El Gran Viaje

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El Gran Viaje

Mensaje por Drekkar el Vie Nov 07, 2014 4:41 pm




IN T R O D U C C I Ó N


Había sido una pelea muy encarnizada. La noche cayó a una velocidad pasmosa, cuya luna iluminaba los rostros sudorosos de ambas rivales.
-Ya basta…-susurró una dejando caer la punta de su espadón al suelo, jadeando mientras veía a su contrincante arrodillarse entre la maleza de aquel paisaje con múltiples heridas.-Has llegado demasiado lejos, Hatari. No lo alargues más.-espetó duramente. La luz, cada vez más intensa, reveló entre tanta oscuridad que se trataban de dos miqo’tes.
-Ayira…Tú…-balbuceó la llamada Hatari, soltando el hacha con el que había combatido y mirándola con desprecio.-No…Ayira no…Ya no…  no es tu nombre, dejó de serlo… hace ya… mucho tiempo…-tosía violentamente mientras la sangre corría por su rostro hasta colarse por sus labios.

Al ver que no respondía, Hatari soltó una carcajada amarga.-Una paladina…venciendo a un… caballero oscuro…¿A qué… es original? ¿O no responderás…y…vas a seguir… repitiendo lo mismo?-preguntaba burlonamente. “Ayira” endureció su rostro, pero no dijo nada.-Odio esa mirada…No te correspondía…dedicármela…sino… que tuvo que ser…al revés…-entonces, entre tantos sentimientos encontrados, Hatari empezó a llorar.-¡¡Me lo has arrebatado todo, así deja de mirarme de esa forma, Ayira!! ¡¡Cómo si fueras mejor que yo!! ¡¡MALDITA!!-la paladina cerró los ojos y suspiró, cansada.
-Yo no te he arrebatado nada. Tú elegiste tu destino y yo el mío.-contestó con calma, sin apartar la vista de Hatari.
-Bonita elección la tuya.-espetó cada vez más llena de amargura, sin dejar de sollozar.-Luchas por unos miqo’tes que te abandonaron a tu suerte cuando eras un bebé. No son tu familia, ya no.-Hatari comenzó a recuperar el aliento e intentó levantarse sin éxito.-Te dejaron en una aldea remota para que unos humes hicieran el trabajo sucio. Estás demasiado humanizada. Incluso el nombre con el que te has hecho llamar todo este tiempo procede de tus padres humes. Ya no tienes nada en común con aquellos a los que acabas de salvar… ¡¿Me oyes?!¡NUNCA SERÁS UNA DE ELLOS!

“Ayira” respiró hondo y dio un paso hacía Hatari. Ésta última quiso levantarse, pero le fallaron las fuerzas.-¡Eso es, Reizzy! ¡¿Mejor que te llame así?! ¡Haz justicia! ¡Justicia para los que te abandonaron, para tu queridos humes! ¡Mátame!-Reizzy May no había soltado su arma, pero no hizo ademán de querer usarla.
-Se acabó Hatari. Ya no más derramamiento de sangre.-sentenció la paladina sin apenas inmutarse, reacción completamente opuesta a lo que Hatari esperaba de ella.
-¿¡No se dedican los paladines a erradicar el mal?! ¡Mátame! ¡Antes muerta a que alguien como tú muestre piedad por mí!
-No voy a terminar esto con tu sangre y no es piedad lo que te estoy ofreciendo, sino la oportunidad de enmendar tus errores. Aún puedes echarte atrás.-pero más que reconsiderarlo, Hatari se burló una vez más. En pocos segundos tomó una expresión amenazadora.
-¡JAMÁS!-la miqo’te caballero oscuro tomó de nuevo su hacha e intentó atacar a Reizzy a traición todo lo rápido que pudo. La paladina reaccionó a tiempo y lo bloqueó sin muchos problemas.

-¡NECIA! ¡Has desaprovechado una oportunidad estupenda!-Hatari lanzó otro hachazo, esta vez más violentamente, pero estaba debilitada a causa del combate anterior; así que Reizzy volvió a parar el ataque y contratacó golpeando con la hoja el hacha, haciendo que se le escapara a Hatari de las manos.
-¡Basta!-exclamó Reizzy.-¡Esta locura ha de acabar ya!-la paladina no tenía intenciones de seguir haciéndole daño, pero Hatari no se lo estaba poniendo nada fácil para dejarla fuera de combate sin graves consecuencias.
-¡No parará hasta que mueras!-entonces Hatari se lanzó sobre Reizzy. La paladina, al no desear matarla, intentó contenerla lo máximo que pudo.-¡Todos esos miqo’tes son míos! ¡Es a mí a quien prepararon para ser su líder, no a la hija perdida de la que no se ha sabido nada en más de sesenta años!-la caballero oscuro le propinó un puñetazo en la barbilla.-¿¡Qué derecho tienes tú a parte de la sangre que corre por tus venas?! ¡¿Por qué se han esforzado en protegerte tanto?!

Reizzy le pegó un codazo en las costillas, apartándola de encima suya e intentando levantarse. No sabía qué hacer para dejarla fuera de combate.
-Yo no les he salvado para que me sirvan, sino porque es lo correcto. No me interesa para nada ese cargo.-se limpió el hilo de sangre que le salía de su labio con el dorso de la mano.-Has intentando someterlos. Pecaste como hacen la gran mayoría, subestimando al pueblo…-
-¿Y tú qué sabes?-espetó Hatari escupiendo a un lado.-El poder no se ha ganado nunca con cuentos de paz y amor.
-Y un gobierno donde no hay libertad llega un momento que deja de tener futuro…
-¡Basta de chácharas!-Hatari tomó de nuevo su arma y esta vez Reizzy consiguió prepararse a tiempo para contenerla. El espadón y el hacha se cruzaron otra vez más y cada estocada se volvía más desesperada a medida que pasaba el tiempo. Ambas estaban débiles después de una reñida primera ronda, en aquel momento estaban al límite.

El lugar donde se desarrollaba el combate no resultaba para nada alentador para Reizzy. A pocos metros de donde ambas miqo’te te hallaban, había un barranco de caída considerable y señales prácticamente nulas que avisaran de la cercanía de cualquier punto de civilización. Estaban rodeadas de vegetación y la paladina difícilmente podía pedir ayuda para inmovilizar a Hatari, quien estaba fuera de sí.

Para su desgracia, Reizzy empezó a retroceder hasta estar peligrosamente cerca del barranco.-Eres patética.-repetía Hatari una y otra vez mientras se acercaba amenazante hacia la paladina.-Aún no me explico cómo has sobrevivido todo este tiempo. Antepones la vida de los demás…Es sin lugar a dudas tu mayor error.-Hatari parecía creer que tenía a Reizzy acorralada, pero la paladina no estaba dispuesta a que todo terminara de aquella manera. Con cierta agilidad y a su vez cuidado, intentó hacerse a un lado y pasar por el lado de Hatari. Su plan inicial era sostenerla de los brazos e intentar pararla de una vez por todas. No era el método que más le gustaba, pero si quería que Hatari meditara sobre lo que hizo o que tuviera un juicio, era la única solución que había encontrado.

Pero su rival resultó moverse con la misma velocidad. Reizzy había conseguido evitar el barranco y se había situado en una zona segura, pero Hatari Zhenga no corrió la misma suerte. Se había lanzado precipitadamente presa de la ira.
-¡Hatari!-Reizzy intentó extender su brazo para agarrar a la caballero oscuro, pero su largo cabello castaño se escapaba de entre los dedos y la vio caer.

Pasaron segundos que resultaron una eternidad para la paladina. Reizzy había echado a correr por uno de los caminos seguros que llevaban abajo y se acercó todo lo deprisa que pudo al cuerpo de Hatari. Había quedado totalmente destrozada,sin dejar de sostener su hacha. Un sentimiento de culpabilidad inundó a Reizzy, que se arrodilló a su lado e intentó reanimarla con una cura pero fue inútil. Hatari Zhenga había muerto. Todo lo que había planeado había salido justo al revés.

-¡Tía Reizzy!-oyó una voz detrás de ella. Vio a una hume de largos cabellos como el oro y ojos castaños situada cerca de un árbol. Una larga capa cubría todo su cuerpo.
-No pude hacer nada por salvarla, Meya.-dijo Reizzy realmente apenada. Hatari y ella eran opuestas, pero a su vez semejantes. Ambas habían tenido formas apasionadas de ver la vida y les unía el vínculo de la tribu donde habían nacido. Hatari había odiado a Reizzy con todas sus fuerzas, ¿pero habría sido amiga de Ayira? ¿Se habrían llevado bien si se hubiera criado con sus padres biológicos? Y siendo Ayira, ¿habría desarrollado sus actuales sentimientos? Eran muchas preguntas, pero en aquel momento solo sentía culpabilidad. Había ganado el combate, pero la sensación era tan amarga como la derrota. Había fallado.
-Hiciste lo que pudiste, tía.-intentó consolarla la hume, situándose a su lado.-Hatari no tenía intenciones de cambiar, no es tu culpa.
-Siempre he predicado que preservaría el derecho de la vida y aun así no he podido evitar la muerte de Hatari. No hice lo suficiente.-tomó su capa y tapó el cuerpo con ella.-Pero ahora tengo que pensar en que hacer en el futuro. Hatari ya no hará daño a nadie más.
-¿Seguirás con tu viaje?-Reizzy le dedicó una mirada resignada, pero pronto cerró los ojos y suspiró.
-Mis días como paladina errante han acabado, Meya. Tengo que asegurar la paz de este lugar y atender…otros “asuntos”...

Tenía intenciones de darle sepultura a Hatari y después asegurarse de saber que había sucedido con sus seguidores. Finalmente, se prepararía definitivamente para los grandes cambios que estaba por venir.


Última edición por Drekkar el Lun Dic 22, 2014 2:13 am, editado 1 vez (Razón : Faltas ^^U)
avatar
Drekkar
Neutral
Neutral

Mensajes : 370
Fecha de inscripción : 05/11/2014
Edad : 23
Localización : En mi despacho; Miqo'te S.A.

Hoja de personaje
 : 1
 :
0/100  (0/100)
 : Guerrero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Gran Viaje

Mensaje por Drekkar el Sáb Nov 08, 2014 4:56 pm

30 A Ñ O S  D E S P U É S


C A P  Í T U L O  1
Drekkar


En la aparente calma que reinaba en la ciudad de Palamecia bajo la luz de la luna, se escuchaban pasos apresurados avanzando por las calles y los ecos de tímidas risotadas embargadas de emoción. Palamecia era normalmente un lugar imponente y dado a la fe (allí se encontraba la sede de la Iglesia del Dogma), siendo obvio que hubieran ciertas actividades que resultaran estar mal vistas. Cierto muchacho con su moto era consciente de las consecuencias si supieran en lo que se estaba metiendo, pero era precisamente todo aquel secretismo y el enorme riesgo lo que más le gustaba.

Las afueras era un lugar idóneo para echar algunas carreras. No se trataban de grandes competiciones donde “ejércitos” de fans se reunían para ver correr a una gran selección de temerarios con sus motos, sino un evento más modesto y únicamente accesible para unos pocos. La intención era llamar la atención lo menos posible y ni siquiera tenían premios para el ganador, únicamente el orgullo y la satisfacción que daba el dulce sabor de la victoria.

Esa noche en concreto, el impulsivo muchacho se había colocado junto con sus tres contrincantes de ese día uno a cada lado, preparados para la acción. Delante de ellos había un hume que sostenía dos pequeñas banderas, una a cada mano. Quedaba un minuto para que hiciera la señal y comenzara la carrera.
-Cuidado, Gringock, no vayassss a perderte.-le dijo uno de sus rivales. Una enorme mole, de seguramente dos metros de altura y más de cien kilos de peso, que portaba un casco muy parecido al yelmo de un caballero dragón. El muchacho sintió un escalofrío recorrer su espalda al pensar durante una milésima de segundo en su tío Rouck.
-Sigue soñando, Rammstein.-se burló el joven, después hizo un gesto obsceno con el dedo pulgar y el índice.-Hoy la derrota te lo va a dejar así, lagartito.-oyó el rugido de enfado de su contrincante.
-Esssso esssstará por versssse…-dijo el susodicho Rammstein conteniéndose.

El muchacho se aseguró de tener el casco bien puesto y que su querida moto no le diera un disgusto de último momento antes de que el hume de las banderas diera la señal después de la cuenta atrás. Notaba su corazón ir a mil por ahora y una pícara sonrisa se escapada de sus labios. Ansiaba echar aquella carrera más que otra cosa, su “chute” de adrenalina para dar el día finalizado como él quería.

Cuando dieron la señal, Rammstein y él salieron al unísono, dejando a los otros corredores aún reaccionando. El muchacho empezó a gritar mientras la emoción lo embargaba. Estaba en su salsa, completamente concentrado en pasar al bangaa. Desde que había empezado con esto, que tenía aquella fuerte rivalidad por Rammstein, él único que siempre conseguía igualarle en los resultados. Incluso había noches en las que dejaban al resto atrás y la carrera estaba completamente enfocada en ellos dos.

Acabaron igualándose y a una distancia imprudente entre ellos. El muchacho juraría que el bangaa podría oír sus latidos. Como si de una tradición se tratara, ambos se dedicaron miradas desafiantes y llenas de determinación. A medida que pasaban los segundos, se adelantaban mutuamente; Rammstein conseguía durante poquísimo tiempo dejar atrás a Gringock, pero también pasaba a la inversa.

Hasta que hubo un momento que el muchacho tomó más velocidad de la normal. Todo su alrededor se volvió a simple vista un popurrí de líneas de colores y dejó de ver a Rammstein.-“Vamos…”-se dijo a sí mismo.-“Más rápido, aún puedes ir a más”-y lo olvidó todo. Se sentía completamente ligero, mientras el mundo tal y como él lo conocía desaparecía. Él podía ser como el viento, como el vuelo de un dragón; al menos en aquellos instantes.

Sin preocuparse de quien iba delante o detrás, Drekkar cruzó la línea de meta y frenó en seco. Había bajado de su nube de emociones intensas, pero le faltaba aliento y su corazón estaba a un paso de salírsele por la boca.-¡Tenemos un ganador!-ante aquel grito, Drekkar buscó automáticamente a Rammstein. El bangaa se había quitado el casco y lo miraba completamente irritado. Podía apreciar sus dientes afilados sobresaliendo de su escamosa boca.

El tipo de las banderas fue hacía él y lo tomó de un brazo, alzándolo mientras que los pocos seguidores de aquella carrera gritaban su apellido con fervor.-Drekkar Gringock ha ganado la carrera de hoy. Nuestro aspirante parece dejar claro que va a por todas. Nuestro actual campeón, Grathus Rammstein, va a tener que andarse con cuidado.-sonaron los aplausos. Drekkar se quitó el casco y suspiró aliviado. Las gotas de sudor bajan de su frente hasta empaparle todo el cuello, dándole una agradable sensación de frescor (algo que endulzaba su victoria).
-Yo de ti no me confiaría. Hasssss ganado una batalla, pero no la guerra…-dijo Grathus acercándose a Drekkar de forma amenazadora.-Estássss a una carrera de quitarme el título. Pero no creassss que vassss a tener la ssssuerte de hoy.
-¡Ojú! La próxima vez tráete la vaselina, te veo irritado, lagartito.-se burló Drekkar hundiendo una mano en su oscura mata de pelo y despeinándoselo.
-¡T…!-el bangaa le tomó del cuello de la chaqueta bruscamente.-¡Vuelve a llamarme lagarto y te juro que del golpe que te pego te ssssaldrán los ojossss por el culo!-bastaron dos hombres para agarrar a Grathus Rammstein, uno en cada brazo, y apartarlo de Drekkar. El muchacho sonrió levemente, de forma maliciosa. Era una gran ventaja tener a un rival que saltaba a la mínima y más si se trataba de un bangaa.

Aunque para Drekkar había algo peor que un bangaa encolerizado: el momento de volver a casa sin despertar a su familia. Sus hermanos pequeños eran de sueño profundo, pero no podía decir lo mismo de sus padres. Ya tenía una edad para evitar darles explicaciones, pero si les daba por preguntar dónde había estado aunque fuera para sacar un tema de conversación, le descubrirían la mentira enseguida. No se enfadarían por el mismo tema de los años, pero los decepcionarían.

Intentó no pensar en ello y se dirigió con calma a su casa una vez terminó el evento. El solo pensar que su cama le esperaba con ansias hacía que la boca se le hiciera agua. Después de su necesitada carrera, podría dormir lo que quedaba de noche como un bebé, aunque le esperara la rutina al amanecer.

Drekkar daría lo que fuera por evitarla. Cuando era de día, todo aquel potencial que mostraba en las carreras que convertía en torpeza. Era muy peligroso darle objetos frágiles porque el muchacho siempre se encargaba de que acabaran en mil pedazos. Tampoco le gustaba caminar ni ir de cada en casa como repartidor de comida, habían ancianas que llegaban a pedir lo suficiente como para no morirte de hambre en tres meses. Eran los inconvenientes de tener un negocio familiar, una pequeña tienda de comestibles; a Drekkar le tocaba sí o sí ayudar a su padre.

Era el único de sus hermanos que estaba disponible para hacerlo. Su hermana mayor, Darya se había ido a vivir temporalmente con el tío Rouck y la tía Reizzy para seguir con su adiestramiento como caballero dragón. Erson y Ridick todavía estudiaban.
-“Claro, al final soy yo el que tiene que heredar el negocio familiar y a joderme la espalda, muy bonito, sí señor.”-al pensarlo, frunció el ceño.

Se obligó a apartar esos pensamientos en la cabeza, tenía demasiado sueño como para permitirse acostarse enfadado. Cierto era que sus mañanas no eran lo a él más le gustaba, pero una vez más se obligó a recordar sus hobbies nocturnos y en pensar como Rammstein se había enfadado por su derrota. Su gento cambió automáticamente y esbozó una sonrisa cómplice.

Su casa se hallaba cerca del centro de Palamecia. Ir y venir de un rincón a otro era un engorro debido al paisaje montañoso donde se hallaba (también hacía más emocionantes las carreras, no iba a negarlo). Una vez llegó sacó las llaves de forma brusca, consiguiendo que se le cayeran. Ante el ruido cerró los ojos y las recogió para abrir rápidamente y rezar que no le hubieran descubierto. Encadenó la moto y le dedicó una mirada reprochadora a la tienda familiar, justo al lado, y entró todo lo sigiloso que pudo.

No era una casa muy grande. Tenía dos plantas (en la primera el salón, cocina, comedor y lavabo; y en la segunda los dormitorios) y tenía cierto toque rústico como la cabaña donde su padre se había criado de pequeño con los abuelos y la bisabuela Ohanna (también pasaban allí las vacaciones todos los años).
Dejó una chaqueta colgada en el perchero y dejó colgadas las llaves justo al lado del retrato familiar. Subió los escalones poco a poco y de dos en dos, un método que le funcionaba casi siempre y suspiró de alivio una vez entró en su dormitorio.

No lo pensó dos veces, se lanzó hacia su cama como un niño en una tienda de caramelos y sin quitarse la ropa, se quedó allí abrazo a la almohada. No pasaron dos minutos cuando empezó a soñar.

---
EDIT: Capítulo ampliado.
*El apellido del bangaa (Rammstein), lo puse como guiño a la famosa banda alemana del mismo nombre. Por si acaso dejo el dato y eso xD


Última edición por Drekkar el Mar Dic 23, 2014 7:25 am, editado 1 vez
avatar
Drekkar
Neutral
Neutral

Mensajes : 370
Fecha de inscripción : 05/11/2014
Edad : 23
Localización : En mi despacho; Miqo'te S.A.

Hoja de personaje
 : 1
 :
0/100  (0/100)
 : Guerrero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Gran Viaje

Mensaje por Drekkar el Dom Nov 23, 2014 2:03 am

C A P  Í T U L O  2
Redreck {1ª Parte}


Las ganas de tirar el despertador por la ventana iban en aumento. Aquella empalagosa melodía resonaba por toda la habitación y por mucho tiempo que pasara, Redreck Gringock jamás iba a acostumbrarse ella.
-¿Qué hora es, cariño?-le preguntó Yumirya ladeando la cabeza levemente, tumbada a muy pocos centímetros de él.
-Las seis de la mañana.-respondió Redreck entre susurros. Con las pocas fuerzas que tenía y aún medio adormilado, se levantó como pudo de la cama. Yumirya le siguió.-Buenos días.-le dijo mientras la rodeaba con los brazos y besaba su cuello.
-Buenos días.-sonrió ella devolviéndole el abrazo.-¿Te encuentras mejor de la espalda?-le pregunto mientras bajaba sus manos hasta la zona lumbar.
-Me estoy haciendo viejo, Yumi, a mejor ya no puedo ir.-dijo entre suspiros.-Pero puedo ser productivo todavía.-no podía alargarlo más, tenía una tienda que llevar.
-Me alegra oír eso.-respondió ella jovialmente.-Hoy me toca a mí preparar el desayuno. No tardes mucho en vestirte.

Mientras Yumirya marchaba hacia la cocina, Redreck entró en el lavabo y se situó frente  al espejo. Frunció el ceño y suspiró resignado al verse reflejado y recordar una vez más que ya era un viejo. Ya no quedaba nada de aquel joven de cabellos como el ébano cuya vida pasada había sido un cúmulo de emocionantes experiencias, de guerrero solitario a padre de familia. Le asustaba lo rápido que podían pasar los años, necio fue al pensar en sus años de juventud que tardaría en verse como en aquel momento.

-¡¡¡Eeeh!!!-el cepillo de dientes que había tomado se le escapó de entre los dedos ante aquel grito, tocaban la puerta con frenesí.-¡¡¿¿Vas a tardar mucho??!! ¡¡Tengo el meao’ en la punta!!-no podía ser otro que su benjamín: Ridick.
-Mira que llegas a ser vulgar, hermanito.-contestó Erson con tono severo.-¿Padre, cuanto te queda? Tengo examen a primera hora…
-¡Qué ya voy, coño!-exclamó Redreck intentando poner bien la pasta de dientes en el cepillo.

Después de tener a sus dos hijos menores berreando junto a la puerta, por fin pudo asearse. Bajó a la cocina entre bostezos y se dejó caer en la silla, cruzando los brazos y tentado de apoyar la frente sobre la mesa.
-Anda, ten.-Yumirya le tendió una taza de café y unas tostadas. Redreck las tomó de buen grado.-¿Sabes? Si no te encuentras bien no pasa nada. Puedo apañármelas con la tienda por ti mientras te tomas unas pequeñas vacaciones. Trabajas muy duro.
-¿Y la taberna qué?-reconocía que un descanso le iría bien. Pero le costaba desprenderse de su trabajo y tampoco quería que ella cargara sola con todas las responsabilidades.
-Puedo buscar alternativas. Mi jefe puede ser comprensivo si le explico la situación, consideraría la idea cambiar temporalmente el turno…
-No hace falta, estaré bien.-dijo Redreck tomando un sorbo.-Una buena taza y como nuevo.-su esposa no se quedó nada convencida, pero suspiró resignada y se sentó al otro lado de la mesa.
-Ya verás lo que haces.-dijo mientras dibujaba una leve sonrisa y saboreaba su café. Redreck intuyó que estaría pensando una y otra vez lo terco que podía llegar a ser.

Unos pocos minutos después, Erson y Ridick hicieron acto de presencia. El primero se sentó con tranquilidad mientras tomaba su taza con una mano y con la otra resisaba uno de sus apuntes, al contrario que su hermano pequeño, quien hizo ruido con la silla y se dejó caer. Tanto el uno como el otro eran completamente opuestos y difícilmente le creían cuando decía que eran hermanos.
-¡Dos días! ¡Solo dos días!-exclamó Ridick rompiendo el silencio que se había formado en torno a ellos.
-¿Dos días? ¿Para qué?-preguntó Redreck levantando las cejas mientras miraba a su benjamín un tanto confuso.
-¿Cómo que para qué? ¡Pues para mi partido de Blitzball contra el equipo de estudiantes de Midgar!-cada uno de sus hijos tenía, por así decirlo, una enfermiza obsesión por sus respectivas aficiones. La de Ridick era aquel deporte tan sobrevalorado – así había pensado Redreck siempre – pero no era quien para criticar que su hijo por lo menos se mantuviera en forma de alguna manera. ¿Cuál era el sacrificio que tenía que hacer? Asistir a pequeños eventos entre jóvenes de entre doce y dieciséis años donde competían por una beca.
-Yo creo que el dinero que dan como premio tendrían que administrarlo en cosas más importantes.-espetó Erson mientras se colocaba bien las gafas. Tenía la forma de la cara y el mismo color de cabello que Redreck (recogido en una cola de caballo en la nuca), pero había heredado los ojos de Yumirya. Ridick, que si era una viva imagen de su madre, fulminó a Erson con la mirada.
-Claro, para que te paguen los cacharros de científico loco y así acabes explotando la casa.-dijo empezando a alterarse. La mañanas con ellos dos discutiendo eran el pan de cada día.
-¡No empecemos!-Redreck dio una palmada en la mesa y ambos se callaron.
-Avisa cuando hagas eso, cariño, por poco me tiras la taza al regazo.-dijo Yumirya con sorpresa.-Y no sois mejor el uno del otro, ambos tenéis aficiones igual de buenas, que se os meta ya eso en la cabeza.

-¿Pero qué cojones pasa? Se os oye hasta con la puerta cerrada.-dijo entonces Drekkar. El muchacho entro con su melena toda alborotada y aún en pijama; era una costumbre suya desayunar antes de arreglarse.
-Buenos días, Drekky.-le dijo su madre mientras le señalaba las tostadas.-Come deprisa, tu padre va a necesitar ayuda hoy.-Redreck reprimió una carcajada amarga, aún seguía pensando en que estaba demasiado hecho polvo para trabajar.
-Es que hasta cuando no la necesita tengo que estar en esa dichosa tienda, que lata.-se quejó Drekkar con un tono de voz demasiado infantil. En aquel momento, con Darya – la primogénita – en Alexandria, él era el que tenía que dar más ejemplo entre sus hermanos. Que los Fal’cie los cogieran confesados.
-De algo tendrás que vivir a estas alturas, ya no eres un crio.- dijo Redreck frunciendo el ceño.-Estas son las consecuencias de la decisión que tomaste al no querer ampliar más tus estudios, debes trabajar.-su obsesión por no caer en la rutina le había llevado a renunciar hasta tres trabajos.

El resto del desayuno trascurrió sin mucha agitación. Había llegado el momento de atender la llamada de las responsabilidades.
-Alegra esa cara, hombre. Tampoco es tan malo que eches una mano.-le dijo Yumirya a Drekkar en la entrada mientras le pegaba una débil palmada en la mejilla, con Erson y Ridick a cada lado. Ella acompañaría los acompañaría un tramo debido a que sus caminos coincidían un par de manzanas.-Y Red, enserio, si te vez muy saturado, descansa.-finalizó besando la mejilla de su esposo.
-Que estoy bien, mujer.-espetó Redreck, pero esta vez con una sonrisa que no pudo reprimir, devolviéndole el beso.

Tanto ella como los más jóvenes de la casa salieron, aunque antes de irse, Yumi dijo una última cosa.-Si Darya llama, mándale un beso de mi parte.
-Descuida.-Redreck los despidió con la mano. Una vez se quedaron Drekkar y él solos en la casa, se dedicaron una mirada fulminante mutua.
-¿Qué pasa?-preguntó el joven alzando una ceja.
-Ayer también saliste por la noche, ¿verdad?
-Bueno…sí. Estaba…saliendo…para ver a unos amigos.-Drekkar tartamudeó. Era consciente de que a Redreck no se le podía engañar tan fácilmente.
-Saliendo con amigos, ¿eh, campeón?-por un momento, mostró una sonrisa, confundiendo a Drekkar. Pero en el mismo momento que él se mostró contento, su expresión cambio a una mucho más severa.-¿Qué amigos? ¿Sally? ¿Ese tal Rammstein? ¿Caleb?
-Pues la verdad es que s…
-¿¡Te crees que tu padre es idiota?!-gritó Redreck, sobresaltando a su hijo.-Sé que te vas a correr en esas absurdas carreras. ¿Y qué amigos? Pero si no les has dirigido nunca la palabra a nadie de tu edad por esa mierda tuya de ser temerario, no anclarse en los sitios o de esas gilipolleces tuyas. El único que tiene paciencia contigo es tu primo Eizen y está en Alexandria, merluzo…
-Oye que ya teng…
-¡Me importa una mierda tu edad! ¡Esa moto la conseguí a base de sudor y sangre! ¡Cómo me la destroces te juro que saborearás la velocidad de la tremenda patada que te pienso pegar en el culo! ¿Ha quedado claro?

Drekkar asintió con la cabeza y durante unos segundos ambos se quedaron en silencio. Redreck se había relajado un poco más, pero aún seguía con el ceño fruncido.-Drekkar…-se llevó una mano a la frente.-Sé que eres mayor y que tienes libertad para tomar tus decisiones, pero este camino que has elegido está condenado a ser una cuesta abajo. Te vas a llevar un disgusto muy grande tarde o temprano.-que su hijo tomara las mismas decisiones que tomó él en su día era uno de sus miedos.-No pienses que quiero limitarte, pero soy tu padre y es mi deber ayudarte.
-Lo entiendo…-suspiró el joven, pero no parecía por su tono de voz que lo tuviera todo claro. Redreck vio que la conversación no llegaría a ningún punto.-Ya lo hablaremos en otro momento.  Mientras prepárate, que en media hora abrimos la tienda.

El muchacho no dijo nada y subió rápidamente. Dos minutos después sonó el teléfono.-“Darya…”-su primogénita siempre llamaba a aquellas horas cada dos días. Suspiró y descolgó, sin querer que se notara en la voz que estaba un tanto agitado.-¿Diga?
-¿Papá? Soy Darya-respondió la muchacha de buen humor.
-Hola, Dary, ¿qué tal todo? ¿Es el tío Rouck muy exigente?
-¡Genial! He perfeccionado mi salto y el tío me ha dicho que está orgulloso de mí.-Redreck no dudó en ningún momento reconocer lo feliz que se sentía de oír aquello.
-No sabes cómo me alegra saberlo. ¿Y la familia cómo está?-preguntó. Las obligaciones impedían que pudiera visitar a Rouck y a Reizzy como desearía.
-Hasta arriba de trabajo, los pobres apenas pueden descansar, pero están bien. Eizen sigue en su línea de paladín rancio y Larra tan enérgica como siempre. Yo habré mejorado en salto, pero ella no tiene rival cuando se trata de su Hálito Rayo. Me ha ganado ya tres veces en los entrenamientos.-ante aquello, Redreck soltó una carcajada. Los hijos de su primo se habían intercambiado las personalidades de sus padres. Eizen, como paladín, tenía un poco más de su padre y Larra, siendo caballero dragón, era un torbellino como su madre.-¿Tú cómo estás de la espalda? ¿Mamá está bien? ¿Y esos tres diablos que tengo como hermanos?
-Yo aguanto como puedo. Tu madre está como una rosa y de mejor humor.-respondió más tranquilo.-Erson sigue estudiando sin descanso, Ridick está nervioso por su partido de Blitzball. Drekkar está tan cabezota como siempre, estoy pensando en ver si busco alguna alternativa para enderezarlo.
-Puede venirse a Alexandria, iba a saber lo que es bueno mientras yo lo vigile.-dijo Darya con tono malicioso.-¡Uy, me llaman para entrenar! ¡Hasta otra!
-¡Hasta otra! Tu madre te manda un beso.-dicho eso, Darya colgó.

En ese momento bajó Drekkar vestido con un chándal gris, con el cuello envuelto por  su inseparable pañuelo rojo.-Bueno, ¿Cuánto queda para abrir?-dijo el muchacho con pocas ganas.
avatar
Drekkar
Neutral
Neutral

Mensajes : 370
Fecha de inscripción : 05/11/2014
Edad : 23
Localización : En mi despacho; Miqo'te S.A.

Hoja de personaje
 : 1
 :
0/100  (0/100)
 : Guerrero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Gran Viaje

Mensaje por Drekkar el Sáb Dic 06, 2014 2:01 am

C A P  Í T U L O  3
Redreck {2ª Parte}

Abrir la tienda supuso algo gratificante para Redreck, curiosamente. Aunque estaba seguro que Drekkar no diría lo mismo por la cara de asco que había puesto al pisar el establecimiento. No era una gran tienda, únicamente una sala repleta de estanterías llenas de tarros y otros alimentos en conserva. Estaban enfocados en una clientela ya de avanzada edad o de gente más joven que se había hartado de las subidas de los precios que habían hecho en las tiendas de más “prestigio” de Palamecia. También contaban con servicio a domicilio; tarea que se repartían normalmente Redreck y Drekkar.
-Drekkar, levanta las persianas.-dijo Redreck mientras se situaba delante de la caja e intentaba acomodarse en una silla llena de cojines. El muchacho así hizo, para después sentarse en el suelo, en el primer sitio que pilló. No estuvo mucho rato, porque a los quince minutos empezó a llegar la clientela habitual.

Primero fue la señora Yoon, procedente de Wutai y que había venido a Palamecia en busca de oportunidades. Le encantaban los pepillos y las galletas de canela, se los terminaba al día de comprarlos, y por eso Redreck ya lo preparaba todo para su llegada. Después llegó un joven matrimonio recién casado preguntando si tenían tofu y romero. Y antes de la guinda al pastel pasaron por allí el viejo Dan, una amante de los gatos llamada Sissei y un veterano mago negro que se hacía llamar Magnus; la última no estuvo presente, pero si llamó por teléfono.
-Tienda de comestibles Gringock, ¿en qué le puedo ayudar?
-Redreck, mozo, soy Grimelda Hopkins.-se presentó la susodicha con una voz raspada. Era una anciana de caso ochenta años que no podía levantarse debido a su delicado estado de salud.
-Señora Hopkins, me alegra oírla, ¿qué va a desear hoy?-le caía bien aquella mujer, hace casi treinta años les había ayudado a su esposa y a él a establecerse en la ciudad.  Tomó nota del pedido, casi de memoria porque no solía variar en su compra.
-Ay, gracias, no sé qué haría sin ti, Reddy.-dijo Grimelda entre risas, seguidas después por tos.-Te juro que si hubiera llegado a conocerte mucho antes te habría echado el guante sin pensarlo dos veces.-nunca había sido dada a hacer ese tipo de comentarios, pero el paso de los años la habían hecho más atrevida. Redreck se limitó a tomárselo en broma.
-Enviaré a mi hijo enseguida. Póngase buena y que tenga un buen día.-finalizó, colgando el teléfono y levantándose de la silla como mejor pudo. Encontró a Drekkar ordenando una estantería llena de latas de sardinas.-Drekk, hoy te toca llevar el pedido de la señora Hopkins a ti.-le dio el papel donde estaba anotado todo lo que debía coger.
-¿Enserio?-el joven no disimuló su desagrado.-Esa mujer sabe cómo hacerme sentir incómodo con una sola mirada, es como si tuviera rayos X o algo.-pero una mirada de reproche de Redreck bastó para que hiciera su parte del trabajo sin poner más pegas.

Una vez Drekkar se había ido con la moto con el pedido sobre la espalda, Redreck se sentó de nuevo y se quedó unos minutos mirando al techo sin saber qué hacer. Lo único que se le ocurría, tanto aquel día como los anteriores, era preguntarse una y otra vez si toda su vida era un sueño. Él, quien había nacido en pleno bosque, qué había llegado a escapar para perderse en la inmensidad del mundo, había acabado formando una familia y llevando una tienda. Todo era…tan tranquilo.

Entonces, oyó que abrían la puerta. Redreck bajó la vista hasta encontrarse con la mirada de su nuevo cliente. Pasaron unos segundos en los que no conseguía salir de su asombro, pero acabó dibujando una sonrisa.
-La paternidad te sienta bien, Gringock.-contestó una mujer de apariencia exótica con cierto sarcasmo.
-Que te den, bonita.-dijo él en tono bromista, tendiéndole la mano. Ella se la estrechó.

Se trataba de Derina, una semi-viera que había vivido la gran parte de su vida en las afueras de la selva de Golmore. Redreck la conoció tiempo atrás gracias a Reizzy, con quien tenía una estrecha amistad. Aunque lo más sorprendente es que también conocía a Yumirya de mucho antes. Si no hubiera sido por Derina, jamás se habría casado con ella, había sido quien le había salvado de morir a causa de la gangrena.
-¿Qué le trae a una jovencita como tú a un lugar como este?-los años apenas habían pasado para Derina, quien aún conservaba su aspecto jovial.
-Hablar de cosas…muchas cosas.-dijo la semi-viera mirando a un lado de la tienda. A Redreck aún le costaba acostumbrarse a sus constantes miradas perdidas. Siempre pensó que algo extraño le afectaba en la mente.

Antes de poder preguntar qué era lo que tenía que decir, alguien más entró en la tienda y se trataba esta vez de una viera en todo su esplendor. Que hubieran venido dos en el mismo día a la misma hora significaba que algo extraño estaba pasando.
-¡¡Tía Derina!!¡¡Te he estado buscando por todas partes!!-gritó la viera con los brazos en jarras. Tenía el color de la piel y del pelo como Derina, pero a diferencia de ella, si tenía las características orejas de conejo dignas de su raza.
-Solea, cielo.-rió Derina disimuladamente.-Ahora mismo me estaba preguntando donde te habías metido.
-¿¡Qué tú…!? ¡Venga ya!-chilló la joven, pero cuando su mirada se encontró con Redreck, cerró la boca y se sonrojó.-Lo siento…no era mi intención…eeeeh…montar un espectáculo…
-Tranquila, es comprensible.-y lo dijo enserio. Solo Reizzy parecía inmune a la forma de ser de Derina. Aquella semi-viera era todo un misterio.

Hubo un pequeño silencio, pero un tanto incómodo. Derina tosió y rompió con aquel ambiente mirando primero a Redreck y luego a Solea.-¿No te ayudan con la tienda?
-Sí. Hoy le toca a Drekkar, aunque en este momento está llevándole a la compra a una clienta algunos problemas para poder andar.-contestó él, extrañado.
-¡Ooh! Solea, ¿por qué no le buscas y le echas una mano?
-¡¿Qué cómo?!-chilló la joven viera. Derina la observó con aparente calma, pero había algo en ella que hizo que su sobrina tragara saliva y gruñera por lo bajo.-Esta bien…voy…-se despidió de Redreck con la mano y salió de la tienda dejándole aún más confuso.

El semblante de Derina cambió, con una seriedad jamás vista en ella. Se acercó al mostrados y apoyó las manos en ella.-Tenemos mucho de qué hablar, Redreck.-entre los dedos tenía un trozo de tela ensangrentada y se la enseñó.
-He visto este color antes…-dijo casi pensativo, frotándose la barbilla. Aquel trozo tenía estampado en ellas figuras en forma de hoja. Solo conocía a alguien que tuviera un gusto tan hortera: Sasha Meowy. Que estuviera empapado de sangre hizo que tensara todo su cuerpo.

Sasha era una ilusionista miqo’te perteneciente a la tribu de donde procedía realmente Reizzy May, los Roca Ígnea. Después de que la paladina derrotara a la caballero oscura Hatari Zhenga, fue Sasha quien tomó el mando de la tribu y no la propia Reizzy aunque fuera su derecho de sangre. Redreck y ella habían hecho buenas migas, tenía una forma de ser divertida y muy dada a las bromas.
-¿Qué…Es…es de…Sasha?-quiso que solo fueran suposiciones suyas, pero Derina había asentido con la cabeza.
-A Sasha la atacaron hace un mes en Kilika. Al parecer intentaron matarla con una daga por la espalda…
-¿Y cómo está?
-Por suerte puede contarlo, pero acabó herida cuando intentaba quitarse a su agresor de encima. Lo que le preocupa ahora es dar el mensaje sin llamar mucho la atención, así que me ha enviado a mí a avisarte. El tipo escapó y aún anda suelto.
-¿Reizzy lo sabe?
-Sasha envió también a Meya para darle otro mensaje. Mientras se recupera de sus heridas, se sentiría más tranquila si nuestra querida paladina se encarga de su gente hasta que vuelva…
-¿Y yo que puedo hacer?-preguntó aun asimilando la información. Sasha tendría algo pendiente para él, era la explicación con más sentido al haberse arriesgado a enviar a Derina.

La semi-viera se acercó más a Redreck, mirando a los lados.-Por ahora no ha dicho nada que puedas hacer, solo que vigiles tus espaldas.-dijo entre susurros.-La sangre del trozo no es de Sasha, sino del agresor. Quiere que me las ingenie para confirmar sus sospechas…
-Tiene una idea de quien ha podido ser, ¿verdad?
-Sí. Cree que el ataque ha sido organizado por los aliados de Hatari Zhenga. Que ellos y solo ellos tendrían motivos para matarla. Ahora quiere avisar a todo aquel que tuvo que ver con la caída de la caballero oscura, y eso te incluye a ti.

Todo aquello resultó ser demasiado repentino. Habían pasado treinta años desde lo sucedido aquel día. Redreck se quedó en silencio mientras se preguntaba porque las represalias se habían tomado en aquel momento y no antes. ¿Qué sentido tenía?
-Ha sido genial volver a vernos.-dijo Derina más calmada.-No te agobies mucho, pero prométeme que tanto Yumi como tu tendréis cuidado a partir de ahora, tenéis que abrir muy bien  los ojos.
-Yumirya…-aquello era otro problema. Su esposa fue en el pasado una ranger con una vida llena de desgracias. ¿Cómo decirle que tenía que volver a tomar su arco y sus flechas años después de haber renunciado al combate? No iba a ser un tema nada fácil de sacar, porque sabía que nombrarle una sola palabra sobre lo ocurrido con Sasha le sentaría peor que una bofetada. Pero también sería todo un reto la posibilidad de contarles también a sus hijos.
avatar
Drekkar
Neutral
Neutral

Mensajes : 370
Fecha de inscripción : 05/11/2014
Edad : 23
Localización : En mi despacho; Miqo'te S.A.

Hoja de personaje
 : 1
 :
0/100  (0/100)
 : Guerrero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Gran Viaje

Mensaje por Drekkar el Jue Dic 25, 2014 4:35 am

C A P  Í T U L O  4
Eizen


El silencio que  reinaba en el gran salón era sepulcral, quizá incluso demasiado para Eizen, quien se había quedado solo. Habían muchos rostros con gélidas miradas posadas en él que no veían nada y expresiones que no cambiaban jamás, grabadas al óleo para toda la eternidad.

-“…da lo mejor de ti mismo…”

Eizen ojeaba por encima una libreta desgastada, con las páginas amarillentas y la cubierta casi desgarrada. Se trataba del diario que Reizzy May, su madre, le había dado hace tan solo un día, antes de que se marchara posteriormente de haber recibido una misteriosa noticia por parte de su sobrina Meya.
-“¿Quieres viajar para probar tus habilidades? ¿Demostrarme que has aprendido correctamente todo lo que te he enseñado? ¿Qué tu fe en Azeyma es inquebrantable? Buscas mi consentimiento para que partas a lo desconocido como yo hice hace años.”-podía perfectamente recordar sus palabras durante su despedida.-“No me debes explicaciones, sigue tus propias decisiones. He de decirte que una vez empiezas, ya no volverás a ser el mismo. El propio mundo te cambia.”-esa vez era la única que había visto a la cariñosa Reizzy tan seria.-“Por último te diré dos cosas: no vayas nunca solo y estate atento a todo lo que te rodea.”-fue en ese momento cuando le dio la libreta.-“Eizen, da lo mejor de ti mismo.”

El semi-miqo’te volvió a examinar la habitación. Sus ojos – de un azul intenso y frío, haciendo contraste con su piel y cabello oscuros – captaron el cuadro más reciente. Vio a Rouck, su padre, con veinte años menos aproximadamente y con las manos posadas sobre los hombros de un jovencísimo Eizen; también estaba su madre llevando en brazos a su hermana pequeña, Larra. Dicha pintura llamaba la atención no solo por tener unos trazados más simples que el resto, sino porque únicamente Reizzy, su hermana y él destacaban entre tantas figuras humes. Para el semi-miqo’te, contemplar todo el arte de aquel salón lo ayudaba a pensar y a obtener inspiración en sus momentos de mayor confusión.

-“¿Por qué me la habrá dado? Nunca sale sin ella.”-se preguntó sentándose en el suelo y llevándose la mano a la barbilla, sin salir de su desconcierto. Aquella libreta escondía muchos misterio.-“Tienes que responderme a muchas preguntas, madre…”
-¡¡¿¿Holaaaaaa??!!-toda la tranquilidad que hubo en aquel inmenso salón se esfumó con la misma rapidez que la voz chillona de Larra Gringock sacaba al semi-miqo’te de sus pensamientos.

Su hermana se había quedado asomada en la puerta, dedicándole una amplia sonrisa. Eizen interpretó inmediatamente que quería algo de él.-Estoy aquí, Larra.-espetó el paladin levantando y agitando levemente en brazo. La joven entró acompañada de otra muchacha. Era Darya, su prima, con aquellos andares tan propios del tío Redreck. De tal palo, tal astilla.
-¿Qué haces aquí solo, premoh?-preguntó Darya con tono jocoso y exagerando la pronunciación de la última palabra. Había adelantado a Larra pegando un salto y se situó al lado del semi-miqo’te.
-Estaba leyendo una cosa.-espetó Eizen secamente. No era una mentira, pero no tenía ganas de dar explicaciones de cómo estaba rompiéndose la cabeza con preguntas sin respuesta.
-¿Por qué no te vienes a vernos entrenar en el jardín, hermanito?-preguntó Larra situándose al otro lado, aferrándose al brazo del paladín.
-¡¡Eso!! Me gustaría retarte a un duelo.-exclamó Darya dándole una palmada en la espalda. Eizen ya supo el motivo por el que le habían estado buscando.

Sabía lo que iba a pasar: lucharía contra Darya sin ir enserio, exclusivamente para demostrar lo aprendido durante los entrenamientos, bajo la mirada de su padre. Mientras él le observara, el paladín no conseguiría concentrarse. No con las preguntas que le rondaban por la cabeza, al fin y al cabo, en un matrimonio no debía de haber secretos y estaba seguro de que hallaría en el experimentado caballero dragón más de una respuesta.
-Sabes que no me gusta combatir si no hay un motivo de peso, Darya.-respondió Eizen, llevando la libreta debajo del brazo.
-Hacer de saco es un buen motivo.-bromeó ella. Sus ojos aguamarina se mostraban más decididos que nunca aquel día.
-No seas aguafiestas, Eizen.-replicó Larra.-Queremos ver también que te ha enseñado mamá.-a pesar de ser ya toda una mujer de veintidós años, se expresaba como una adolescente. Adoraba a su hermana, pero no soportaba aquella característica suya.

Con la idea de poder hablar con su padre posteriormente, Eizen finalmente aceptó ir con las dos aprendizas de caballero dragón hasta el jardín. Dejó la libreta de su madre en su habitación y tomó su espada. A pesar de serle leal a la fal’cie Azeyma, la Guardiana, el arma del semi-miqo’te tenía grabada en su hoja el símbolo de Nymeia, la Hilandera, debido a que había nacido en su mes. Reizzy se la había regalado en su decimoséptimo cumpleaños, alegando que a pesar de entregar sus vidas a Azeyma, los demás fal’cie también debían ser reconocidos y respetados.

El jardín era amplio, con unas vistas perfectas del montañoso paisaje donde estaba asentada la ciudad de Alexandria. Rosales blancos rodeaban todo el edificio, que antaño fue una lujosa mansión, incluyendo también el resto de la parcela. Destacaban también cinco árboles – Eizen los trepó más de una vez cuando era niño – y una vieja fuente situada en el centro de todo.

Eizen vio a Rouck sentado encima de una roca con la mirada perdida, fijada en la hierba. Larra corrió hacía él, sentándose a su lado.
-Al final te has dejado convencer.-dijo con una ligera sonrisa. Eizen comparó durante unos segundos su aspecto en el cuadro y en que lucía actualmente. Antaño, Rouck Gringock había lucido una larga melena trigueña, pero a medida que habían pasado los años se lo había cortado cada vez más y más hasta que llegó a rapárselo por los lados, dejando caer un poco de melena canosa por debajo de la nuca. También se percató de que no se había afeitado últimamente.
-Vivo para servir.-respondió burlonamente el semi-miqo’te, desenvainando su espada.

Eizen se colocó en un extremo, con Darya encarada a él. Mientras la aprendiza de caballero dragón estiraba los brazos, calentando, el paladín miró de reojo una vez más a su padre y a su hermana.  Esta era la forma más viable de entablar la ansiada conversación, porque a su vez terminaba – o eso deseaba – con  la insistencia de Darya en pelear contra él.
-Cuando quieras.-dijo tajantemente. Se había quedado sentada de cuclillas, apoyándose en su lanza. Las normas estaban claras: un duelo donde  solo se permitía el estilo de lucha más común. Nada de magia, nada de técnicas propias. Únicamente el choque de ambas armas.
-Eres muy terca.-se limitó a decir Eizen entre suspiros. El paladín pensó y seguiría pensando que a Darya aún le faltaba aprender algo de rectitud para ser una buena caballero dragón.

No hicieron falta palabras u otro aviso, ambos supieron cuando empezar. La lanza y la espada no tardaron en chocarse mientras ambos contrincante se dedicaban miradas de determinación, siguiendo así un duelo en el que vencería quien arrebatara el arma a su rival. Darya tenía talento, no podía negarlo, porque a medida que pasaban los segundos, le costaba más  bloquear las estocadas de la caballero dragón. Aun así, no iba a ponérselo nada fácil, porque siempre había estado más enfocado en parar que a atacar y detener sus estocadas no iba a ser su gran problema.

-“Te falta paciencia, esa es tu debilidad”-pensó Eizen al ver que los movimientos de su prima se volvían más torpes y bruscos. Ella solo deseaba vencerle y cuanto antes, mientras que él prefería pensar fríamente en la situación y encontrar en mejor momento de actuar. Entonces sucedió. Darya había lanzado una estocada baja hacia la espada del semi-miqo’te. Eizen se había hecho a un lado y con su arma, golpeó de una forma la lanza que consiguió hacer que Darya perdiera el equilibrio. La caballero dragón quedó a gatas, sin poder reaccionar deprisa. El paladín sabía que aquella era la ocasión perfecta para quitarle el arma y ganar así el duelo.

Pero no lo hizo, porque para ello supondría golpear su mano y lanzar el arma de forma que ella quedara a su merced. Pensarlo le provocó un nudo en el estómago y una oleada de compasión inundó al semi-miqo’te. No se veía actuando tan bajo, y menos con alguien de su sangre.
-No te distraigas.-espetó entonces Darya mientras se reincorporaba en el combate con un pequeño, pero ágil salto. Eizen se apartó bruscamente, sin esperarse aquel movimiento por parte de ella. Darya, en cambio, consiguió darle a la espada del paladín, consiguiendo que este la soltara.

Antes de que se formara un silencio incómodo, Larra aplaudió con ímpetu. Eizen esperó ver a su prima celebrando la victoria, pero se sorprendió de verla con el semblante todo serio.
-¡Bien, Darya!-exclamó Larra.-¡Orgullo de dragón!
-Tú…-Darya la ignoraba. Tenía la mirada fija en el paladín, de forma fulminante.-No has dado lo mejor de ti, me has puesto la victoria en bandeja.-había lanzado su arma a un costado, acercándose a Eizen a pasos agigantados y tomando bruscamente el cuello de su gabardina.-¡¿Por qué te has parado?!-a Eizen no le salieron las palabras. Darya lo soltó con el ceño fruncido, recogió la lanza y se sentó al otro lado de Rouck con cara de pocos amigos.

-“¿Y yo que culpa tengo? Nunca me han gustado los duelos.”-pensó el semi-miqo’te un tanto malhumorado. Él solo había ido allí para tener la oportunidad de preguntarle a su padre sobre su madre.
avatar
Drekkar
Neutral
Neutral

Mensajes : 370
Fecha de inscripción : 05/11/2014
Edad : 23
Localización : En mi despacho; Miqo'te S.A.

Hoja de personaje
 : 1
 :
0/100  (0/100)
 : Guerrero

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: El Gran Viaje

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.