Una peculiar noche en Deling [Artheon]

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Una peculiar noche en Deling [Artheon]

Mensaje por Saya el Vie Nov 07, 2014 4:37 pm

El crepúsculo se cernía sobre las calles de Deling, y los pubs y tabernas empezaban a abrir sus puertas para alojar al público nocturno hasta altas horas de la madrugada. Nelie, Evan y yo nos encontrábamos en una de las muchas posadas que poseía la ciudad, en la zona recreativa donde se servían las bebidas a los huéspedes. El ambiente estaba bastante animado, y sentados alrededor de una pequeña mesa al fondo de la sala, planeábamos diversas actividades con las que disfrutar el apogeo de una noche en la ciudad. No es que me hiciese especial ilusión quedarme despierta hasta tarde, pero éramos tres en el grupo y las votaciones se hacían de manera democrática.

- ¿Me veis cara de querer ir de compras? ¿Con dos mujeres? ¿En serio? -Evan nos miró a ambas con la mayor cara de circunstancia que puede poner una persona, y el tono de su pregunta se volvió muy agudo- ¿¿Estáis de coña?? -más aguda todavía. Vale, no le había gustado la idea.
- Vamoooos, Evaaaan -suplicó la pequeña maga blanca al tiempo que le sobeteaba el brazo- Tú conoces Deling mejor que nosotras, puedes hacernos de guía.
- De guía, de perchero, y de mula de carga también si os parece -se zafó de Nelie con sequedad- ¡Que no! ¡Me niego! ¡Niet! ¿En qué idioma os lo digo?
- Qué infamia por tu parte... -musité decepcionada al tiempo que negaba con la cabeza y me levantaba de la mesa con expresión ensombrecida- Está claro que no se puede discutir contigo cuando una moza te ha entrado en el ojo.

Por la breve y corta reacción del rubio albhed, supe que había dado en el clavo.

- ¿Moza? ¿Qué moza? ¿De qué hablas? -intentó hacerse el loco creyendo que podría colármela.
- De la pelirroja de la otra esquina que lleva toda la noche lanzándote miradas -rápidamente alcé una mano para cortar cualquier excusa que pudiera darme, y continué- No te molestes. Ya nos vamos. Sabremos arreglárnoslas sin ti.
- Je, pues mucha suerte... -murmuró al tiempo que relajaba los músculos y formaba una media sonrisa triunfal en su rostro. Sonrisa que se le borró de inmediato cuando, al pasar por su lado, le aticé "accidentalmente" con el mango de la katana en la cabeza.

Nelie aún era demasiado joven como para dejarla deambular sola en una ciudad desconocida en mitad de la noche. Aunque, hablando con más exactitud, lo cierto es que era peligroso dejarla sola en cualquier lugar. Su innata habilidad para perderse de vista era algo con lo que Evan y yo teníamos que lidiar constantemente; su curiosidad la arrastraba a desviarse una y otra vez, y cuando se daba cuenta de su error, era incapaz de regresar sobre sus pasos sin extraviarse todavía más. Y aparte, era muy inocente. Si algún bandido le pedía que le acompañase a un callejón oscuro, Nelie lo haría con la mayor de las sonrisas.

Abandonamos la posada y empezamos a pasear la una junto a la otra, sin prisa, admirando los edificios y las luces que se proyectaban en algunos letreros de neón. Las grandes ciudades nunca han sido de mi agrado -demasiado humo, demasiado ruido, y en general, demasiado de todo-, por lo que deseaba satisfacer lo antes posible las ansias de exploración de la pequeña maga blanca, y retornar a la posada para descansar. Las aceras estaban llenas de gente, y por las calles circulaban esos molestos vehículos como si se creyesen los reyes del camino. Vaya montón de hojalata más inútil. Aún no comprendía cómo la gente podía confiar en la seguridad de esos trastos, cuando un chocobo era, de lejos, el mejor y más fiable medio de transporte. Al cabo de un rato sentí un suave tirón en el brazo.

- Vamos por aquí, una señora acaba de decirme que las tiendas de ropa están al final de esta calle -mencionó la muchacha.
- ¿Tiendas de ropa? -me detuve de inmediato y alcé una ceja, confundida- Creía que íbamos a comprar útiles para la batalla. ¿Para qué vamos a una tienda de ropa?
- Pues para comprarte ropa. Obvio. ¡DUH!

Mi expresión denotaba desconcierto y desconfianza a partes iguales.

- ¿Qué tiene de malo mi ropa? -eso, ¿qué demonios tenía de malo mi ropa?
- Oh, vamos, pareces sacada de una función de teatro -exclamó la pequeña con exasperación- Necesitas algo de corte más moderno, algo que resalte tus atributos femeninos y esas cosas. Tienes buen cuerpo. No sé porqué te empeñas en llevar siempre esa túnica roja.
- Hakama. No túnica. Son dos cosas totalmente distintas. -le corregí molesta- No me creo que estemos teniendo esta discusión otra vez. ¡Me has sacado de la posada a traición...!

Yo nunca me metía con sus minifaldas, ni con sus botas, ni con sus medias, ni con sus chaquetas y blusas ceñidas.

- Venga ya -la pequeña se cruzó de brazos- ¿Cuántas personas te han preguntando hoy que dónde se realiza la función?
- Cinco -respondí contundente sin comprender a dónde quería llegar.
- ¿Y?... ¿Eso no te da una pista?... ¿¿Como que hay algo que falla contigo??

Parpadeé varias veces consternada. Definitivamente tendría que haberme quedado con Evan en la posada y dejar que Nelie explorase sola la ciudad. Y se extraviase. Para siempre.

- Qu-Qué más dará -corté finalmente.

Me di la vuelta buscando evadir la conversación y entré en el primer local que quedaba a mi espalda, esperando ganar un poco de tiempo. Resultó ser un pub no demasiado concurrido, iluminado con luces rojizas y anaranjadas y una música extraña sonando de fondo. Me acerqué entonces a la barra ignorando las posibles miradas que los clientes pudiesen lanzar hacia mi persona, y ocupé uno de los taburetes. Nelie se unió poco después y se sentó a mi lado silenciosa, con el rostro arrugado y haciendo pucheritos. Llevábamos varias horas caminando por la ciudad; tampoco era mala idea parar a refrescarnos la garganta con alguna bebida.
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Re: Una peculiar noche en Deling [Artheon]

Mensaje por Artheon el Vie Nov 14, 2014 8:27 am

Tras un largo viaje desde las tierras del Continente del Oeste, finalmente estábamos ahí: Deling, gran capital de la República de Galbadia. ¡Qué viaje tan tedioso! Aunque claro, no podía ser de otra forma, si es que ahora tenía conmigo una carga muy pero que muy pesada. El niño que había nacido hacía ocho años en la aldea de Teyrr se había escapado de su casa para aventurarse con su descarriado padre a lo que el destino deparase. Adivinad quién es el descarriado padre de la criatura: así es, yo. Artheon K'nabul, un caballero oscuro sin amigos, a quien miraban mal quienes conocían la historia de tan pesaroso apellido. Malditos cretinos.

Eholl parecía salido de un cuento de hadas. Era un niño inocente, despistado, que quería aparentar rudeza, pero que en realidad no entendía un comino de lo que ocurría a su alrededor. Todo esto es culpa de Damette, que lo crió así. Jamás creí que si llegaba a tener un hijo, sería una cosa tan enclenque y poco hábil para la lucha o la caza como lo era el enano de pelo blanco que iba sentado junto a mí, en el asiento trasero del coche de transporte público. Mirarlo de reojo era ver a una versión miniatura de padre, jugueteando con su pequeño báculo entre las manos. Misma expresión, mismo gesto pensativo. Verlo me daba coraje.

De todas formas, ya había decidido que si mi padre no quería ayuda, pues que podía joderse. Tenía mis propios asuntos. El coche, poco a poco, terminó enfilando la calle principal de entrada a la ciudad, tras pasar un peaje. Se estaba haciendo oscuro el cielo; dentro de nada, Deling encendería sus luces, farolas, y daría vida a todo un espectáculo nocturno de locales, bares, tiendas y demás que permanecían abiertas las veinticuatro horas.

Vine a Deling para encontrarme con un viejo contratista que me había enviado un mensaje diciendo que tenía un trabajo para mí. Claro que, el tipo de trabajos de los que solía encargarme no podría hacerlos con el crío a cuestas, de modo que tendría que ingeniármelas y dejarlo con alguien para que lo cuidara... eso o abandonarlo por ahí en la calle. Vamos, alguien lo encontrará y se lo llevará a casa para alimentarlo, darle techo, y todo el rollo, ¿o no?

- Vale, niño, yo tengo trabajo que hacer, ¿entiendes? Trabajo. ¿Te suena? Así que tú te vas a jugar debajo del Arco del Triunfo mientras yo me encargo de lo mío -le dije claramente.

- Pe... pero no conozco la ciudad. Me voy a perder -replicó Eholl, mirándome con miedo. Solté una risotada.

- Pues haberlo pensado antes. ¿No querías venirte conmigo? -inquirí. Joder, ¿por qué no quería regresarse con su mamá?

- Eso quiero, sí -se empecinó, con determinación. El renacuajo era tenaz, pero ¿por cuánto tiempo seguiría así? Este apenas era el primer viaje que emprendíamos juntos.

- Entonces, adáptate.

Nos apeamos del coche al llegar a la terminal de pasajeros. El conductor bajó nuestros bolsos del maletero, le di unos guiles, y adiós. Echamos a caminar por una de las calles de la ciudad, en medio del gentío que iba finalizando sus quehaceres del día. Me había vestido de civil, con una chaqueta de cuerno negro común y unas gafas oscuras de accesorio; después de todo, tener la ropa de combate y las protecciones a la vista podría atraer la atención, y al ser ese un sitio tan civilizado no quería tener algún problema que me retrasara. Eholl tenía la pinta típica del pueblerino, vestido con topa de lana basta, y un pañuelo rojo que siempre llevaba atado al cuello. Era tan bajo, y yo tan alto, que creábamos una dupla un poco chocante: después de todo, era difícil creer que yo fuera el padre del niño, en parte por mi apariencia.

Tras un rato, le di un mapa a Eholl para que lo extendiera en frente de mí, mientras yo encendía un cigarrillo y le echaba unas caladas. El niño lo abrió y lo subió por encima de su cabeza intentando acercarlo todo lo posible a mí. Aún así, tuve que agacharme un poco y bajarme las gafas oscuras para poder orientarme.

- Tú, por allí -le indiqué al crío, quitándole el mapa y guardándolo en mi bolso. Le señalé una ruta que llevaba al área comercial- Quédate en el Arco del Triunfo, ¿está claro? Iré a buscarte cuando termine -le ordené.

- ¿Y cuándo será eso? -preguntó, mirando con preocupación la carretera.

- Cuando termine, te he dicho. No sé cuando será -respondí tajante.

- Pero... pero...

- Pero, pero, pero, pero. Te cambiaré el nombre a Pero K'nabul, ¿te parece? Ahora anda, niño. Te servirá tener algo de experiencia en las calles.

Volví a colocarme las gafas, le di la espalda a Eholl y me dirigí a la calle opuesta a la que le había señalado, mientras continuaba fumando el cigarrillo de antes. Miré el reloj de muñeca: faltaba media hora para las siete de la noche, que era la hora a la que había quedado en verme con mi contacto. Apresuré el paso, temiendo que no me daría chance de llegar. Deling era una ciudad enorme y había tanto tránsito que confiaba más en mis piernas antes que en el servicio público de autobuses, más en la hora pico.

No obstante, al poco tiempo de ir caminando, me di cuenta que no cargaba mi billetera. Me palpé varias veces, cada vez con más ahínco y en varias partes de los pantalones y de la chaqueta. Nada. Miré a todas partes, aunque no me tomó mucho tiempo idear una hipótesis más que aceptable de lo que había ocurrido. Suspiré profundamente, buscando fuerzas en el interior de mi alma para no asesinar cruelmente a mi propio hijo.

- Eholl... -susurré, furibundo.

Volví sobre mis pasos.

Para cuando di con el enano, no tenéis idea de por lo que pasé. Estuve preguntando a la gente durante veinte minutos, buscando a alguien que no creyera que quería hacerle daño al crío. ¡Pero si yo sólo pregunté que si habían visto a un niño bajito, con un pañuelo rojo, cabello blanco! Claro que al verme bien, supongo que creyeron que era un matón o algo así, porque me preguntaron para qué lo buscaba, y yo era plenamente sincero y contestaba un sencillo y pragmático "Para matarlo". Qué gente tan dramática y jodidamente llena de prejuicios. Finalmente, una señora de avanzada edad se apiadó de mi y me dijo que lo había visto hacía unos minutos correr hacia una parte específica del área comercial.

Eholl estaba dentro de un pub iluminado de naranja y rojizo. Apenas entré, una música un poco alternativa llegó a mis oídos. Habría disfrutado del ambiente de no ser porque estaba muy ocupado tratando de entrever el pelo blanco del niño que buscaba para hacerle pagar bien caro por su conducta desobediente y traicionera. A la final lo vi que se acercaba a un par de chicas que estaban sentadas a la barra de la taberna.

- Disculpa, ¡hola! Me llamo Eholl -se presentó el pequeño- Es que soy nuevo en la ciudad y nunca he visto una obra de teatro o algo así, pero me han dicho que son geniales, ¿tú trabajas en una? -se dirigía a una muchacha de pelo negro y largo, vestida con algún tipo de túnica extraña que no sabía de dónde podía provenir.

Cuando Eholl se dio cuenta de que yo estaba allí y caminaba hacia él, se quedó paralizado de horror.

- A ver, dame mi billetera y di tus oraciones, porque te mandaré a dormir en las cloacas, ¿me oyes? -Eholl me tendió lo que me pertenecía rápidamente, sin tener la dignidad de mirarme a los ojos. El niño veía al suelo con cara de pocos amigos. Cuando registré la billetera, casi me da un infarto. ¡¿Y mi dinero?!- ¿Qué... pero qué... qué hiciste, niño?

- Es que el portero no quería dejar entrar a menores aquí, entonces le ofrecí algunos guiles. Quería hablar con ella para preguntarle de la función -intentó excusarse el pequeño.

- Calla, no te quiero oír ni respirar, ¿me entiendes? -suspiré profundamente, cerrando los ojos y frotándome la cara con una mano. Pensé unos instantes, me guardé la billetera en el bolsillo y miré a las dos muchachas de la barra. Me di cuenta además que sólo una estaba vestida como si fuera a presentarse en una obra, la otra tenía ropa muy moderna, de hecho, y era más joven y risueña- Vosotras, ¿no queréis algo de pasta adicional? Os pago veinte guiles a cada una si me hacéis el favor de cuidar a Micro Satanás aquí presente, que yo tengo mis cosas que hacer. Lo lleváis al teatro y eso, ¿está bien? Si algún circo lo quiere o algo así, no tengo problema en que lo vendáis y os ganéis una comisión extra. ¡Ala! Tus nuevas niñeras, crío. Hasta luego... quizá -le sonreí a Eholl mientras le daba una palmada en la cabeza. Era fingir eso, o aplastarlo con el espadón, tuve que contenerme.

Hice el ademán entonces de largarme caminando hacia la salida del pub.
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Re: Una peculiar noche en Deling [Artheon]

Mensaje por Saya el Dom Nov 16, 2014 11:46 am

Me froté las sienes con las yemas de los dedos. Estaba cansada y hastiada de aquella situación, y sólo quería regresar a la posada y tumbarme sobre la cama. Admito que Deling era una ciudad bastante peculiar, especialmente en las horas oscuras, pero es que esa clase de actividad nocturna no iba conmigo. Es decir, ¿con qué propósito entrabas a un pub? ¿O a un casino? ¿E incluso a una estúpida tienda de ropa? A gastar dinero, por supuesto. Consumo y más consumo. La gente compraba y consumía cosas que no necesitaba. Por suerte para mi, la educación que había recibido en Wutai me había enseñado a apartarme de los placeres inmundos de la vida, de los vicios y de los actos inmorales. Me gustaba llevar una existencia tranquila, a ser posible entre los árboles o en medio de un campo. No me gustaba involucrarme en cosas que no tenían nada que ofrecerme, y desde luego, Deling no tenía nada que ofrecerme. Quizás algún trabajo o encargo con el que pudiera hacer caja, pero nada más.

- ¿Qué vais a tomar, preciosas? -un camarero joven se acercó desde detrás de la barra con una sonrisa muy comercial.

- Yo tomaré un.... uhm... doble Bloody Mogukiri con piñ-

- Agua -corté con brusquedad- Agua para las dos.

El camarero alzó una ceja con escepticismo. Dos mujeres jóvenes que entraban a un pub a beber sólo agua. La cosa más normal del mundo.

- ¡P-Pero Say-!

- A-g-u-a -repetí lentamente y con mucha énfasis.

Nelie profirió un sonido para nada femenino y volvió a cruzarse de brazos sobre la barra, completamente enfurruscada y apartando el rostro hacia el lado contrario. Yo, mientras tanto, sonreía con toda la tranquilidad del mundo.

- No pienso gastar el poco dinero que tenemos en darle alcohol a una menor -parpadeé con indiferencia y me llevé el cristalino vaso de agua a los labios.

- Tengo dieciséis años, ¿sabes? -refunfuñó entre dientes sin mirarme- En algunas regiones es considerada una edad legal. Evan me hubiera dejado.

- Entonces pídele a Evan que te saque a pasear la próxima vez, y a mi déjame en paz.

Tan fácil como eso. Por todos los dioses menores, llevábamos dos años viajando juntas y ya debería saber que no me gustaban las escapadas nocturnas, mucho menos consumir una bebida que embotaba los sentidos. O sea, ¿qué ser irracional e inverosímil gastaría su propio dinero en comprar un líquido que provocase el estado Confu y Locura simultáneamente? ¡Es que era absurdo! ¡Absurdísimo! ¡Es que desafiaba las mismas leyes de la lógica!

Por supuesto, y como si la noche no fuese ya lo suficientemente desquiciante, un niño pequeño se acercó a nosotras preguntando de nuevo por la dichosa obra de teatro, para regocijo de la maga blanca. Quizás y después de todo tuviese razón, y aquellas ropas tan tradicionales no fuesen las más adecuadas para andar por ciudad. Pero, ¿qué puedo decir? Me importaba poco y nada lo que el resto de la sociedad pudiera opinar.

- Lo siento, no trabajo en ninguna obra -respondí en tono tranquilo, pues con los niños siempre se me suavizaba el semblante.

- ¡¡Awwww~!! ¡Pero mira qué cosita más dulce y tierna! ¡No le rompas las ilusiones! -Nelie se arrodilló enseguida para quedar a la misma altura que el pequeño- Hola Eholl, yo soy Nelie. Y ésta tan antipática de aquí es mi amiga Saya -la chica sonrió con dulzura.

Pero la sonrisa se le borró en el mismo instante en el que una presencia se acercó por detrás. Nelie se incorporó rápidamente con los ojos muy abiertos y retrocedió, tal como si hubiera visto un fantasma.

- G... gra... grande... -balbuceó.

Vaya, hablando de llamar la atención. Contemplar a aquel armario empotrado con patas sí que era un espectáculo. Ambas nos quedamos en silencio ante la conversación, o más bien regañina, del gigante hacia el pequeño. Por un instante estuve a punto de creer que el enano era algo así como un ladronzuelo que le había robado la cartera, pero entonces el aguerrido individuo nos propuso ejercer labores de niñera a cambio de cuarenta guiles en suma. Alcé una ceja. ¿Sería su hijo? ¿Algún familiar? Al menos compartían el mismo cabello blanco. Escudriñé con sospecha al individuo preguntándome si realmente quería "deshacerse" del pequeño, o simplemente se estaba marcando un farol.

- Antes pasamos frente a una tienda de chuches. ¿Te gustan las chuches? Podemos comprar una bolsa y luego pedirle a Saya que nos lleve a la feria que está más allá, ¡hay atracciones y artistas actuando en las calles y...!

Nelie se había perdido completamente. Por fin había encontrado un compañero de juegos de su misma edad mental, lo que se traducía en que ahora tendría que ocuparme de dos niños en vez de uno.

- Eh. Tú. Quiero veinte guiles por adelantado -propuse antes de que el hombre abandonase el local. Aquel desprecio olía demasiado a escarmiento por haber cogido su billetera sin permiso. Le seguiría la corriente si así lo deseaba, pero si podía sacar tajada monetaria de la situación, pues mejor- O no pretenderás que le llevemos al teatro y le compremos helados con nuestro dinero. Eso si es que... todavía te quedan billetes en la cartera, claro. Si no, conozco varias compañías de teatro que estarían encantadas de incorporar duendes a sus funciones.
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Re: Una peculiar noche en Deling [Artheon]

Mensaje por Artheon el Dom Nov 23, 2014 11:47 am

Eholl estaba que quería meterse debajo de alguna mesa. Era obvio que le avergonzaba mucho lo que había hecho. Lamento en verdad haber interrumpido aquella charla animada entre el crío y la dizque estrella del teatro, pero... Bueno, que no, en realidad no lamento nada. ¡El enano me había desobedecido, y encima había gastado mi dinero sin permiso! Eso merecía un castigo, y uno muy grande. Recordé a mi padre; tenía un don para lograr hacer sentir mal a la gente aparentando indiferencia y decepción. Pero yo no tenía paciencia para eso. Si me hacían enojar, lo dejaba bien claro, tanto si tenía que usar palabras como el espadón para partir en dos alguna cosa.

La chica más joven parecía comulgar perfectamente con el niño. Le hablaba en su mismo idioma, después de todo. Chuches, ferias, diversión, tonterías tras otras. La expresión emocionada en el rostro de Eholl era directamente proporcional a cuanto la muchacha le iba diciendo. Qué dolor de cabeza, no por menos razón quería largarme de ahí cuanto antes. Sin embargo, la voz de la otra chica, la de la túnica, que aparentaba más madurez y entereza, me retuvo en el local un momento más.

Estaba pidiéndome veinte guiles por adelantado. Suspiré profundamente, sonriendo de lado, y me di la vuelta con parsimonia, echándole un vistazo a la "chaperona".

- Ah mira, una listilla. Al menos hablas mi idioma -le contesté, usando un tono borde. Removí los bolsillos traseros de mis pantalones con la mano derecha, para luego extraer un puñado de monedas. Me acerqué a la chica y las dejé caer sobre sus manos- Diez giles ahora, es tu mitad. No pienso darle una moneda a esta otra, que más bien parece que debería pagarle a Eholl para que la cuide en vez de al revés...

- Su nombre es Nelie, papá, y es muy amable -la defendió Eholl, desviando ligeramente los ojos a la adolescente y sonriendo.

- Ya, bueno, tú y Leslie pasad un buen rato. A ver si no le dais tanto quebradero de cabeza a la señora negociante de aquí -repliqué, sin prestar mucha atención, haciendo un gesto para señalar a Saya, ¿era así su nombre? Bah, no importa. Llevaba prisa.

Antes de que alguien más pudiera seguirme hablando y haciéndome perder el tiempo, di media vuelta y me dirigí a la puerta de salida, abandonando el pub y encendiendo un cigarrillo tan pronto me vi envuelto nuevamente en el bullicio del área comercial de Deling.

___________________________________________________________

- Espero que mi papá no os haya caído muy mal... En el fondo sí se preocupa por mí -estaba diciendo Eholl a Saya y Nelie, dentro del local- La verdad es que acabo de conocerlo. Os confieso, me escapé de mi casa para irme de aventura con él. Me habían hablado de que mi padre era un guerrero que vivía aventuras por toda Gaia, y que nunca había tenido tiempo para estar conmigo... así que la solución era irme con él, ¿vosotras creéis que hice mal? Extraño un poco a mamá, debe estar muy preocupada...

Eholl contaba esa historia a todas las personas que conocía, no importa si eran completos extraños. La verdad es que era un niño sumamente parlanchín, aunque se reprimía cuando estaba con Artheon, temiendo ser una carga para su padre y que este decidiera regresarlo a Teyrr. En el fondo, sentía que su papá estaba tan solitario que le daba pena dejarlo. Eholl era capaz, gracias a sus dotes mágicas, de sentir ciertas energías o emociones, y las de su padre le invitaban a tratar de ayudarlo, por mucho que Artheon negase que necesitaba la ayuda de un mago blanco novato como Eholl.

- Y bueno, ¿vosotras sois de aquí? Me gusta mucho tu ropa, en verdad parece que es algún tipo de disfraz, nunca había visto ese atuendo. En mi pueblo natal vestimos con ropa hecha de la lana de las ovejas y con armaduras que traemos de Lindblum y Alexandria. Es que casi todos en mi pueblo son caballeros dragón, incluida mamá. Pero a mí siempre me gustó la magia blanca -Eholl podría haber seguido hablando y hablando hasta por los codos con las dos muchachas, pero...

___________________________________________________________

Resulta que con todo lo que me tardé regresando a por Eholl, encontrándolo y hablando con sus niñeras, el contratista se había largado. ¡Adiós, paga! No sabía si estaba más furioso con ese cabrón, o con el niño. Esta vez se había pasado de la raya. Mientras volvía al pub, a pasos agigantados y bruscos, me pensé seriamente el devolverlo con Damette. No valía la pena tenerlo conmigo; ese crío y yo éramos incompatibles, y jamás podría adaptarse a la vida que yo llevaba. Era un caso perdido.

Crucé la puerta del pub una vez más, cansado ya después de un largo día. Sin mediar palabra, arrastré un banquillo y me senté junto a Saya, Nelie y Eholl. El niño me miraba entre tímido e incrédulo.

- Parece que no voy a necesitar de vuestros servicios, ¿qué os parece? El enano ya se encargó de arruinarme los negocios. ¡Bartender! Póngame un trago de lo más fuerte que tenga, ya que estoy aquí -exigí, apoyándome en la barra con los codos. Miré de reojo a las dos chicas - Soy Artheon, por cierto. Necesitaré esos giles que te di para pagar el trago, chica, ¿te importa? -le dije a Saya, aunque un poco escéptico de que fuera a darme el reembolso.
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Re: Una peculiar noche en Deling [Artheon]

Mensaje por Saya el Sáb Nov 29, 2014 2:59 pm

Cuando el hombre se dio la vuelta una vez propuesta mi sagaz solicitud no pude evitar volver a sorprenderme del volumen de su musculatura. ¿Tendría sangre roeadyn? Porque vamos, los humes normales y corrientes no alcanzaban tales dimensiones. Sus facciones eran fieras y asalvajadas, pero también emanaban ciertos destellos que recordaban a la delicadeza de los Elezen. Demasiadas mezclas. Demasiado confuso. Su profunda voz me sacó de mis pensamientos y parpadeé repetidas veces para recuperar el control de mi mente, evitando así que el hombre pudiera pensar que le estaba mirando demasiado.

- Me parece justo -extendí el brazo y acepté los diez guiles que me ofrecía.

Una verdadera lástima. Si Nelie se hubiese comportado como una adulta demostrando que tenía dotes de sobra para ejercer de niñera, aunque se tratase meramente de una fachada, podríamos haber duplicado las ganancias. Pero es que saltaba tan a la vista que mi joven compañera no estaba capacitada para ese trabajo, que me dio incluso apuro regatearle el precio, y ya no hablemos de insistir en los veinte guiles que primeramente había reclamado. Tampoco había que ser avariciosa.

- ¡Mi nombre es Nelie! ¡N-E-L-I-E! ¡¿Lo has captado bien, grandullón?! -gritó la maga irritada en su dirección, pese a que el hombre ya se encontraba prácticamente fuera del pub.

Lancé un suspiro resignado y observé de reojo al pequeño para decidir qué hacer con él. No parecía que fuese a dar demasiados problemas; se le veía simpático y muy avispado, nada que ver con los enanos traviesos con los que me había criado en el orfanato. Aparte parecía haber hecho buenas migas con Nelie, lo cual era un plus bastante importante porque significaba que podría desentenderme totalmente de ambos y dejarles disfrutar de ese mundo infantiloide que tanto les gustaba. En cualquier caso, me sorprendían las agallas -o más bien la imprudencia- del padre al atreverse a dejar a su propio hijo con unas completas desconocidas dentro de un pub cuyas zonas recreativas no eran lo que se dice infantiles. Las bailarinas de pole-dance, por suerte, no parecían actuar aquella noche -quizás por eso la escasez de clientela- lo cual era un alivio, porque de lo contrario me habría visto en la obligación de sacar a Eholl del local con los ojos tapados. No necesitaba corromperse a una edad tan temprana.

- De acuerdo... -expresé finalmente- Ve a buscarnos unos batidos. O zumos. O lo que sea. Algo para beber y que sea barato -luego remarqué- Y sin alcohol, que te conozco.

Le entregué a mi compañera los mismos diez guiles que le había sacado al grandote.

- ¿Eh? Creía que íbamos a llevar a Eholl a la feria -me preguntó con desilusión al tiempo que recogía las monedas.

- El padre del chaval se ha largado sin darnos ningún horario o punto de encuentro -me encogí de hombros con indiferencia- No podemos marcharnos y arriesgarnos a que vuelva y no nos encuentre. Se pensará que le hemos raptado.

La evidencia era la evidencia, aunque nada nos impedía deshacernos del chico a cambio de una buena suma de dinero, e incluso abandonarlo a su suerte en aquel pub. Podríamos haber sido unas mercenarias. Podríamos haber sido unas desalmadas sin corazón. Podríamos haber sido cualquier cosa, y sin embargo, el hombre había decidido confiar en nosotras. Por suerte para él -y sobre todo para el chaval- éramos buena gente, o por lo menos intentábamos serlo. Le cuidaríamos bien, o como mucho procuraríamos hacerle pasar un rato agradable.

Al poco de ocupar una mesa y hacernos con nuestros alegres y coloridos zumos tropicales aptos para todas las edades, Eholl empezó a contarnos la historia que le unía a su aguerrido padre. Ni qué decir el júbilo que supuso para Nelie descubrir que el pequeño era otro mago blanco como ella, y no tardó en hostigarle a preguntas tales como cuáles eran sus métodos para canalizar la energía sacra y demás jerga que sólo podían entender aquellos que se manejaban en la materia. Resultó ser bastante parlanchín el enano, y en más de una ocasión me sorprendí a mi misma sonriendo ante sus hazañas.

- Bueno, la MoguRed es bastante efectiva, y apuesto a que tu madre estaría muchísimo más tranquila sabiendo que estás bien, aunque sólo sea por carta -le respondí al peliblanco. Usé la pajita para remover el azúcar asentado en el fondo del vaso de cristal y sorbí un trago. Ugh, demasiado dulce- Se sentirá orgullosa cuando sepa en el buen guerrero que te estás convirtiendo. La magia blanca es muy importante. Yo no sé qué haría sin Nelie a mi lado -la aludida me hizo una mueca muy ñoña, y yo me reí- Estoy segura que tu padre valora muchísimo tu compañía.

La conversación prosiguió con sus más y sus menos.

- Me alegra que te guste mi ropa -correspondí su cumplido con una leve inclinación de cabeza y una sonrisa amistosa- Por desgracia, no todos en esta mesa comparten la misma opinión -inmediata mirada acusadora y punzante a Nelie, que se hizo la loca barajando un palo de cartas- Yo vengo de Wutai, un pueblo situado muy al este de aquí. Este atuendo es lo normal para nosotros. ¿Y vosotros? ¿De dónde venís?

- ¡Ey, Eholl! -la maga blanca cambió por completo el sentido de la conversación y se mostró mucho más animada- ¿Sabes jugar al Triple Triad?

- Ten mucho cuidado -advertí con expresión divertida- Es una ganadora. Te dará una paliza.

En nuestros viajes siempre llevábamos encima una baraja de cartas de Triple Triad para pasar los ratos muertos en los que no había nada que hacer. Hacíamos apuestas entre nosotros, y con frecuencia me veía en la obligación de aliarme con Evan para destrozar a la todopoderosa Nelie. Su intuición y visión de juego estaba mucho más allá de cualquier razonamiento lógico. Tenía demasiada suerte.

Los minutos pasaron rápidamente, y antes incluso de que pudiéramos percatarnos de cuánto habían avanzado las manecillas del reloj, una enorme presencia se dejó caer a nuestro lado con un rostro de aparente malestar. El padre del niño había vuelto. ¿Tan pronto? Bueno, qué más da. Al menos había vuelto. Otros padres menos responsables no lo hubiesen hecho.

- Tu diez guiles están aquí -señalé las tres bebidas y me encogí de hombros con divertida inocencia- Eh, pero si quieres puedo dejarte la mía -me lo estaba pasando tan bien que tenía incluso ganas de tomarle un poco el pelo- Es un zumo de melón con piña riquísimo. Y además, el paragüitas azul le da un toque así como muy varonil.

- ¿Tu cita te ha dado plantón? -preguntó Nelie entonces, percatándose inmediatamente del estado anímico de Artheon- Pues no me extraña. Con esas pintas asustas a cualquiera.

Nelie y las sutilezas. Incompatibles totalmente.
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Re: Una peculiar noche en Deling [Artheon]

Mensaje por Artheon el Mar Dic 23, 2014 10:38 am

Eholl la estaba pasando bastante bien junto a Saya y Nelie mientras esta última le enseñaba a jugar al Triple Triad. Proveniente de una pequeña aldea como lo era Teyrr, sin haber tenido un contacto significativo con el resto de Gaia a sus ocho años de edad, el niño no había aprendido un sinfín de cosas sobre el mundo, tales como por ejemplo qué era el Triple Triad y cómo se jugaba. Era ahora, que se había aventurado a lo desconocido, que iba saliendo poco a poco de su ignorancia. Eso sí, jugando frente a Nelie no tenía nada que buscar: en cada una de las partidas jugadas antes del regreso de Artheon, perdió todas estrepitosamente.

El caballero oscuro, abatido, había vuelto al pub tras haber sido echados por tierra sus planes de ganarse una buena paga.

- Cuánto lo siento, papá. En serio, yo... -empezó a disculparse Eholl un momento después, animándose a hablar luego del bochorno.

- Ahórratelo, niño, ya está hecho. No le des más vueltas, mientras más lo piense, más me enfadaré -replicó Artheon, bastante fastidiado.

Cuando Saya ofreció al hombre su bebida como compensación por haberse gastado los diez guiles, Artheon se fijó bien en ella, cosa que no había hecho antes por las prisas. Era una joven de aspecto maduro, a pesar de su corta edad. Se aventuró a pensar que su sangre era hume al cien por ciento. ¿Con que creía que podía tomarle el pelo, eh?

El caballero oscuro sonrió, extendió una mano y tomó el zumo de melón de Saya. Deshaciéndose de la sombrillita de macho, se lo llevó a la boca y lo terminó de un larguísimo trago.

- Le falta algo de alcohol, pero no está mal -comentó luego de dejar el vaso frente a ella. Luego volteó a ver a Nelie para responder a lo que había dicho- No a cualquiera, niña. Sólo a quienes quiero. Podría probar contigo, pero sería bastante injusto. No quiero arruinarte tu cita con Eholl, que parece que va la mar de bien. Ya es bastante con que me hayan dado plantón a mí, ¿no te parece? -la picó Artheon, sin ningún tipo de recato.

Eran dos chicas que acababan de conocer, pero Artheon jamás se reservaba con nadie. Como si estaba hablando con el vagabundo de la esquina como con el mismísimo rey Cid, su agudeza procaz permanecería intacta. A saber cuántos problemas iba a tener en su vida por eso, pero no es momento ahora de intentar predecirlo.

Eholl estaba que se metía debajo de la mesa por la vergüenza.

- Papá... -se quejó, mirando de reojo a Nelie con nerviosismo.

Artheon dejó escapar una risa contenida, apoyándose en la barra e inclinándose levemente. Aún sentado, su cuerpo sobresalía varios centímetros más por encima de las cabezas de muchos que estaban de pie, no digamos ya de las muchachas o de Eholl, cuya frente apenas llegaba a tocar el largo mesón. Le divertía mucho el hecho de que, aparentemente, a Eholl le había gustado la otra maga blanca.

- ¿Y os vais a quedar aquí toda la noche, o qué? Ya que no me queda más remedio que pasármela de ocioso en esta ciudad, pues vamos a hacer algo interesante. Además, Eholl y Kelly necesitan gente responsable detrás de ellos para que no se caigan en alguna alcantarilla o algo así, ¿qué dices...? eh, ¿cuál era tu nombre? -inquirió Artheon en dirección a la chica del hakama. Nelie había pronunciado su nombre antes, pero a él no se le había grabado.
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