Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

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Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

Mensaje por Layla Shinigan el Miér Nov 05, 2014 10:25 pm

Al cabo de unos minutos ya me encontraba redojando en mi armario, con un cerro de ropa cubriendo toda mi cama, un tanto más regada por el suelo y lo que aún quedaba dentro del armario. Estaba emocionada, tenía ya más de 4 años sin verle, desde que nos habíamos mudado a Rabanasta y nuestras vidas se habían visto separadas debido a las diferentes vidas que ambos comenzábamos a tomar. << ¡¡¡No se que ponerme!!! >> grité desesperada sin saber que hacer. Me deje caer sobre la cama - o más bien sobre el montón de ropa que cubría mi cama - y me quedé mirando el techo con el brazo sobre la frente, sumergida en mis recuerdos mientras sostenía la mirada sobre la imagen de colores que decoraba la parte superior de mi habitación...

~ O ~

13 años atrás

Cuando tenía 7 años la vida era más fácil, no asistía a la escuela, tomaba clases en casa con un tutor asignado por mi padre, con el que no pasaba más de 3 o 4 horas al día y al que me gustaba hacer la vida imposible, solía pasarme todo el día corriendo por los pasillos de la Gran Casa, subiendo, bajando, yendo, viniendo; podía pasar horas en el jardín saltando entre las flores y plantas, trepando una y otra vez sobre el gran cerezo al centro de aquel campo de flores multicolores. Mi cuarto, lleno de muñecos de felpa y con un gran armario lleno de ropa se volvió mi gran santuario de reposo personal y donde podía meditar bajo la cama - meditación a base de llanto y berrinche cuando me enojaba o me castigaban por alguna razón "injusta" -. Llevaba una vida tranquila y libre de preocupaciones y aunque en ocasiones me sentía sola, ese asunto no me preocupaba del todo, ya que a veces solía jugar con Kershek, con mi nana o incluso con mamá y hasta en algunos casos con papá.

Kershek, sin duda uno de los miembros más queridos de la familia, un enorme tigre de pelaje negro y más de tres metros de largo, sin contar su longeva edad que supera ya los 40 años de vida, algo poco usual para un animal de su clase y que tal vez jamás sepamos el por qué de su tan alargada vida. Cuenta la historia que el abuelo Lionel lo rescató de un grupo de traficantes siendo un pequeño cachorro de apenas unos meses, lo acogió en casa y lo cuidó por un tiempo, sin embargo, siendo un simple cachorro juguetón, con quien más terminó encariñándose fue con papá, con quien pasaba mucho más tiempo corriendo entre las flores del jardín de la abuela o por los pasillos de la antigua Gran Casa, volviéndose inseparables. A la fecha, el enorme animal disfruta paseándose con gran calma por todos los rincones de la casa, y aunque se trata de una bestia de enormes proporciones, casi siempre pasa inadvertido ya que la residencia es igualmente grande y llena de enormes artefactos en los que incluso para una pequeña niña de 7 años era fácil desaparecer de un momento a otro entre estos. Otro de los cómodos pasatiempos del animal también era recostarse a mitad del jardín a veces hasta por horas, debajo del gran árbol cuando buscaba sombra, o en cualquier otra parte no tan pegada a los muros cuando buscaba asolearse un poco. Pese a las historias de mi padres, donde figuraba un fiel compañero y feroz guardián, jamás había visto a Kershek de una forma diferente a aquella bestia tranquila, noble y en algunos casos perezosa y juguetona que yo conocía, contradictorio a todos esos cuentos.

Cuando no estaba en el jardín corriendo al rededor de Kershek o montada en su lomo por toda la casa, pasaba el rato en compañía de mi muy querida nana Nyla, una gria de apenas metro y medio de altura, con el cabello rosado adornado por dos cuernos no muy alargados, ropas artesanales hechas a manos de su propia raza, un par de alas no muy grandes y escamosas y una cola igualmente escamosa que apenas alcanzaba a tocar el suelo. Pese a su corta y esbelta complexión tenía una gran fuerza que solo parecía superada por la de las enormes patas del tigre de la familia, con quien solía vérsele en ocasiones forcejeando cuando el animal no quería moverse de mi cuarto o pretendía entrar en las habitaciones no permitidas para este. Nana Ny - como solía llamarla desde pequeña - parecía tener una estrecha relación con papá desde muchos años atrás, era una persona de extrema confianza no solo para él, y debido a esto y a su extremada afición por los niños, había sido confiada a cuidar de mi desde mi nacimiento, oficio al que ella misma se había ofrecido desde que mamá se embarazó de mi.

Cuando Nana Nyla no se ocupaba de mi, solía pasar tiempo de calidad ya sea con mamá o con papá, y aunque los cuentos comunes siempre eran contados por mi nana debido a la ceguera de mamá, ella siempre estaba presente en las noches para arroparme y darme el beso de las buenas noches cuando nana terminaba de leer el libro en turno. Aún con su deficiencia, mi madre siempre tuvo mucha facilidad para otras actividades, pues su falta de vista le había permitido desarrollar otros sentidos como el del oído y el tacto, motivo por el cual casi siempre andaba descalza por la casa o con unas ligeras zapatillas de tela muy delgada que le permitieran sentir sus pasos y el movimiento de su entorno. La respetable hume siempre gustó de peinar y cepillar mi alargada cabellera blanca, herencia de mi padre ya que ella era castaña y de un rostro bello y poco desgastado por el tiempo, haciéndola parecer mas joven de lo que en realidad era. Vestirme también le era tan fácil como vestirse ella misma, con esos hermosos y alargados vestidos de una sola pieza que gustaba usar, gusto que me transfirió a mi al ver lo bella que lucía siempre al usarlos.

Por su parte papá siempre figuro muy diferente a como contaban del abuelo. Quien mejor sabía describirlo y hablar de él era el único que lo conoció desde mucho tiempo atrás, el miembro mas longevo y ancestral de la casa, Clarence, un Elezen que aún con sus 200 años sigue figurando joven y fuerte - y lo sostiene con orgullo -. El hombre había servido a la familia por varias generaciones, y si alguien sabía mejor como era el abuelo, era él, su siempre fiel mano derecha.

- ¿Por que tanto interés de repente por su abuelo, señorita Layla? - preguntó el elezen mientras entrábamos a la enorme biblioteca de la Gran Casa.
- ¡Clarence, tengo 7 años y soy la única niña en el mundo que jamás conocera a su abuelo! - dije de forma exagerada haciendo ademanes igual de exagerados - Por lo menos quisiera saber como era.
- ¿Y por que no le pregunta a su padre? Seguro que él recuerda bien al señor Lionel
- ¡Papá siempre exagera con sus historias! Además, si hay alguien aquí que sabe mejor del abuelo eres tu.
- ¡Hahaha! ¿Y por qué cree que yo sabría más de él? - dijo con una risa gruesa y algo estridente pero definida, mientras buscaba un libro entre los libreros mas alejados.
- Porque eres tan grande que seguro hasta lo viste nacer
- Me ofende, señorita Layla - dijo después de reír de nuevo con gran diversión mientras volvía a bajar de la repisa con un gran libro en mano.
- ¿Por qué? Si era un halago. ¡Con tantos años debes de ser una persona muy sabia!

El elezen volvió a reír mientras se acercaba, y cuando llegó hasta mí me mostró una foto que abarcaba una página entera de un libro llamado "Historia de la Familia Shinigan", en esta figuraba la imagen de un hombre de cabello corto y plateado como el de papá, con un traje que parecía de militar, una gran katana en su costado y parado con firmeza y con un rostro serio e imponente. Clarence comenzó a hablarme de él y no salimos de aquel salón por muchas horas, y por lo que contaba se trataba de un hombre serio, firme y disciplinado, pero dedicado y entregado a su familia, muy diferente a papá, una persona igual de entregada y dedicada, pero era todo menos serio, ni siquiera en su trabajo, aparentando educación y elegancia en las fiestas cuando saludaba a alguien mientras disfrutaba de reír con mamá y conmigo de los absurdos trajes que a veces llevaban los demás invitados. Incluso en sus reuniones solía oírse las risas de él y sus socios a través de la gruesa puerta de madera fina de su despacho. Pero con todo y sus cuentos exagerados, lo admiraba y lo amaba con tanto fervor, pues siempre se preocupaba por mi.

Y después de este breviario familiar - que de breve no tiene casi nada - y volviendo al tema que de verdad importa en esta historia, esa preocupación fue la que me llevo a conocerlo, aquel amigo por quien no dudaría ni un instante dejar cualquier obligación por atender a su llamado. Todo comenzó una tarde cuando jugaba por los jardines, con Kershek descansando en la hierba y mamá leyendo un libro con las manos sentada cerca de la puerta que daba al gran comedor. Papá salió acercándose a mamá y después de hablar con ella me llamó. << - Tenemos visitas esta tarde - dijo con una sonrisa - ¿Por que no vienes a saludar? >>. Caminamos hasta el salón principal donde Clarence recién abría la puerta principal recibiendo a las visitas.

- Señor Georek, el señor Domuk y su familia están aquí - anunció Clarence dejando pasar al grupo.
- ¡Domuk! - gritó papá con gran alegría - ¡Que fortuna tenerte en esta casa!

Papá dio un fuerte abrazo a aquel sujeto y después saludó a quien parecía ser su esposa, seguido por mamá quien dejando los gentilicios saludó más directamente a aquel hombre como si lo conociese de mucho tiempo atrás. Después, aquel matrimonio presentó a sus dos hijos, lo que llevó a papá a voltear para sacarme de detrás de las faldas de Nana Nyla. Me acerqué a pasitos mientras sostenía la mano de papá y ladeaba la cabeza ligeramente hacia mi lado derecho.

- Ella es mi hija, Layla - dijo papá presentándome a los presentes, para despues agacharse a hablarme - Mira Layla, ellos son amigos de mamá y míos...
- Mucho gusto, Señor Domuk... - respondí con una suave reverencia, reconociendo a aquel hombre de las historias de mis padres - ¿Es cierto que venció a todo un ejercito de robots asesinos con solo un simple clip? - los presentes rieron por un instante y entonces agreguè - ¿Qué? ¿Dije algo malo? Eso es lo que dice papá

Posterior a la escena, papá me acercó un poco más hacia los hijos del hombre de las historias.

- Layla, ellos son los hijos de Domuk - comentó papá - Junior y Sarah
- ¡Hola, mucho gusto! - exclamé agitando la mano con una sonrisa
- ¿Les parece si pasamos a mi despacho y hablamos? - ofreció papá levantandose
Laya... - sugirió mamá agachándose para hablarme casi al oído - ¿Por qué no los llevas a ver el jardín? Seguro que les gustará jugar contigo
- ¡Claro! ¡Vengan! - exclamé tomándoles de las manos y corriendo con ellos hasta el jardín, seguidos de cerca por nana Nyla...


Última edición por Layla Shinigan el Sáb Nov 08, 2014 5:00 pm, editado 1 vez
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Re: Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

Mensaje por Junior D. Legwin el Jue Nov 06, 2014 6:17 pm

Hay muchos tipos de educación, siempre supe que la que me dio mi padre no era la más correcta, incluso podía tacharse de ilegal en algunos aspectos, pero hasta su traición siempre disfruté de su compañía, y de la sus muchos amigos, ya que  siempre que no estábamos ocupados con el Blitzball o su empresa viajábamos a ver a gente.

Seguramente a cada ciudad que fuera conocía a alguien, y siempre lo trataban bien, consiguiendo alojamiento, comida, vinos y cualquier cosa que les pidiera. Esos viajes junto a él fueron de lo mejor de mi infancia, aunque tras el divorcio y la huida de Sour en la empresa cada vez viajábamos menos, hasta que al final terminaron las aventuras con mi padre.

Y ahora ya era hora de que yo mismo viajara y tuviera mis propias aventuras, y por si luchar contra un Nautilus no era poco ahora llegaba un evento que aún me emocionaba más, básicamente por que no era una obligación; ahora tenía que jugar mi primer partido oficial con los --------------------, tan solo era un amistoso pero pensaba darlo todo para que vieran que merecía ser un titular en el equipo.

Hoy era mi primer día en Rabanasta, donde se encontraba el equipo rival, los -----------, un equipo de bastante baja categoría, pero eso no me desanimaba. Ese partido era mi salto al estrellato, el comienzo de mi leyenda como jugador. Y en ese legendario evento tenia planeado invitar a una amiga de la infancia que vivía en esa misma ciudad, Layla.

El padre de Layla había recibido muchos favores de parte de mi padre y de Sour, y en parte gracias a su ayuda reconstruyo su imperio del vino, o algo así, nunca presté demasiada atención. Lo importante es que ese hombre invirtió en la empresa que montaron mi padre y el Elvaan, y gracias a él pudieron llegar a abrir la empresa, así que siempre estuvieron muy agradecidos y unidos a él y por ello mismo yo unido a su hija.

-Chicos, tengo que ir a un sitio antes, subid mi bolsa al hotel y… ¡Yo iré mas tarde!-Comenté a mis compañeros de equipo mientras le lanzaba la bolsa de equipaje a otro de los novatos del equipo.
-Deberías descansar, mañana hay entrenamiento-Dijo entre bostezos mientras agarraba la mochila al vuelo.
-Tranquilo, ¡volveré a la noche!-Sonreí y después salí corriendo del autobús del equipo, que nos había llevado hasta las puertas del hotel.

Me costó casi una hora descubrir donde estaba su casa, y otra más llegar hasta ella, finalmente llegué a esa pequeña mansión con el logo de la familia Shinigan, llamé enseguida al timbre y segundos mas tarde salió a recibirme el criado.

-¡Buenas! ¿Esta Layla en casa?-Dije sonriendo mientras saludaba con la mano y es que aunque estaba acostumbrado a tratar con gente de alta gama, ni a mí ni a mi padre nos gustaba todo ese rollo de ser unos estirados serios y amargados, por lo que siempre mostrábamos nuestras emociones aunque fuera “de mala educación” o “de poca clase”.
-Lo siento señorito Legwin, pero la señorita Shinigan está en clase ahora mismo-Aparté la mirada avergonzado cuando vi que él si que se acordaba de mi nombre, y revisé el reloj cuando me dijo lo de las clases, como había dejado mis estudios había olvidado completamente que no era buena hora para visitar a estudiantes.
-Ah… Estaré aquí bastante por el partido pero…-Pensé en voz alta-Dile cuando vuelva que vaya a donde siempre-Le dije calculando de cabeza cuanto tardaría Layla en terminar las clases y intentando planificar en que haría mientras.
-De acuerdo, seguro que la señorita se alegra mucho de verle.-Respondió, ante eso le hice una reverencia y me fui rápidamente, antes de que me invitara a un té o algo por el estilo, no me apetecía esperar sentado, tenía ganas de ver un poco la ciudad.

Al salir de la casa no hice más que ir a una sala de apuestas que había visto por el camino para revisar que había puesto la gente respecto a nuestro partido, que aunque fuera amistoso tenía el objetivo de presentar a las novedades de ambos equipos y eso estaba atrayendo bastante público. Descubrí al entrar que no solo no podía ver las apuestas de la gente, que eran privadas, si no que pagaban muy bien el que yo marcara un gol en el partido, eso no parecía muy alentador para mi carrera, ¡Maldita sea!

Off: Presentación sosa >__< pero no tenia mucho que hacer, supongo que lo interesante llegara en los siguientes post! ^^ a ver que tal sale la idea!


Última edición por Junior D. Legwin el Vie Nov 14, 2014 4:56 am, editado 1 vez
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Re: Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

Mensaje por Layla Shinigan el Sáb Nov 08, 2014 5:15 pm

Al cabo de unos minutos ya me encontraba redojando en mi armario, con un cerro de ropa cubriendo toda mi cama, un tanto más regada por el suelo y lo que aún quedaba dentro del armario. Estaba emocionada, tenía ya más de 4 años sin verle, desde que nos habíamos mudado a Rabanasta y nuestras vidas se habían visto separadas debido a las diferentes vidas que ambos comenzábamos a tomar. << ¡¡¡No se que ponerme!!! >> grité desesperada sin saber que hacer. Me deje caer sobre la cama - o más bien sobre el montón de ropa que cubría mi cama - y me quedé mirando el techo con el brazo sobre la frente, sumergida en mis recuerdos mientras sostenía la mirada sobre la imagen de colores que decoraba la parte superior de mi habitación...

~ O ~

13 años atrás

Cuando tenía 7 años la vida era más fácil, no asistía a la escuela, tomaba clases en casa con un tutor asignado por mi padre, con el que no pasaba más de 3 o 4 horas al día y al que me gustaba hacer la vida imposible, solía pasarme todo el día corriendo por los pasillos de la Gran Casa, subiendo, bajando, yendo, viniendo; podía pasar horas en el jardín saltando entre las flores y plantas, trepando una y otra vez sobre el gran cerezo al centro de aquel campo de flores multicolores. Mi cuarto, lleno de muñecos de felpa y con un gran armario lleno de ropa se volvió mi gran santuario de reposo personal y donde podía meditar bajo la cama - meditación a base de llanto y berrinche cuando me enojaba o me castigaban por alguna razón "injusta" -. Llevaba una vida tranquila y libre de preocupaciones y aunque en ocasiones me sentía sola, ese asunto no me preocupaba del todo, ya que a veces solía jugar con Kershek, con mi nana o incluso con mamá y hasta en algunos casos con papá.

Kershek, sin duda uno de los miembros más queridos de la familia, un enorme tigre de pelaje negro y más de tres metros de largo, sin contar su longeva edad que supera ya los 40 años de vida, algo poco usual para un animal de su clase y que tal vez jamás sepamos el por qué de su tan alargada vida. Cuenta la historia que el abuelo Lionel lo rescató de un grupo de traficantes siendo un pequeño cachorro de apenas unos meses, lo acogió en casa y lo cuidó por un tiempo, sin embargo, siendo un simple cachorro juguetón, con quien más terminó encariñándose fue con papá, con quien pasaba mucho más tiempo corriendo entre las flores del jardín de la abuela o por los pasillos de la antigua Gran Casa, volviéndose inseparables. A la fecha, el enorme animal disfruta paseándose con gran calma por todos los rincones de la casa, y aunque se trata de una bestia de enormes proporciones, casi siempre pasa inadvertido ya que la residencia es igualmente grande y llena de enormes artefactos en los que incluso para una pequeña niña de 7 años era fácil desaparecer de un momento a otro entre estos. Otro de los cómodos pasatiempos del animal también era recostarse a mitad del jardín a veces hasta por horas, debajo del gran árbol cuando buscaba sombra, o en cualquier otra parte no tan pegada a los muros cuando buscaba asolearse un poco. Pese a las historias de mi padres, donde figuraba un fiel compañero y feroz guardián, jamás había visto a Kershek de una forma diferente a aquella bestia tranquila, noble y en algunos casos perezosa y juguetona que yo conocía, contradictorio a todos esos cuentos.

Cuando no estaba en el jardín corriendo al rededor de Kershek o montada en su lomo por toda la casa, pasaba el rato en compañía de mi muy querida nana Nyla, una miqo'te de apenas metro y medio de altura, con el cabello rosado adornado por dos orejas blancas felinas, ropas artesanales hechas a manos de su propia raza y una cola blanquecina que apenas alcanzaba a tocar el suelo. Pese a su corta y esbelta complexión tenía una gran fuerza que solo parecía superada por la de las enormes patas del tigre de la familia, con quien solía vérsele en ocasiones forcejeando cuando el animal no quería moverse de mi cuarto o pretendía entrar en las habitaciones no permitidas para este. Nana Ny - como solía llamarla desde pequeña - parecía tener una estrecha relación con papá desde muchos años atrás, era una persona de extrema confianza no solo para él, y debido a esto y a su extremada afición por los niños, había sido confiada a cuidar de mi desde mi nacimiento, oficio al que ella misma se había ofrecido desde que mamá se embarazó de mi.

Cuando Nana Nyla no se ocupaba de mi, solía pasar tiempo de calidad ya sea con mamá o con papá, y aunque los cuentos comunes siempre eran contados por mi nana debido a la ceguera de mamá, ella siempre estaba presente en las noches para arroparme y darme el beso de las buenas noches cuando nana terminaba de leer el libro en turno. Aún con su deficiencia, mi madre siempre tuvo mucha facilidad para otras actividades, pues su falta de vista le había permitido desarrollar otros sentidos como el del oído y el tacto, motivo por el cual casi siempre andaba descalza por la casa o con unas ligeras zapatillas de tela muy delgada que le permitieran sentir sus pasos y el movimiento de su entorno. La respetable hume siempre gustó de peinar y cepillar mi alargada cabellera blanca, herencia de mi padre ya que ella era castaña y de un rostro bello y poco desgastado por el tiempo, haciéndola parecer mas joven de lo que en realidad era. Vestirme también le era tan fácil como vestirse ella misma, con esos hermosos y alargados vestidos de una sola pieza que gustaba usar, gusto que me transfirió a mi al ver lo bella que lucía siempre al usarlos.

Por su parte papá siempre figuro muy diferente a como contaban del abuelo. Quien mejor sabía describirlo y hablar de él era el único que lo conoció desde mucho tiempo atrás, el miembro mas longevo y ancestral de la casa, Clarence, un Elezen que aún con sus 200 años sigue figurando joven y fuerte - y lo sostiene con orgullo -. El hombre había servido a la familia por varias generaciones, y si alguien sabía mejor como era el abuelo, era él, su siempre fiel mano derecha.

- ¿Por que tanto interés de repente por su abuelo, señorita Layla? - preguntó el elezen mientras entrábamos a la enorme biblioteca de la Gran Casa.
- ¡Clarence, tengo 7 años y soy la única niña en el mundo que jamás conocera a su abuelo! - dije de forma exagerada haciendo ademanes igual de exagerados - Por lo menos quisiera saber como era.
- ¿Y por que no le pregunta a su padre? Seguro que él recuerda bien al señor Lionel
- ¡Papá siempre exagera con sus historias! Además, si hay alguien aquí que sabe mejor del abuelo eres tu.
- ¡Hahaha! ¿Y por qué cree que yo sabría más de él? - dijo con una risa gruesa y algo estridente pero definida, mientras buscaba un libro entre los libreros mas alejados.
- Porque eres tan grande que seguro hasta lo viste nacer
- Me ofende, señorita Layla - dijo después de reír de nuevo con gran diversión mientras volvía a bajar de la repisa con un gran libro en mano.
- ¿Por qué? Si era un halago. ¡Con tantos años debes de ser una persona muy sabia!

El elezen volvió a reír mientras se acercaba, y cuando llegó hasta mí me mostró una foto que abarcaba una página entera de un libro llamado "Historia de la Familia Shinigan", en esta figuraba la imagen de un hombre de cabello corto y plateado como el de papá, con un traje que parecía de militar, una gran katana en su costado y parado con firmeza y con un rostro serio e imponente. Clarence comenzó a hablarme de él y no salimos de aquel salón por muchas horas, y por lo que contaba se trataba de un hombre serio, firme y disciplinado, pero dedicado y entregado a su familia, muy diferente a papá, una persona igual de entregada y dedicada, pero era todo menos serio, ni siquiera en su trabajo, aparentando educación y elegancia en las fiestas cuando saludaba a alguien mientras disfrutaba de reír con mamá y conmigo de los absurdos trajes que a veces llevaban los demás invitados. Incluso en sus reuniones solía oírse las risas de él y sus socios a través de la gruesa puerta de madera fina de su despacho. Pero con todo y sus cuentos exagerados, lo admiraba y lo amaba con tanto fervor, pues siempre se preocupaba por mi.

Y después de este breviario familiar - que de breve no tiene casi nada - y volviendo al tema que de verdad importa en esta historia, esa preocupación fue la que me llevo a conocerlo, aquel amigo por quien no dudaría ni un instante dejar cualquier obligación por atender a su llamado. Todo comenzó una tarde cuando jugaba por los jardines, con Kershek descansando en la hierba y mamá leyendo un libro con las manos sentada cerca de la puerta que daba al gran comedor. Papá salió acercándose a mamá y después de hablar con ella me llamó. << - Tenemos visitas esta tarde - dijo con una sonrisa - ¿Por que no vienes a saludar? >>. Caminamos hasta el salón principal donde Clarence recién abría la puerta principal recibiendo a las visitas.

- Señor Georek, el señor Domuk y su familia están aquí - anunció Clarence dejando pasar al grupo.
- ¡Domuk! - gritó papá con gran alegría - ¡Que fortuna tenerte en esta casa!

Papá dio un fuerte abrazo a aquel sujeto y después saludó a quien parecía ser su esposa, seguido por mamá quien dejando los gentilicios saludó más directamente a aquel hombre como si lo conociese de mucho tiempo atrás. Después, aquel matrimonio presentó a sus dos hijos, lo que llevó a papá a voltear para sacarme de detrás de las faldas de Nana Nyla. Me acerqué a pasitos mientras sostenía la mano de papá y ladeaba la cabeza ligeramente hacia mi lado derecho.

- Ella es mi hija, Layla - dijo papá presentándome a los presentes, para despues agacharse a hablarme - Mira Layla, ellos son amigos de mamá y míos...
- Mucho gusto, Señor Domuk... - respondí con una suave reverencia, reconociendo a aquel hombre de las historias de mis padres - ¿Es cierto que venció a todo un ejercito de robots asesinos con solo un simple clip? - los presentes rieron por un instante y entonces agreguè - ¿Qué? ¿Dije algo malo? Eso es lo que dice papá

Posterior a la escena, papá me acercó un poco más hacia los hijos del hombre de las historias.

- Layla, ellos son los hijos de Domuk - comentó papá - Junior y Sarah
- ¡Hola, mucho gusto! - exclamé agitando la mano con una sonrisa
- ¿Les parece si pasamos a mi despacho y hablamos? - ofreció papá levantandose
Laya... - sugirió mamá agachándose para hablarme casi al oído - ¿Por qué no los llevas a ver el jardín? Seguro que les gustará jugar contigo
- ¡Claro! ¡Vengan! - exclamé tomándoles de las manos y corriendo con ellos hasta el jardín, seguidos de cerca por nana Nyla...

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Re: Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

Mensaje por Junior D. Legwin el Lun Nov 10, 2014 7:08 pm

Al salir del salón de apuestas choque sin querer contra un hombre.-[color#=]¡Perdona![/color]-Le dije enseguida, mientras veía que este iba con toda su familia, su mujer y dos hijos o al menos eso es lo que parecía. El hombre me hizo una señal denotando que no pasaba nada y todos se alejaron hablando de que estaban de viaje, sonreí al escucharlos, recordando los buenos tiempos con mi familia, antes del divorcio.

Recodé mi primer viaje a la familia Shinigan, según me conto mi padre querían reconstruir el edificio de la empresa y querían hablar con Georek para que les ayudara. En este viaje tenían que venir también Sour y su familia pero a última hora decidieron dejarle el trabajo a mi padre mientras que el Elezen se quedaba trabajando por la empresa.

***

Tenía seis años, en esos tiempos iba siempre con un balón de Blitzball a una mano y con mi hermana, de cuatro años, a la otra. Recordaba la escena cuando llegábamos a casa de Georek, que no era la de Rabanasta, pues tenían unas cuantas más por Gaia.

A pesar de ser asuntos de negocios íbamos con ropa informal, es más, mi padre llevaba una camiseta con palmeras y muchos colores. La única que llevaba un vestido más o menos acorde a la situación era mama.

-Sarah, vigila que Junior no rompa nada con el balón-Dijo Domuk mientras  miraba a su hija, mi hermana, guiñándole el ojo.

-¡Eh! Yo soy el mayor, ¡yo debería vigilar que ella no rompiera nada!-Me ofendí cruzándome de brazos.

Discusiones de ese estilo teníamos en todo momento, discusiones que me sirvieron para marcarme cada vez retos más duros, a veces demasiado duros, para demostrarle a padre de lo que era capaz, durante un tiempo pensé que él no creía en mí, pero tras los años pensé que solo quería llamar mi atención.

Cuando nos recibió ese… como se llamara su mayordomo avanzamos hasta donde estaba Georek quien dio un fuerte abrazo a mi padre y después saludo a mi madre, y así siguieron los saludos entre los mayores hasta que Domuk hablo.-Oh, estos son mis hijos, el pequeño deportista Junior Domuk-Me presentó primero poniendo su mano en mi cabeza y despeinándome, aunque me aparté enseguida, no me gustaba que hiciera eso.-Y la pequeña estudiante Sarah-Mi hermana hizo una pequeña reverencia completamente sonrojada,  era demasiado tímida.

Justo después Georek presento a su hija que estaba oculta y que no fue presentada hasta que su padre la movió hasta cerca nuestra. Esta enseguida habló a mi padre y le preguntó si había tumbado a un ejército de robots con un solo chip, entonces los mayores rieron y la pequeña se confundió, pero mi padre no tardo en agacharse para hablar con la chica y susurrarle algo.-Guárdame el secreto, pero en realidad no los vencí, me apodere de ellos, ahora son mis sirvientes. Si eres buena chica a la próxima te traigo uno, ¿vale?-Dijo como broma, alejándose después de hablar para ver la reacción de la niña.

Después Georek nos presentó a su hija, yo salude con la mano, mientras que mi hermana repitió la reverencia. Ahora los mayores iban a ir al despacho y a nosotros nos sugirieron irnos con Layla, esta enseguida nos agarró a cada uno de una mano y tiro de nosotros.-Tened cuidado-Nos dijo nuestra madre antes de entrar al despacho de Georek.

La niña nos llevó hasta un inmenso jardín, junto a nosotros venia otra persona, una Miqo’te.-Gracias por jugar no nosotros, señorita Layla-Dijo mi hermana haciendo otra reverencia, algo que había aprendido hace poco y que no hacía más que repetir.

-Bah-Me quejé-Seguro que los ricos no juegan a nada divertido-Dije elevando el balón en el aire y comenzando a darle ligeros golpes en el aire con las piernas para que no llegara a caer en ningún momento.

-¡Junior! No digas eso delante de la pobre Layla-Grito haciendo mas reverencias a la chica en forma de disculpa.
-Deja de hacer eso, ¡cuida tu espalda!-Le grite dejando caer el balón y agarrando su cabeza y moviéndola hacia arriba para que se quedara recta.
-Aaah, sueltaaaa-Y así continuamos discutiendo un poco hasta que la pelota termino a los pies de la chica rica.

Lo que paso en ese momento me sorprendió, pues la chica no tuvo problemas en jugar con la pelota, y así de casi manera automática comenzamos a jugar los tres, chutando la pelota y corriendo por el jardín, en ese momento descubrí que Layla era una chica activa a la que no le importaba corretear y mancharse, y sin dudarlo me estaba divirtiendo con ambas, aunque mi habilidad jugando a juegos de balón era infinitamente mayor a los suyos.
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Re: Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

Mensaje por Layla Shinigan el Lun Nov 17, 2014 3:17 am

Llegamos hasta el jardín acompañados de cerca por Nana Nyla, quien se quedó sentada a un lado de la mesa de jardín cerca de la entrada. Recostado cerca del gran árbol se encontraba Kershek, quien al parecer se había movido a tomar un poco de sombra, con ese gesto tan pasivo y tranquilo que lo hacía parecer no tener la intensión de moverse en un largo rato, ni siquiera para rascarse las orejas. Apenas habíamos llegado cuando la pequeña hermana agradeció haciendo una reverencia, tan educada. << Un placer, señorita Sarah >> respondí de la misma forma sosteniendo mi vestido para hacer una reverencia de lo más galante y un poco exagerada.

- Bah. Seguro que los ricos no juegan a nada divertido - comentó entonces el chico, jugueteando con un balón que llevaba desde que lo había visto entrar.
- Claro que sí - repliqué inflando los cachetes y golpeando con mis puños a cada costado en plan de berrinche.
- ¡Junior! No digas eso delante de la pobre Layla - reprendió la pequeña a su hermano haciendo mas reverencias en plan de disculpa.

Los chicos comenzaron a discutir como hermanos descuidando el balón que en nada rodó hasta mis pies. Lo mire por unos segundos y lo levanté con ambas manos, después levante la mirada para ver a los chicos que no tardaron en parar de pelear para mirarme unos segundos. Infle de nuevo los cachetes y me decidí a demostrarles que podía jugar a su manera. Sostuve el balón y tras dar unos pequeños pasitos lo dejé caer para patearlo al instante que alcanzó mi pie, pero lejos de enviársela a ellos solo logre hacer que se elevara un poco por encima de mi cabeza para después rebotar sobre la misma haciéndome caer de un centón hacia atrás. Sentada sobre la hierba, me sobé la cabeza e infle los cachetes de nuevo. Pude ver que los chicos se evitaban las risas mientras el balón rodaba de vuelta a ellos, y frustrada me volví a poner de pie golpeando mis costados de nuevo con los puños y dando un pequeño pisotón con el pie derecho.

- ¡Dame es balón de nuevo! - exigí enfadada, dispuesta a intentarlo de nuevo.

El chico hizo rodar hacia mí de nuevo el balón y en cuanto lo tuve cerca, ajustándome el vestido, solté la mejor patada haciendo que el balón se levara unos cuantos centímetros y botara por un costado de los hermanos hasta uno de los muros. << ¡Te gané esta vez! >> exclamé con una sonrisa victoriosa corriendo a buscarlo de vuelta. Lo levanté de nuevo con ambas manos y lo arrojé hacia los chicos como pude haciéndolo botar unas cuantas veces hasta alcanzarlos. En poco ya nos encontrábamos jugando con aquel juguete, arrojándolo y pateándolo de un lado a otro, cayendo al suelo algunas veces y metiéndonos a buscarlo entre enredaderas en otras. El chico parecía tener mejor domino del balón, y aunque yo apenas podía hacer que se elevara un poco, no me quede atrás y seguí pateando el juguete redondo lo mejor que podía.

Después de un rato pude ver a Kershek levantarse y caminar hacia nosotros con tranquilidad hasta tirarse al suelo de vuelta justo en medio de nuestro campo, recostándose con toda calma bajo los rayos del cálido sol, con ese gesto despreocupado y flojo de siempre. << ¡Kershek! - repliqué haciendo el mismo gesto de antes, azotando el pie sobre el suelo - ¡Estas obstruyendo el campo! >> El animal se limitó a mirarme de reojo para después apartar la mirada de flojera que tenía, ignorando mis avisos.

- Vamos, Kershek, muévete - insistí tratando de mover al inmenso animal, sosteniendo una de sus patas dispuesta a levantarla - Dejanos jugar, bestia peluda.

El animal lanzó un gran bostezo de aburrimiento dándome a entender que se burlaba de mí, y mientras intentaba levantar su pata - y creyendo haberlo logrado - la criatura la alzó burlándome para después dejarla caer sobre mí atrapándome bajo sus garras << ¡Kershek, no, suéltame! - exclamé tratando de zafarme de la enorme pata del tigre - ¡Nana Ny! ¡Kershek me atrapo y no me suelta! >> Al instante, atraída por mi llamado, la miqo'te se acercó inmediato.

- ¡Kershek! ¡Suelta a esa niña, ahora! - reprendió nana Nyla, y viendo su advertencia frustrada, procedió a intentar mover al animal - Vamos, inmensa bola de pelos... no estés molestando... ¡y muévete!

Kershek levantó un poco el cuerpo, figurando que se ponía de pie, pero al final solo fue un truco para empujar con todo su inmenso cuerpo a nana Nyla y hacerla caer a su lado para después dejarse caé el mismo sobre ella. << ¡¡¡No, Kershek!!! >> gritó la miqo'te justo antes de ser aplastada por la gran criatura. Ahora eramos dos víctimas presas de aquel enorme animal, que al parecer solo había llegado a unirse al juego, aunque muy a su manera, jugueteando con nosotros. No tardó en volver victimas de sus juegos a los otros dos chicos, quienes parecían haberle perdido el miedo al juguetón animal, quien aún siendo tan viejo, en ocasiones solía parecer un pequeño gatito latoso.

- ¡Kershek, quítame las garras de encima, ahora! - insistí aún haciendo intentos por librarme
- ¡Kershek! ¡Muevete ya! ¡Me estas lastimando, sucio animal tramposo! - replicó nana Nyla sin poder evitar reír en esta ocasión...

~ O ~

- ¡¡¡Ah~, no se que ponerme!!! - grité saliendo de debajo de una enorme montaña de ropa. Nana Nyla entro al instante poniendo cara de susto al ver el desorden de ropa que cubría toda la habitación.
- ¡Por los Doce, Layla! ¡¿Qué significa esto?! - exclamó con gran horror.
- ¡Nana! ¡Ayúdame! - supliqué saltando sobre ella. Si alguien sabía sacarme de estos apuros era ella - ¡Legwin esta en la ciudad y no se que ponerme!
- ¡Por los Doce! ¡El joven Legwin aquí? Eso explica muchas cosas...

En seguida la miqo'te me quitó el abrigo y me retiró la cremallera del vestido sin darme tiempo a pensar, y después de retirarme la ropa velozmente me empujó hacia dentro del baño << Anda, anda, dejate de tonterías y aseate bien - dijo con esa vocecilla chistosa que le caracterizaba - Date un buen baño y dejame a mi esto que yo me encargo >> Y sin más, confiando en la habilidad de mi querida nana, traté de relajarme un poco bajo la regadera, disfrutando del agua fría rociando mi delgado cuerpo...
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Layla Shinigan
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Re: Una amistad trascendental [Junior D. Legwin]

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