La División Cuaresma [Samael]

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La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Jue Nov 06, 2014 5:16 am

-Señores, hoy es un día histórico. El gran defensor de la justicia, el caballero paladín Rhoe Crebalt en persona, está a un solo paso de entrar con sus leales compañeros de fatigas dentro de la Sede de las gloriosas Alas Rojas de Lindblum. Un hecho que marcará un antes y un después en la historia de Gaia. Este paso que el héroe va a dar ahora es sólo un pequeño paso para los humes ¡Pero un gran paso para la hum…!
-Narrar actos de uno mismo en tercera persona es un claro gesto de arrogancia, estupidez o ambas cosas a la vez.-cortó Rossa con un tono neutro, sin dignarse siquiera a mirar a su querido hermano a la cara sino contemplando el enorme portal que anuncia la entrada a la susodicha Sede. Una puerta gigantesca de madera negra con marco de mármol y símbolos de Fal’Cie , abierta de par en par ante la llegada de nuevos miembros como nosotros.
-Siempre estropeando los mejores momentos, Rossa. No sabes divertirte.-refunfuñé con los brazos cruzados. Pero tampoco le dirigí la mirada, pues estaba también absorto mirando la gran puerta.
-Es muy grande, kupo.-murmuró un nervioso moguri, mirando igualmente con la boca abierta hacia la puerta.
-Normalmente te diría que para ti todo es grande, Mogels. Pero creo que hoy podemos darte la razón. Aunque si eso ya nos parece grande, esperemos a llegar a los barcos voladores.-respondí a mi amigo moguri, y sin nada más que añadí, ni mayor aviso que dar, di el siguiente paso sin esperar a los demás.

Por fin había llegado el momento. Íbamos bien preparados, ne mi caso equipado con Lexlumina y con mi Iustitia envainada. Rossa con Granate y Lapislázuli (espadas duales) también envainadas, iba vestida con ese traje azul de corte victoriana. Y Mogels, con un simple pantaloncito y camiseta de lino y una mochila llena de cachivaches. Nada mas entrar, nos encontraos con un amplio salón, con varias puertas y escaleras a los lados, y un mostrador en pleno centro. Sin vacilar me dirigí hacia el mostrador.

Dicho mostrador era amplio, de madera y cristal, bastante largo. Tanto que me sorprendió que sólo hubiera una persona detrás del mismo. Pero así era, un único funcionario con un ordenador, un teléfono y unos cuantos papeles parecía hacerse cargo de todo. Cuando llegué estaba hablando por ese teléfono al mismo tiempo que atendía a unos cuantos guerreros delante de nosotros. Nos dedicamos a esperar a que fuera nuestro turno y me dediqué a mirar por los alrededores.

El sitio era enorme, pero es que era necesario que fuera así. Estaba llenísimo de gente, de muy diversas razas y condición, moviéndose de un lado para otro. La mayoría eran soldados o ingenieros. Era fácil distinguirlos por como vestían y me dediqué a jugar a adivinar cual era cual mientras terminaba la espera. Por fortuna, no fue demasiada, puesto que el tipo del mostrador, pese a estar solo, mostraba ser un profesional y resolvía todos los asuntos con premura. Cuando los que estaban delante de mí se fueron, me adelante a mi hermana y Mogels y me encuadré, poniéndome la mano sobre la frente en claro saludo militar.

-¡Justiciero Rhoe Crebalt, Caballero Dragón Rossa Ogard y alquimista Mogels reportando como grumetes en su primer día de servicio!

El tipo, un hombre rubio que llevaba uniforme de funcionario, me dirigió una mirada indiferente y luego al resto del grupo. Rossa tuvo que ponerse de puntillas para que su rostro pudiera verse plenamente tras el mostrador, algo que no le hacía gracia alguna pero que aceptaba con resignación, mientras que Mogels tenía que recurrir a sus alas porque si no sería ya completamente invisible.

-Dejadme comprobar vuestros nombres…-mencionó con un tono totalmente desapasionado mientras miraba en su ordenador, tras terminar el breve contacto visual. Su tono sereno se convirtió en una pequeña y algo inquietante sonrisa cuando parecía ser que nuestros resultados se mostraban en su pantalla.-Oh ya veo. Cierto, cierto. Habéis sido admitidos como grumetes y empezáis hoy mismo. Os ha tocado la División 112, la “División Cuaresma”. Mi más sentido pésame.
-¿La “División Cuaresma”, kupo?-preguntó el moguri, revoloteando nervioso delante de mí. Una pregunta bastante lógica, pues ni yo mismo sabía que significaba eso.
-Se llama así porque lo máximo que ha llegado a aguantar un nuevo grumete allí dentro son cuarenta días antes de volver a su casa llorando.-respondió con sinceridad, sin ocultar esa sonrisilla que uno no podía saber si estaba de cachondeo y quería meternos miedo o era un sádico y nos estaba contando la verdad.
-¡¿Cua-cuarenta días, kupopó?!-preguntó el moguri sobresaltado y asustado.
-Entendido.-respondió Rossa, no mostrando ninguna reacción especial ante las palabras que nos comentaba el funcionario sobre nuestro destino.
-Seguro que no es para tanto.-respondí quitándole la importancia, más por animar al moguri que otra cosa.
-Yo ya os he avisado. Aunque veo que vais bien preparados… Sí, veo determinación y fuerza en ti, puede que aguantes hasta tres semanas.-comentó mirando a Rossa fijamente a los ojos, para luego volverse a Mogels.-en cambio tú me temo que en siete días estés saliendo por esa gran puerta para no volver nunca. Y tú…-y aquí se refería explícitamente a mí.-…a ti te doy tres días.
-¿Tres días? ¿Al héroe le das tres días? Ahora sí que estás bromeando.-respondí herido en mi orgullo propio.
-Tenéis que dirigiros por la puerta de la izquierda y atravesar el pasillo hasta el fondo. Luego ir a la derecha de nuevo hasta el final y llegaréis al muelle. Entregad estas tarjetas al guardia que haya enfrente y esperad en fila horizontal con el resto de grumetes a que llegue el sargento. Y que los Fal´cie se apiaden de vuestra alma. Bienvenidos a las Alas Rojas de Lindblum, aunque no sea por mucho tiempo.

Recogí las tarjetas que nos tendió el funcionario y le di una a Rossa y a Mogels. Me despedí del funcionario mientras nos dirigíamos hacia el muelle, como nos había instruido. Mientras tanto, pensaba a demostrar a ese funcionario que sus bromas no iban a funcionar conmigo. Qué narices, si no fuera un paladín habría apostado con él a ver si realmente aguantaba tan poco tiempo.

Al final, entregamos la tarjeta al guardia de turno y entramos al muelle. Si una simple puerta nos había dejado con la boca abierta… esto… ¡¡Esto era increíble!! Varios barcos se mostraban ante nosotros, barcos voladores gigantescos amarrados en un hangar que se perdía ante la vista y en que estábamos en mitad del mismo. Yo me veía incapaz de decir nada, y Mogels volaba entusiasmado de un lado para otro, totalmente absorto ante la imagen de semejantes colosos, cada uno de distinta forma y estilo, pero todos ellos auténticas muestras del colosal poder de Lindblum. La única que parecía distante a todo aquello era Rossa, que no prestaba atención a los barcos, sino que simplemente se limitó a señalarnos donde debíamos situarnos. Efectivamente, ya había un grupo de gente de todo tipo haciendo fila de a uno, esperando la llegada de nuestro superior. Tras nuestra sorpresa inicial, nos dirigimos hacia esa fila a esperar también. Nuestra vida en las Alas Rojas daba comienzo.


Última edición por Rhoe Crebalt el Dom Nov 23, 2014 11:23 am, editado 1 vez
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Samael el Jue Nov 06, 2014 5:47 am

Mi primer día en las Alas Rojas de Lindblum, y estaba bastante nervioso por ello, ya que no era algo que se pudiese repetir todos los días. Me había preparado hasta la extenuación, aprendiendo todo lo posible sobre las naves voladoras y como funcionaban, y me había adiestrado en el uso de un cañón portatil que yo mismo diseñé para que funcionase a la perfección y ser posible que pudiese llegar a combatir al máximo, si era necesario claro esta. Me puse mi armadura de artillero que había encargado, pudiendo cubrir las zonas vitales sin ningún problema y sin perder nada de movilidad, siendo que podría disparar el cañón sin ningún problema; al cual había nombrado Fiery Dragon; quizás porque parecía que no paraba de echar balas como si fuese un aliento de dragon prolongado; aunque apostaría que olía fatal si llegaba a descubrirlo.

- Se te nota nervioso, Samael. - Dijo Ragna, un amigo que hice en mis días de estudio continuado de ingenieria, que directamente si veía que estaba trabajando demasiado, me sacaba a rastras del taller para poder relajarme un poco, o al menos hacer que viese la luz del sol si llevaba encerrado en mi taller durante días por algún proyecto; como cuando me pasé casi un mes para terminar el Fiery Dragon y me prohibió pisar el taller en un mismo plazo de tiempo, lo cual fue bastante fastidioso en su momento. Ragna llevaba su vestimenta habitual, aunque también llevaba unos guanteletes; que solo llevaba puestos cuando iba a entrar en combate, asi que se notaba en parte que él estaba nervioso de igual manera. - Tu también, Ragna. Bueno, espero poder llegar a ver las naves pronto, aunque primero habrá que avisar en recepción. - Dije, poniendome en la gran puerta que reflejaba la entrada de la sede de los Alas Rojas. Era un gran paso, y lo iba a tener que dar tarde o temprano, pero no podía evitar sentirme bastante nervioso, igualmente. Finalmente, respiré hondo y entré con Ragna, para encontrarnos de frente con un gran salón y una cola algo larga para la recepción.

Por suerte, el que llevaba la recepción parecía ser un profesional de calibre, ya que apenas tardamos cinco minutos en que fuese nuestro turno, y parecía que estaba atendiendo cuatro cosas al mismo tiempo, mirando el ordenador, tecleando, hablando por telefono, y atendiendo a los que llegaban a recepción como nosotros. - Perdone, soy Samael y este es Ragna. Somos grumetes iniciando su primer dia de trabajo. - Dije, notando como en mi voz se notaba algo de nerviosismo, aunque no pareció importarle al que nos atendía. - De acuerdo, dejadme que revise... Vaya, otros para la División Cuaresma, lo siento por vosotros. Tenéis que dirigiros por la puerta de la izquierda y atravesar el pasillo hasta el fondo. Luego ir a la derecha de nuevo hasta el final y llegaréis al muelle. Entregad estas tarjetas al guardia que haya enfrente y esperad en fila horizontal con el resto de grumetes a que llegue el sargento. Buena suerte, y si aguantais cuarenta días me hareis ganar una apuesta. - Dijo el recepcionista, dándonos las tarjetas y haciendo un gesto para que nos fuesemos por donde había dicho, aunque me había metido el miedo en el cuerpo, como si la mala suerte que no había tenido o usado hubiese venido de golpe en estos momentos.

Fuimos por donde nos indicó el recepcionista, para encontrarnos en los muelles, quedándome con asombro como estaba todo. Los barcos siendo reparados, cada uno con una funcionalidad distinta, dispuestos a que les echase un vistazo. Intenté dirigirme a mirarlos mas de cerca, pero Ragna acabó cogiendome de la cola para evitar que saliese corriendo a por ellos, obligándome a ponerme en la fila. - Bueno, tendré mas oportunidades de verlos mas de cerca. - Me dije para mi mismo, tratando de consolarme de no poder ir directamente a disfrutar de los barcos voladores hasta que pasase toda la iniciación. A nuestro lado estaban algunas personas, siendo a destacar un hume que portaba una armadura que era bastante notoria, un moguri que no paraba de mirar a su alrededor; aunque yo también lo había hecho asi que le entendía perfectamente como se sentía, y una mujer que por su actitud me recordaba a la de Ragna cuando tenía que mantenerme controlado. Definitivamente, parecía que había dado con una división interesante, pero que tendría que ver como era el instructor para ver como acababa todo.
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Vie Nov 07, 2014 5:13 am

Cuando llegamos a la fila, sólo había cinco antes que nosotros. Los dos primeros eran humes, un hombre y una mujer. La mujer era atractiva, de un pelo violáceo largo y liso y un porte que trasmitía confianza y serenidad, aunque la katana que llevaba a su espalda le añadía seriedad al asunto. En cambio el tipo era todo músculo, se notaba que no necesitaba armas puesto que su cuerpo era su arma… y que decir… me sonaba de algo, aunque no sabía muy bien de dónde.

Luego había un bangaa de color verde con un enorme martillo, un elezen con dagas a sus cintos y una Aegyl. La que me llamó más la atención fue esta última, mas que nada porque en mi vida había visto alguna. Vamos, sabía quiénes son y de donde salen, pero no soy muy comunes en Gaia, seguramente por aquello de su vida extremadamente corta. Piel grisácea, pelo blanco entrecortado y unas hermosas alas de pluma blanca. Era la única además de mí que llevaba armadura. Y una maza guardada. Y un rostro tan impasible que a su lado mi hermana es todo un manejo de nervios.

Nada más posicionarnos y antes siquiera de que pudiera abrir la boca, otros dos más llegaron. Uno era un monje también bastante musculoso, deduje que sería un monje. El otro era un bangaa de color azul oscuro, con un cañón a la espalda. Sentí que ambos eran guerreros bastante duros. En total éramos diez, cuatro humes, don bangaas, un moguri, un ronso, un elezen y una Aegyl. Un grupo bastante variopinto. Había llegado mi momento.

-Mis queridos compañeros de fatiga, me presento antes de que comience nuestro primer turno ¡Sabed que tenéis el gran placer de conocer al gran Rhoe Crebalt, justiciero paladín, genio y futuro héroe de Lindblum! Es un honor el conoceros a todos.-dije a todos sin abandonar mi puesto, con tono grandilocuente. Todos se volvieron ante mí, salvo mi hermana, demasiado ocupada tapándose la cara con la palma de su mano diestra.
-Genial, un idiota en el grupo…-murmuró la mujer del pelo violeta volviendo enseguida su mirada en el frente.
-Rhoe Crebalt…-dijo sin más el hombre musculoso, pensativo.
-Essspero que la essstupidez no sea contagiosssa.-siseo el bangaa con claro gesto de desprecio.
-El honor es todo mío, señor Crebalt.-respondió el elezen con una sonrisa simpática en su rostro, pero no diciendo más sino volviendo a mirar al frente.
-…-No, la Aegyl no abrió la boca para nada.

Luego me giré para ver la respuesta de los dos recién llegados, pero al poco después yo mismo tuve que poner también la vista al frente. El motivo era muy simple, el sargento entraba por la puerta.

¿Cómo supe que era él? La pregunta sería más bien ¡¿Cómo no saberlo?! Vestido con una negra armadura llena de detalles que le cubría de cabeza a los pies, con el emblema de las Alas Rojas de Lindblum pintado en el centro mismo de la coraza. Ni un gramo de su cuerpo se le veía, y por ende, imposible adivinar de qué raza o sexo era la persona que estaba dentro, pero una cosa era segura. Ese tipo era grande, bastante grande. De mi tamaño como mínimo. Y mucho más fuerte. Yo sabía lo que era llevar una armadura, y si ya me costaba aun llevar la mía, no quería imaginarme lo que me costaría la suya, que parecía bastante más pesada. Eso no era acero, era algo mucho mas duro ¿Mitrilo? No creo… o quizás… no, imposible…

-Así que este es el grupo de inútiles que me ha tocado esta vez. A ver cuánto duráis vosotros.-su voz era masculina y grave, pero no permitía averiguar nada más de él, siendo su identidad es un misterio. Se acercó primero hacia la mujer del pelo violeta.-¿Tu nombre, grumete?
-Me llamo Itna. Itna Ogna.-respondió sin vacilar.

Pasaron unos segundos que se hicieron eternos, en los que el sargento no dijo absolutamente nada, como si estuviera esperando algo. Al final, deduje que se cansó de esperar porque volvió a hablar.
-Veo que tus papis no te han enseñado como dirigirte hacia un superior. Suerte para ti que estoy para resolver el problema del retraso mental de tus padres. Cada vez que te dirijas hacia un superior, terminarás tus frases con “Señor” o “Sargento” en mi caso ¿Ha quedado claro?
-Sí, me ha quedado claro…-dijo y luego, tras unos segundos más de silencio se dio cuenta de nuevo y rectificó.-¡Me ha quedado claro, sargento!-y cerró con un saludo militar.
-Perfecto. Para que no se te olvide ¿qué tal si haces, no sé… unas 50 flexiones AHORA MISMO?

La tal Itna se quedó quieta unos segundos más, pensando que había oído mal seguramente. Pero al ver que el sargento se quedaba impasible delante de ella se limitó a tumbarse al suelo y hacer lo que le ordenaba. Un buen comienzo. Mientras tanto, el sargento se pasó al monje.

-¡Mi nombre es Brutus Bull, sargento!-dijo el hombre con un saludo militar nada más se puso el sargento enfrente de él.
-Un uso apropiado del término “sargento”, una posición de firmes bien encuadrada, un saludo de manual… Qué pena que hayas abierto la boca sin que siquiera te haya hecho a ti una sola pregunta. 70 flexiones, grumete.

El monje obedeció sin rechistar. Se llamaba Brutus… Brutus… ¡Por todos los Fal’Cie! Ya lo recordaba. Me había confundido antes porque físicamente había cambiado mucho, pero ese hombre era el matón de mi colegio cuando tenía siete años. Y ahora lo tenía de compañero de División en las Alas Rojas. Espero que por su bien y el de toda la División haya cambiado desde aquellos días.

-¿Y tú cómo te llamas, lagarto?-preguntó cuando se puso enfrente del bangaa verde.
-No me gussssta que me llamen lagarto, ssseñor.-contestó el bangaa con los puños cerrados, claramente molesto por la ofensa proferida.
-Y a mí no me gusta tener que dirigir a una panda de imbéciles que no han hecho nada en su vida, pero aquí me tienes ¡Te he hecho una pregunta y quiero una respuesta L-A-G-A-R-T-O!
-Xernyt… sssargento.-respondió a regañadientes el bangaa, haciendo un saludo militar.
-Bien hecho. 80 flexiones.

El bangaa, al igual que el resto, tuvo el sentido común de no protestar y empezar a hacer sus flexiones. Mientras, el sargento se dirigió hacia el siguiente, que era el elezen.

-¿Tu nombre, orejas largas?
-¡Sordnax Fey, sargento!-respondió el elezen amigablemente mientras hacía también un saludo militar.
-Estupendo. Veo que aprendes de los errores de tus compañeros y sabes hacerlo bien. Pero no me gusta la sonrisa de tu cara. Aquí no soy tu amigo. 100 flexiones.

La siguiente fue la Aegyl. La mujer había sido completamente impasible durante todo el tiempo, mientras sus compañeros de al lado iban cayendo al suelo uno a uno. Y ahora el sargento estaba frente a él.

-Una Aegyl. Vaya, tenemos un robot con nosotros. Lástima que sus baterías duren tan poco ¿Cuántos años de vida te quedan, angelito? Espero que no te vayas a morir aquí mismo.-la Aegyl permaneció en silencio, imperturbable, no cayendo en las provocaciones del sargento. Del oscuro casco del sargento sonó un suspiro.-Los Aegyl son tan aburridos… Bueno, dime tu nombre.
-Mi nombre es Kreia Durfou, sargento.-fueron las palabras que pronunció la Aegyl, abriendo lo mínimo la boca sólo para responder, en un tono completamente desapasionado.
-Excelente. Pero te hice una pregunta antes y no me la respondiste. 120 flexiones.

Y llegó el momento que más temía. El sargento se puso enfrente… de Mogels. El pobre moguri estaba temblando ya antes de que el sargento llegara, y en cuanto llegó parecía a punto de hacer sus necesidades encima. Ahora con el sargento enfrente y tras ver lo que había pasado con todos los de su lado, estaba al borde de un ataque. El sargento le miró desde su posición, un coloso frente a una hormiga.

-Vete de aquí. Este no es sitio para muñecos de peluche.-fueron las palabras que le dedicó el sargento al moguri.
-¿Ku-kupopó?-preguntó el moguri con los ojos totalmente abiertos, si es que esa expresión podía ser considerada una pregunta.
-Lo que has oído, peluche. Fuera. Largo. Out. Vaix, vaix. Este lugar es para guerreros, no para juguetes rellenos de algodón.
-¡No, kupopó! ¡He estudiado mucho para llegar hasta aquí, kupo! ¡No-no puedo i-irme, kupo!-se notaba que a Mogels le costaba hasta hablar del miedo que le trasmitía el sargento, pero aun así, tuvo el coraje de plantarle cara. Bien sabía yo lo que le había costado para poder ser aceptado en las Alas Rojas.
-¿Crees que eso me importa algo? ¡Márchate de una vez!-y entonces le propinó una severa patada que le hizo volar un metro sobre el suelo y varios metros de distancia hasta caer al suelo y rodar.

En ese momento, sentí la rabia ardiendo frente a mí, y me dispuse a lanzarme sobre el sargento por lo que le había hecho a mi amigo. Fue Rossa quien, agarrándome de un brazo, impidió que diera un paso en aras de buscar justicia para Mogels por tan infame patada.

-Espera, Rhoe. No caigas en su juego.-me susurró en un oído sin dejar de agarrarme. Supuse que Rossa tenía algo en mente. Bien sabía que ella valoraba a Mogels tanto como yo, y si no salía en su defensa es por una muy buena razón. Obedecí. Mientras tanto, Mogels se levantaba y volvía a la fila, pese a estar visiblemente dolorido.
-No… no voy a marcharme, s-sargento, kupo. Puede patearme todas las veces que quiera, kupopó. Pero no me iré, no puedo hacerlo, kupo.

El sargento se quedó mirando al moguri (o eso parecía por la dirección del casco que cubría su rostro) durante un buen tiempo. Al final, volvió a hablar con su voz grave.

-Haz lo que quieras. Pronto te darás cuenta de que éste no es tu lugar y me suplicarás que te patee por una ventana. Hasta entonces, ¿cómo te llamas, peluche?
-Mi nombre es Mogels, sargento.-respondió el moguri algo aliviado tras ver que al final no era expulsado y que podía quedarse… de momento.
-Bien, peluche. 300 flexiones.

Mogels pareció palidecer ante aquella orden de hacer 300 flexiones, pues no estaba muy acostumbrado al ejercicio físico, y aquello era claramente un abuso. Aun así, lentamente y sin protestar, empezó a hacer lo que se le ordenaba, costase lo que costase. Mientras tanto, el sargento se colocó delante de mi hermana Rossa.

-Y de un peluche pasamos a una niña pequeña ¿Cómo te llamas, mocosa?
-Antes de responderle, debo felicitarle, sargento.-respondió Rossa levantando la mirada, con toda confianza y sin vacilación alguna.-La armadura oscura y el casco ocultando su rostro para crear misterio y respeto, el uso de calificativos despectivos para minar la autoestima de sus tropas, el castigo por los motivos más minios y centrarse con saña en el aparentemente más débil para crear sensación de inseguridad y de impotencia,… Todo de manual para imponer su autoridad sobre nosotros y poder enseñarnos disciplina, nada original, pero todo ejecutado de manera brillante. Mi nombre es Rossa Ogard, sargento.
-Vaya, parece que tenemos una listilla. Por desgracia para ti, la realidad es que simplemente disfruto del sufrimiento ajeno. 200 flexiones.

Y entonces llegó mi turno. Rossa, mientras tanto, me lanzó una mirada cómplice antes de empezar a ejecutar la orden recibida. Sin embargo, enseguida tuve que volver mi mirada justo al frente, donde el sargento parecía observarme desde detrás del casco. Y digo parecía porque era imposible ver siquiera sus ojos ¿cómo vería él con esa cosa?

-¿Tú nombre, pelo antorcha?-¿”Pelo antorcha”? ¿En serio no se le ha podido ocurrir algo mejor?
-Mi nombre es Rhoe Crebalt, genio defensor de la justicia destinado a ser un héroe, sargento.-respondí sin vacilar mirándole a la cara.
-Oh ¿en serio? ¡Me encantan los héroes! Son tan divertidos. Sobretodo cuando los tengo a mis pies haciendo flexiones. Te tocan 150.

¿150 solamente? Vaya, parece que he tenido suerte. Sinceramente, me esperaba muchas más. Pero mientras me tumbaba al suelo y comenzaba a hacer la primera, el sargento continuó hablándome.

-Me he dado cuenta que has intentado defender al moguri cuando le he pateado. Supongo que eso ha ido contra tu sentido de justicia. Eso me divierte.-entonces se giró en dirección a Mogels.-¡Peluche! 50 flexiones más. Y dale las gracias al “héroe” por ello.

Maldije para mis adentros. Si me hubiese sabido controlar como hizo mi hermana, Mogels no lo pagaría de esa manera. Pero el error estaba cometido y no podía dar marcha atrás. Sólo quedaba callarme y hacer flexiones, y rezar a Azeyma para que le diera fuerzas a Mogels para soportar semejante prueba. Mientras tanto, el sargento se dirigió al bangaa y al ronso que quedaban.



OFF: Lo dejo aquí, que soy consciente de que me ha salido demasiado largo. Puedes rolear al sargento como quieras, siempre que seas fiel a lo que has visto hasta ahora. Si quieres, tras terminar de pasar revista, puedes hacer avanzar la trama como lo consideres oportuno. Ahí tienes total libertad. Espero que te guste el post ¡¡Nos leemos!!


Última edición por Rhoe Crebalt el Dom Nov 23, 2014 11:29 am, editado 1 vez
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Samael el Dom Nov 09, 2014 3:53 pm

Los otros miembros del escuadrón estaban conformados por otro bangaa, un aegyl, un elvaan y dos humes, que parecían ser bastante buenos en su campo, aunque lo que estaba por llegar me dejaría dudas al respecto, siendo que el sargento que nos iba a comandar llevaba una armadura tan grande, que me iba dejando dudas en si mi Fiery Dragon podría llegar a destrozar esa armadura. Entonces, el sargento empezó a ir destrozando uno a uno, con una mezcla de resentimiento y disciplina, obligando a hacer una cantidad de flexiones que iba en aumento, siendo lo peor cuando cogió al moguri y le intentó echar del escuadron, como si fuese la raza de los moguris inútiles, algo insultante que me hizo sentir algo de empatía por el moguri; a pesar de que seguramente el sargento cuando me pillase me llamase lagarto al igual que al otro bangaa; y casi seguro que cuando fuese a mi persona, me darían ganas de lanzarle un buen cañonazo de mi Fiery Dragon, pero tendría que aguantar las ganas para evitar los problemas que podría causarme eso.

Después de terminar con el último antes de que me tocase a mi persona, me había quedado bastante claro el por qué llamaban esa división así, siendo que el sargento era un maldito sádico de mierda. - ¡Otro lagarto! ¿Cual es tu nombre, lagartija estúpida? - Dijo el sargento hacia mi, provocando que casi me plantease tratar de volarle por los aires con mi Fiery Dragon, pero me contuve para evitar acabar fuera de las Alas Rojas en el primer día, como casi había acabado el pobre moguri, que estaba haciendo las flexiones a duras penas; y seguramente tendría otras cosas peores para hacer por culpa del sargento, ya que parecía tener algo de tirria o racismo hacia los moguris, quizas porque los consideraba una fuerza insuficiente para los Alas Rojas, o los consideraba directamente de segunda clase por su aspecto.

- Samael, sargento. - Dije, con tono de resentimiento que no pude llegar a ocultar del todo, algo que provocó que seguramente me tocase hacer flexiones de igual forma. - Procura cambiar tu tono. 180 flexiones. - Dijo el sargento, antes de pasar a Ragna, que se mantenía impasible; quizás en pleno trance de meditación que solo él sabía hacer, mientras que yo me forzaba a empezar a hacer las flexiones con el cañón encima, ya que seguramente me obligaría a hacer mas flexiones si trataba de quitármelo. - Ahora me toca un salvaje de las montañas. ¿Qué te ha traido aquí, primate azul? - Dijo el sargento, tratando de provocar a Ragna, aunque por suerte Ragna no era precisamente de los que entraban al trapo inmediatamente con solo insultos, asi que esperaba que no saliese mal la cosa.

- Vengo a servir a los Alas Rojas, sargento. - Dijo Ragna, en un estilo que no dejaba margen a dar detalles sobre su pasado, y definitivamente respondía a las preguntas del sargento, por lo que no le daba demasiados motivos para obligarle a hacer las flexiones, algo que pareció fastidiarle un poco al sargento. - Bueno, ¿y tu nombre cual es? - Dijo el sargento, tratando de seguir con algo que pudiese hacer para ponerle a hacer flexiones. - Ragna, sargento. - Dijo Ragna, sin demasiados problemas, pero eso no le iba a contentar al sargento. - De acuerdo, 220 flexiones. - Terminó diciendo el sargento, obligando a mi amigo a hacer las flexiones, que las iba haciendo sin demasiados problemas; quizás porque su entrenamiento diario constaba de 300 flexiones de forma normal, asi que no es que le fuese a causar demasiados problemas para su suerte, aunque había logrado el sargento su objetivo de hacer que todos acabasemos haciendo las flexiones, para mientras tanto prepararse para darnos la arenga de los novatos a los Alas Rojas, o al menos eso suponía.
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Miér Nov 12, 2014 10:34 am

Después de terminar conmigo, nuestro amado sargento (nótese el sarcasmo) siguió pasando fila, dirigiéndose primero al bangaa de mi derecha, manteniendo su tono amigable, cordial y nada racista (nótese el aun más sarcasmo). El bangaa respondió debidamente al sargento, aunque se notó a la legua que lo hacía a regañadientes, por lo que fue premiado (sí, no me canso con el sarcasmo) con más flexiones. Samael, que así se llemaba el banga, acabó en el suelo como el resto de nosotros, con la orden de no hacer menos de 180 flexiones. Probablemente sí fuera el sargento un racista. Lo mío había sido peor y sólo me ordenó 150.

Por último, llegó al ronso. Y como no, el sargento lo trató con amabilidad, educación, respeto y cariño (sarcasmo, sarcasmo everywhere). El ronso mantuvo una actitud estoica, que me recordó a la Aegyl de antes, y respondió sin acritud. Debió aburrir bastante al sargento, ya que éste le puso la tarea de hacer 220 flexiones, y el ronso obedeció sin rechistar.

A mí no me costó realizar mucho las flexiones que me tocaba. Ya había sido entrenado por mi maestro Sir Brestla. Él también podía ser tanto o más duro cuando se lo proponía. Tampoco me preocupaba mi hermana, en cuanto había recibido entrenamiento de nuestra propia madre, una caballero dragón muy experimentada, y era capaz de aguantar todo eso y más. Pero Mogels, por los Fal’Cie, eso iba a ser muy duro para él.

Cuando el sargento acabó, recorrió la fila de un lado y volvió una vez, contemplándonos a todos mientras continuábamos haciendo flexiones sin parar. Imposible saber lo que se le pasaba por la cabeza, oculto su rostro tras ese casco negro como el carbón, aunque lo más probable es que estuviera disfrutando del espectáculo. Terminada la ronda, se alejó unos tres metros mientras se colocaba en el centro, para que todos pudiéramos verle sin parar de hacer las ordenadas flexiones.

-Bien, mierdecillas. Supongo que ahora esperaréis a que haga un discurso sobre la basura que sois y lo mucho que cambiaréis gracias a mí, convirtiéndoos en hombres y todo eso.-empezó a hablar con los brazos cruzados, mostrando autoridad, mientras observaba que seguíamos haciendo las flexiones que nos había pedido.-Pero no va a ser así. La mierdecilla nace mierdecilla y muere mierdecilla. No sois nadie, no vais a ser nadie. Ninguno de vosotros es digno de las Alas Rojas, y voy a demostrároslo con sumo placer. Olvidaos de sueños de gloria, aquí habéis venido sólo para una única cosa: sufrir. Y eso os lo voy a dar encantado. Cuando acabe con vosotros, no seréis hombres. Cuando acabe con vosotros, desearéis no haber nacido. Bienvenidos al infierno, mierdecillas.

No había duda, el tío estaba disfrutando con todo lo que estaba diciendo. A pesar de que el casco parecía tergiversar su voz, se notaba un tono sádico enfermo en cada palabra que pronunciaba. Aun así, no dejé que ese discurso ensayado me minara en lo más mínimo la moral. Yo soy un héroe ¡y lo demostraré!

-Cuando terminéis las flexiones, dirigíos inmediatamente al vestuario y cambiaos la ropa por el uniforme de mierdecillas de nuestra división. Luego dirigíos al muelle Nº 3 y esperad allí. Tenéis media hora. Por favor, llegad tarde. Dadme una excusa ¡Ja ja ja!
-¿Risa maligna? Qué poco original.-exclamó Rossa en voz alta, sin parar de hacer flexiones.
-No pretendo ser original. 100 flexiones más, niña.-respondió el sargento sin inmutarse siquiera.

Entonces, el sargento se apoyó en una pared, contemplando en silencio como hacíamos las flexiones. La primera en acabar fue Itna, lo que no fue sorpresa ya que fue la primera y la que recibió el menor número de flexiones. Se levantó algo dolorida y sin moverse, se dirigió hacia el sargento.

-He terminado… sargento.-dijo, con la voz entrecortada por los jadeos, y dándose cuenta al final de que faltaba esa expresión clave.
-¿Y? ¿Es que quieres un premio por ello? ¡¡Vete inmediatamente al vestuario!! ¿O quieres más flexiones? Por mí, todas las que quieras.-amenazó el sargento. La mujer de cabello violeta no lo dudó y con paso firme se dirigió hacia donde los letreros indicaban que estaba el vestuario.

Cuando Brutus terminó, se largó sin dirigir palabra alguna, tras aprender del error de Itna. Y lo mismo hicieron el bangaa verde y el elezen. Gracias a mi entrenamiento, pude acabar al mismo tiempo que lo hizo la Aegyel. Entonces comprendí por qué había provocado Rossa al sargento. Lo había hecho para asegurarse de pasar mas tiempo con Mogels, y poder apoyarle. Cuandi vi a Mogels, lo vi hecho polvo, intentando a duras penas mantener el ritmo. Y eso que todavía le faltaban la mitad de flexiones por hacer.

Estuve tentado de provocar al sargento como hizo Rossa, pero entonces recordé que él sabía que cuidaba del moguri, y quizás en vez de castigarme a mí, lo volverían a castigar a él con todavía más flexiones. Así que con un simple gesto de manos que sólo nosotros tres conocíamos, le trasmití ánimo al moguri sin que el sargento lo notase y me dirigí hacia el vestuario.

-Vaya, ¿crees que todos los sargentos son así o es que tenemos mala suerte?-le dije a la Aegyl, marchando juntos hacia los vestuarios tras asegurarme de que el sargento no nos podía ya ver o escuchar.
-…-fue la sustanciosa y llena de contenido (no me he olvidado del señor sarcasmo) respuesta de Kreia, que ni siquiera me dedicó una mirada a la vez que seguíamos caminando. Empecé a pensar que quizás el sargento no estaba tan equivocado al llamarla robot.

Cuando llegamos al vestuario, unas instrucciones pegadas a la pared nos indicaban que nuestro uniforme había sido colocado en unas taquillas, ordenadas por nuestra división y nombre. Pero previamente, los vestuarios estaban divididos en dos, uno para cada sexo. Por lo cual, me despedí momentáneamente de Kreia, sin volver a recibir respuesta por su parte. Al entrar, me encontré con Brutus saliendo. Llevaba puesto un mono azul lleno de grasa y que olía a aceite, nuestro nuevo uniforme.

-Rhoe Crebalt… ¡Apártate!-dijo mientras con un brazo él mismo ya me apartaba hacia un lado, sin que pudiera hacer nada.
-Yo también me alegro de verte, Brutus.-respondí, y le vi marchar antes de meterme en el vestuario y buscar mi taquilla dentro del mismo.

Cuando llegué a mi taquilla y la abrí, efectivamente había un mono azul mugriento esperándome. Y ni siquiera me venía bien, sino que iba algo grande (y yo que no soy nadie bajito, precisamente). Parecía ser que trabajaban con tallas fijas y me había tocado talla Roegadyn. Me quité la armadura, y mientras, escuchaba a Xernyt refunfuñar mientras se cambiaba él también.
-Maldito sssargento... Ssse cree la gran cosssa con esa armadura. Sssse va a enterar. Voy a hacerle pagar por todo.
-Relájate, Xernyt. Nos está provocando. No caigas en su juego.-traté de apaciguarlo, pero sólo recibí una mirada de desprecio por parte del bangaa. Entonces, el otro bangaa hizo acto de presencia por la puerta.
-Tú… Ssssamael. Tú essstass conmigo, ¿verdad?-dijo al bangaa azul nada más verle.-Juntosss podemossss darle a essse sssargento ssssu merecido. Sssolo hay que planearlo bien, y podremosss darle una buena paliza. No volverá a llamarnossss lagarto nunca masss.
-Lo único que conseguirás es que te arresten por asaltar a un oficial. Por eso dan cárcel, por si no lo sabías. Y lo mínimo que puede pasar es que no te dejen acercarte a un barco volador en la vida.-dije en un intento de razonar con el bangaa.[color=firebrick]-Comprendo que ese tipo es un capullo, pero
-Tu eressss un hume, no entiendesss que el orgullo de nuessstra raza va por encima de todo lo demássss, héroe.-y el “héroe” lo dijo con claro tono despectivo, como dejando claro que si no adoptaba su punto de vista era porque no era un héroe de verdad.-En cambio, tú eresss de losss nuesstrosss, Sssamael. Sssabess que essse sssargento tiene que pagar. Sssi trabajamosss juntosss, lograremosss darle una lección que no olvidará en la vida.
-Por favor, Samael. Hazle entrar en razón. Si no, el único que aprenderá una lección imposible de olvidar será él.-le dije casi suplicante al bangaa, esperando que éste tuviera sentido común y no fuera igual que el otro.
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Samael el Mar Nov 25, 2014 4:22 pm

El maldito instructor que nos habia tocado era tan solo un maldito sádico que no parecía querer entrenarnos para ser buenos soldados, sino que parecía querer echarnos al final del todo, quizás porque le parecía demasiado estúpido tener un escuadrón o porque los deseos sádicos le parecían demasiado tentadores como para resistirse, y no le resultaba nada dificil el demostrarlo, diciendonoslo en nuestras caras. Estaba claro el motivo por el cual la llamaban la División Cuaresma... aunque me encantaría poder hacer que le quitasen el instructor por otro que resultase mejor para nosotros, en vez de mortificarnos, pero hasta que tuviesemos cierta cantidad de rango o poder, no podríamos conseguir echar a ese sargento de nuestra vista, por lo que hasta entonces, tendría que callarme y evitar dispararle un cañonazo a su cara, a pesar de que eso me garantizaría una detencion y posible ejecución en público, pero no teníamos otra cosa mejor que aguantar.

Vi como algunos terminaban sus flexiones, yéndose a los vestuarios que indicó el sargento, siendo que Ragna y yo terminasemos a tiempo, ya que Ragna era capaz de hacer esas flexiones a una velocidad envidiable, aunque me daba pena por el moguri que estaba todavía haciendo las flexiones, aunque se notaba que la chica trataba de ayudarle, al menos de forma moral. Me dirigí sin decir palabra hacia los vestuarios, siendo que me encontré con una ardua discusión en la que el otro bangaa, Xernyt, tratandome de meterme en una especie de complot para vengarse de esa persona que era nuestro sargento, aunque el hume; que creo que se llamaba Rhoe Crebalt, trataba de calmarle sin éxito. Respiré hondo, pensando en como calmar a Xernyt sin que yo pareciese una especie de desgracia al resto de la raza. - Xernyt, no ess bueno lanzarsse ssin ssaber ni como actuar. Lo mejor que podemoss hacer ess ssubir de rango hassta que sseamoss ssuperioress a él. Entoncess podremoss darle ssu merecido, ssin que noss metamoss en la carcel por un atentado que ni ssabemoss ssi ssaldra bien o no. - Dije seriamente, mientras avanzaba hacia mi vestuario, y empezaba a cambiarme, aunque por suerte tenía poco que cambiarme, y podía colocar mi armadura de artillero encima del uniforme, por lo que no tenía demasiados problemas.

Mientras, Ragna había ido a vestirse también, estando con un uniforme que quizás le venía en parte grande y pequeño, estando desigual por algunas zonas, aunque por suerte no parecía que limitase su movilidad, asi que no había demasiados problemas en ese aspecto. - Vamos al muelle, no queremos que ese sargento decida echarnos por llegar un segundo tarde. Esperemos que el moguri aguante, pocos tienen tanto valor, pero hay que respaldarlo con el aguante, y en eso es cosa suya. - Dijo Ragna, con una mirada a Rhoe, tratando de decir con eso que si el moguri, a pesar de tener el valor para aguantar al sargento, no era capaz de seguir el ritmo con la suficiente eficacia, quizás fuese mejor que fuese a otro sitio para poder desempeñar sus funciones lo mejor que pudiese, aunque esperaba que ese tal Rhoe no se lo tomase a mal. Entonces, nos dirigimos hacia el Muelle º3, con la esperanza de que todo fuese mejor a partir de ahora, aunque algo me decía que iba a empeorar...
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Vie Nov 28, 2014 9:35 am

Samael, el bangaa azul, demostró tener algo más que cabeza que Xernyt. Lo cierto es que temía que siguiera los pasos del bangaa verde, en cuanto ambos eran de la misma raza, pero en vez de eso, trató de razonar con él para que desistiera en su prácticamente kamikaze intento.

-¿Esssperar? ¡¿Esssperar?! ¡¿Y mientrasss tanto, qué?! ¡¿Sssoportar sssusss insssultosss y sssu sssadisssmo?! ¡Quién sssabe cuándo llegaremosss a tener sssuficiente rango para echarlo, sssi esss que llegamosss alguna vez!-contestó iracundo Xernyt, aunque pude notar que sin ese punto de desprecio que tenía su voz cuando hablaba conmigo.
-Tómate esto como una prueba. Muy probablemente lo sea, aunque el sargento diga lo contrario. Si no, sería muy difícil explicar cómo alguien que hace que los nuevos miembros duren poco más de un mes todavía conserve su puesto de trabajo.-repliqué racionalizando la situación para apaciguar al bangaa cabreado.-Quizás actúe así a propósito para separar el grano de la paja o para inculcarnos disciplina a lo bruto. Acabamos de empezar, es demasiado pronto para descubrir cuáles son las verdaderas intenciones del sargento.

Xernyt se calló y miró a Samael y a mí durante unos incómodos segundos. Al final, soltó un exabrupto y pareció desistir, pero sin decir nada. Simplemente se separó de nosotros y se terminó de poner el mono sin decirnos ni una palabra. Si lo que le habíamos dicho había servido de algo o no y hasta qué punto era ahora un misterio. Mientras, yo me volví en dirección al bangaa de azul.

-Muchas gracias por tu ayuda, Samael.-dice verdaderamente agradecido, al igual que le agradecía a Azeyma el que el bangaa hubiera llegado en el momento oportuno.-Sé que como bangaa no debe ser fácil para ti tampoco. Me alegro de que haya prevalecido la sensatez... aunque esto sólo ha sido el principio ¿crees que Xernyt intentará algo al final?

Empecé a ponerme el mono de una vez, teniendo en cuenta que el tiempo corría. Mientras, el ronso de nombre Ragna, el cual parecía amigo de Samael y había venido con él, hizo un comentario acerca de Mogels tras terminar de vestirse.

-Aguantará. No está solo. De hecho, si queremos superar la "Cuaresma", me temo que no va a quedar otra que apoyarnos los unos a los otros.-respondí mirando a los ojos al ronso, al igual que hacía él conmigo. Luego mostré una amable sonrisa.-Existe la posibilidad de que el tratamiento del sargento esté hecho a propósito para fortalecer nuestros lazos y trabajar en equipo frente al enemigo común, que a día de hoy sería nuestro propio superior. Al sufrir todos el mismo castigo, tenemos algo que nos une y podemos trabajar juntos para superar ese desafío. Sé que es sólo una posibilidad, pero una a tener en cuenta.

No me fui directamente al muelle, sino que despedí al bangaa y el ronso y me arriesgué a esperar a Mogels. No iba a ser tan hipócrita de decir que teníamos que apoyarnos los unos a los otros y no apoyar al moguri. Lo cierto es que a medida que pasaba el tiempo, me ponía más y más nervioso porque temía que Mogels no llegara a tiempo. Pero al final suspiré acompañado cuando vi al alquimista sobre el hombro de mi hermana, la cual corría a toda velocidad en dirección a los vestuarios.

-Estoy hecho polvo, kupo.-dijo Mogels sobrevolando ya en nuestro vestuario, más que nada porque no tenía fuerzas ni en piernas ni brazos.
-¡Has estado genial, Mogels! ¡Le has plantado cara a ese cretino! Un héroe como yo no podría desear un mejor amigo con tanta fuerza de voluntad.-le reconocí mientras le ayudaba a vestirse, con un mono talla Lalafell, al cual tuve que hacerle un par de agujeros en la espalda para que pudiera sacar sus alas.-¡Vamos! Nos queda poco tiempo.
-Sí, kupopó.-respondió, sin energías para poder decir nada más.

Al igual que hizo Rossa, yo llevé a Mogels sobre mí, corriendo a toda velocidad. Fuimos los últimos en llegar, pero al menos lo hicimos justo a tiempo. Colocados en fila se encontraban todos esperando, salvo el sargento, que miraba el reloj enfrente de todos ellos. Si esperaba castigarnos por llegar tarde, se iba a llevar un chasco. Y sin embargo...

-¡Vosotros dos! ¡Cincuenta sentadillas, ahora!-nos ordenó en cuanto nos colocamos en la fila.
-Pero si hemos llegado a tiempo, mi sargento.-repliqué al recibir la orden.
-¿Y qué? ¿Creéis que necesito una razón para haceros sentadillas? Pues por haber replicado, ahora haréis cien, estúpido héroe.-respondió el sargento. Y por su tono de voz, era ya obvio que el tipo disfrutaba.

Mogels parecía a punto de desmayarse, pero tragó saliva y se puso manos a la obra, al igual que yo. Mientras, el sargento mostraba al resto el barco volador que teníamos delante. No había que ser un genio para saber que esa nave era toda una joya. Mas de cien metros de eslora, cuarenta de ancho, varios pisos de altura. Metal y madera genuinamente combinados. Una hilera de cañones a babor y estribor de gran potencia. Tres grandes hélices sobre palos que servían para levantar el barco en el aire. Todo era maravilloso.

-Este barco volador es el "Cañonero". No es ni de lejos el "Invencible" o el "Red Rose", pero aun así es fantástico. Capaz de sobrevolar cinco mil metros sin el menor problema. Capaz de superar por dos la velocidad del sonido. Puede disparar 50 balas de cañón de un solo ataque y además puede cargar dos misiles de alta potencia. Funciona con energía Mako y Levicita en partes iguales y es mi ojito derecho en este lugar.-dijo el sargento con orgullo en su voz mientras él mismo contemplaba el barco, antes de volverse al grupo.-Antes me dejaría arrancar mis brazos, mis piernas y mi polla que dejar que uno de vosotros llegue a tocar el "Cañonero", mierdecillas, mucho menos subirse encima ¡Ahora daros la vuelta, basura, que no sois dignos ni de mirar esta obra de arte!

El  grupo obedeció, Mogels y yo también mientras hacíamos las sentadillas. Y entonces nos fijamos que había otro barco volador. Aunque más bien habría que llamarlo cacharro cochambroso. Aparte de ser pequeño (poco mas de diez metros de eslora, una sola hélice, nada de armamento...) estaba hecho una ruina. Lleno de herrumbre y basura, parecía sacado de un desguace. Junto al "barco" había unos cubos de agua, jabón, lejía esponjas, estropajos y fregonas.

-Este va a ser vuestro barco volador. No sé su nombre, yo lo llamo "La Gran Mierda". Hace más de seis meses que no vuela y nadie lo ha tocado desde entonces, no siendo más que un trasto inútil. Perfecto para vosotros. Este barco será vuestra vida a partir de ahora. Vuestra misión es limpiarlo. Quiero que lo dejéis como los chorros del oro ¡Empezad ahora!

No, no era broma. Nuestra vida como miembros de uno de los ejércitos más respetables de Gaia comenzaba como empleados de limpieza. Mientras terminaba mis sentadillas, observaba como el grupo se iba acercándose a los cubos y palos de fregona y empezaba a trabajar. Y ninguno se atrevió a quejarse, no fuera que sufrieran un destino parecido al que nos había tocado a Mogels o a mí.
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Samael el Miér Dic 24, 2014 5:06 pm

Xernyt se tomó a mal mi respuesta, aunque al menos no parecía que fuese a tomar las actividades violentas por el momento. Solo esperaba que mis sospechas no fuesen demasiado erróneas, aunque podía contar al parecer con Rhoe Crebalt, un humano que parecía querer que todos nos llevásemos bien, aunque mal íbamos que nos empezasemos a llevar mal sin ningún tipo de comunicación, lo cual para sobrevivir no iba a ser nada bueno. - No ess de Xernyt del que debemoss preocuparnoss del todo. Lo malo ess la falta de comunicación que tenemoss entre todoss, esso va a provocar rocess que van a hacer cumplir exactamente el nombre de essta divission. - Dije de manera premonitoria, algo que no me terminaba de gustar, pero que no quedaba otra que intentar solucionar, aunque al menos teníamos un grupo reducido para hacer esa comunicación.

Sin embargo, se me olvidó eso cuando fuimos a los astilleros, pudiendo ver un pedazo de barco volador tan grande y magnífico que se me caía la baba con solo imaginarme el trabajar dentro, o siquiera tener la oportunidad de trabajar. Sin embargo, entre las sentadillas que nos obligó a hacer el maldito sargento y su sadismo evidente de mostrarnos la joya de la corona para después enseñarnos el verdadero trabajo que teníamos, que era un barco que seguramente pudiese llegar a ser funcional si nos poníamos a trabajar en serio con el barco. Cuando terminé las sentadillas fui junto con Ragna a coger un palo de la fregona y un cubo lleno de agua y productos de limpieza.

- Hora de limpiar. - Dijo Ragna, empezando a subirnos al barco volador, entrando dentro de dicho barco para poder hacernos a la idea de un mapa mental de dicho barco mientras limpiabamos. Seguramente el resto solo se dedicarían a la cubierta, pero nosotros dos empezamos a limpiar los pasillos, tratando de quitar todo el polvo necesario y dejandolo limpio, ya que eso repercutía tanto en el funcionamiento de las máquinas si estaba demasiado acumulado, como la moral del grupo si teníamos que pasar demasiado tiempo dentro del barco. - Deberiamoss repassar loss engranajess y la maquinaria del barco, para assegurarnoss de que pueda esstar operativo cuanto antess, o ssi necessita piezass de repuessto para poder llegar a funcionar de forma adecuada. Quizass ese Mogels pueda ayudarme con esso, mucho trabajo para uno ssolo. - Dije, tratando de pensar en llegar cuanto antes a la sala de máquinas, ya que esa parte aparte de necesitar una limpieza a fondo de las gordas, también necesitaría un repaso de la maquinaria específica para ver que cosas funcionaban o dejaban de funcionar.
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Re: La División Cuaresma [Samael]

Mensaje por Rhoe Crebalt el Dom Ene 18, 2015 12:47 pm

Yo ya estaba cansado de tanta sentadilla, no quería imaginarme cómo debía sentirse Mogels por dentro. Por fuera, evidenciaba cansancio en cada uno de sus movimientos, pero mantuvo una posición estoica, sin quejarse ni protestar en ningún momento. Tanto el moguri como yo sabíamos que quejarse no le hubiera servido de nada, salvo aumentar su castigo, pero el hecho de que aguantase tanto era ya digno de admirar. Traté de ayudarle como podía al moguri, pero si trataba de animarle o le decía algo, el sargento le subiría el número de sentadillas. Así que lo único que se me ocurrió hacer es reducir mi ritmo de sentadillas para poder acompañar el mayor tiempo al moguri en su tortura.

Afortunadamente para nosotros dos, y desgraciadamente para el resto, el sargento se concentró más que en vigilarnos, en dificultar la tarea de limpieza que estábamos llevando a cabo. Y por dificultarla no me refiero a insultar continuamente a los pobres nuevos grumetes, sino a traer una manguera y enchufarla contra el barco. Manguera que lejos de contener agua limpia y clara, estaba llena de suciedad y olía a rayos.

-Pensé que os vendría bien una ducha con aguas fecales de la ciudad. Así os sentiréis como en casa mientras trabajáis, mierdecillas.-decía el sargento en tono jovial mientras enchufaba a aquella cosa con aparente forma de barco volador que nos había tocado limpiar.

Nadie se atrevió a protestar, aunque la rabia y la frustración eran más que evidentes en todos. Incluso pude ver como mi hermana cerraba y abría los puños con fuerza mientras sostenía la fregona con la que limpiaba. No había pasado más que una hora, y el tipo ya parecía estar a punto de llevar a la División a una rebelión. Quizás fuera lo que estuviera buscando.

Al final, Mogels y yo terminamos nuestro castigo, y a duras penas cogimos nuestras fregonas y nos metimos a limpiar dentro del barco. El motivo por el que elegimos meternos dentro era muy simple, así estaríamos fuera de la vista del sargento, aunque fuera unos escasos momentos. El moguri necesitaba un respiro, y esa era la única forma de dárselo.

-¿Estás bien, Mogels?
-¿Tú qué crees, kupo?-respondió entre jadeos.
-Tienes razón, es una pregunta totalmente estúpida. Lo siento.

Dejamos pasar un rato no muy largo, antes de empezar a recorrer los pasillos de “La Gran Mierda”. Por dentro, estaba tan hecha un desastre como por fuera, si no peor. Polvo, herrumbre, óxido y un montón de trastos por todas partes entorpeciendo el paso. Sin embargo, el moguri empezó a animarse mientras caminábamos por aquellos pasillos, a pesar del evidente agotamiento. Supuse enseguida hacia dónde nos dirigíamos. Tampoco es que, siendo bastante pequeño, hubiera espacio para mucho más. Nos dirigíamos hacia la sala de máquinas.

Cuando llegamos, la puerta estaba abierta ¿Qué decir que fue lo que vi al entrar? Caos absoluto, desastre, destrucción… La única explicación para que aquella sala estuviera en ese estado es que hubiera estallado una estrella supernova única y exclusivamente en esa sala que hubiera arrasado con todo. Vale, era una exageración, pero… Por los Doce, ¿eso funcionó alguna vez? Válvulas, tornillos, motores, engranajes, tuberías, todo eso y mas colocado de manera totalmente desordenada y sin sentido. Y sin embargo, los ojos de Mogels brillaban emocionados.

-¡Fantástico, kupo! ¡Este sitio es genial! ¡Maravilloso! ¡Kupopó!-decía entusiasmado el moguri revoloteando de un lado para otro de la sala como si toda la paliza anterior no hubiera existido.
-¿Estamos hablando de esta sala, verdad Mogels?-pregunté con asombro e incredulidad.
-Por supuesto, kupopó! ¡Este lugar está muerto y destrozado, pero contiene infinitas posibilidades de ser reutilizado, kupo!-dijo el moguri mientras revoloteaba entre tubo, analizando lo que veía para luego volverse hacia las dos personas que ya estaban dentro de la sala.-¿No creéis eso vosotros también, kupo? Con un poco de trabajo, podríamos hacer un barco volador fabuloso, kupopó?

Entonces me di cuenta de que no estaba solo, sino que Samael y Ragna habían llegado antes que nosotros a aquella sala de máquinas. Pero mi atención se volvió al moguri ¿hacer funcionar ese cacharro? ¿Esta cosa tan sucia, destartalada, cochambrosa y desastrosa que el sargento había apodado “La Gran Mierda”? Me costaba horrores no permanecer un tanto escéptico ante las palabras del moguri. Aunque nuevamente, eso demostraba lo distintas que eran nuestras motivaciones para estar aquí. Mogels había entrado en las Alas Rojas porque amaba los barcos voladores y quería formarse como ingeniero, apasionado que era él de la maquinaria. En cambio, yo me había alistado para defender al pueblo de Lindblum, mi hogar, como soldado y héroe paladín. Veía a los barcos voladores como instrumentos útiles para la batalla, pero no profesaba el amor que el moguri sentía por ellos. Por ello mismo, él era capaz de ver cosas que yo no podía ver. Hay cosas que sólo pueden ser vistas con amor.

-Mira, estas tuberías están inservibles, kupo ¡Pero los motores pueden arreglarse, kupo! Sólo hay que cambiar algunas piezas menores, kupopó ¿Y si pusiéramos varios reactores de energía Mako? Podemos poner una serie de tuberías que lleguen hasta la cola del barco volador y con sendos propulsores conseguir energía suficiente para levantar el vuelo. Además, si colocamos aquí un par de…-empezó a hablar y hablar el moguri de maquinaria con ellos dos, sin saber siquiera si estarían interesados o no en escucharle.
-Mogels… Siento interrumpirte cuando te lo estás pasando tan bien, pero… Tenemos que limpiar. No sé tú, pero seguro que el sargento entrará a ver que hacemos de un momento a otro, y no creo que quieras más sentadillas.-dije mientras me ponía manos a la obra con el paño y el plumero para empezar a quitar el polvo y el óxido de aquellos trastos y paredes.
-Kupopó, lo siento. Me dejé llevar.-respondió el moguri suspirando y, aun con pocas fuerzas, poniéndose manos a la obra a limpiar como el que más.
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