”, por lo que no servía. Pero nada, ella sabía la solución—. ¿Vamos a comer pizza, Shir?

La puerta se abrió de golpe. Embutida en un blancuzco camisón, la tan aclamada rubia sostenía el pomo con fuerza, mirando directamente a los ojos dorados de su interlocutora con los suyos propios, repletos de lagañas y entrecerrados por el ataque que habían recibido gracias a la luz del pasillo. Con una voz seca, cansada y carente de matices, por fin una respuesta salió de sus labios.

Vamos.

Shireen estaba de visita en Lindblum en esos momentos. Uno pensaría que desde de su incursión en la academia SeeD la muchacha se quedaría allí hasta terminar sus estudios, pero nada más lejos de la realidad: a cada que podía se tomaba unas minivacaciones para ir a donde le apeteciera. ¡Total, seguía siendo una estudiante, y no era huérfana como el ochenta por ciento de la población de Balamb! Ella sí tenía una casa a dónde regresar y dinero para costearse sus viajes, así que ¿por qué no visitarla cada vez que pudiese? No era por ser cruel, pero era la verdad. Apenas había llegado ayer en la noche, y con el hastío que le producía ir en barco volador (irónico tomando en cuenta que vivía en la ciudad con más barcos voladores de toda Gaia), lo primero que hizo fue echarse como una plasta en su cama a esperar que le llevaran la cena; y allí, una vez cenada, se dedicó a dormir a pata suelta de forma aún más plasta. ¡Ah, qué cansado era ser ella!

Así pues, ese día habrían tenido suerte si la chica al menos se hubiese levantado para ir al baño, pero la mención de la palabra sagrada había resucitado sus completamente muertas ganas de vivir. ¡PIZZA! ¡Oh, como la conocía esa mujer! Sabía que si quería lograr salir con la muchacha, algo tenía que ofrecerle a cambio más allá de su compañía. Y la comida siempre era un soborno excelente, uno de los favoritos personales de la ojiazul. Terminando de colocar las cintas en su sedoso cabello rubio, se dirigió al enorme espejo de su habitación, que ocupaba toda una pared entera (y la pared no es que fuese del todo chica), a verificar que todo su look estuviese en orden. Se miró por unos segundos… y sonrió, girando los ojos. ¡Pero por supuesto que todo estaba en orden! Es decir, venga, era ella. Se veía espectacular.

¡Lista! —exclamó. Tomó la lira de su exhibidor, colocándosela en su espalda con un sujetador especial, y abrió la puerta de la habitación. En uno de los sofás del amplio pasillo, su tía le esperaba pacientemente, de piernas cruzadas y limándose las uñas. La gria alzó levemente la mirada hacia ella, limitándose a asentir y levantarse para salir de la mansión junto a la muchacha. Para el dolor del alma de la rubia, esta vez no tendrían chofer quien les llevara, por lo que les tocaría ir a pie.

Por suerte, su tía siempre se las arreglaba para quitarle al menos un poco su típico mal humor, pese a tener que ir a pata a su destino. Uno de los problemas principales de Shireen para con su familia era que el árbol genealógico era un desastre terrible. En algún momento de la historia sus ancestros habían empezado a arrejuntarse con todas las razas que conseguían, dando hijos por doquier que tenían más hijos por doquier… por lo que habían pasado de ser un legado únicamente hume, a una mezcolanza extraña de humes, albheds, vieras, elezens, miqo’tes, roegadyns, guados, aegyls… e incluso grías, como su tía, quien se había casado hacía varios años con uno de los hermanos de su padre y había logrado hacerle sangre a la apática muchacha. Aunque tomando en cuenta que técnicamente había comprado su afecto a base comida, no era algo tan extraño… El punto era que el camino, aunque habían tenido que compartir cabinas aéreas con otras personas cuyas feromonas no eran del agrado de la cetra, se le había hecho relativamente ameno, y en menos de lo que ella había pensado, ya estaban sentadas comiendo el manjar de los dioses divinos.

¿Hola? —dijo la gría, tras contestar la llamada que acababa de llegar a su celular. La rubia, ajena al caso, seguía comiendo de su pizza. ¡Ah, la de ese restaurante era sin duda la mejor que había probado hasta ahora! Artesanal, hecha con los más finos ingredientes, con un tacto y con un cariño… no como esas pizzas calentadas en microondas, sin alma ni corazón, con las que trataban de timarle en el Jardín. ¡No señor!— Sí, soy yo, Xandria… ¡Oh! ¡Holaaaa! ¿Qué tal estás?... Sí, sí estoy aquí… ¿El teatro? ¿Hoy? Pues mira que justo hoy estaba… … ¿Sí? No me digas… ¡Oh, eso es una desgracia! —Una desgracia era que no pudiese comer de esa pizza en Balamb. ¡Ella necesitaba una buena fuente de alimentación para sus estudios!— Si hay alguna forma de ayudarte… … Oh, no, no, no es nivel de ayuda. Además, no me quedaría bien. Ese es papel para hume o albhed… —Y de repente Xandria le miró, como si hubiese tenido una revelación. Ella sólo seguía masticado su pizza, sin entender— Linda, creo que conseguí a la persona indicada…

{ . . . }


Cuando me dijiste que veníamos al teatro no era exactamente esto lo que me imaginaba —dijo la rubia sin ningún tipo de tapujo, sosteniendo el guion que la amiga de Xandria le había tendido hacia unos minutos.
¡Pero Shir, es perfecto para ti! Recuerdo que eras muy buena en las obras que hacías en tu academia de Deling…
En la que sólo tocaba instrumentos y no actuaba. Sí, era excelente en lo que hacía —quiso remarcar.
Vaaamos, no te desanimes —le trató de animar—. Sí, quizás no tienes taaaaanta experiencia actuando como la tienes tocando o cantando, ¡pero es un arte! Y tú, mi hermosa Shireen, eres toda una artista —le dijo. Con el ego mágicamente hinchado, la ojiazul sonrió.
Sí, bueno… quizás no sea tan mala idea después de todo…
¡Sabía que aceptarías, linda! —celebró la gría, dando aplausitos de emoción. Tomó por los hombros a la casi-SeeD— Sin embargo, aquí es donde nos separamos.
¿¿Qué?? —espetó de golpe, su rostro en una mueca de ligero espanto. ¡¡No podía dejarla!! ¿Qué se suponía que hiciera allí? ¡Nunca había estado tras bastidores en una obra! ¡Ella veía obras, no actuaba en ellas!
Abby y los demás miembros de la compañía te dirán qué hacer. Yo tengo que ir a tomar el puesto que me dieron por haberles ofrecido un reemplazo para su actriz. ¡Mucha suerte, lindura! —Y tal como había venido se fue, dejándola a la deriva, sentada frente a un espejo con un guion en manos.

Ahora que lo pensaba, ni siquiera había revisado cuál era la obra. A ver… ¡Ah! La Joya de la Princesa Garnet, claro. Sólo la había visto una vez de pequeña, pero venga, era bastante popular. Y su papel era… …

Oh, mierda.
¡Salimos en dieeeeez!
¿¿QUÉ?? —exclamó, abriendo el libreto y leyendo a la velocidad de la luz, apenas y procesando las palabras. ¡¡Pero si apenas y acababa de llegar!! ¿¿Qué demonios pensaban que tenía, memoria fotográfica?? ¡Su memoria era muy buena, pero aquello era una exageración!
¡Señorita Shireen, tiene que ir a buscar su traje! —de repente se había dado cuenta del ajetreo insufrible a su alrededor, típico de toda buena producción tras bastidores poco antes de salir a escena. Se levantó cuando la muchacha se lo indicó, esquivando de pura cepa toda la utilería, percheros repletos de trajes estrafalarios y personas apresuradas que se le venían encima— ¡¡Ya verá, quedará como toda una princesa!!
Ya soy una princesa, gracias —murmuró entre dientes, entrando a los vestuarios de las chicas. ¡Era la protagonista, debía tener su propio maldito camerino! Fue asaltada por un grupo de maquilladoras y estilistas salvajes, que sin tapujo alguno la desvistieron frente a todas las presentes para empezar a colocarle la indumentaria del personaje.
El reemplazo de Deamond es algo feo, ¿no? —echaban el cuento las damas, ajenas a las quejas que pudiese tener la pobre cetra, a la que trataban como un maniquí.
Uy, ¿verdad que sí? Yo no quería decir nada porque lo contrató el jefe, pero un poquito de por favor… que no hay punto de comparación… ¡Aguanta la respiración! —Y su cabello fue atacado por un spray fijador salvaje.
Pero es que luego de lo que le ha hecho a la pobre Cosette, ha quedado tan devastada. Natural que rechazase hacer de nuevo el papel…
¡¡HABEMUS DEAMOND!! —entró gritando un muchacho que, por las pintas, debía ser de esos esclavos mueve utilería de los que nadie hablaba ni en los créditos; eso antes de ser sacado a lanzada de objetos aleatoria por un montón de mujeres indignadas por tener a un mirón en sus vestidores.
¡Qué suerte tienes, preciosa! Mira que haber tenido de compañero a semejante individuo habría sido algo terrible para tu carrera —Le dijo la muchacha que le golpeaba su pobre y adolorida mejilla con una mota repleta de rubor. ¿Qué carrera ni qué ocho cuartos?
Yipi —murmuró, antes de volver a ser ahogada en fijador.
¡Ay, Dea es un primor! Te va a encantar, ya vas a ver, vas a ser la envidia de toooodas tus amigas… ¡Aunque Cosette y Angeline te van a odiar, ji ji!
No puedo explicarte lo igual que me…
¡¡GARNET A ESCENA EN UNO!!
¡¡Pero si no he leído nada del guión!! —exclamó la muchacha al director, indignada hasta la médula, pero fue vilmente ignorada. La amiga de su tía le tomó de la mano, y sus maquilladoras y vestuariastas se despidieron animadamente de ella.
¡¡Suerte, cariño!!

Y fue así como la arrastraron vilmente hasta una esquina del escenario, mas sin embargo detrás del telón, pues aparentemente aún no era su turno. Mandando todo a la mierda en su mente, leyó lo más rápido que pudo los diálogos de la escena que le tocaría en esos momentos. Así, cuando el tal Deamond, quien hacía el papel del otro protagonista, el pirata Marcus, terminó su (algo corta, todo sea dicho) interpretación, un empujoncito le avisó de que ya era su turno en escena. Pero qué… ¿¿Tan rápido?? ¡Apenas y recordaba su primera línea! Un rápido cambio de escenario se hizo, pasando del supuesto barco pirata a una especie de sala del trono con mesa redonda incluida. Varios actores salieron antes de ella, ocupando sus puestos en la mesa redonda, y ella recordó que se suponía que era una especie de reunión del consejo real. Pues nada, ese trono grandote era todito para ella. Avanzando con su pomposo vestido, logró sentarse por obra y gracia de los Dioses benditos.

Su Majestad, ¡hemos recibido el aviso de un temible pirata!
¿Y qué osa anunciar uno de su… especie —Garnet seguramente era más amable de lo que ella la estaba interpretando, pero tomando en cuenta que tenía suerte de siquiera recordar sus diálogos, no pensaba tratar de calmar su estrés— a mi reino?
No es al reino, Princesa. Es… a usted. A la joya… —Joya, joya… la joya… ah, claro.
La joya de mi padre… —murmuró, mirando al suelo, como si estuviera rememorando algo. Suerte que de hecho eso hacía, porque no recordaba bien qué venía después… Ah, sí— El único recuerdo que tengo después de su muerte… No permitiré que ponga sus sucias manos de pescado en ella. ¡Ni en ella, ni en nada de mi reino!
Pero la amenaza es sólo hacia usted, milady…
… Ah. Pues mejor. ¡¡No podrá acercarse a este castillo!! ¡Tripliquen la seguridad, suban el puente colgante, aseguren todas las puertas y mírense bien unos a otros, pues alguno de ellos podría estar aquí, buscando alguna forma de ayudar a su capitán! ¡No podemos permitirlo!

Más vale que fuese así. Y si no, pues ya vería aquella gente como improvisar. ¿No eran una compañía profesional? Pues que lo demostraran.
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Re: El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Lloyd el Dom Nov 09, 2014 3:16 pm

Lo habían vuelto a sacar del escenario, y desde allí mismo podía ver como la misma princesa llevaba a cabo una escena lo suficientemente larga como para que le acercasen un guión y pudiera echarle un ojo. Su primera escena había sido corta, pero la siguiente era el momento en el que entraba al castillo e intentaba secuestrar a la princesa y había demasiado dialogo como para poder sacarlo como lo había hecho antes. Ya estaba metido en el lío y no había salida, así que cerró los ojos, concentrandose un momento y abstrayendose de todo lo demás, para luego mirar de nuevo el papel que tenía delante y comenzar a recordar todas las palabras clave de sus dialogos para luego poder formular frases sin tener que ser precisamente las mismas.

El muchacho se estiró finalmente y miró hacia atrás una vez hubo leído todo lo rápido que pudo aquél capitulo... y allí estaba la mujer que le había dado una buena bofetada. Parecía ser que era "Shuli", una de las personajes de la historia, la compañera de "Marcus" en sus fechorías... Pues si era ella lo tenían bueno... todavía le escocía la mejilla ¿Que demonios habría hecho Sir.Deamond para cagarla tanto? Y menudo fantoche; Encima Lloyd tenía que parecerse a él y le habían metido en un lío de tres pares de narices. De todas maneras ya no había vuelta atrás y por lo menos así podría buscar la estupida mascara.

Todavía quedaban unos minutos hasta que acabara la escena, así que Lloyd comenzó a dar algunas vueltas por el alrededor del "backstage", buscando precisamente las mascaras. Desgraciadamente no encontró ninguna, y pronto era su turno de nuevo. Le retocaron un poco el atuendo y le ajustaron bien las dagas que llevaba en el cinturón... ¿En serio no se daban cuenta de que eran de verdad? Como tuviera que representar una batalla alguien acabaría lastimado. Por suerte una de los nu'mou que se ocupaban del maquillaje se dio cuenta de ello y las cambió rápidamente por otras de madera... también podrían llegar a hacer daño, pero vamos, Lloyd no pegaría a nadie con ellas. A no ser que no hubiera otra opción claro.

Lloyd se movió rápidamente hacia un lateral del escenario, el cual ahora estaba decorado como la entrada de un castillo. Por suerte tenían a un ilusionista que creaba los escenarios con magia, así que podían cambiar de escena rápidamente.

1...2...3 ¡ACCIÓN!

Marcus había llegado por fin a la entrada del castillo, el cual estaba rodeado de arbustos y verdes árboles con frutos maravillosos que el joven pirata no había visto en ninguna de las tierras que había visitado. Todo ese lujo le abrumaba en cierta manera, pero todo se le fue rápidamente de la cabeza cuando el jefe de los guardias se presentó delante de él como quien no quiere la cosa, rodeado de otros cinco soldados.

-¡No necesitamos saber que hacéis por aquí, canta a la legua malandrin! ¡Pero os diré una cosa! ¡Nunca pasaréis por aquí, ni siquiera conseguiréis ver el rostro de la hermosa princesa!- El jefe hizo una señal y dos guardias salieron disparados contra Marcus, el cual con un simple movimiento con ambas dagas despachó a ambos soldados.

-¡No me asustas ni tú ni ninguno de tus hombres, y cuando menos te lo esperes estaré en aquella alta torre, junto a tu princesa querida y su enorme joya! ¡Descubriréis que soy un hombre que se toma su trabajo bastante en serio, y que hasta que no acabe lo que he venido a buscar no cejare... a no ser que la muerte llegue prematuramente, cosa que dudo!- Lloyd había hecho el discurso perfecto y una pequeña risa de ego acabo saliendo de su boca al final; Había sido sin querer pero había quedado demasiado bien para el personaje que representaba.

-¡Entonces que la muerte llegue! ¡¡¡AL ATAQUE GUARDIAS!!!- Todos se lanzaron al ataque. Marcus corrió hacia a ellos y despachó a un par, pero a los demás los esquivó para poder acabar directamente con el jefe. Ya solo quedaban tres guardias sin incluir al jefe, pero cierta mujer hizo aparición en escena para acabar con los otros guardias ¡Era Shuli!

-Acaba con ellos jefe, yo me ocupo aquí. Sube todo lo rápido que puedas y acabemos ya con esto. - Shuli sonrió al público, lanzandoles un beso para luego hacer relucir al viento su enorme cabellera roja. atada al final con un pequeño lazo.

-¡Lo haré, no lo dudes Shu!- El jefe de los guardias pegó un grito de furia y atacó. Lloyd no sabía la coerografía de la batalla, así que esperó que el jefe de los guardias atacase sin parar, para poder parar los ataques. Finalmente el jefe hizo un pequeño amago y alzo las cejas, como para indicar a Lloyd que ese era el momento en el que "él tenía que caer". Lloyd asintió y atacó, golpeando en una parte libre de armadura con ambas dagas y luego un buen rodillazo, dejandole totalmente fuera de combate. El persoanje de Lloyd, "Marcus", nunca dejaba victimas en sus robos.

-¡AH! Maldición... he sido vencido. Marcus, escuchadme solo un momento. Esa gema escapa de vuestra comprensión. No deberías cogerla ¡Desataréis a Bahldros!

-Memeces jefe, necesito esa gema y no se hable más. Espero no verte más ¡Hasta nunca!- Y Marcus echó a correr hacia dentro del castillo, mientras que la escena acababa con Shu acabando con los guardias que quedaban.

¡Dos minutos y a escena!


Lloyd volvió a coger el guión y leer lo que pudo... hasta que sintió un leve cosquilléo en la nuca ¿Acaso no estaba al lado de... la chica que hacía de princesa? El muchacho la miró y alzó ambas cejas; Abrió la boca y la volvió a cerrar, para luego volver a mirar el papel. No debía distraerse con tonterías ahora, debía estudiar, estudiar, estudiar...

Se miró el guión a toda prisa y luego se pasó ambos dedos por la frente... Maldita sea, la escena era toda con la princesa ¿Qué demonios iba a hacer allí metido con la chica a solas? Vale, estaba actuando, y si estaba actuando podría hacerlo. No era dificil hablar con ella ¡Era un ser humano como otro cualquiera! Solo que tenía... bueno lo que fuera.

Ya era el tiempo de volver a entrar y a Lloyd le temblaban las piernas... ¿Donde demonios estaba la mascara? Lo que estaba claro es que como la encontrara dejaría colgado a todos estos muermos en medio de la obra. Pasaba de rollos. Un baanga se acercó a Lloyd y le aconsejó ir yendo hacia a escena, de nuevo en uno de los laterales del escenario. El muchacho asintió y se encaminó hacia allí, mientras que la muchacha se ponía en el otro lado del mismo.

1...2...3 ¡ACCIÓN!

Marcus entró corriendo por el lado izquierdo del escenario, como si llegara de otra parte, para luego forzar la puerta de la que debía ser la habitación de la princesa y entrar en la misma, sonriente. Luego cerró la puerta tras de sí y le forzó de nuevo la cerradura para que nadie pudiera abrirla. Además de poner un par de sillas por si acaso.

-¡Y aquí estoy princesa! Espero que no me hayáis tenido que esperar demasiado ¿Puedo invitaros a un sorbo de agua? ¿O preferis darme la gema directamente? Como vos deseéis.- Concluyó él, con una enorme sonrisa en el rostro.
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Re: El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Shireen el Lun Nov 10, 2014 3:29 pm

Su escena con el consejo proseguía con formas de proteger tanto a la princesa como a la importantísima joya del reino, más por suerte no tuvo muchos diálogos después de los que ya había dicho. Un narrador, con la ayuda de otros dos supuestos sabios de la corte, explicaba al público como la joya contenía a un terrible mal, un misterioso y poderosa ente conocido como Bahldros, y el cómo era muy, muuuy importante que ni princesa ni joya estuviesen separadas, aunque no explicaron las razones. ¿Había sido esa obra siempre tan ambigua? Shireen optó por no decir nada, aunque sus opiniones sobre aquel desenvolvimiento teatral no eran del todo buenas.

Volvió tras bastidores cuando la escena terminó. De nuevo sería el turno de Marcus, pero pronto vendría una escena en la que ambos participarían, y eso sólo significaba una cosa: No debía tener más de 15 minutos para aprenderse toda la parafernalia que tendría que soltar junto al muchacho en escena. Bueno, no había problema. Sólo tenía que sentarse a estudiarlo.

¡¡Señorita Shireen, retoque de maquillaje!!
¿Qué? —… O quizás no.

No tenía ni idea de cuánto tiempo se suponía que pasaba entre una escena y otra, en cuestión de cronología de la obra, pero aparentemente había sido tiempo suficiente para que la princesa se cambiase de vestido. Así pues, fue desvestida nuevamente y embutida en un nuevo vestido, que era un tanto menos pomposo que el otro, de un color celeste y de tela suave y ligera. No podía negar que el vestido era lindo y cómodo, pero eso no la ayudaba a aprenderse lo que se suponía que se tenía que aprender. Y si a eso se le sumaba que a cada cinco milisegundos la atacaban con un polvo o spray nuevo...

A la próxima que me eche un colorete o una colonia y no me deje leer este estúpido libreto en paz, le juro que saldrá golpeada de aquí —declaró, con un tono tranquilo a pesar de todo, que hizo que las vestuaristas no se la tomasen en serio y soltaran risillas, imaginando que la chica lo decía en broma. El golpecito que recibió una de ellas cuando Shireen decidió atizarle con el guion, sin embargo, hizo que optaran por darle a la rubia su espacio.

Sentada en su camerino, Shireen se abstrajo de todo, leyendo el libreto con una cara de póker impresionante, pasando completamente de lo que pasaba a su alrededor. Pasó completamente de los gritos indignados de la actriz de Shuli tras bastidores, de la caída tipo dominó de todos los percheros de ropa de los vestidores comunales, y de la desesperación del director cuando vio que no tenía la indumentaria completa para la escena que le tocaba en unos minutos. Tan concentrada estaba, que apenas y prestó atención cuando le avisaron de que saldría en dos minutos, dejándose llevar hasta el lado del escenario del que tendría que salir. Releyendo sus últimas líneas de la escena, apenas y miró de soslayo a su compañero de escenario, ignorando olímpicamente el dilema emocional que parecía estar sobrellevando en esos momentos. Si bien no actuaba profesionalmente, ella se consideraba una actriz novicia bastante profesional, y ya que ya estaba metida en ese camión, pues no iba a poner peros a las personas con las que le tocase compartir escena. Ya luego se quejaría con ellos después de que todo eso acabara…

Ya era la hora. Respiró profundamente, y le tendió un guion a un lalafell que pasó por un lado para que se lo sostuviese mientras hacia su trabajo. Más valía que le pagaran con oro por el favor que les estaba haciendo… Entró a escena, apoyándose en la que, se suponía, era la ventana de sus aposentos reales. Con todo y que sabía que iba a pasar gracias al libreto, no pudo evitar sobresaltarse de verdad cuando el actor de Marcus entró a toda pastilla al escenario, pisando fuerte los tablones y comenzando a arrastrar todas las sillas de la utilería de la habitación para tapar la entrada al lugar. Aferró con fuerza el borde de la ventana colgante, dedicando una mirada desdeñosa a su interlocutor, más sonriendo socarronamente al escuchar sus palabras.

Había sido informada de vuestra visita, pero pensé haber dejado bastante claro que no le concedería una audiencia a ninguno de los de su clase… De haber sabido que vendría de todas formas, me habría puesto algo un poco más presentable. —Apartó las manos de la ventana, cruzándose de brazo al encarar al pirata— Y además cabe recalcar que se coló sin consideración alguna a mis aposentos privados… Lo único que deseo de usted en estos momentos es que de media vuelta, se suba en su botecito y se vaya de mi reino en este preciso instante —dictaminó, con severidad, alzando la barbilla con porte imponente.
Me iría con gusto, no lo dude —Shireen alzó ligeramente una ceja. Pues ese Deamond mal actor no parecía… no en vano era el protagonista, suponía. Aunque ella juraba que el actor era ya algo mayorcito, o eso creía recordar… meh, sería el maquillaje—. Lo menos que deseo es importunaros, pero necesito esa gema como los caracoles la lechuga, si vos me entendéis claro —El muchacho levantó el dedo índice, abrió la boca… y ahí quedó. La rubia abrió los ojos, haciendo un gesto casi imperceptible con la cabeza en plan “¿Ajáaaa?”, y por suerte su compañero recibió la iluminación de los Dioses, recordando el resto de su diálogo—… así que por favor, entregádmela o tendré que llevaros tanto a vos como a la joya —finalizó. Oh, ¿quién se creía que era para tratar de voltear la tortilla y llevarse SU joya de buenas a primeras? La maga, que detestaba que le llevaran la contraria, se estaba tomando el defender lo suyo un poco más en serio de lo que debía… pero mantuvo la calma. Todavía no debía indignarse tanto.
¿Joya, dice? Pues tenga usted. —Se quitó un anillo que las estilistas habían colocado en su mano cuando le habían cambiado el vestuario, tendiéndoselo al joven. El enorme zafiro (de plástico, pero zafiro a fin de cuentas) refulgió con la luz de los enormes reflectores del escenario. Por supuesto, esa no era la tan afamada joya de la obra…— No me agrada en lo absoluto complacer los caprichos de un bribón, pero si con eso nos dejará en paz a mí y a mi reino, supongo que habrá que hacer sacrificios… —“Marcus” suspiró.
Ambos sabemos que esta no es la joya, princesa —¡Ah, rayos! Pensaba que iba a caer… bueno, no, el guion ponía que no iba a caer; pero venga, ustedes entienden—, y como ambos lo sabemos, le aconsejo que me diga dónde está la verdadera y así podamos acabar con todo esto antes de que lleguen los guardias. Puedo darte un par de minutos como mucho, y si no me la das, tendré que llevarte conmigo —dijo, y sonrió tan pancho, acercándose un poco a una de las ventanas. Lloyd sonrió de oreja a oreja e hizo una pequeña reverencia, acercándose un poco hacia una de las ventanas. Con que así estaban las cosas…
¿Oh? —dijo, enarcando las cejas— ¿Es usted quien me dará a mí unos minutos? Creo que no entiende bien su posición, caballero. Ha demostrado ser muy hábil esquivando a los guardias y llegando hasta aquí, pero este es mi territorio, y no pienso… —Su voz fue interrumpida por unos golpazos insistentes hacia la puerta de la habitación. Los actores que interpretaban a los guardias gritaban su nombre… el de la princesa de la obra… ustedes entienden. Sonrió triunfal— Lástima para usted, pirata. Mis guardias han llegado, y poco esfuerzo les tomará quitar esa barricada de sillas que armó al entrar… Si sabe lo que le conviene, saldrá por esa ventana ahora mismo. Considero que estoy siendo bastante condescendiente.
Y así será, señorita, saldré ahora mismo —“Perfecto”, dijo la rubia—… pero creo que tú me vas a acompañar. ¡Vamos!
¿¿Qué??

Y aunque sabía que todo estaba en el guion, no pudo si no indignarse de verdad cuando el pobre rubio le agarró cual saco de papas, exigiendo a todo pulmón que le bajase (suerte que eso estaba en el libreto). De una patada “Daemond” abrió la ventana de utilería, y sacando de la nada (o eso pensó la cetra, que no se había molestado en ver dónde demonios la tenía escondida) un gancho, lo colgó a una cuerda amarrada en el extremo de la ventana, saltando con ella, deslizándose ambos hacia abajo y saliendo de escena. La chica, que en general trataba de evitar cosas que pudieran resultar en heridas para su persona, se aferró al joven como una lapa para no caerse, y para su suerte el tramo desde el escenario hasta esa parte inclinada de los bastidores era bastante corto, por lo que apenas sintió que habían tocado suelo, relajó su agarre. Ladeó la cabeza, mirando directamente a los ojos (no recordaba que Daemond fuese un albhed) al actor. Frunció el ceño.

Bájame —ordenó.

Off~:
Los diálogos fueron previamente consultados con el user de Lloyd por cuestiones de fluidez posteal. Los quiero <3
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Re: El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Lloyd el Miér Nov 12, 2014 11:24 am

Lloyd había salido junto a la princesa hacia uno de los lados de los bastidores, dejandola rápidamente en el suelo. No podía creerse como le había hablado ¿Pero quien se creía que era? Por su pose y sus manera de hablar debía ser una de esas "princesitas" a las que se lo dan todo regalado y en bandeja. Seguramente nunca tendría que haberle pedido a nadie algo de comida.

Claro princesita, ten cuidado no te vayas a manchar con la invisibilidad del suelo— El Albheed se sentó en una de las sillas cercanas mirando hacia el escenario. La muchacha giró la cabeza, expresando su indignación, para luego pasarse las manos por el traje, como limpiandolo. Esa era la última prueba que necesitaba el Albheed para saber que esa muchacha no era precisamente... de clase media.

En fin, como sea— Lloyd se giró y se escabulló rápidamente, como haría una pequeña ardilla. Llegó a los camerinos en muy poco tiempo y comenzó a rebuscar entre ellos. Debía tener sobre unos diez minutos para conseguir encontrar la maldita máscara... pero no había ni rastro.

El último camerino en el que debía buscar, era en el de la propia princesita. Entró rápidamente sin que nadie le viera y comenzó a rebuscar, extrañandose de sobre manera por la falta de abalorios, trajes lujosos y maquillaje costoso... ¿Por qué no había nada de eso en el camerino de la "princesita"? Quizás fue un arreglo de última hora y la habían cogido justo al final... como le había pasado a él... ¿Por los dioses menores, pero que tipo de compañía era esta que escogía a los dos protagonistas al final del todo? Como fuese, debía concentrarse en buscar la maldita máscara...

[ . . . ]

Pasados los diez minutos Lloyd volvía a estar de nuevo justo al lado del escenario, con la "princesita" agarrada como si fuera un saco. No habia conseguido encontrar la maldita máscara, pero había vuelto a su camerino para recoger sus dagas (las cuales no eran de plástico) y colgarselas al cinturón. No podía soportar no sentir el peso de sus armas en la cintura.

A la señal de tres Lloyd echó a correr por el escenario, colgado de la cuerda al principio para luego caer al suelo y patear a toda velocidad hasta su barco. El ilusionista iba moviendo el escenario, dando la sensación de que "Marcus" corría a toda velocidad, mientras varias explosiones y flechas le pisaban los talones. El público aplaudió de sobremanera cuando finalmente, tanto él como la princesa llegaron al barco ilesos.

"Marcus" suspiró y dejó a la princesa en el suelo, para luego coger una silla y sentarse comodamente en ella. Estubo en silencio durante unos segundos, estirandose y mirando fijamente toda la estructura, como asegurandose de que ese era su verdadero barco.

Vale, aquí estamos tú y yo. Sé bien por la información que he recaudado que Joya y Princesa no se pueden separar, así que presupongo que debes tenerla por ahí metida. Y si de todas maneras me equivocase, presupongo que tu secuestro me daría más o menos la mitad de todo el dinero que necesito...— "Marcus" parecía algo más serio que la otra vez, mirando con esos ojos verdes claros tan intensos a "Garnet"

Ya no somos tan galantes, ¿huh? —dijo la princesa, soltando una risilla seca y girando los ojos,   para luego mirar de forma retadora a su interlocutor— Pues te cuento, pirata, que no tengo la joya que tanto quieres… Y si lo que querías era dinero, bien podrías haberte contentado con cualquiera de mis joyas y venderla al mejor postor, antes de pasar por todos los problemas que pasaste para secuestrarme —indicó, cruzada de brazos. Garnet no pensaba dar su brazo a torcer, no señor.

Sé de sobra que la llevas encima, no me hagas repetirme —Trás un momento de silencio "Marcus" se rió y miró de nuevo a la princesa—. Creo que no veo en que situación te encuentras, mis compañeros ya han desanclado el barco y nos encontramos en medio del mar... ¿No tendré que desnudarte para encontrar la joya yo mismo no? Espero que no me hagas tener que hacerlo.

Viendo a los de tu clase, me planteo si lo de la joya no es una excusa para aprovecharte de una pobre princesa en apuros —contestó, apenas y logrando contener una mueca de disgusto. No era que “Deamond” fuese un chico poco agraciado, pero la muchacha parecía ser muy selectiva… y Lloyd no estaba precisamente entre sus selecciones. Se llevó el dedo índice a los labios, como si hubiese tenido una idea—. Podríamos hacer un trato, pirata. Yo podría darte la joya… si tú me dices para que la necesitas tan desesperadamente. Es un objeto bastante importante para mí, ¿sabes? Si te lo vas a adjudicar, al menos quiero saber por qué. No me voy a creer eso de que sólo la quieres por dinero —dictaminó, dedicando una mirada funesta al pobre joven.

Está bien... es justo...— Marcus tomó el aire y volvió a mirar a la princesa a los ojos— No puedo contarselo a mis hombres, debido a que la joya no me daría ningún beneficio real, y no puedo dejarles que te haga nada, así que manten la boca cerrada... La joya es la única manera de curar a mi hermana, sin ella morirá— Declaró él, con toda la sinceridad que pudo albergar en esas palabras, increiblemente le estaba saliendo el guión a la perfección... bueno, al fin y al cabo era su parte preferida de toda la obra, como para no sabersela—. La única manera de hacerlo es llevarle la joya de Garnet y que un invocador despierte el propio alma de la joya, para luego abatir al monstruo y conseguir la panacea. Sé que despertar al monstruo de la gema es muy arriesgado, pero daré mi propia vida para luchar contra él.

… Oh… —La "princesita" puso una expresión un tanto extraña... como si intentara ablandarse un poco pero realmente no pudiera ¡Vamos, debía conmoverse un poco! ¡Estaba escrito en el guíon! Aunque fuera un guión un tanto raro. Lloyd recordaba esta escena bastante más larga, pero bueno... todos los libros eran más largos que su obra ¿No?— Yo… no era exactamente la respuesta que esperaba —admitió. Parecía que la "princesita" no se esperaba esa respuesta... extraño—. Pero no hay forma de que venzas al monstruo capturado en la joya. Por algo soy la guardiana, ¿sabes? No apruebo tus formas ni tus actos delictivos, pero tampoco puedo dejar que mueras en vano. Podemos encontrar otra solución… —Si por la ella fuera, le daba la joya y dejaba que el monstruo se lo comiera y guardara sus piernas para el tentempié de la tarde, no había más que verle la cara para saberlo.

Si tuviera tiempo para pensar en alguna otra solución lo haría, pero eso es lo que me falta princesa, tiempo. Mi hermana se muere y no puedo encontrar solución, así que lo siento pero debo invocarlo— Un marinero se acercó hasta el camarote (Un extra cualquiera) y avisó a Marcus de que ya estaban llegando... ¿En la obra original llegaban tan rápido a la isla de Marcus? Maldición ¿Que tipo de barco era ese?— Bueno, estamos llegando a la isla... será mejor que te prepares, y permanece cerca mio, no puedo dejar que te pase nada, y no me gusta repetirme— Aunque lo hacía constantemente.
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Re: El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Shireen el Sáb Nov 15, 2014 11:46 am

Pasó de su coprotagonista como la mierda. Recordaba a Deamond un poco más galante y caballeroso… no importaba que ella básicamente le hubiese ordenado con mala leche que le bajase, él como buen caballero debía acatar sus órdenes disculparse por los importunos causados. Por suerte en este cambio de escena no tenía que retocarse el maquillaje ni volver a cambiarse el vestuario, por lo que tenía los diez minutos entre cambio y cambio libres para poder echarle un ojo al guión. La cosa era que no tenía el guion a la mano… ¿Dónde demonios estaba el lalafell esclavo al que se lo había entregado?

Eh, tú —llamó a una miqo’te que, como casi todos los trabajadores tras bastidores, corría de aquí para allá llevando cosas cual carreta humana— Necesito una copia del guion, la mía la tiene otra persona y no tengo ni idea de dónde está…
¡Claro, señorita! Avisaré para que le traigan uno —obedeció la muchacha, muy diligente tal y como a Shireen le gustaba, y salió corriendo a toda pastilla a otro punto del teatro. La rubia arrastró una silla y se sentó en ella, cruzándose de piernas en lo que esperaba a que alguien le trajera el libreto. Aprovechó que un qu pasaba con una bandeja repleta de vasos con té helado y tomó uno, dedicándose a beberlo y a ver a la gente pasar.

Y así pasaron minutos, tantos que le dio tiempo de ir al camerino, colgarse su lira a las espaldas (ignorando los reclamos del director) y volver… y nada que le traían su libreto. Empezaba a impacientarse. Por todo lo puro y santo, ¿¿es que de verdad era tan difícil traerle un maldito guion a la maldita protagonista?? ¿¿De verdad?? Detuvo a uno  de los esclavos de utilería y sacó con toda la fresquedad del mundo el reloj de bolsillo que éste llevaba encima, vio la hora y lo volvió a colocar en su lugar, haciendo un gesto con la mano para que el chico saliese de su vista. Le quedaban como dos minutos para salir a escena y apenas y tenía una ligera noción de lo que se suponía que pasaba en ella (eso, claro, si no se habían tomado licencia creativa para reconstruirla, como habían hecho con casi todos los actos). Se levantó, dispuesta a cantarle las cuarentas al director por la incompetencia de su personal, cuando un nu mou se le plantó en frente, estirándole lo que ella asumía era el libreto.

¡Por fin! Dile a tu jefe que le agradezca a las deidades menores que apareciste tú para darme el guion —dijo de mala gana, arrebatándole el libreto de las manos y abriéndolo para leer. Frunció levemente el ceño. No reconocía ninguno de esos diálogos… de hecho, ni siquiera estaba escrito en formato de guion de teatro. Cerró el libro que había llegado a su haber, viendo la portada. Un momento…— Este no es el maldito guion —concluyó, frustrada. No, de verdad, ya aquello era ridículo. ¿¿Pedía el libreto y le traían un libro de vete a saber tú qué?? ¡¡Era el súmmum de la inutilidad!!
¡Garnet, ven aquí! —le llamó el director, que estaba al lado de “Marcus”. Con mala leche, y sosteniendo el libro, se acercó para reclamarle a aquel hombre la inutilidad de sus trabajadores…— ¡Vamos, cárgala!
¿¿Qué??

Y fue así como la Shireen fue cargada como un saco de papas en todo el principio de la escena hasta poco después, cuando se suponía que ya estaban en el barco. Siendo una cuasi-actriz profesional, se las arregló para improvisar sus diálogos hasta ese momento con lo poco que podía recordar de la primera vez que había leído el guion completo. ¿Estaría el rubio haciendo lo mismo? No era que realmente importara. Para más, había tenido que entrar a escena con el estúpido libro que no servía para nada, y ni siquiera había podido ver de qué se suponía que trataba; apenas y le había dado el tiro de leer el título: “Máscara del condenado”. ¿De qué demonios era? En fin, no importaba. Cargó con el peso muerto hasta el final de la escena, donde apenas había un receso como de cinco minutos hasta el siguiente cambio. Salió de escena junto al rubio, con un humor de los mil demonios, le hizo a un lado con un gesto despectivo de su mano y caminó hacia un grupo de extras, cada uno con un guion. ¿¿Cómo era posible que esa plebe tuviese libretos de sobra y a ella no le hubiesen podido alcanzar por lo menos uno??

Con permiso —Y si le dieron permiso o no, no le importó en lo absoluto, adjudicándose para sí el libreto del pirata de relleno más cercano, y buscando rápidamente la escena que venía. A ver. Blahblahblah, diálogo de relleno, blahblahblah, llegaban hasta el invocador y éste liberaba al terrible monstruo de la joya aunque Garnet se negase, blahblahblah, Marcus peleaba contra Bahldros, blahblahblah, la pelea se ponía intensa y el pirata le decía a la princesa que corriera, blahblahblah, ambos se…— QUÉ —exclamó, su voz vuelta una estaca aguda que taladró los oídos de todos quienes estaban cerca. ¿¿Se besaban?? ¿Pero por qué? Los personajes se conocían de hacía nada, no habían tenido tiempo de conocerse bien o de siquiera sentir algún tipo de atracción por el otro, ¡habían eliminado un montón de escenas de relleno que sin embargo ayudaban a dar razón a esa parte en específico! ¡No tenía ni pies ni cabeza! Definitivamente aquella obra era un asco. ¿En qué clase de producción de quinta se había metido?
¡Marcus y Garnet, a escena! ¡Invocador y extras también! ¡Ilusionista y utilería, pendientes! —gritó el director, al que la joven le había agarrado un infinito desprecio tras todas las penurias que había pasado. Se las cobraría, definitivamente se las cobraría… cuando saliera de escena.

1… 2… 3… ¡ACCIÓN!

Y volvieron a entrar, ella todavía cargando el libro que le habían entregado antes de la escena anterior. Dialogaba con Deamond, improvisando sin vergüenza alguna todos los diálogos que se suponía Garnet decía, e ignorando si el chico lo hacía también o no. Insistía, no recordaba a ese actor tan joven… no es que fuese viejo, pero creía recordar que ya pronto llegaría a sus treintas, y se veía casi de su edad. Desde que había empezado ese acto, tenía la extraña sensación de que algo estaba mal, algo aparte de básicamente toda la obra, cosa que había notado nada más pisar los tablones del escenario.

Llegaron con el invocador, y tras otros diálogos dispersos, ella pasó adelante, sacándose la joya de entre los pliegues del vestido y dándosela al actor para que hiciera su trabajo. Efectos de luces apocalípticos, cantos extraños y bailes alocados le dieron al ilusionista de la compañía la señal de que era hora de hacer su trabajo. Los esclavos de utilería arrastraron desde arriba del escenario un ENORME trozo de cartón, y el ilusionista proyectó la forma del tan temido e imponente Bahldros sobre éste.

¿QUIÉN OSA DESPERTARME A MÍ, BAHLDROS, ENCARNACIÓN DEL MAL? —Se escuchó desde uno de los extremos del escenario, donde un hombre distorsionaba y amplificaba su voz con magia, para añadir más teatralidad al asunto.

Hubo algunos diálogos entre Marcus, los piratas, el invocador y el propio Bahldros antes de que la batalla como tal comenzara. Sacando sus dagas de su cinturón, el pirata se lanzó al ataque… y contra todo pronóstico, picó el pobre cartón que usaban para proyectar al monstruo en cachitos. Exclamaciones de sorpresa y grititos ahogados se escucharon en el público, y la maga pudo divisar a su tía entre las primeras filas, con el mismo rostro de sorpresa que la mayoría de los espectadores. Ahí en el escenario parecía que todo se hubiese congelado: El ilusionista y la gente de utilería no sabían qué hacer, y los actores ahí presentes se miraban las caras entre ellos antes de mirar con asombro a Deamond. Incluso, desde atrás del decorado podía escuchar las voces nerviosas del resto del elenco.

¡Se suponía que eran dagas de utilería! —exclamaba el director— ¿¡Quién le ha dado dagas de verdad!? ¡¡Podría haberle hecho daño a alguien!!
¡Él llegó con dagas de verdad, señor! —se excusaba una de los nu mous encargados del vestuario, nerviosa hasta límites inimaginables— ¡Yo se las cambié por las de madera, no sé cuándo habrá vuelto a agarrar las reales!
Sigan —susurró fúrico el hombre, y su mirada asesina hacia el elenco en escena (ella no pudo sentirla ni intimidarse por ella pues estaba de espaldas a donde él se encontraba) fue tal que todos trataron de mantener la calma y seguir con lo que tenían… aunque tomando distancia de Deamond, por si llegaba a acuchillarse por error.
Deamond ni siquiera sabe usar armas de utilería —escuchó a la actriz que hacía de Shuli, quien en teoría debía entrar a escena en unos minutos—, ¿de dónde pudo sacar armas reales?
A saber. Llegó con ellas… ni siquiera sabía que vendría a trabajar hoy…

De repente, Shireen tuvo una epifanía. Se quedó observando fijamente al supuesto Deamond, con mirada sumamente inquisitiva. Decían que no iba a trabajar ese día, pero sin embargo se había aparecido. No sabía usar armas y era penoso incluso con las de utilería, pero acababa de acuchillar con toda la facilidad del mundo un trozo de cartón sumamente grueso con dagas de verdad, con las que casualmente había llegado, por lo que debían ser de él. Salía pitando hacia los camerinos cada vez que había un break entre escena y escena. El actor claramente estaba más envejecido, pero el muchacho frente a ella fácilmente podía ser de su edad. No la había tratado amablemente, como se suponía que tenía que hacerlo alguien de la clase del conocido dramaturgo, si no que le había tratado como si definitivamente no supiera en qué posición social se suponía que estaba…

Podía ver que el chico le hablaba, pero era como si el momento de revelación por el que estaba pasando hubiese bloqueado sus oídos. Por como se acercaba, esa definitivamente era la escena del beso... pero le importaba poco tirando a nada.

Tú no eres Deamond —susurró con rostro y tono de quien ha descubierto la verdad del universo, mirando al muchacho a los ojos una vez estuvo lo suficientemente cerca como para escucharla. Se alejó lentamente, abrazándose al libro con fuerza— ¡¡Tú no eres Deamond!! —exclamó con más fuerza, apuntándolo sin ningún tapujo— ¡Eres un impostor!

El público se miraba y comentaba entre sí lo que sucedía, anonadado. Las otras personas en escena paseaban sus ojos entre los dos rubios, sin saber qué hacer… y tras bastidores, la conmoción empezaba a hacerse cada vez más fuertes. El personal de seguridad del teatro empezaba a acercarse al escenario, listos para encargarse del supuesto impostor, y Shireen no tenía ningún tipo de remordimiento. ¡Era un colado de baja estirpe, tenían que alejarlo de su presencia!
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Re: El teatro, la mascara y la chica

Mensaje por Lloyd el Lun Dic 08, 2014 5:52 am

Vale, todo se había complicado demasiado en unos segundos... ¿Por qué demonios tenía que haber hecho esa demostración exquisita de dominio de armas? Por que la verdad es que había sido increible como se había cargado al gran demonio con sus dagas reales. Estaba orgulloso de ello aunque le hubieran pillado finalmente... Pero él nisiquiera había pedido estar ahí en medio ¡Le habían metido ellos! Aún así ahora no había salida, así que el propio Lloyd miró a la princesa a los ojos y sonrió de medio lado. No pensaba dejar que la obra acabase así como así, tenía que tener un final apropiado.

Tenía todavía unos cuantos segundos para pensar mientras la guardia llegaba para quitarle del escenario y seguramente meterlo en la carcel un par de días por impostor y a saber que más cosas... Mientras el muchacho pensaba miró el libro que la muchacha sujetaba entre sus brazos y abrió los ojos de sobre manera ¡Como podía haber sido tan idiota! La mascara no era una mascara real, si no el título del libro. Lo necesitaba y estaba seguro que ella no permitiría que él se lo llevara tan facilmente. Una sola idea cruzó por su cabeza... la obra terminaría en ese instante.

¡Maldición! Los guardias de las tinieblas vendrán a buscarme si seguimos por aquí princesa. Han intentado lavarte el cerebro— Y con una enorme sonrisa dijo lo siguiente—, pero no os preocupéis yo os curaré— Y así como quien no quiere la cosa se acercó rápidamente a ella y le plantó un pequeño beso en los labios. Estaba seguro de que la muchacha estaría increiblemente molesta por ello, pero aún así se aguantó la risa y la cogió de la mano, echando a correr hacia la parte de atrás del escenario, donde antes había visto una puerta que llevaba a la parte de abajo del escenario, donde se encontraban los guionistas que a veces debían decirles las frases que los actores olvidaban. Justo cuando estubo lo suficientemente cerca de la puerta se giró un momento para hacer una pequeña reverencia al público, mientras los propios telones se iban cerrando.

Luego volvió a agarrar a la princesa de la mano fuertemente y corrió por la puerta escaleras abajo, mientras que los guardias le perseguían. Si no estaba muy alejado de la realidad debía haber alguna salida de emergencia, y ninguno de los guionistas se atrevía a interferir en la escapada del muchacho... llevaba dagas, por favor. Lloyd no estubo demasiado seguro de si la chica que le acompañaba le estaba hablando, pero no tenía tiempo que perder en responder a cosas sin sentido que seguramente le estubiera gritando, debía encontrar la salida de emergencia.

Y walá, como por arte de magia allí estaba. Lloyd corrió a toda prisa, seguido de la chica. Abrió la puerta y miró hacia fuera... no era la calle, eran solo unas escaleras que llevaban a lo que sería el supuesto tejado, y seguramente algunos guardias anticipando el movimiento del muchacho ya hubieran ido arriba. Lloyd frunció ligeramente el ceño y tiró de la chica para que ella fuera primero subiendo las escaleras. El iría justo debajo, empujandola con la cabeza si no se atrevía a subir.

Y como no subas rapido te tocaré el culo, soy muy mala persona, ya ves— No se le ocurría una amenaza peor hacia una "princesita", seguro que le repugnaba que la tocara, así que tocarle sus posaderas debía ser delito nacional como mínimo.

Y así fue como subieron a toda prisa a lo alto del teatro. Todo esto parecía sacado de alguna otra obra de literatura Humme que había leído hace bastante poco Lloyd, pero era mejor no ponerse a recordar cosas ahora mismo. Una vez hubieron subido Lloyd volvió a coger a la chica del brazo y miró a todos lados. Por suerte la puerta que llevaba al piso inferior estaba todavía cerrada y nadie había entrado. Lloyd se acercó a toda prisa y puso algunos cajones que encontró en el techo en la puerta. No se preocupó de sujetar a la princesa, puesto que si era lo suficientemente lista sabría que si bajaba por las escaleras para intentar escapar, el haría algo. Después de poner las cajas se acercó a las escaleras en cuestión y miró hacia abajo. Parecía que los guardias no querían subir por las escaleras, no era buena idea al fin y al cabo.

Lloyd miró a todos lados, buscando alguna vía de escape. No podía quedarse atascado en aquél techo, eso estaba más que claro... pero ¿Que tenía en el cinturón? ¿Acaso no era el gancho que había usado como escape con una cuerda en el teatro para una de las escenas? ¡Lo era! Ahora solo debía encontrar algun punto de anclaje, algún tendal o algo parecido que estubiera un poco más abajo.

No tardó demasiado en encontrarlo. Se acercó a la cuerda en cuestión y disparó el gancho, acertando de lleno en un tendal de un piso por debajo, un primero. luego se quitó la chaqueta del disfraz y la pasó por la cuerda, haciendo una especie de deslizante para bajar sin problema. Solo habría que tener cuidado con el choque contra la pared.

Vale, te cuelgas a mi espalda a caballito y bajamos. La cuerda podrá con el peso de ambos. Una vez lleguemos hasta la pared nos dejamos caer y listo. Hay poca altura y no nos haremos daño. Adelante— Esperó hasta que ella se colgara y entonces cogió la chaqueta con toda la fuerza de sus dos brazos para bajar. Suerte que la chica no era un peso pesado. De golpe la puerta se abrió de un zapatazo y las cajas no sirvieron demasiado para parar a los guardias, los cuales las pasaron rápidamente y apuntaron al muchacho con una especie de ballestas con virotes electricos.

Lloyd bajó a toda prisa ¿No se daban cuenta de que si le disparaban iban a darle a ella? Vaya panda de ineptos. El deslizarse por la cuerda fue tan rápido que de golpe estaban llegando a toda prisa contra la pared del edificio de al lado. Lloyd puso ambas piernas para frenar la velocidad y luego se descolgó, cayendo al suelo de mala manera y la chica encima de él.

Después de unos segundos se levantó lo más rápido que pudo y se limpió las ropas. Les guiño un ojo a los guardias del tejado del teatro y volvió a coger a la muchacha para marchar a toda prisa de allí.

Escape exitoso, gracias por advertir de que no era yo "princesita", menos mal que pude salir de allí para conseguir lo que quería desde un principio.
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